Un
rapero bogotano de 16 años lleva seis meses
viviendo en un pequeño poblado inca (Perú),
siguiendo las huellas de sus ancestros. Dice que
extraña su ciudad.
A mediados enero
su mamá recibió la noticia: una hermana había
muerto y era necesario regresar a Chivay de
Cayoma (Perú), su pueblo natal. Pero esta vez no
iría sola, se iba a llevar a Arley, su hijo
colombiano, para que conociera a los abuelos.
Pero, lo que en un
principio era una visita familiar, se convirtió
en un cambio de vida tan fuerte, que hoy, seis
meses después, Arley Malaga, un rapero bogotano
de 16 años, todavía no se acostumbra a su nueva
casa. Aunque no deberían molestarle ni la altura
y ni el frío, pues Chivay está a 3.651 metros
aún más cerca de las estrellas, sus manos y sus
labios permanecen resecos por el viento helado.
"Claro que el frío
es lo de menos, lo más grave son el resto de
cosas", dice con su acento de ‘parcero’, que de
un momento a otro pasó de ser un citadino
consumado a ser un habitante de un pequeño
pueblo indígena en la punta de una montaña y en
medio del desierto, en donde el quechua se oye
por todas partes.
Los primeros días
fueron traumáticos, pues atrás quedaron su casa
de Engativá zona dos, la rumba, la "costeñita",
los amigos y hasta los trancones, que hoy
también le hacen falta. De los siete millones de
personas con los que compartía las calles de
Bogotá, pasó a hacerlo con las 3.500 de Chivay,
que viven primordialmente de la agricultura y el
turismo.
"Menos mal me
traje mis CD’s porque aquí la música es una
sonsera. Claro que la verdad, ahora ya me gusta
caminar por la chacra (finca) y también la
chicha que hacen aquí".
Admite que la
muerte de su tía fue una disculpa de su mamá
para llevarlo al Perú a conocer sus ancestros,
quienes desde la época de los Incas han
aprendido a arañar el desierto para sacarle una
cosecha al año, picchan (mascan) coca y crían
alpacas.
Los papás de Arley,
ambos peruanos, vinieron hace más de 20 años a
Colombia a probar suerte. La mamá se formó como
esteticista y tiene una peluquería en Bogotá y
el papá ya no vive con la familia. Sin embargo,
su mamá nunca ha perdido la esperanza de volver
a vivir en Chivay y quizás por eso dejó a su
hijo al cuidado de los abuelos.
Un viaje largo
Llegar a Chivay no
es fácil, primero porque se deben tomar dos
vuelos: de Bogotá a Lima (tres horas), y de Lima
a Arequipa (una hora) y luego andar cinco horas
por una carretera polvorienta, en la que se debe
avanzar despacio para irse acostumbrando a la
altura, que en algunos puntos del camino alcanza
los 4.800 metros.
Y quizás por la
lejanía o por la falta de sus amigos, Arley
confiesa que ahora se siente más bogotano que
antes cuando iba cumplido a todas las reuniones
de la Guardia Roja del Santafé. Su origen
también se lo recuerdan constantemente sus
compañeros de séptimo grado del único colegio de
bachillerato de Chivay, quienes lo llaman ‘el
colombiano’, pues les parece chistoso la forma
como habla y sus constantes quejas por el frío.
Pese a que Chivay
está en una de las zonas de mayor afluencia de
turismo internacional en el sur del Perú, las
costumbres indígenas son muy arraigadas y
jóvenes y viejos andan con sus trajes típicos
(también quizás porque les cobran a los turistas
por las fotos).
El gran atractivo
de la zona es el valle del río Colca, que tiene
3.000 metros de profundidad y, por eso según los
peruanos es más profundo que el Cañón del
Colorado en Estados Unidos. Tiene un paisaje de
contrastes, pues es una sola mirada se alcanzan
a ver los nevados y el desierto, pero ni ese
panorama, ni las aguas termales de la Calera,
que podrían ayudar con un nombre familiar, han
logrado animar a Arley. Él solo está esperando
que el tiempo pase rápido para poder volver a su
ciudad y fumarse un "mustang azul".
El Valle de
las Maravillas
En el sur del
Perú, en la provincia de Arequipa, está el Valle
del Colca, el cual fue bautizado por el escritor
Mario Vargas Llosa como el Valle de las
Maravillas, por su paisaje y la riqueza cultural
de los pueblos que lo habitan, quienes fundaron
urbes en la alta montaña para poder estar más
cerca del dios Inti (sol).
El Colca es uno de
los principales destinos de turismo de aventura
en Perú y su atractivo más imponente son sus
volcanes nevados, algunos de ellos en plena
actividad: Hualca Hualca (6.025 metros),
Sabancaya (5.976 metros) y Ampato (6.288
metros), entre otros.
En el lugar
existen servicios de hospedaje y restaurantes
para todos los gustos y bolsillos y se pueden
contratar desde la ciudad de Arequipa o en el
propio valle del Colca (en los poblados de
Chivay y Yanque). Además hay paquetes
turísticos, con guías y cabalgatas.
En el murallón del
frente del río están las cumbres de hielos
perpetuos y más abajo se ven cóndores volando y
llamas pastando.
LAURA CHARRY
Redactora de EL TIEMPO*
COLCA (PERÚ)
*Este viaje fue hecho con una invitación de la
Comunidad Andina y Promperú
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