* Coro, ciudad
venezolana y Patrimonio Cultural de la
Humanidad.
* Propuesta con arquitectura colonial, mucha
música, mar y desierto.
* Lugar con espacio para tradición y cuentos
con fantasmas.
* Tiempo de diversidad con agua de coco, cocuy
pecayero y cocacola.
Vieron llorar
a una Virgen. Saben de duendes, túneles
secretos y naves espaciales. Acarician relatos
de invasiones de piratas franceses e ingleses
y la fortuna nunca encontrada de Andrés de
Talavera, el de la Casa del Tesoro.
Se gozan las
cuerdas de bandolinas, cuatros y guitarras, y
el repicar de tambores. En esa ciudad
venezolana Patrimonio Natural y Cultural de la
Humanidad: Santa Ana de Coro.
Las historias
brotan de calles empedradas -de canto rodado-.
Se asoman por los balcones (que miran a la
sierra y no al mar, como se estila), y en los
corredores de casonas coloniales con memoria
de bahareque y palma, y de colores vivos
-influencia holandesa, "importada"
de Curazao-.
Brotan y se
mezclan con el agua de coco que venden en
esquinas. Con los nísperos y mamones que no
faltan en los patios -olivos en los de
judíos. Y ese calor que habla de arena y de
olas.
Historias y
memorias. En Coro -viento, en Arawak-, capital
del estado o departamento de Falcón. En
labios de algunos de sus 180-200 mil
habitantes. De una comunidad con español,
negro, indio y alemán en la sangre.
Ritmo de
diversidad
"En 1527
Coro se vino a fundar, es cuna de Venezuela la
primera capital. ¡Ay, ay, ay, ay!". Los
Salveros de San Ilario entonan salvas y
décimas, típicos sones campesinos de la
región falconesa
Mientras, la
Orquesta Típica Armonía recorre el
pentagrama de composiciones locales con sabor
a romance: "Ansiedad, de tenerte en mis
brazos, musitando palabras de amor..."
Porque allí,
donde según cuentan, el Cacique Manaure
recibió cordialmente al conquistador Juan de
Ampíes, hay espacio para la diversidad.
Alternan
tradiciones judías y católicas. Chivo y
comida de mar. Cocuy Pecayero (bebida
alcohólica) y Cocacola. Misas de Gallo de
media noche a 5:00 de la mañana, acuñadas
con parranda.
Alternan
vals, balada y décima, danza de Las Turas,
para agradecer las cosechas, y percusión
pegajosa, con sentimiento de ancestros
africanos.
A la sombra
del cují
Monumento a
Manaure. Museos Diocesano y de Arte.
Artesanías de madera, cabuya, cerámica.
Catedral e iglesia de San Francisco. Taller de
restauración. Construcciones con nombres
evocadores: casas de las Cien ventanas, de
Hierro, del Tesoro, La Alameda. Balcón de Los
Arcaya.
¿Sabes?
Debajo de un
frondoso cují el padre Merino celebró la
primera misa en tierra firme suramericana, el
23 de noviembre de 1528. La Cruz de San
Clemente es lo que queda de ese árbol.
Por aquí
paró a almorzar Simón Bolívar, en una de
sus andanzas.
El Cocuy
Pecayero es una versión artesanal del
tequila. Y es mucho más que licor para
celebrar...
Dicen que es
milagroso. Untado, en baños, y a veces
"salpimentado" con culebra ciega.
Combate el dolor de cabeza o muela, la fiebre,
las torceduras, la diabetes, y como
desinfectante.
La comunidad
de Pecayo -el 75% vive del mismo- lidera una
gran campaña para su legalización.
Celos entre
poetas
Y entre
relato y relato, de un patio de la recién
inaugurada Casa de La Poesía y de la Cultura
del Caribe, en donde recuerdan y honran a los
poetas, -entre ellos a Elías David Curiel-,
se escuchan cantos populares con ataques de
celos:
"Le
mandé hacer un vestido que le tape los
jarretes, quién la manda a ser bonita, que
hasta a Dios lo compromete. No quiero que se
me muera, pa´ no llevarla al sepulcro, porque
allá en el cementerio la enamoran los
difuntos".
En Santa Ana
de Coro. Ciudad que huele a algo más de
Colonia y Patrimonio.
Huele a
desierto, por las dunas, de arena fina y
clara, del Parque de Los Médanos.
Huele a mar,
de su primer puerto, querido por viejos
piratas: La Vela.
La ciudad que
busca compartir lo que exhibe como honores:
Primera
capital de la provincia de Venezuela. Primer
obispado de América. Sede de la primera Misa
en tierra firme americana. Y de la primera
Sinagoga en el continente.
El más
importante conjunto arquitectónico de barro
de la Cuenca del Caribe. El centro urbano
continuamente habitado más antiguo de
Venezuela.
La sangre se
le alborota
"Cuando
yo escucho el tambor, yo no sé lo que me
pasa, la sangre se me alborota, me dan ganas
de bailar".
Ahora, es
tiempo de tambor para Coro. Y de repiques que
acompañan sus memorias...
Que la Casa
de las ventanas de Hierro -(allí se filmó
una película de Manuelita Sáenz) tuvo ático
para guardar armas, y tiene fantasmas (han
visto niños y otras sombras). Y sus ventanas
(novedosas, porque en la época se usaban de
madera) fueron producto de un truque: se
pagaron con cacao.
Que por la
Casa del Tesoro, la que tenía túnel secreto
y por donde escondían tesoros, se escuchan
fantasmas, cascos de caballos, cantos
gregorianos y ... hay aromas de vela encendida
en la atmósfera.
Y que, en el
vecino Santuario Mariano El Carrizal, que
ofrece, los lunes al atardecer, misa de
sanación, con unas mil personas a bordo, son
multitudinarias las peregrinaciones
decembrinas, sobre todo la del 12.
Porque a ese
Santuario -en tierra que fue de los
Caquetíos-, con párroco, Julio Urrego
Montoya, de Santa Fe de Antioquia- llegan a
invocar a la imagen de la Virgen de Guadalupe
que protagonizó un "extraño"
fenómeno. En plena misa, el 27 de febrero del
2001, ella lloró. Delante de monseñores y
otros sacerdotes. Nuestra Señora de Guadalupe
de las Lágrimas, la llaman desde entonces..
Tiempo para
memoria y tambor. Con trajes tradicionales,
arte de improvisar, intención de fiesta y loa
a divinidades, ritmos coreano y golpe de cota,
eco de cantos de esclavos, y tradición que
cultiva el barrio Guinea, de Coro.
"El día
que yo me muera, no quiero que a mi me lloren,
sino que venga mi gente y me repique a los
tambores". Entona Olga Camacho,
patrimonio viviente de ritmos afroantillanos,
a quien el canto la ha acompañado en todas
las ocasiones: mientras lava, cocina, cuando
se enrumba y en medio de un parto -lo
reconoce-.
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