Venezuela: bienes patrimoniales, naturaleza y mujeres bellas 
José Olmos, Redactor | Coro, Venezuela
El Universo de Guayaquil
23 de julio de 2003


CORO, Venezuela.– La Catedral de Coro es de estilo barroco simple y en su interior se exhiben cuadros tallados por artesanos ecuatorianos. Es una de las 602 edificaciones patrimoniales de la ciudad.

Coro, una pequeña ciudad del estado de Falcón, tiene 602 edificaciones con características coloniales y es Patrimonio Cultural de la Humanidad. En sus alrededores está un gran desierto, Los Médanos, que se extiende en un istmo hasta el mar Caribe. 

Coro es como un canto a la naturaleza, a la historia, a la sonrisa de una mujer. Es la expresión de arte, con sus 602 edificaciones de características coloniales, con sus poetas, músicos y bailarines. Coro tiene alma antillana y un licor para brindar. 

Coro es una de las ciudades más antiguas de Venezuela, fundada en 1527. Es Patrimonio Cultural de la Humanidad, con la característica de Herencia del Mundo, desde 1983. Está a 10 km del mar Caribe, 500 km al oeste de Caracas. 

Por las calles empedradas circulan taxis Chevrolet y Maverik, de los 70, y modernos autos y camperos. Por las aceras y arterias peatonales contonean esculturales damas, de piel canela y blanca, bellas en cuerpo y alma. Por ahí también caminan hombres y mujeres con bastones y sombreros de paja. Coro es una fusión entre lo antiguo y lo moderno, en su gente y edificaciones. 

El Paseo de la Alameda seduce. Es un espacio peatonal, con bancas a la sombra de los árboles y negocios y bibliotecas en su entorno. El paseo da hacia la Catedral, construida en 1530, de estilo barroco simple y en su seno exhibe cuadros tallados en Ecuador. 

Fredy Figueroa, director del Instituto de Cultura de Falcón, estado al que pertenece Coro, destaca que los españoles hicieron de esta ciudad, una capitanía. Según él, se puede decir que Coro fue la primera capital de Venezuela. Además hay expresiones de otros países europeos. 

Pese a que las edificaciones inventariadas están en cada esquina, una frente a otra, es imposible visitarlas a todas en poco tiempo. Cada una posee detalles especiales que motivan a contemplarlas, a deleitarse, por largo rato. 

Por ejemplo, la casa de las cien ventanas, guarda en sus tres patios y decenas de habitaciones un cúmulo de historias y leyendas. Primero fue hotel, luego clínica, local universitario y de la telefónica, hasta que en 1938 pasó a ser sede del Patrimonio de Cultura. 

En ese local me encuentro con Reina Hidalgo, una actriz con abanico en su mano y un collar de perlas en su cuello. Ella me habla de las características de la gente de Coro: “Aquí hay un pasado que vibra, la gente es silenciosa e introvertida pero con mucha alegría en su corazón”. 

Se inspira, y agrega: “Es la ciudad museo de Venezuela, es la raíz. Aquí nació el cacique Manaure, pacificador de América”. 

La caminata sigue por la Casa de la Poesía, dedicada a los escritores y poetas, centro de lectura e investigación de la cultura oral del Caribe. Aquí hay otro homenaje a la ciudad, inspiración del escritor Benito Mieses, que dice: “Coro, ciudad llena de fantasmas, con colores maravillosos, gente cálida como su clima. Tierra de poetas, pensadores y revolucionarios”. 

El paseo nos lleva al Museo Alberto Enríquez, donde hay una sala que guarda bastones con mangos de variados motivos, desde una culebra hasta el busto de la Madre Teresa. Y el encuentro con las reliquias seguirá con la primera sinagoga judía en territorio venezolano, el museo de arte contemporáneo, la Cruz de San Clemente, la casa de las ventanas de hierro. Y más. 

Por estar frente al Caribe, los residentes de Coro llevan en el alma la música antillana. Lo expresan en las fiestas familiares o masivas, en las reuniones y festivales. El principal instrumento es el tambor, el canto de una voz fuerte retumba. 

Hay dos grupos que pasean su fama por Venezuela y otros países. A Pura Leña es uno de ellos y lo compone una familia de Juanes. Juan Ramón Jordán, el padre, es el director, y sus cuatro hijos, de nombres Juan, los integrantes, además de una mujer que mueve su cintura a la velocidad del golpe del tambor, Agny Mora. 

El otro conjunto sorprende aún más. Los hombres entonan el tambor y otros instrumentos para que baile una decena de adolescentes junto a una mujer de piel de ébano, de 75 años. Ella es la directora, Olga Camacho, declarada por el Estado venezolano como Patrimonio viviente del país. 

“Este tambor es la causa de mi vida, este tambor será la causa de mi muerte”, canta a toda voz. Luego explica que su música es un canto a los dioses, porque fue la voz de los esclavos negros que llegaron a Coro y Centroamérica. 

El complemento de la música es el licor, dicen los corosinos. Coro tiene el suyo, denominado Cocuy. Sale de la fermentación de una variedad de cabuya denominada agave. Lourdes Navarro, quien se considera rescatador del cocuy, explica que el proceso consiste en quemar, bajo tierra, el tronco del agave. Luego se extrae el sumo y se lo fermenta. 

La presentación resume sus características: “Licor seco, 100% agave cocuy, 52° de alcohol, bebida artesanal de origen precolombino, de alta calidad y originalidad”. 

Coro tiene más sorpresas. Al salir de la ciudad, 5 km, uno queda anonadado cuando se halla frente a un gran desierto. Da la idea de que es un espejismo, de aquel que los relatos dicen que se experimenta en el Sahara. Los Médanos de Coro es un pequeño Sahara. Las montañas de arena amarillenta se suceden unas tras otras mientras uno camina bajo el sol, por el istmo del mismo nombre. 

Los Médanos es Parque Nacional de Venezuela. Abarca una extensión de 91.280 ha, de las que 42.160 son de tierras continentales y 49.120 de superficies marinas. 

Gerardo Yépez, estudioso, afirma que la formación se dio por la acción constante de los vientos alisios que soplan por lo general de Este a Oeste. 

RUTAS
VUELOS

Desde Guayaquil y Quito hay facilidades para volar hacia Caracas. El pasaje cuesta 182 dólares en una sola vía. Lacsa, Aeropostal, Taca, Avianca, entre otras compañías ofrecen vuelos directos o con escala en Bogotá. En Caracas se aterriza en el aeropuerto de Maiquetía y para llegar a la ciudad se puede tomar taxi o furgonetas de transporte masivo. 

A CORO

De Caracas a Coro se puede movilizar por tierra o por aire. Por vía terrestre son alrededor de 600 km de una autopista que pasa por Valencia y otras ciudades. Desde el acceso a Puerto Cabello, más de la mitad de camino, la vía bordea las costas del mar Caribe. El transporte aéreo desde el aeropuerto de Maiquetía a Coro cuesta aproximadamente 90 dólares. 

HOTELES

En Coro hay buena hotelería. El promedio es entre 20 y 40 dólares por persona. Igual en Caracas. 

TELEFÉRICO

El viaje de ida y regreso en el teleférico cuesta 15.000 bolívares (9,37 dólares).El bolívar se cambia a un promedio de 1.600 por dólar. 

El teleférico, lo mágico de Caracas

Por las poleas de acero, la caseta del teleférico se eleva apresurada. Parece que no quiere dejarse alcanzar de aquella que viene atrás, parecería que desea dejar la ciudad de amplias avenidas y gigantescos edificios para aproximarse al cielo. 

Mientras más se eleva, a promedios de entre 3 y 6 metros por segundo, la sensación de vértigo crece. Y aumenta la panorámica de la capital venezolana, asentada en una especie de bandeja profunda con bordes de cerros, aquellos que cuando hay exceso de lluvias se desparraman sobre los edificios, casas, calles y plazas. 

El recorrido de la caseta, con capacidad para ocho personas, desde la central de Mary Pérez (600 metros sobre el nivel del mar), hasta la estación del cerro Ávila (a 2.300 msnm), demora 15 minutos. La administración del sistema de teleférico, renovado desde el 2002, está a cargo del Parque Ávila Mágica, administrado por un grupo de inversionistas italianos y venezolanos del grupo Mezerhani y Belutini. 

Malula Izquierdo, funcionaria de Ávila Mágica explica que durante los días de crisis política, los caraqueños tienen como escape al teleférico. 

Las instalaciones son modernas. Hay dos paneles de control computarizado. Son 74 casetas con capacidad para 8 personas; además de 10 tipo vip, 2 de carga y una ambulancia. Los cables están sostenidos en 23 torres metálicas, la más alta tiene 18 metros. 

Gustavo Stteick, gerente de Ávila Mágica, explica que el funcionamiento del teleférico es un primer paso. En el futuro se adecuarán otros servicios en el cerro y en el hotel Humboldt, ubicado en la cima. 

Cuando llega a la estación de Ávila, uno siente que tiene a Caracas a sus plantas.  

Al dar la vuelta, por entre un manto de nubes se divisan las playas del Caribe.  

Una pista de hielo está al servicio de expertos y aficionados, además de un restaurante que tiene como nombre el del pájaro insignia del cerro, el querrequerre. 

El hotel Humboldt, construido en la década de los 50 por la dictadura militar de entonces, fue considerado el símbolo de la opulencia petrolera del país. Hoy está cerrado y solo funcionan dos salones para recepciones.Una muestra del lujo: los baños tienen una sala de espera con muebles finos; los lavamanos son de mármol y la grifería de bronce.

 


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