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LO MÁXIMO



Este espectacular encuentro con la naturaleza le permitirá conocer muy de cerca el Amazonas exótico y misterioso, algunas costumbres de su gente y el mágico encanto de la gran llanura selvática, tachonada de leyenda

La casa del diablo o la casa de dios, la verdad es que la diferencia es tan sutil para el vaupense nativo, como incomprensible para el ñarandabi (forastero blanco), ya que los dioses de la selva son buenos con los que la respetan y protegen y drásticos con aquellos que la arrasan y la vulneran.

Así es El Vaupés, misterioso e inhóspito tapete verde de selva húmeda y tropical que a lo largo de casi 50.000 km cuadrados reserva al visitante los más hermosos y exuberantes paisajes entre ríos y caños y mil matices vegetales que esconden en su follaje numerosas especies de la fauna nativa amazónica.

Para recorrer este territorio y conocerlo mejor hay que tener un verdadero espíritu aventurero ya que las distancias que marcan los caminos sugieren travesías que podrían tomar varios días a lo largo del curso de alguno de las numerosas rutas fluviales, por los ríos Vaupés, Apaporis, Piraparaná ó Taraira, interrumpidos frecuentemente por los raudales conocidos como “cachiveras” cuyo paso debe hacerse por los “varadores”, que son fragmentos de camino paralelos al curso de los ríos, que los nativos construyen para esquivar los rápidos y para descansar de las largas jornadas de travesía.

Hablando de raudales o cachiveras, estos atractivos y míticos sitios naturales son probablemente lo más llamativo e interesante desde el punto de vista escénico y paisajístico, ya que se han constituido no solo en lugares reconocidos por su belleza incomparable, sino en sitios sagrados para muchas de las culturas nativas de El Vaupés, como los cubeos, los curripacos, los piratapuyos y los sirianos entre otras muchas etnias del grupo lingüístico Tucano Oriental.

Entre los raudales más conocidos están los de Yuruparí, Jirirjirimo y Wacarabá, cuyos complicados nombres no son ni por asomo comparables a la aventura que encarna tratar de navegar a lomo de potrillo (canoa) por entre la accidentada geografía fluvial, como lo hacen los naturales del Vaupés en arriesgadas e insólitas maniobras con las que logran mantener estas frágiles embarcaciones “a flote y navegando”.

Pero si el paisaje vaupense propone la aventura, son sus gentes quienes en verdad acercan al visitante a la real cultura de la selva con sus costumbres gastronómicas, artesanales y folclóricas las que han definido con seguridad la identidad turística de este paradisíaco destino amazónico alrededor del eco-etnoturismo.

Cuando de comida se trata hay que sumar a las influencias de los colonos, las exóticas presentaciones de la gastronomía local entre las que destacan el pescado moqueado ó moquiado (ahumado) cuya exquisita preparación se puede acompañar con la degustación del casabe (torta de yuca brava) y “preparada” de limón o de maracuyá, también vale la pena probar la chicha de pupuña o chontaduro para comprobar que éste menú de la selva es una verdadera ambrosía para el paladar más exigente.

En lo que hace referencia a sus tradiciones artesanales, El Vaupés ha desarrollado complejas expresiones que más allá de lo estético son verdaderas herramientas funcionales en el día a día de la selva, como el sebucán ó exprimidor del veneno de la yuca brava, el balay y los cestos de tejidos de palma que imitan las cumbreras de la maloca, centro de el universo nativo y familiar de la selva. Además se trabajan en primorosos detalles la madera, palo brasil especialmente y el papel reciclado con flores y follaje (y aroma incluso), labores éstas que los artesanos organizan para garantizar el acopio y comercialización de sus productos.

La cultura regional no podría entenderse sin dos elementos fundamentales de la organización y productividad indígena, Son ellos la maloca y la chagra. La primera es la vivienda comunitaria, centro de culto, escenario comunitario y social, escuela y refugio y no podría entenderse una comunidad si ella no se reuniera física y espiritualmente al rededor de la maloca.

La chagra por su parte es un parche de cultivo de plátano, yuca ó frutales que dan el sustento a una familia o a una comunidad y que después de dos o tres cosechas es cerrada para que la selva recupere el frágil suelo, este es un verdadero ejemplo de manejo sustentable y de relaciones armónicas entre el hombre y la tierra, vale la pena conocerlo y emularlo. Cerca de Mitú, a media hora en moto-taxi que es el transporte propio del lugar, puede visitar como ejemplo la comunidad de Urania de Mituseño.

Un hecho verdaderamente destacado es que para los vaupenses nativos y colonos resultan tan familiares las voces de la selva, como el característico sonido de las aeronaves, ya que logran identificarlas, sin verlas y establecen con total certidumbre, si el avión es de carga o pasajeros, civil ó militar y aún si es la avioneta de tal o cual persona y esto es parte de la cultura popular que a fuerza de costumbre se convirtió en un saber ligado íntimamente a las necesidades de comunicación, abasto y seguridad de la población.

Una experiencia verdaderamente gratificante es el sobrevuelo en pequeñas aeronaves que al encausarse en el cañón del río Vaupés permiten ver paisajes de selva y río verdaderamente hermosos y recuerdan las primeras incursiones sobre la pista fluvial del “Catalina”, hidroavión al mando del capitán Nestor Villerreal, por allá por los sesentas.

Si de sabiduría y conocimiento de la región se trata, se acostumbran en la región los encuentros de sabedores, caciques y payés (brujos curanderos) que tratan de conservar y trasmitir a sus descendientes las más puras y ancestrales tradiciones acerca de su génesis y de sus dioses, con protagonistas tan incomprensibles como la anaconda y el yagé (planta mágica y curativa).

El Vaupés le apuesta al eco-etnoturismo y podrá convertirse en un destino irrepetible para el viajero. Su acceso único es a través de las aerolíneas regionales y la estatal Satena, con pocas frecuencias semanales desde Bogotá y Vilavicencio hace que este viaje sea privilegio de muy pocos y muy especializados turistas.

Ricardo Cifuentes Cuadros
DIRECCIÓN DE TURISMO

 


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