Hay moros en el Casillo de Ingapirca
Por Margaritainés Restrepo Santa María / Colombia
Ingapirca, Ecuador
El Colombiano de Medellín
Julio de 2003


* Relatos de una ciudad precolombina de Ecuador, con encantos y amuletos.
* Cerca de Cuenca, un encuentro con cañaris e incas.
* Una Historia con vírgenes del sol y entierros en posición fetal.

Se salvaron del diluvio. Buscaron refugio en Huacayñan, monte sagrado, y allí sobrevivieron por obra y gracia de la comida que les dieron un par de guacamayas con cara de mujer. Ellos eran dos hermanos y decidieron casarse con estas criaturas míticas. De los seis hijos que tuvieron (3 hombres y 3 mujeres) nacieron muchos reinos, uno de ellos Ingapirca -que en quechua significa muro o pared del Inca-.

De la mano de la leyenda, de boca en boca, y entre rocas, se va dibujando la historia de lo que fue esa antigua población ecuatoriana, en el sector Hatún Cañar -a dos horas u 85 kilómetros de Cuenca, y a 3.160 metros de altura-.

Y se recrea entre valles, montañas, eucaliptos y cultivos de papa y cereales. En las ruinas. Junto a llamas y alpacas. Allí, donde el viento silba. En el departamento de Cañar. A baja temperatura y en medio de neblina y lluvia menudita.

Con tejidos y chicha

Aquí habitaron los cañari -desde el siglo V-. Y un día, en el XV, llegaron los incas. Y antes de todos ellos, quizá hubo otros... Amerindios.

Fue lugar de descanso para los chasquis u hombres-correo. Sede de tropas. Observatorio astronómico. Si usted integra las versiones, encuentra que Ingapirca (también conocido como Castillo de Ingapirca) confluyeron lo político, lo religioso, lo militar y lo científico.

Y brotan, de bocas, documentos y objetos, relatos que unen esas culturas en el complejo precolombino y arqueológico más importante del Ecuador; el conjunto de vestigios incas más destacado y en mejor estado, de esa nación andina.

La vieja ciudad que no alcanzaron a borrar el tiempo ni las guerras civiles. Con templo, viviendas, bodegas, cementerio, baños...

Hubo una vez, allí... Casas de piedra y techos de paja, con puertas trapezoides (una forma acogida como antisísmica). Algunas construcciones con terrazas utilizadas para vigilancia y comunicación -al parecer, entrelazadas con otras situadas a 15 kilómetros; en la montaña, arriba.

Hubo, también, por la plaza central, habitaciones en las que se moldearon cerámicas, se hicieron tejidos y se prepararon alimentos y chicha, con piedras demoler en las que se procesaban maíz, trigo, cebada, y papa para la tortilla.

Los baños de energía

Entre viento, brizna y palabra el visitante registra muros con nichos para ofrendas y para dioses protectores que alejan a los malos espíritus.

Por aquí ve collcas o pozos circulares que sirvieron de silos; para almacenar papa, quinua. Y huancas o altares encarnados en una piedra de río en la que los cambios de iluminación, producto de aquellos en la posición del sol, han tenido un sentido.

Por allí, superficies en donde se encontraron los restos de once personas, entre ellos los de una mujer sacerdotisa.

Hay una piedra -calendario- lunar: en el agua que se filtra por pequeños orificios, los reflejos hablan de las fases de la luna que dieron pie a toma de decisiones (siembra, cosecha) en actividades relacionadas con la agricultura.

Y hay canales y pequeños ductos que posiblemente se usaron en baños rituales, de purificación o de energía; baños previos a ceremonias religiosas en el templo; aguas preparadas por el sabio o chamán, y que debieron más que purificar, por frías.

Ropa limpia

Al recorrer las ruinas -"piedras talladas y pegadas con mortero natural"-, usted escucha de Francisco Cahuana, guía de la comunidad cañari- y de la gente de la región, detalles sobre creencias y costumbres de esa superposición e integración de culturas: cañari-inca. Algunas se conservan en el siglo XXI.

La luna, la tierra y la mujer lo eran todo. Fertilidad segura.

El hombre podía arar, abonar... pero únicamente la mujer tenía la potestad de sembrar, de regar en el surco la semilla que llevaba en su pollera o falda (que estaba en contacto con la energía madre, positiva).

A la gente la enterraban en posición fetal, porque, al morir, se iba a renacer a otro mundo.

Para conservar la papa, la ponían entre capas de paja y con ceniza (evita que germine o se pudra).

En los cultivos, al comienzo, en el medio y al final de los surcos, se echaba sangre de animales sacrificados-oveja, cuy, gallina-, a la madre tierra que abriga y da la vida.

No se estilaba lavar ropa en luna tierna o nueva; dejaban pasar cinco días, para que los atuendos no sufrieran un desgaste inútil.

La elipse -que recuerda el movimiento del sol- es una forma recurrente en la arquitectura.

De conchas y amuletos

Lejos están el par de hermanos que escaparon, según la leyenda, del diluvio. Lejos, también, las alianzas matrimoniales y los enfrentamientos entre cañaris e incas o entre Huáscar y Atahualpa, herederos de Huayna Cápac. Lejos los procesos migratorios que llevaron a muchos cañaris a tierras peruanas. Y lejos la imparable ambición española y las acciones destructivas de las que la zona ha sido testigo.

A comienzos del siglo XX, algunos viajeros encontraron a Ingapirca de "capa caída". Pero, las cosas empezaron a cambiar cuando, el 22 de octubre de 1966, se le puso la marquilla "patrimonio turístico" y fue entregada en custodia al Museo Arqueológico del Banco Central del Ecuador.

Nacería la Comisión del Castillo de Ingapirca- y su propósito de velar por este centro arqueológico-. Vendrían estudios, excavaciones, acciones de limpieza y recuperación. Se abriría un museo de sitio. Las ruinas se transformarían en centro de atracción para amantes de culturas indígenas.

Quienes, ahora, caminen por el Cañar, escucharán hablar del famoso comercio de los cañaris con los spondylos o conchas que sirvieron de materia prima para amuletos y llegaron a ser tan costosos como el oro. Y de sus dioses hechos piedra, río, laguna, montaña, ave, luna.

Sabrán de la existencia de vírgenes del sol del pueblo inca: mujeres escogidas desde niñas para el servicio del dios Sol y de los sacerdotes.

Y podrán presenciar la fiesta del Inti Raymi o Fiesta del Sol, asociada originalmente con la siembra y la cosecha y la relación del hombre con la naturaleza y de los dioses y las comunidades. Siempre en junio (en el 2003 la versión 15). Adobada con música, reinas (princesas del sol o Ñusta Inti Raymi) y fiestas artesanales.

Allí, donde dos hermanos, años ha, escaparon del diluvio.

Pedagogía
Casas, silos

* Viajeros, arqueólogos, historiadores. Por Ingapirca ya han pasado muchos. Y a partir de los estudios hechos, se han identificado espacios básicos y se han definido usos y actividades de ellos, en esa población que unió a las culturas cañari e inca:

* Pilaloma. Habitaciones alrededor de un gran patio -para culto y administración-. Incluye un pavimento circular armado con piedras pequeñas de río, y una más grande y en posición vertical, para los cálculos astronómicos.

* Collcas. Hoyos o formaciones circulares. Sirven de silos o depósitos de granos.

* Castillo o Templo del Sol. Fabricado con piedra verde volcánica. Con su forma en elipse -recurrente entre indígenas. Contempla puertas al levante y al poniente y habitaciones para el culto y la administración.

* Condamine. Vivienda de personas al servicio del templo, de las vírgenes del sol o funcionarias destacadas de la corona, vigilancia de labor de pueblos sometidos. Se encontraron restos.

 




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