Dicen
que mil iglesias adornan las calles de la ciudad de Ayacucho. Lo
cierto es que en la capital del departamento del mismo nombre,
existe prácticamente un templo en cada esquina: son 33 los templos
levantados allí durante la época colonial, cada uno de ellos con su
propia historia, con su propio arte y su propia personalidad.
Fundada
por el mismo conquistador Francisco Pizarro en 1539, la antigua
ciudad de San Juan de la Frontera de Huamanga presenta atractivos
innumerables para el turista y es el punto de partida ideal para
recorrer el resto del departamento.
A
sólo 22 km al norte se encuentra, por ejemplo, la ciudadela Wari,
capital de la cultura del mismo nombre que floreció entre los s. VI
y XII y llegó a albergar a 50.000 habitantes. También se pueden
apreciar los restos arqueológicos incas de Vilcashuamán y la
bellísima laguna de Parinacochas en la que habitan miles de
flamencos.
Un
punto aparte merece las festividades realizadas durante la Semana
Santa Ayacuchana, acaso la más emotiva y espectacular del Perú.
Procesiones diarias, alfombras de flores, escenificaciones rituales,
son algunas de las formas en las que los ayacuchanos expresan su fe
y devoción cristianas.
El
visitante disfrutará, durante los cinco días que dura esta
celebración, de bebidas espirituosas tradicionales como la Chicha de
Jora, la Chicha de Molle o la Chicha de Siete Semillas.
Al
finalizar las celebraciones, adquirir alguno de los tradicionales
retablos (pequeños altares portátiles en los que están representadas
distintas escenas del ande peruano), alguna imagen hecha en base a
la tradicional piedra de Huamanga, ó alguna de las diferentes piezas
de arte popular elaboradas por manos ayacuchanas, será el broche de
oro de una semana inolvidable en la ciudad de las iglesias.