El templo más alto del mundo
Ricardo F. Andrade
Tiempos del Mundo



Lo más impresionante de un viaje entre Bolivia y Perú es el gigantesco espejo de agua tendido sobre la cordillera andina. Este atractivo escenario natural está constituido por el lago navegable más alto y antiguo del mundo, cuyas entrañas esconderían riquezas y tesoros de civilizaciones, miles de años más antiguas que la era cristiana.

Originalmente denominado Intikarka (isla del Sol, en español), este reservorio, llamado hoy Titicaca, tiene entre 8.330 y 8.400 km2 de superficie, una altura aproximada de 3.600 sobre la costa marina y profundidades internas variables hasta los 3.830 metros. Por partes iguales, el lago pertenece a Bolivia y a Perú.

La leyenda y arqueología tejieron historias sobre él. En su extensa ribera germinaron, crecieron y desaparecieron grandes civilizaciones como la Chiripa, Tiwanacu e Inca. Esta última fue devastada por los españoles en casi tres siglos de sometimiento, después del arribo del genovés Colón, en 1492.

El último eslabón de aquella casta belicosa y expansionista fue Atahuallpa, un inca que por su vida ofreció al soldado español Gonzalo Pizarro y sus guerreros una habitación llena de oro y plata. Muerto el jerarca de un trabucazo, sus huestes habrían llevado a lugares recónditos ese legado, juntado con gran esfuerzo. Tal vez al fondo del Titicaca.

Hace poco una expedición en el lago avistó una fulgurante barrita de metal amarillo, de unos 15 centímetros de largo, cubierta después por el limo polvoroso esparcido por el motor de un vehículo subacuático. La nota mediática de esta visión hizo creer a ciertos legisladores que se trataba de un ídolo de oro, de tres metros de largo.

Algunos historiadores comentan que una de las vertientes de explotación aurífera de aquellos tiempos fue La Paz, considerada el semillero de oro por los conquistadores barbados. Con fines religiosos, las culturas chiripa, tiwanakota e inca, extraían de las minas de Chuquiaguillo el mineral precioso durante su estado formativo.

La conquista llegó cuando los incas pasaban su apogeo y entre su patrimonio estaba el arte forjado en cerámica y metales preciosos. Algo de eso quiso reunir Atahuallpa para canjear por su libertad, en los años posteriores a 1.500.

Desde 1945 el interior del Titicaca es objeto de exploraciones en busca de vestigios arqueológicos de avanzadas culturas precolombinas y los probables tesoros escondidos.

Por los años ochenta del siglo pasado, el oceanógrafo francés Jacques Cousteau, utilizando submarinos tripulados se internó a grandes profundidades, logrando filmar la riqueza marina del lago menor, conocido como Wiñay Marca, sector boliviano.

El científico registró en películas el hábitat de ranas descomunales, aunque "no encontró nada que pudiese mostrar la presencia nítida del ser humano en esa profundidad", comentó a Tiempos del Mundo Eduardo Pareja, técnico de la Dirección Nacional de Arqueología (Dinar). "Sus informes sólo hablan de observaciones de carácter biológico de la flora y la fauna que hay debajo del agua", añadió al creer que Costeau pudo callar algunos resultados de su expedición.

Pareja, junto a Freddy Arce, otro técnico de Dinar, participó en el proyecto Akakor, impulsado por esta sociedad científica dedicada básicamente a la investigación de la geología y biología. La misión, integrada también por el italiano Lorenzo Aspi y la brasileña Soraya Ayu, trajo hace poco equipo e instrumental científico para hacer exploración robótica en profundidades marinas.

"El Lago Titicaca fundamentalmente la región de Copacabana, las islas del Sol y de la Luna es un sitio considerado de primera categoría, porque existen muchas evidencias arqueológicas allá, todas de carácter precolombino y muchas otras coloniales y republicanas", dijo Arce.

De acuerdo con los arqueólogos, la isla del Sol, donde aparecieron los incas predestinados Manco Kapac y Mama Ocllu, fue el sitio de significativa concentración humana. En la época de los chiripas y tiwanakotas, habría tenido un nivel de agua mucho más bajo que el actual. La inmersión del equipo de Akakor permitió encontrar terrazas agrícolas hoy cubiertas por las aguas del Titicaca, estimulando la teoría del cambio de altura del espejo lacustre.

Numerosas dificultades

"El panorama que se tiene debajo del agua del lago Titicaca es realmente difícil de trabajar", destacó Freddy Arce. "Yo lo comprobé porque estuve observando los monitores que chequeaban las navegaciones de los pequeños submarinos robots. Lo que se puede avanzar es muy poco porque la iluminación sólo da una visibilidad de uno a dos metros alrededor de la nave. Lo interesante es que llegamos hasta el fondo, en muchos lugares de 60 a 80 metros. En otros se pudo bajar a 150 metros que era el limite de estos robots".

Por más de cinco mil años el lago fue considerado como un templo, pero no el de cuatro paredes y una campana, subraya Arce. Es un templo natural donde los sacrificios y las ofrendas se hacen al aire libre, desde una apacheta. Según Pareja, "por los espacios que estamos encontrando, por el material de ofrenda hallado, en todo el lago no hay división no hay frontera; todo él es un templo. Yo diría que es el templo natural más alto del mundo".

Pareja sostuvo que el lago Titicaca es el centro de los mitos y leyendas de la Zona Andina. "Parece que muchos mitos tendrían una base real que no fue estudiada en profundidad. La historia del lago Titicaca, sus fluctuaciones y los asentamientos, definirán qué sucedió realmente en los Andes centrales y quién sabe, en Suramérica", puntualizó.

 

 


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