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Lo más impresionante de un viaje entre Bolivia y
Perú es el gigantesco espejo de agua tendido
sobre la cordillera andina. Este atractivo
escenario natural está constituido por el lago
navegable más alto y antiguo del mundo, cuyas
entrañas esconderían riquezas y tesoros de
civilizaciones, miles de años más antiguas que
la era cristiana.
Originalmente
denominado Intikarka (isla del Sol, en español),
este reservorio, llamado hoy Titicaca, tiene
entre 8.330 y 8.400 km2 de superficie, una
altura aproximada de 3.600 sobre la costa marina
y profundidades internas variables hasta los
3.830 metros. Por partes iguales, el lago
pertenece a Bolivia y a Perú.
La leyenda y
arqueología tejieron historias sobre él. En su
extensa ribera germinaron, crecieron y
desaparecieron grandes civilizaciones como la
Chiripa, Tiwanacu e Inca. Esta última fue
devastada por los españoles en casi tres siglos
de sometimiento, después del arribo del genovés
Colón, en 1492.
El último eslabón
de aquella casta belicosa y expansionista fue
Atahuallpa, un inca que por su vida ofreció al
soldado español Gonzalo Pizarro y sus guerreros
una habitación llena de oro y plata. Muerto el
jerarca de un trabucazo, sus huestes habrían
llevado a lugares recónditos ese legado, juntado
con gran esfuerzo. Tal vez al fondo del Titicaca.
Hace poco una
expedición en el lago avistó una fulgurante
barrita de metal amarillo, de unos 15
centímetros de largo, cubierta después por el
limo polvoroso esparcido por el motor de un
vehículo subacuático. La nota mediática de esta
visión hizo creer a ciertos legisladores que se
trataba de un ídolo de oro, de tres metros de
largo.
Algunos
historiadores comentan que una de las vertientes
de explotación aurífera de aquellos tiempos fue
La Paz, considerada el semillero de oro por los
conquistadores barbados. Con fines religiosos,
las culturas chiripa, tiwanakota e inca,
extraían de las minas de Chuquiaguillo el
mineral precioso durante su estado formativo.
La conquista llegó
cuando los incas pasaban su apogeo y entre su
patrimonio estaba el arte forjado en cerámica y
metales preciosos. Algo de eso quiso reunir
Atahuallpa para canjear por su libertad, en los
años posteriores a 1.500.
Desde 1945 el
interior del Titicaca es objeto de exploraciones
en busca de vestigios arqueológicos de avanzadas
culturas precolombinas y los probables tesoros
escondidos.
Por los años
ochenta del siglo pasado, el oceanógrafo francés
Jacques Cousteau, utilizando submarinos
tripulados se internó a grandes profundidades,
logrando filmar la riqueza marina del lago
menor, conocido como Wiñay Marca, sector
boliviano.
El científico
registró en películas el hábitat de ranas
descomunales, aunque "no encontró nada que
pudiese mostrar la presencia nítida del ser
humano en esa profundidad", comentó a Tiempos
del Mundo Eduardo Pareja, técnico de la
Dirección Nacional de Arqueología (Dinar). "Sus
informes sólo hablan de observaciones de
carácter biológico de la flora y la fauna que
hay debajo del agua", añadió al creer que
Costeau pudo callar algunos resultados de su
expedición.
Pareja, junto a
Freddy Arce, otro técnico de Dinar, participó en
el proyecto Akakor, impulsado por esta sociedad
científica dedicada básicamente a la
investigación de la geología y biología. La
misión, integrada también por el italiano
Lorenzo Aspi y la brasileña Soraya Ayu, trajo
hace poco equipo e instrumental científico para
hacer exploración robótica en profundidades
marinas.
"El Lago Titicaca
fundamentalmente la región de Copacabana, las
islas del Sol y de la Luna es un sitio
considerado de primera categoría, porque existen
muchas evidencias arqueológicas allá, todas de
carácter precolombino y muchas otras coloniales
y republicanas", dijo Arce.
De acuerdo con los
arqueólogos, la isla del Sol, donde aparecieron
los incas predestinados Manco Kapac y Mama Ocllu,
fue el sitio de significativa concentración
humana. En la época de los chiripas y
tiwanakotas, habría tenido un nivel de agua
mucho más bajo que el actual. La inmersión del
equipo de Akakor permitió encontrar terrazas
agrícolas hoy cubiertas por las aguas del
Titicaca, estimulando la teoría del cambio de
altura del espejo lacustre.
Numerosas
dificultades
"El panorama que
se tiene debajo del agua del lago Titicaca es
realmente difícil de trabajar", destacó Freddy
Arce. "Yo lo comprobé porque estuve observando
los monitores que chequeaban las navegaciones de
los pequeños submarinos robots. Lo que se puede
avanzar es muy poco porque la iluminación sólo
da una visibilidad de uno a dos metros alrededor
de la nave. Lo interesante es que llegamos hasta
el fondo, en muchos lugares de 60 a 80 metros.
En otros se pudo bajar a 150 metros que era el
limite de estos robots".
Por más de cinco
mil años el lago fue considerado como un templo,
pero no el de cuatro paredes y una campana,
subraya Arce. Es un templo natural donde los
sacrificios y las ofrendas se hacen al aire
libre, desde una apacheta. Según Pareja, "por
los espacios que estamos encontrando, por el
material de ofrenda hallado, en todo el lago no
hay división no hay frontera; todo él es un
templo. Yo diría que es el templo natural más
alto del mundo".
Pareja sostuvo que
el lago Titicaca es el centro de los mitos y
leyendas de la Zona Andina. "Parece que muchos
mitos tendrían una base real que no fue
estudiada en profundidad. La historia del lago
Titicaca, sus fluctuaciones y los asentamientos,
definirán qué sucedió realmente en los Andes
centrales y quién sabe, en Suramérica",
puntualizó.
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