Lima, 11 de
nov.- El museo "Tumbas Reales de
Sipán" muestra a partir de noviembre las
impresionantes joyas del preincaico Señor de
Sipán, 15 años después de ser salvadas del
robo y la destrucción por un equipo de
arqueólogos peruanos en la costa norte del
Perú.
El arqueólogo Walter Alva guarda en sus
retinas el momento en que su modesto equipo
encontró las evidencias de la tumba del más
alto dignatario de la cultura Mochica en la
localidad de Huaca Rajada, en el departamento
de Lambayeque, situado 791 kilómetros al
norte de Lima.
"Fue el momento de un instante eterno
que jamás olvidaremos", recordó Alva
esta semana sobre la excavación que permitió
desvelar el misterio de la antigua cultura
Mochica, que dominó el norte del Perú entre
los siglos I al III d.C.
En mayo de 1987, Alva y sus colaboradores
lograron arrebatar a los saqueadores, que
comenzaron a robar cabezas de oro de una de
las tumbas, un tesoro compuesto por decenas de
objetos en oro, plata, cobre, turquesa,
lapislázuli, conchas de spondylus (una
especie de caracol marino), 1.137 vasijas en
cerámica, ornamentos y armas.
La riqueza en la confección de miniaturas
y la maestría lograda en desconocidas mezclas
de metales les había permitido a los mochicas
destacar en la orfebrería, pero el
descubrimiento los catapultó al estatus de
maestros a nivel internacional, según Alva.
Algunas de las piezas más impresionantes
son los collares con frutos de maní
confeccionados en oro y plata, las orejeras
con deidades y figuras hechas con turquesas o
las arañas sobre su tela arácnida elaboradas
en filigrana de oro.
El museo, que es inaugurado hoy por el
presidente peruano, Alejandro Toledo, reúne
todos los objetos y joyas encontradas por el
equipo encabezado por Alva, restauradas en
Alemania y que dieron la vuelta al mundo en
innumerables exposiciones para recaudar fondos
para su mantenimiento.
Pero lo más destacable, en opinión de
Alva, es que el museo haya sido construido en
la misma zona del descubrimiento y se
convierta en un mausoleo para los restos
mortales del "Señor de Sipán" y
los jefes militares, el sacerdote, las
concubinas, niños, guardianes y animales
enterrados con el dignatario hace 1.700 años.
El establecimiento se presenta al visitante
como un conjunto de pirámides truncas y
prismas de concreto, que dan la impresión de
estar frente a un conjunto de cerros
levantados en medio del desértico paisaje de
Lambayeque.
Sin embargo, al ingresar al museo se
atraviesa en tiempo y espacio porque ningún
haz de luz externo se filtra por sus paredes
con el fin de proteger las osamentas y las
joyas de los rayos del sol.
En medio de la penumbra, el visitante ve
pasar a su lado la imagen del "Señor de
Sipán", coronado por un tocado en forma
de hoja semilunar de oro, llevado por un
séquito, gracias a una animación de
computadoras.
Las investigaciones en una decena de tumbas
encontradas en la zona determinaron que el
"Señor de Sipán" tuvo el más alto
rango político, militar y religioso, similar
al de los Incas en el Imperio del
Tawantinsuyo.
La distribución del museo permite que el
turista lo recorra de arriba a abajo, en tres
niveles, que terminan con el mausoleo donde
los cuerpos del dignatario mochica y sus
acompañantes están protegidos en urnas de
vidrio.
El trabajo de recuperación de las joyas
mochicas movilizó a mediados de los años 90
a la policía internacional, alertada por
Perú, para rescatar collares de oro que iban
a ser subastados en conocidas galerías y un
protector coxal de oro que era ofrecido en el
mercado negro en un millón y medio de
dólares.
"El museo 'Tumbas Reales de Sipán' no
es un lugar donde se exhiben objetos, es un
museo-mausoleo donde reposan los restos de
nuestros reyes", acotó Alva..