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¡¿Que más?! - ¡Vuélvete, hermano!, se ha caído
un poste y un árbol y más allá te vas a quedar
pegado, ¡mejor vuélvete! Así lo hizo Don
Gustavo. «He tomado esta vía para cortar el
camino y para que viera usted cómo crecen las
flores en Medellín, pero mejor nos volvemos,
porque no quiero que usted tenga problemas y no
alcance el avión». Llovía en Medellín y el auto
de Don Gustavo surcaba un cerro verde por una
carretera de curvas cerradas, una tras otra.
Interminables. Me llevaba al aeropuerto
Internacional de Medellín José María Córdova.
Eran como las 5 de la tarde y hacía frío. Íbamos
por el trayecto Sabaneta-Centro de
Medellín-Aeropuerto.
Pensé en las pistas de Lima que se ponen
resbalosas cuando llueve, pero no, en Medellín
llueve tanto, que en vez de ponerse resbalosa la
pista, se limpia. Me asustaba no llegar a tiempo
al aeropuerto, pero no tanto como para no
disfrutar del vértigo de estar casi por perder
el vuelo Medellín-Bogotá-Lima.
Don Gustavo además de taxista, es guía y
periodista y hasta comentarista político. Me
dijo que en Medellín hacía unos pocos años no se
podía andar por la calle como ahora, que era
normal que los grupos armados, cualquiera de
ellos, se enfrentaran a balazos en la calle.
Esto sí me dio miedo.
Desde donde estaba, ahora ya retomando el
camino, podía ver al frente cruzando el valle,
otro cerro igual de verde que el que surcaba el
auto de Don Gustavo. De pronto algo como un rayo
de luz cayó del cielo sobre el verde del otro
cerro, hubo fuego y después humo, bastante humo.
De la impresión, me quedé en silencio unos
segundos. Después pregunté: Don Gustavo ¿eso fue
un rayo? Sí señora -me dijo- (yo creí que podía
pasar por señorita, pero me dijo señora) y se
mató de la risa de mi sorpresa.
Luego le dije que nadie me creería en Perú la
experiencia del rayo en pleno centro de Medellín
y él aprovechó para contarme que en un partido
de fútbol del equipo de la ciudad un rayo había
fulminado a un futbolista, ahí, delante de todo
el mundo. Después averigüé que Antioquia cuya
capital es Medellín es una de las zonas que
registra mayor actividad de rayos del mundo y
que la historia de Colombia está llena de
episodios donde la caída de estos han sido
determinantes; la construcción de la Iglesia de
Santa Bárbara en el centro de Bogotá, por
ejemplo.
Una página de internet tiene esta información
“En el Siglo XVI llegó a uno de sus barrios un
nuevo sacerdote que se opuso a la procesión del
cuatro de diciembre, día de la fiesta de Santa
Bárbara, pero cayó un rayo en la Sacristía, que
fue interpretado como un castigo.
En acto de reconciliación, el sacerdote
construyó una iglesia que aún lleva el nombre de
Santa Bárbara, al igual que el barrio que la
rodea, ubicado muy cerca al barrio La
Candelaria, donde está el centro histórico de la
ciudad”.
Me volví a sorprender días después cuando me
enteré de la existencia de una Red Colombiana de
Medición y Localización de Rayos (Recma),
conformada por la Universidad Nacional de
Colombia, Colciencias, Interconexión Eléctrica
S.A. ISA y Empresas Públicas de Medellín. No es
cosa de juego. Es algo bastante serio.
El mismo sitio de Internet afirma que “según un
estimado global, Colombia pierde cerca de
cincuenta millones de dólares al año por causa
de los rayos, pero no se tienen estadísticas del
número de muertos,
No se si me lo crean pero es cierto. Yo vi caer
un rayo a tierra en Medellín.
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