* Relatos de una ciudad precolombina de
Ecuador, con encantos y amuletos.
* Cerca de Cuenca, un encuentro con cañaris e
incas.
* Una Historia con vírgenes del sol y
entierros en posición fetal.
Se salvaron
del diluvio. Buscaron refugio en Huacayñan,
monte sagrado, y allí sobrevivieron por obra
y gracia de la comida que les dieron un par de
guacamayas con cara de mujer. Ellos eran dos
hermanos y decidieron casarse con estas
criaturas míticas. De los seis hijos que
tuvieron (3 hombres y 3 mujeres) nacieron
muchos reinos, uno de ellos Ingapirca -que en
quechua significa muro o pared del Inca-.
De la mano de
la leyenda, de boca en boca, y entre rocas, se
va dibujando la historia de lo que fue esa
antigua población ecuatoriana, en el sector
Hatún Cañar -a dos horas u 85 kilómetros de
Cuenca, y a 3.160 metros de altura-.
Y se recrea
entre valles, montañas, eucaliptos y cultivos
de papa y cereales. En las ruinas. Junto a
llamas y alpacas. Allí, donde el viento
silba. En el departamento de Cañar. A baja
temperatura y en medio de neblina y lluvia
menudita.
Con
tejidos y chicha
Aquí
habitaron los cañari -desde el siglo V-. Y un
día, en el XV, llegaron los incas. Y antes de
todos ellos, quizá hubo otros... Amerindios.
Fue lugar de
descanso para los chasquis u hombres-correo.
Sede de tropas. Observatorio astronómico. Si
usted integra las versiones, encuentra que
Ingapirca (también conocido como Castillo de
Ingapirca) confluyeron lo político, lo
religioso, lo militar y lo científico.
Y brotan, de
bocas, documentos y objetos, relatos que unen
esas culturas en el complejo precolombino y
arqueológico más importante del Ecuador; el
conjunto de vestigios incas más destacado y
en mejor estado, de esa nación andina.
La vieja
ciudad que no alcanzaron a borrar el tiempo ni
las guerras civiles. Con templo, viviendas,
bodegas, cementerio, baños...
Hubo una vez,
allí... Casas de piedra y techos de paja, con
puertas trapezoides (una forma acogida como
antisísmica). Algunas construcciones con
terrazas utilizadas para vigilancia y
comunicación -al parecer, entrelazadas con
otras situadas a 15 kilómetros; en la
montaña, arriba.
Hubo,
también, por la plaza central, habitaciones
en las que se moldearon cerámicas, se
hicieron tejidos y se prepararon alimentos y
chicha, con piedras demoler en las que se
procesaban maíz, trigo, cebada, y papa para
la tortilla.
Los baños
de energía
Entre viento,
brizna y palabra el visitante registra muros
con nichos para ofrendas y para dioses
protectores que alejan a los malos espíritus.
Por aquí ve
collcas o pozos circulares que sirvieron de
silos; para almacenar papa, quinua. Y huancas
o altares encarnados en una piedra de río en
la que los cambios de iluminación, producto
de aquellos en la posición del sol, han
tenido un sentido.
Por allí,
superficies en donde se encontraron los restos
de once personas, entre ellos los de una mujer
sacerdotisa.
Hay una
piedra -calendario- lunar: en el agua que se
filtra por pequeños orificios, los reflejos
hablan de las fases de la luna que dieron pie
a toma de decisiones (siembra, cosecha) en
actividades relacionadas con la agricultura.
Y hay canales
y pequeños ductos que posiblemente se usaron
en baños rituales, de purificación o de
energía; baños previos a ceremonias
religiosas en el templo; aguas preparadas por
el sabio o chamán, y que debieron más que
purificar, por frías.
Ropa
limpia
Al recorrer
las ruinas -"piedras talladas y pegadas
con mortero natural"-, usted escucha de
Francisco Cahuana, guía de la comunidad
cañari- y de la gente de la región, detalles
sobre creencias y costumbres de esa
superposición e integración de culturas:
cañari-inca. Algunas se conservan en el siglo
XXI.
La luna, la
tierra y la mujer lo eran todo. Fertilidad
segura.
El hombre
podía arar, abonar... pero únicamente la
mujer tenía la potestad de sembrar, de regar
en el surco la semilla que llevaba en su
pollera o falda (que estaba en contacto con la
energía madre, positiva).
A la gente la
enterraban en posición fetal, porque, al
morir, se iba a renacer a otro mundo.
Para
conservar la papa, la ponían entre capas de
paja y con ceniza (evita que germine o se
pudra).
En los
cultivos, al comienzo, en el medio y al final
de los surcos, se echaba sangre de animales
sacrificados-oveja, cuy, gallina-, a la madre
tierra que abriga y da la vida.
No se
estilaba lavar ropa en luna tierna o nueva;
dejaban pasar cinco días, para que los
atuendos no sufrieran un desgaste inútil.
La elipse
-que recuerda el movimiento del sol- es una
forma recurrente en la arquitectura.
De conchas
y amuletos
Lejos están
el par de hermanos que escaparon, según la
leyenda, del diluvio. Lejos, también, las
alianzas matrimoniales y los enfrentamientos
entre cañaris e incas o entre Huáscar y
Atahualpa, herederos de Huayna Cápac. Lejos
los procesos migratorios que llevaron a muchos
cañaris a tierras peruanas. Y lejos la
imparable ambición española y las acciones
destructivas de las que la zona ha sido
testigo.
A comienzos
del siglo XX, algunos viajeros encontraron a
Ingapirca de "capa caída". Pero,
las cosas empezaron a cambiar cuando, el 22 de
octubre de 1966, se le puso la marquilla
"patrimonio turístico" y fue
entregada en custodia al Museo Arqueológico
del Banco Central del Ecuador.
Nacería la
Comisión del Castillo de Ingapirca- y su
propósito de velar por este centro
arqueológico-. Vendrían estudios,
excavaciones, acciones de limpieza y
recuperación. Se abriría un museo de sitio.
Las ruinas se transformarían en centro de
atracción para amantes de culturas
indígenas.
Quienes,
ahora, caminen por el Cañar, escucharán
hablar del famoso comercio de los cañaris con
los spondylos o conchas que sirvieron de
materia prima para amuletos y llegaron a ser
tan costosos como el oro. Y de sus dioses
hechos piedra, río, laguna, montaña, ave,
luna.
Sabrán de la
existencia de vírgenes del sol del pueblo
inca: mujeres escogidas desde niñas para el
servicio del dios Sol y de los sacerdotes.
Y podrán
presenciar la fiesta del Inti Raymi o Fiesta
del Sol, asociada originalmente con la siembra
y la cosecha y la relación del hombre con la
naturaleza y de los dioses y las comunidades.
Siempre en junio (en el 2003 la versión 15).
Adobada con música, reinas (princesas del sol
o Ñusta Inti Raymi) y fiestas artesanales.
Allí, donde
dos hermanos, años ha, escaparon del diluvio.
Pedagogía
Casas, silos
* Viajeros,
arqueólogos, historiadores. Por Ingapirca ya
han pasado muchos. Y a partir de los estudios
hechos, se han identificado espacios básicos
y se han definido usos y actividades de ellos,
en esa población que unió a las culturas
cañari e inca:
* Pilaloma.
Habitaciones alrededor de un gran patio -para
culto y administración-. Incluye un pavimento
circular armado con piedras pequeñas de río,
y una más grande y en posición vertical,
para los cálculos astronómicos.
* Collcas.
Hoyos o formaciones circulares. Sirven de
silos o depósitos de granos.
* Castillo o
Templo del Sol. Fabricado con piedra verde
volcánica. Con su forma en elipse -recurrente
entre indígenas. Contempla puertas al levante
y al poniente y habitaciones para el culto y
la administración.
* Condamine.
Vivienda de personas al servicio del templo,
de las vírgenes del sol o funcionarias
destacadas de la corona, vigilancia de labor
de pueblos sometidos. Se encontraron restos.
|