La tumba del
Señor de Sipán (monarca que vivió hace
1.700 años) es el hallazgo más trascendente
de los últimos cien años en Sudamérica y el
tercero en el mundo, después de las de
Tutankamón (Egipto) y del príncipe Maya
(México).
En un ataúd
hecho con madera de algarrobo y con la cabeza
hacia el sur, reposaban los restos del Señor
de Sipán, jerarca de la cultura Mochica. Sus
súbditos lo sepultaron con sus orejeras,
máscara de oro y decenas de objetos
utilitarios. A los costados estaban, además,
los despojos de dos mujeres, dos niños, seis
guerreros, dos llamas y un perro. La creencia
era que la vida continuaba después de la
muerte, por eso se unían los allegados.
La tumba
estaba sobre una colina piramidal, rodeada de
un campo de cañaverales en Huaca Rajada, en
el valle de Lambayeque, 500 km al norte de
Lima. En toda la zona, hace 1.700 años, se
desarrolló la cultura Mochica. En 1987 se
hicieron las primeras excavaciones y para
1995, una muestra itinerante del Señor de
Sipán recorría museos de Estados Unidos y
Europa.
El hallazgo
se constituyó en el más trascendente de los
últimos cien años en Sudamérica. Es el
tercero en importancia en el mundo, después
de las tumbas de Tutankamón (Egipto) y del
príncipe Maya (México), asegura su
descubridor, el arqueólogo peruano Walter
Alba.
Pero si la
localización de Sipán es sobresaliente, es
más destacable el provecho que se sacó de
él, para transformar a una ciudad, Chiclayo;
a una región, Lambayeque; y al país, Perú,
que hasta antes del hallazgo tenía las ruinas
incaicas del Cusco y las huellas de Nazca,
como los principales atractivos.
Walter Alba
señala que una de las tareas fundamentales
fue conseguir “que no quede en el plano
científico, sino que represente desarrollo
para la región”. En 1988, la revista
National Geographic dedicó 42 páginas al
descubrimiento y todo el mundo se interesó
por conocerlo.
Entonces se
organizó una muestra itinerante que recaudó
un millón de dólares. El Fondo Contravalor
Suizo donó otro millón y el gobierno peruano
2,5 millones. Con estos recursos se construyó
un museo de sitio en las afueras de Chiclayo,
ciudad de 218 mil habitantes, donde se
muestran los restos y objetos.
Desde su
inauguración, el 8 de noviembre del 2002,
hasta la fecha, más de 130 mil personas
visitaron el lugar. Y todo cambió. Empezó el
mejoramiento hotelero y de servicios, se
crearon agencias de viajes y plazas de
trabajo.
El museo del
Señor de Sipán es una estructura piramidal
que nos devuelve al pasado, es una especie de
túnel del tiempo que nos permite retroceder
1.700 años. Es una recreación de las tumbas
encontradas en Huaca Rajada, a 28 kilómetros.
Un video sobre la cultura Mochica y su jefe el
Señor de Sipán ilustra al visitante, que
luego se encuentra con una exposición de los
objetos hallados en las tumbas.
Uno queda
deslumbrado al ver las coronas, narigueras,
aretes, corazas, máscaras y otros adornos del
rey y sus acompañantes, en oro y cobre. En
las excavaciones se hallaron 1.137 piezas de
cerámica. Es una riqueza de valor
incalculable, que el visitante lo tiene tan
cerca.
Un nivel más
abajo está la tumba del Señor de Sicán.
Murió cuando tenía alrededor de 40 años,
padecía de una mínima artritis y medía 1,67
m. Equipos de iluminación y ventilación
permiten su preservación. En la oscuridad del
museo se escucha música mochica. También
están las tumbas del sacerdote, del guerrero.
En un piso inferior está el viejo Señor de
Sipán, quien se cree vivió 150 años antes.
El complejo
tiene 7 hectáreas. Se proyecta realizar un
jardín botánico, un zoolaboratorio y tiendas
artesanales para dar trabajo a los campesinos
de la región, dicen Alba y los arqueólgos
Luis Chero y José Bonilla.
Además de
las tumbas de Sipán, Lambayeque tiene en el
museo de sitio de Túcume, en Sicán, otra
riqueza arqueológica muy bien aprovechada. Se
trata de un conjunto de pirámides de barro,
la última fase de la cultura Lambayeque,
entre los años 1000 al 1350 después de
Cristo.
Bernarda
Delgado Elías, directora del recinto, explica
que al ocaso de esa cultura florecieron los
chimú, luego los incas y españoles.
El complejo
está dividido en seis sectores. Las más
importantes son Huaca 1, Huaca Larga, Anexo
Sur y cerro Purgatorio, este último un
mirador desde donde se aprecia una especie de
ciudad de barro.
RUTAS
TRANSPORTE
Hay dos
alternativas para viajar a Chiclayo: terrestre
y aérea. Por vía aérea se debe tomar un
vuelo a Lima y hacer conexión a esa ciudad.
El pasaje Guayaquil-Lima cuesta 280 dólares,
ida y retorno, incluidos los impuestos. Taca,
Aerocontinente, Lacsa y otras sirven desde
esta ciudad.
VUELOS
DOMÉSTICOS
También se
puede viajar por tierra hasta Tumbes, a 20 km
del puente internacional de Huaquillas, y
tomar avión a Lima, a un promedio de 140
dólares ida y retorno.
Desde Lima a
Chiclayo vuelan Lan Perú y Aerocontinente. El
costo es de 80 dólares en una sola ruta.
POR TIERRA
Chiclayo
está a 500 km de Guayaquil, en la vía
Panamericana. Transportes Ormeño, con
oficinas en Bahía Norte, tiene turnos
Guayaquil-Lima, con escala en Chiclayo. El
costo es de 30 dólares.
HOTELES
En Lima y
Chiclayo hay hoteles de diversa categoría. En
esta segunda ciudad, los costos varían entre
10 y 60 dólares por persona.
ALQUILER
Desde
Chiclayo a Huaca Rajada, sitio donde se
hallaron las tumbas del Señor de Sipán, el
transporte es en taxis o camionetas que cobran
40 nuevos soles, 11,5 dólares
aproximadamente.
ATRACTIVOS
La Plaza de
Armas, levantada durante la Colonia en
Chiclayo, tiene en su perímetro la Catedral,
el Palacio Municipal y el ex convento Santa
María. Están también la iglesia de San
Pedro, construida en el siglo XVI y
considerada monumento nacional; el museo
Bruning, guarda una valiosa colección de
trabajos precolombinos hechos en oro y plata.
Monsefú, pueblo de artesanos y buena comida,
entre otros.
El turismo
compite con la actividad pesquera en Chiclayo
Chiclayo es
una ciudad costeña rodeada de cañaverales,
arrozales y vestigios arqueológicos.
Las
actividades pesquera y agrícola se
constituyeron hasta hace una década en la
fuente principal de ingresos. Pero el
descubrimiento de las tumbas del Señor de
Sipán impulsaron el desarrollo del turismo.
Comenzó
entonces el mejoramiento de la red hotelera y
de servicios. Y se organizaron senderos para
mostrar los atractivos, además de la comida y
el folclore, afirma Juan Carlos Muga, director
regional de turismo.
Las
especialidades culinarias son variadas: seco
de cabrito (seco de chivo, en Ecuador),
tortilla de raya (especie de pescado), pescado
con huevo, arroz con pato, cebiches (con
mariscos, yuca y camote, pero seco) y el
chirimpico (vísceras guisadas).
El pisco
sawer (licor batido con limón y otros
ingredientes) sellan la amistad de los
chiclayeños, que invitan a bailar el tondero,
ritmo parecido a la marinera.