La práctica cada vez mayor de las nuevas corrientes de la fe ha
hecho que los tradicionales santuarios del catolicismo en Colombia
vuelvan a ser los escenarios de vindicación del credo, a los que la
gente concurre masivamente para reafirmar su condición de devoto y
peregrino, en busca de los favores que les puedan prodigar los
“Santos Patrones”
El turismo religioso en Colombia, generado incluso desde fuera de
nuestro país a través de grandes corrientes de viajeros, ha
permitido consolidar algunos de los destinos de la fe católica,
entre los que queremos presentar los que por su impacto en el
pensamiento religioso y la devoción, son considerados como los de
mayor importancia.
Ipiales y el Santuario de Las Lajas
El recorrido desde Ipiales lleva al peregrino por un paisaje
tachonado de parcelas cerca del impresionante cañón del río Guáitara.
Allí se venera la imagen de Nuestra Señora del Rosario de las Lajas,
cuya coronación tuvo lugar el 15 de septiembre de 1952 por decisión
de la Santa Sede. Este santuario de la fe mariana guarda la” imagen
de la laja” aparecida en 1754 (en un hermoso templo de estilo
gótico, insólitamente construido en el profundo cañón). En una
gruta, María Meneses y su pequeña hija Rosita fueron testigos de la
aparición de la Virgen Santísima y beneficiarias del milagro de vida
que obró en la pequeña, quien estaba gravemente enferma. Allí, sobre
la roca, se plasmó la imagen, símbolo de fe de estos pueblos
andinos. El santuario inició su construcción en 1915.
Guadalajara de Buga y el Santuario del
Señor de los Milagros
En la villa de Guadalajara de Buga, en el año de 1580, sucedió el
milagro advertido por una humilde lavandera que encontró un
crucifijo traído por las aguas del río Guadalajara, el cual atesoró
por haber anhelado mucho tener uno como aquel. Desconcertada la
mujer vio como el crucifijo crecía hasta alcanzar un gran tamaño. La
imagen deteriorada por los devotos que querían obtener trozos de
ella como reliquias, sería incinerada por orden del clero de
Popayán, pero en vez de quemarse la talla sudó y se perfeccionó.
Desde entonces sus fieles buscan sus favores bajo la advocación del
Señor de los Milagros. Hoy se levanta en La Ciudad Señora una
imponente Basílica que recibe visitantes de todas las latitudes.
Recientemente tuvieron lugar allí, las rogativas del Señor de Los
Milagros, que se realizan cada siete años y cuya respuesta por parte
de la feligresía fue desbordante.
Chiquinquirá y la Basílica de Nuestra
señora del Rosario de Chiquinquirá
Esta tierra cuyo nombre en lengua chibcha traduce “lugar de
nieblas y pantanos” vio renovar el cuadro de la virgen del Rosario,
plasmado en el lienzo por Alonso de Narváez, hace más de cuatro
siglos. Ante la atónita mirada de María Ramos esposa del encomendero
don Antonio de Santana, la borrosa pintura, guardada durante años,
recuperó sus líneas y colores y despertó el fervor de doña María y
de don Pedro su cuñado, quien mandó erigir un templo para venerar la
milagrosa imagen, que habría de convertirse en la Milagrosa y Santa
Patrona Protectora de Colombia. Sus devotos le visitan en la
Basílica construida a finales del siglo XVIII, por orden del virrey
José de Ezpeleta y Galdeano. La renovación tuvo lugar el 26 de
diciembre de 1586 y el cuarto centenario del suceso motivó la visita
del Papa Juan Pablo II.
Bogotá y el Santuario del Señor caído de
Monserrate
La antigua ermita de Nuestra Señora de la Cruz de Monserrate se
erigió durante los años de 1652 a 1657 por intención de don Pedro
Solís de Valenzuela y el padre Bernardino Rojas, devotos de la
Virgen Morena de Monserrat en España. Se encargó a Pedro Lugo de
Albarracín, artista santafereño, la imagen de un “Santo Cristo caído
a los azotes y clavado en la cruz” que pasó algunos años guardado en
la sacristía, para convertirse posteriormente en la devoción
principal del santuario tras la misteriosa desaparición de la imagen
de la Virgen. Hoy, exhibido en un moderno camarín, es una de las más
importantes devociones de los colombianos. Se le venera en el templo
construido en el año de 1915 al cual se accede después de una
esforzada caminata desde la base del cerro, que los peregrinos
ofrecen como sacrificio al Señor Caído. También se llega allí por
vía del teleférico y el funicular en un agradable recorrido por el
cerro tutelar.
El Santuario del Divino Niño Jesús
La devoción al Divino Niño de Praga encontró a principios de
siglo xx, en el popular barrio bogotano 20 de Julio, la más sólida
expresión de la fe, que reúne miles de peregrinos cada día, en
procura de los favores del milagroso niño Jesús. Las tradicionales
novenas permiten el encuentro espiritual de sus devotos en un
fastuoso templo construido desde 1937, obra del Padre Salesiano Juan
del Rizzo, promotor del Santuario desde su llegada a Colombia en
1914. Los milagros del Divino Niño Jesús han obrado en muchos de sus
piadosos creyentes, convirtiéndolo en el más importante símbolo del
cristianismo en el país. En Bogotá muchos de sus devotos, de humilde
condición y fe probada, le llaman con sacro afecto el “Divino Baby”
Zipaquirá y la Catedral de Sal
En cercanías de Bogotá, en una imponente construcción subterránea
se venera la imagen de la Virgen del Rosario de Guasá (de la cueva,
en lengua chibcha ) patrona de los mineros, quienes desde tiempos
ancestrales se han dedicado a la extracción del mineral bajo la
protectora mirada de “ la Morenita”. Esta edificación, única en su
género tuvo sus antecedentes en el año de 1951, en el nivel de Guasá,
el más superficial de la explotación salina y fue reemplazada por
una nueva construcción en el nivel conocido como Fabricalta en el
año de 1996, obra del arquitecto colombiano Roswell Garavito Pearl.
La gruta minera da lugar al deambulatorio superior donde se
encuentra el vía crucis y descendiendo desde la cúpula por el nártex
(laberinto) hasta las cámaras que conforman la planta basilical se
llega al templo. Se trata de un monumento de concepción ecuménica,
donde “la grieta” juega un simbólico papel en la interpretación de
la fe cristiana, así como el sincretismo de lo divino y lo humano.
Esta catedral es ejemplo de laboriosa ingeniería y de expresiones
artísticas plasmadas en la roca salina, pero principalmente, es la
mayor expresión de fe de los devotos mineros de Zipaquirá.
Cualquiera de estos caminos, de la ruta de la fe colombiana, hace
parte de una tradición fuertemente arraigada en el corazón de los
peregrinos y constituye una verdadera experiencia espiritual en la
que el visitante encontrará respuestas a sus expresiones de devoción
y por que no, uno que otro milagrito.
Ricardo Cifuentes Cuadros
Dirección de Turismo - Colombia