Integración andina: 35 años

Por Alfredo Fuentes / Decano Facultad de Derecho Universidad de los Andes
Portafolio de Colombia
Bogotá, 30 de abril de 2004

El modelo económico de la integración andina se basó inicialmente en la sustitución subregional de importaciones, con énfasis en la promoción de la industrialización, como respuesta a las frustraciones derivadas de la distribución inequitativa de beneficios bajo la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio, Alalc. No obstante, este modelo se abandonó y se fue ajustando con realismo ante los cambios en las políticas nacionales y transformaciones en la economía internacional. En especial, desde fines de los años ochenta, luego de la crisis de la deuda regional, se miró a la integración como una estrategia complementaria a la apertura al mundo y compatible con la búsqueda de un crecimiento hacia afuera jalonado por las exportaciones.

En Galápagos (diciembre de 1989) los Presidentes adoptaron una nueva visión estratégica para fortalecer la integración, basada en la importancia del mercado ampliado para diversificar las exportaciones de bienes de mayor contenido industrial y tecnológico, y configurar una plataforma de aprendizaje para exportaciones a terceros. Sobre esta base, la zona de libre comercio se conformó finalmente en 1992 y aunque no contó con la participación inicial de Perú, este país se incorporó en 1997 y culminará su apertura a fines de 2005. El Arancel Externo Común (AEC) se puso en vigencia en 1995 (Decisiones 370 y 371) pero solo fue aplicable a Colombia, Ecuador y Venezuela y con diferencias entre ellos. Bolivia mantuvo su propio arancel pero sujeto a la administración comunitaria y Perú no participó inicialmente, pero su gobierno suscribió la Decisión 535 de 2002 donde se incorporó formalmente al instrumento comunitario.

Los beneficios hasta ahora obtenidos por Colombia han sido importantes. La participación de las exportaciones intracomunitarias en sus exportaciones totales, se ha elevado al 20 por ciento y es más alta para los productos manufacturados. Numerosos indicadores sugieren que la Unión Aduanera sí ha influido en la expansión de las corrientes comerciales, sin desconocer el rol de la política cambiaria y la cercanía geográfica.

Cerca del 50 por ciento de las exportaciones de Colombia a sus socios se benefician de márgenes de preferencia relativamente elevados y la participación “bienes regionales” (aquellos que se comercializan en la subregión en un 75 por ciento o más) es del orden del 40 por ciento. Evaluaciones recientes de la Secretaría muestran un notable “efecto plataforma” para un número amplio de productos colombianos que comenzaron incursionado en el mercado andino, para luego pasar competir en mejores condiciones en mercados más grandes.

Para que la Comunidad Andina complete su unión aduanera y avance hacia formas más avanzadas de integración será necesario, en primer lugar, flexibilizar el AEC adoptando tarifas “mínimas” que minimicen los ajustes que resultaron para algunos países con la Decisión 535. Se completaría, así, un mercado ampliado, así sea imperfecto. En segundo lugar, permitir las negociaciones de libre comercio con Estados Unidos y lograr el apoyo andino en ciertos temas normativos; en otros casos, como ya lo solicitó la Unión Europea, adelantar negociaciones conjuntas con este bloque. En tercer lugar, convendría pasar a una fase más compleja de perfeccionamiento de la libre movilidad en los mercados de bienes y servicios y personas, y dar más importancia a las acciones de promoción y cooperación empresarial para mejorar la competitividad.