CORO,
Venezuela.– La Catedral de Coro es de estilo
barroco simple y en su interior se exhiben
cuadros tallados por artesanos ecuatorianos.
Es una de las 602 edificaciones patrimoniales
de la ciudad.
Coro,
una pequeña ciudad del estado de Falcón,
tiene 602 edificaciones con características
coloniales y es Patrimonio Cultural de la
Humanidad. En sus alrededores está un gran
desierto, Los Médanos, que se extiende en un
istmo hasta el mar Caribe.
Coro es como
un canto a la naturaleza, a la historia, a la
sonrisa de una mujer. Es la expresión de
arte, con sus 602 edificaciones de
características coloniales, con sus poetas,
músicos y bailarines. Coro tiene alma
antillana y un licor para brindar.
Coro es una
de las ciudades más antiguas de Venezuela,
fundada en 1527. Es Patrimonio Cultural de la
Humanidad, con la característica de Herencia
del Mundo, desde 1983. Está a 10 km del mar
Caribe, 500 km al oeste de Caracas.
Por las
calles empedradas circulan taxis Chevrolet y
Maverik, de los 70, y modernos autos y
camperos. Por las aceras y arterias peatonales
contonean esculturales damas, de piel canela y
blanca, bellas en cuerpo y alma. Por ahí
también caminan hombres y mujeres con
bastones y sombreros de paja. Coro es una
fusión entre lo antiguo y lo moderno, en su
gente y edificaciones.
El Paseo de
la Alameda seduce. Es un espacio peatonal, con
bancas a la sombra de los árboles y negocios
y bibliotecas en su entorno. El paseo da hacia
la Catedral, construida en 1530, de estilo
barroco simple y en su seno exhibe cuadros
tallados en Ecuador.
Fredy
Figueroa, director del Instituto de Cultura de
Falcón, estado al que pertenece Coro, destaca
que los españoles hicieron de esta ciudad,
una capitanía. Según él, se puede decir que
Coro fue la primera capital de Venezuela.
Además hay expresiones de otros países
europeos.
Pese a que
las edificaciones inventariadas están en cada
esquina, una frente a otra, es imposible
visitarlas a todas en poco tiempo. Cada una
posee detalles especiales que motivan a
contemplarlas, a deleitarse, por largo
rato.
Por ejemplo,
la casa de las cien ventanas, guarda en sus
tres patios y decenas de habitaciones un
cúmulo de historias y leyendas. Primero fue
hotel, luego clínica, local universitario y
de la telefónica, hasta que en 1938 pasó a
ser sede del Patrimonio de Cultura.
En ese local
me encuentro con Reina Hidalgo, una actriz con
abanico en su mano y un collar de perlas en su
cuello. Ella me habla de las características
de la gente de Coro: “Aquí hay un pasado
que vibra, la gente es silenciosa e
introvertida pero con mucha alegría en su
corazón”.
Se inspira, y
agrega: “Es la ciudad museo de Venezuela, es
la raíz. Aquí nació el cacique Manaure,
pacificador de América”.
La caminata
sigue por la Casa de la Poesía, dedicada a
los escritores y poetas, centro de lectura e
investigación de la cultura oral del Caribe.
Aquí hay otro homenaje a la ciudad,
inspiración del escritor Benito Mieses, que
dice: “Coro, ciudad llena de fantasmas, con
colores maravillosos, gente cálida como su
clima. Tierra de poetas, pensadores y
revolucionarios”.
El paseo nos
lleva al Museo Alberto Enríquez, donde hay
una sala que guarda bastones con mangos de
variados motivos, desde una culebra hasta el
busto de la Madre Teresa. Y el encuentro con
las reliquias seguirá con la primera sinagoga
judía en territorio venezolano, el museo de
arte contemporáneo, la Cruz de San Clemente,
la casa de las ventanas de hierro. Y
más.
Por estar
frente al Caribe, los residentes de Coro
llevan en el alma la música antillana. Lo
expresan en las fiestas familiares o masivas,
en las reuniones y festivales. El principal
instrumento es el tambor, el canto de una voz
fuerte retumba.
Hay dos
grupos que pasean su fama por Venezuela y
otros países. A Pura Leña es uno de ellos y
lo compone una familia de Juanes. Juan Ramón
Jordán, el padre, es el director, y sus
cuatro hijos, de nombres Juan, los
integrantes, además de una mujer que mueve su
cintura a la velocidad del golpe del tambor,
Agny Mora.
El otro
conjunto sorprende aún más. Los hombres
entonan el tambor y otros instrumentos para
que baile una decena de adolescentes junto a
una mujer de piel de ébano, de 75 años. Ella
es la directora, Olga Camacho, declarada por
el Estado venezolano como Patrimonio viviente
del país.
“Este
tambor es la causa de mi vida, este tambor
será la causa de mi muerte”, canta a toda
voz. Luego explica que su música es un canto
a los dioses, porque fue la voz de los
esclavos negros que llegaron a Coro y
Centroamérica.
El
complemento de la música es el licor, dicen
los corosinos. Coro tiene el suyo, denominado
Cocuy. Sale de la fermentación de una
variedad de cabuya denominada agave. Lourdes
Navarro, quien se considera rescatador del
cocuy, explica que el proceso consiste en
quemar, bajo tierra, el tronco del agave.
Luego se extrae el sumo y se lo
fermenta.
La
presentación resume sus características:
“Licor seco, 100% agave cocuy, 52° de
alcohol, bebida artesanal de origen
precolombino, de alta calidad y
originalidad”.
Coro tiene
más sorpresas. Al salir de la ciudad, 5 km,
uno queda anonadado cuando se halla frente a
un gran desierto. Da la idea de que es un
espejismo, de aquel que los relatos dicen que
se experimenta en el Sahara. Los Médanos de
Coro es un pequeño Sahara. Las montañas de
arena amarillenta se suceden unas tras otras
mientras uno camina bajo el sol, por el istmo
del mismo nombre.
Los Médanos
es Parque Nacional de Venezuela. Abarca una
extensión de 91.280 ha, de las que 42.160 son
de tierras continentales y 49.120 de
superficies marinas.
Gerardo
Yépez, estudioso, afirma que la formación se
dio por la acción constante de los vientos
alisios que soplan por lo general de Este a
Oeste.
RUTAS
VUELOS
Desde
Guayaquil y Quito hay facilidades para volar
hacia Caracas. El pasaje cuesta 182 dólares
en una sola vía. Lacsa, Aeropostal, Taca,
Avianca, entre otras compañías ofrecen
vuelos directos o con escala en Bogotá. En
Caracas se aterriza en el aeropuerto de
Maiquetía y para llegar a la ciudad se puede
tomar taxi o furgonetas de transporte
masivo.
A CORO
De Caracas a
Coro se puede movilizar por tierra o por aire.
Por vía terrestre son alrededor de 600 km de
una autopista que pasa por Valencia y otras
ciudades. Desde el acceso a Puerto Cabello,
más de la mitad de camino, la vía bordea las
costas del mar Caribe. El transporte aéreo
desde el aeropuerto de Maiquetía a Coro
cuesta aproximadamente 90 dólares.
HOTELES
En Coro hay
buena hotelería. El promedio es entre 20 y 40
dólares por persona. Igual en Caracas.
TELEFÉRICO
El viaje de
ida y regreso en el teleférico cuesta 15.000
bolívares (9,37 dólares).El bolívar se
cambia a un promedio de 1.600 por
dólar.
El
teleférico, lo mágico de Caracas
Por las
poleas de acero, la caseta del teleférico se
eleva apresurada. Parece que no quiere dejarse
alcanzar de aquella que viene atrás,
parecería que desea dejar la ciudad de
amplias avenidas y gigantescos edificios para
aproximarse al cielo.
Mientras más
se eleva, a promedios de entre 3 y 6 metros
por segundo, la sensación de vértigo crece.
Y aumenta la panorámica de la capital
venezolana, asentada en una especie de bandeja
profunda con bordes de cerros, aquellos que
cuando hay exceso de lluvias se desparraman
sobre los edificios, casas, calles y
plazas.
El recorrido
de la caseta, con capacidad para ocho
personas, desde la central de Mary Pérez (600
metros sobre el nivel del mar), hasta la
estación del cerro Ávila (a 2.300 msnm),
demora 15 minutos. La administración del
sistema de teleférico, renovado desde el
2002, está a cargo del Parque Ávila Mágica,
administrado por un grupo de inversionistas
italianos y venezolanos del grupo Mezerhani y
Belutini.
Malula
Izquierdo, funcionaria de Ávila Mágica
explica que durante los días de crisis
política, los caraqueños tienen como escape
al teleférico.
Las
instalaciones son modernas. Hay dos paneles de
control computarizado. Son 74 casetas con
capacidad para 8 personas; además de 10 tipo
vip, 2 de carga y una ambulancia. Los cables
están sostenidos en 23 torres metálicas, la
más alta tiene 18 metros.
Gustavo
Stteick, gerente de Ávila Mágica, explica
que el funcionamiento del teleférico es un
primer paso. En el futuro se adecuarán otros
servicios en el cerro y en el hotel Humboldt,
ubicado en la cima.
Cuando llega
a la estación de Ávila, uno siente que tiene
a Caracas a sus plantas.
Al dar la
vuelta, por entre un manto de nubes se divisan
las playas del Caribe.
Una pista de
hielo está al servicio de expertos y
aficionados, además de un restaurante que
tiene como nombre el del pájaro insignia del
cerro, el querrequerre.
El hotel
Humboldt, construido en la década de los 50
por la dictadura militar de entonces, fue
considerado el símbolo de la opulencia
petrolera del país. Hoy está cerrado y solo
funcionan dos salones para recepciones.Una
muestra del lujo: los baños tienen una sala
de espera con muebles finos; los lavamanos son
de mármol y la grifería de bronce.
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