Jóvenes / Un cambio de vida hacia el mundo Quechua
Arley,  de Engativá a las montañas de Perú

Por Laura Charry, El Tiempo de Colombia
Bogotá, 17 de junio de 2005


Un rapero bogotano de 16 años lleva seis meses viviendo en un pequeño poblado inca (Perú), siguiendo las huellas de sus ancestros. Dice que extraña su ciudad.

A mediados enero su mamá recibió la noticia: una hermana había muerto y era necesario regresar a Chivay de Cayoma (Perú), su pueblo natal. Pero esta vez no iría sola, se iba a llevar a Arley, su hijo colombiano, para que conociera a los abuelos.

Pero, lo que en un principio era una visita familiar, se convirtió en un cambio de vida tan fuerte, que hoy, seis meses después, Arley Malaga, un rapero bogotano de 16 años, todavía no se acostumbra a su nueva casa. Aunque no deberían molestarle ni la altura y ni el frío, pues Chivay está a 3.651 metros aún más cerca de las estrellas, sus manos y sus labios permanecen resecos por el viento helado.

"Claro que el frío es lo de menos, lo más grave son el resto de cosas", dice con su acento de ‘parcero’, que de un momento a otro pasó de ser un citadino consumado a ser un habitante de un pequeño pueblo indígena en la punta de una montaña y en medio del desierto, en donde el quechua se oye por todas partes.

Los primeros días fueron traumáticos, pues atrás quedaron su casa de Engativá zona dos, la rumba, la "costeñita", los amigos y hasta los trancones, que hoy también le hacen falta. De los siete millones de personas con los que compartía las calles de Bogotá, pasó a hacerlo con las 3.500 de Chivay, que viven primordialmente de la agricultura y el turismo.

"Menos mal me traje mis CD’s porque aquí la música es una sonsera. Claro que la verdad, ahora ya me gusta caminar por la chacra (finca) y también la chicha que hacen aquí".

Admite que la muerte de su tía fue una disculpa de su mamá para llevarlo al Perú a conocer sus ancestros, quienes desde la época de los Incas han aprendido a arañar el desierto para sacarle una cosecha al año, picchan (mascan) coca y crían alpacas.

Los papás de Arley, ambos peruanos, vinieron hace más de 20 años a Colombia a probar suerte. La mamá se formó como esteticista y tiene una peluquería en Bogotá y el papá ya no vive con la familia. Sin embargo, su mamá nunca ha perdido la esperanza de volver a vivir en Chivay y quizás por eso dejó a su hijo al cuidado de los abuelos.

Un viaje largo

Llegar a Chivay no es fácil, primero porque se deben tomar dos vuelos: de Bogotá a Lima (tres horas), y de Lima a Arequipa (una hora) y luego andar cinco horas por una carretera polvorienta, en la que se debe avanzar despacio para irse acostumbrando a la altura, que en algunos puntos del camino alcanza los 4.800 metros.

Y quizás por la lejanía o por la falta de sus amigos, Arley confiesa que ahora se siente más bogotano que antes cuando iba cumplido a todas las reuniones de la Guardia Roja del Santafé. Su origen también se lo recuerdan constantemente sus compañeros de séptimo grado del único colegio de bachillerato de Chivay, quienes lo llaman ‘el colombiano’, pues les parece chistoso la forma como habla y sus constantes quejas por el frío.

Pese a que Chivay está en una de las zonas de mayor afluencia de turismo internacional en el sur del Perú, las costumbres indígenas son muy arraigadas y jóvenes y viejos andan con sus trajes típicos (también quizás porque les cobran a los turistas por las fotos).

El gran atractivo de la zona es el valle del río Colca, que tiene 3.000 metros de profundidad y, por eso según los peruanos es más profundo que el Cañón del Colorado en Estados Unidos. Tiene un paisaje de contrastes, pues es una sola mirada se alcanzan a ver los nevados y el desierto, pero ni ese panorama, ni las aguas termales de la Calera, que podrían ayudar con un nombre familiar, han logrado animar a Arley. Él solo está esperando que el tiempo pase rápido para poder volver a su ciudad y fumarse un "mustang azul".

El Valle de las Maravillas

En el sur del Perú, en la provincia de Arequipa, está el Valle del Colca, el cual fue bautizado por el escritor Mario Vargas Llosa como el Valle de las Maravillas, por su paisaje y la riqueza cultural de los pueblos que lo habitan, quienes fundaron urbes en la alta montaña para poder estar más cerca del dios Inti (sol).

El Colca es uno de los principales destinos de turismo de aventura en Perú y su atractivo más imponente son sus volcanes nevados, algunos de ellos en plena actividad: Hualca Hualca (6.025 metros), Sabancaya (5.976 metros) y Ampato (6.288 metros), entre otros.

En el lugar existen servicios de hospedaje y restaurantes para todos los gustos y bolsillos y se pueden contratar desde la ciudad de Arequipa o en el propio valle del Colca (en los poblados de Chivay y Yanque). Además hay paquetes turísticos, con guías y cabalgatas.

En el murallón del frente del río están las cumbres de hielos perpetuos y más abajo se ven cóndores volando y llamas pastando.

 

LAURA CHARRY
Redactora de EL TIEMPO*
COLCA (PERÚ)
*Este viaje fue hecho con una invitación de la Comunidad Andina y Promperú

 


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