El
sol ayuda y mucho. Con su reflejo en la montaña
se pueden ver mejor las huellas de los
dinosaurios. Sí, dinosaurios. 5.000 huellas
que mañana pueden ser más, pues el paisaje
cambia por la erosión y las deja al
descubierto.
Están
en el Parque Cretácico, conocido como Oack
Park, y para llegar allá hay que pasar por
Sucre, ciudad boliviana Patrimonio de la
Humanidad, la misma por donde pasó Simón Bolívar
y donde se creó la República de Bolivia, de
la que hoy es su capital constitucional.
Después
de 15 minutos en bus se llega a la Fábrica
Nacional de Cementos, donde hace 25 años los
dinosaurios hicieron su aparición en forma de
huellas. Las encontraron los empleados de la
época.
Y
los que para ellos eran "agujeros
raros", hoy son motivo de estudio de
investigadores que en su mayoría llegan de
Suiza. Analizan su variedad y estudian cómo
vivieron estos gigantes en la América andina.
Pasan días enteros mirando las huellas, midiéndolas,
analizándolas. "Buscan en ellas la
historia de un tiempo", dice Rodrigo, el
guía del parque. De huella en huella
En
una pared de 73 grados de inclinación (que en
su momento fue plana pero que por los
movimientos tectónicos ahora es montaña), se
ven registros de la existencia de saurópodos
(huellas circulares), anquilosaurios (registro
de cuatro dedos), ornitópodos (tres dedos
circulares, a veces de dos patas y otras de
cuatro) y terópodos (carnívoros de dos
patas, cada una con tres dedos largos como
garras).
Mejor
dicho, toda una aventura en 30 metros
cuadrados de pared. Haciendo el recorrido, que
puede durar cerca de hora y media, se ven 300
caminatas en todas las direcciones.
Los
gigantes iban y venían a distintas
velocidades. Los titanosaurios, por ejemplo,
hacían entre tres y cuatro kilómetros por
hora, debido a su tamaño. Y otros, como los
terópodos, cerca de 12 kilómetros en 60
minutos.
Rodrigo
cuenta orgulloso que pocos lugares en el mundo
tienen este espectáculo tan completo.
"Solo Bolivia, España, Inglaterra,
Francia y Alemania".
Aquí,
en menos de cinco años, se proyecta hacer un
gran parque cretácico, para niños y grandes.
En la entrada están los dinosaurios en pequeña
escala, en figuras de plástico, ambientando
lo que el lugar será en el futuro.
Allí,
además de las huellas de los dinosaurios, hay
polvo en exceso. Pero bien vale luchar contra
él percibiendo las huellas de los gigantes
extinguidos que se pasearon por este
continente.
Rodrigo,
para terminar, cuenta que hay unas huellas que
son las más estables en la pared. "Lo
llamamos el caminante solitario y a uno le dan
ganas de pensar que era el dueño del
lugar".
*
Invitación de la Comunidad Andina de
Naciones.
Si
usted va
*
Los colombianos no necesitan visa para ir a
Bolivia, solo el pasaporte.
*
Lloyd Aéreo Boliviano tiene tres frecuencias
semanales desde Bogotá: miércoles, viernes y
domingo a las 2:45 a.m., llegando a Santa Cruz
a las 7:45 a.m. Los viajeros deben estar en el
aeropuerto Eldorado los días martes, jueves y
sábado a las 11:45 p.m.
*
El precio del pasaje es de 440 dólares por
persona, (cerca de 1'200.000 pesos). Hay que
pagar el 8 por ciento del Iva. El impuesto de
salida de Colombia vale 43 dólares.
*
A la llegada a Santa Cruz se puede hacer
conexión con La Paz o directamente con Sucre,
a través de la misma aerolínea.
Ciudad
universitaria
Gócese
Sucre. Es la gran ciudad universitaria de
Bolivia, fundada entre 1538 y 1540. Tiene la
vitalidad de los jóvenes que la invaden,
estudian allí y después de las 5 p.m. se
toman la plaza.
Son
bolivianos, brasileños, argentinos y
uruguayos que estudian desde ingenierías
hasta medicinas, van a los bares, se divierten
y le dan vida a un lugar con iglesias llenas
de arte, construidas desde mediados del siglo
XVI, con una arquitectura entre colonial y
republicana.
En
Sucre se duerme y se come bien. Hay hoteles
desde 10 dólares la noche hasta 100 dólares,
y restaurantes donde si usted es de los que no
come mucho, es preferible pedir medios platos
porque los bolivianos son abundantes a la hora
de servir y alimentarse.
Un
buen desayuno se consigue desde 2 dólares y
puede almorzar y cenar bien con 5 dólares.
No
se pierda los museos de la ciudad,
especialmente el Antropológico y el de
Tejidos. En este último descubrirá el arte
del tejido boliviano, una cualidad local que
hace historia y está llena de leyendas. Como
la que dice que las mujeres que se van a
dedicar al tejido deben pasar una noche a
solas en espera de que llegue el diablo, pues
este las inspirará por el resto de sus vidas.
Tampoco
deje de ir a la Casa de la Libertad, donde 48
diputados se reunieron para darle creación a
Bolivia y hasta donde llegó Simón Bolívar,
ratificando que para cumplir los sueños solo
hace falta tenerlos y poner toda la voluntad
del mundo para llevarlos a cabo.
Potosí,
el cerro mágico
El
sol sale pero también a veces, en invierno,
cae la nieve. Sin embargo, los habitantes de
Potosí, ciudad Patrimonio de la Humanidad,
parecen ser los seres más felices del planeta
y no les importa el frío, la aridez de la
tierra ni vivir tan lejos.
Al
fondo está el gran Cerro de Potosí, lleno de
plata en su momento. Hoy todavía hay, así
sea poca, y los mineros arañan la tierra para
sacarle hasta el último gramo. A 4.242 metros
de altura sobre el nivel del mar está la mina
María, una de las que visitan los turistas.
Es
para los que aman la aventura pero no están
dispuestos a un riesgo alto, pues su fondo da
miedo y angustia. Es necesario caminar con
cuidado, no quitarse el casco protector que le
entregan a la entrada y oír las historias de
los guías locales, con sus dolores y sus
alegrías. Porque la mina, así como ha dado
fortunas, ha quitado vidas.
Los
mineros mastican hoja de coca para resistir la
estadía bajo tierra hasta por 15 horas y la
dureza del trabajo. Idolatran al Tío, un
diablo hecho en cemento al que le ofrecen
trago, hojas de coca, alimentos y tabacos.
Los
agüeros van y vienen entre los socavones: si
el Tío se "fuma" todo el cigarro
que usted le pone en su boca habrá suerte,
tanto en la búsqueda de una nueva veta como
en su vida. De lo contrario, los problemas no
faltarán.
En
esta ciudad hay muy buenos hoteles y
restaurantes, pero es necesario mirar qué le
ofrecen antes de dar el "sí".
Algunas organizaciones que se encargan de
llevar turistas terminan metiéndoles 'gato
por liebre', pues los alojan en pésimos
hoteles y le ofrecen una alimentación de baja
calidad.
En
todo caso, en Sucre hay varias agencias de
viaje que le indican cómo llegar a Potosí (a
dos horas por una excelente carretera) y le
informan sobre hoteles y restaurantes a costos
similares a los de Sucre.
No
se pierda la Casa de Moneda local, construida
entre 1759 y 1773 por orden de Carlos III.
Monedas, moneditas y monedotas por todos lados
le cuentan la historia. Las hay acuñadas
desde 1575 e incluso se ven varias órdenes de
Boyacá, máxima condecoración de Colombia,
hechas allí.