Perú, poseedor de una cultura milenaria
José Olmos Redactor | CHICLAYO, PERÚ
El Universo de Guayaquil
21 de julio de 2003


LAMBAYEQUE, Perú.- Un llamativo pectoral, hecho en cobre y con adornos de conchas, una de las prendas del Señor de Sipán, que se la exhibe en el museo de sitio, junto a cientos de objetos del monarca.

La tumba del Señor de Sipán (monarca que vivió hace 1.700 años) es el hallazgo más trascendente de los últimos cien años en Sudamérica y el tercero en el mundo, después de las de Tutankamón (Egipto) y del príncipe Maya (México).

En un ataúd hecho con madera de algarrobo y con la cabeza hacia el sur, reposaban los restos del Señor de Sipán, jerarca de la cultura Mochica. Sus súbditos lo sepultaron con sus orejeras, máscara de oro y decenas de objetos utilitarios. A los costados estaban, además, los despojos de dos mujeres, dos niños, seis guerreros, dos llamas y un perro. La creencia era que la vida continuaba después de la muerte, por eso se unían los allegados.

La tumba estaba sobre una colina piramidal, rodeada de un campo de cañaverales en Huaca Rajada, en el valle de Lambayeque, 500 km al norte de Lima. En toda la zona, hace 1.700 años, se desarrolló la cultura Mochica. En 1987 se hicieron las primeras excavaciones y para 1995, una muestra itinerante del Señor de Sipán recorría museos de Estados Unidos y Europa.

El hallazgo se constituyó en el más trascendente de los últimos cien años en Sudamérica. Es el tercero en importancia en el mundo, después de las tumbas de Tutankamón (Egipto) y del príncipe Maya (México), asegura su descubridor, el arqueólogo peruano Walter Alba.

Pero si la localización de Sipán es sobresaliente, es más destacable el provecho que se sacó de él, para transformar a una ciudad, Chiclayo; a una región, Lambayeque; y al país, Perú, que hasta antes del hallazgo tenía las ruinas incaicas del Cusco y las huellas de Nazca, como los principales atractivos.

Walter Alba señala que una de las tareas fundamentales fue conseguir “que no quede en el plano científico, sino que represente desarrollo para la región”. En 1988, la revista National Geographic dedicó 42 páginas al descubrimiento y todo el mundo se interesó por conocerlo.

Entonces se organizó una muestra itinerante que recaudó un millón de dólares. El Fondo Contravalor Suizo donó otro millón y el gobierno peruano 2,5 millones. Con estos recursos se construyó un museo de sitio en las afueras de Chiclayo, ciudad de 218 mil habitantes, donde se muestran los restos y objetos.

Desde su inauguración, el 8 de noviembre del 2002, hasta la fecha, más de 130 mil personas visitaron el lugar. Y todo cambió. Empezó el mejoramiento hotelero y de servicios, se crearon agencias de viajes y plazas de trabajo.

El museo del Señor de Sipán es una estructura piramidal que nos devuelve al pasado, es una especie de túnel del tiempo que nos permite retroceder 1.700 años. Es una recreación de las tumbas encontradas en Huaca Rajada, a 28 kilómetros. Un video sobre la cultura Mochica y su jefe el Señor de Sipán ilustra al visitante, que luego se encuentra con una exposición de los objetos hallados en las tumbas.

Uno queda deslumbrado al ver las coronas, narigueras, aretes, corazas, máscaras y otros adornos del rey y sus acompañantes, en oro y cobre. En las excavaciones se hallaron 1.137 piezas de cerámica. Es una riqueza de valor incalculable, que el visitante lo tiene tan cerca.

Un nivel más abajo está la tumba del Señor de Sicán. Murió cuando tenía alrededor de 40 años, padecía de una mínima artritis y medía 1,67 m. Equipos de iluminación y ventilación permiten su preservación. En la oscuridad del museo se escucha música mochica. También están las tumbas del sacerdote, del guerrero. En un piso inferior está el viejo Señor de Sipán, quien se cree vivió 150 años antes.

El complejo tiene 7 hectáreas. Se proyecta realizar un jardín botánico, un zoolaboratorio y tiendas artesanales para dar trabajo a los campesinos de la región, dicen Alba y los arqueólgos Luis Chero y José Bonilla.

Además de las tumbas de Sipán, Lambayeque tiene en el museo de sitio de Túcume, en Sicán, otra riqueza arqueológica muy bien aprovechada. Se trata de un conjunto de pirámides de barro, la última fase de la cultura Lambayeque, entre los años 1000 al 1350 después de Cristo.

Bernarda Delgado Elías, directora del recinto, explica que al ocaso de esa cultura florecieron los chimú, luego los incas y españoles.

El complejo está dividido en seis sectores. Las más importantes son Huaca 1, Huaca Larga, Anexo Sur y cerro Purgatorio, este último un mirador desde donde se aprecia una especie de ciudad de barro.

RUTAS
TRANSPORTE

Hay dos alternativas para viajar a Chiclayo: terrestre y aérea. Por vía aérea se debe tomar un vuelo a Lima y hacer conexión a esa ciudad. El pasaje Guayaquil-Lima cuesta 280 dólares, ida y retorno, incluidos los impuestos. Taca, Aerocontinente, Lacsa y otras sirven desde esta ciudad.

VUELOS DOMÉSTICOS

También se puede viajar por tierra hasta Tumbes, a 20 km del puente internacional de Huaquillas, y tomar avión a Lima, a un promedio de 140 dólares ida y retorno.

Desde Lima a Chiclayo vuelan Lan Perú y Aerocontinente. El costo es de 80 dólares en una sola ruta.

POR TIERRA

Chiclayo está a 500 km de Guayaquil, en la vía Panamericana. Transportes Ormeño, con oficinas en Bahía Norte, tiene turnos Guayaquil-Lima, con escala en Chiclayo. El costo es de 30 dólares.

HOTELES

En Lima y Chiclayo hay hoteles de diversa categoría. En esta segunda ciudad, los costos varían entre 10 y 60 dólares por persona.

ALQUILER

Desde Chiclayo a Huaca Rajada, sitio donde se hallaron las tumbas del Señor de Sipán, el transporte es en taxis o camionetas que cobran 40 nuevos soles, 11,5 dólares aproximadamente.

ATRACTIVOS

La Plaza de Armas, levantada durante la Colonia en Chiclayo, tiene en su perímetro la Catedral, el Palacio Municipal y el ex convento Santa María. Están también la iglesia de San Pedro, construida en el siglo XVI y considerada monumento nacional; el museo Bruning, guarda una valiosa colección de trabajos precolombinos hechos en oro y plata. Monsefú, pueblo de artesanos y buena comida, entre otros.

 

El turismo compite con la actividad pesquera en Chiclayo

Chiclayo es una ciudad costeña rodeada de cañaverales, arrozales y vestigios arqueológicos.

Las actividades pesquera y agrícola se constituyeron hasta hace una década en la fuente principal de ingresos. Pero el descubrimiento de las tumbas del Señor de Sipán impulsaron el desarrollo del turismo.

Comenzó entonces el mejoramiento de la red hotelera y de servicios. Y se organizaron senderos para mostrar los atractivos, además de la comida y el folclore, afirma Juan Carlos Muga, director regional de turismo.

Las especialidades culinarias son variadas: seco de cabrito (seco de chivo, en Ecuador), tortilla de raya (especie de pescado), pescado con huevo, arroz con pato, cebiches (con mariscos, yuca y camote, pero seco) y el chirimpico (vísceras guisadas).

El pisco sawer (licor batido con limón y otros ingredientes) sellan la amistad de los chiclayeños, que invitan a bailar el tondero, ritmo parecido a la marinera.

 


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