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EXPRESIONES CULTURALES

El Billetito

La concepción de vida desde el pensamiento aymara, nutre gran parte de las tradiciones del acervo cultural paceño.

La reciprocidad, a través del Ayni, marca uno de sus principios reproducido en la fiesta del Jallu Pacha (época de lluvia), concretamente en la Chhalassita (cámbiame) que recurría a las piedritas planas del Lago Titicaca para acceder a determinadas illas que simbolizan prosperidad y abundancia.

Durante la Colonia, y con el cambio inevitable de las tradiciones, el “intercambio” fue substituido por la “compra venta”, dando paso a la Alasita. Con fuerte influencia aymara ésta se mantuvo vigente aunque adoptando el cambio de piedritas por botones de cobre y bronce, cuyo simbolismo ya tenía un valor monetario.

Los botones, conocidos también como Tapa balazos, se convirtieron en “moneda convencional” para la compra de miniaturas que entonces tenían un costo ínfimo.

Los artesanos y sastres fueron los más beneficiados pues al margen de vender sus propias miniaturas, recibían los botones para utilizarlos en la confección de trajes y chalecos de la época (que entonces se importaban).

La creación de instituciones bancarias (1.900), genera en la población un imaginario colectivo con respecto a los billetes. Aparecieron los “Bancos de la Fortuna” y los “billetitos de alasita” impresos en tiras y vendidos en fajos de distinto corte.

Los periodiquitos de 1928 incluyen en sus ediciones, fotografías de billetes; es, sin embargo, que en 1.945 la familia de Pedro Silverio Tórrez reproduce los billetitos de Alasita con las características de los oficiales. Al artesano Tórrez le siguen Luis Argote (1.954) y Carmen Tórrez (1.956) con un oficio al que hoy se dedican las grandes imprentas.

A principios de la década del ’60, los billetitos adquieren otras connotaciones. Era un verdadero deleite ver en pequeñito billetitos hechos exclusivamente para la Feria de la miniatura. Por esa misma época salen a circulación los primeros cheques y dólares.

Estas mutaciones están directamente relacionadas con las necesidades humanas reflejadas en las miniaturas y artesanías adecuadas a las exigencias de la época. Así en la era de la globalización y la economía de mercado proliferan las réplicas diminutas de moneda extranjera sobre todo del Dólar y ahora del Euro. Sin embargo, aunque estas monedas constituyen la representación fiel del capital simbólico, vistas desde la tradición de las alasitas y la cosmovisión aymara, sólo llegan a constituirse en las nuevas “illas contemporáneas” de prosperidad y abundancia.

 

Reseña
Alasita... fiesta de la abundancia

La “Alasita” es la fiesta de la abundancia significa “comprame”, variación a su vez del verbo althaña (en aymara) comprar.

Esta fiesta se celebra en honor del diminuto ídolo denominado “ekeko”. Cada 24 de enero, año tras año en la cuidad de La Paz , Capital del departamento cede de gobierno, se inaugura esta fiesta con la apertura de una feria en la que se exponen gran cantidad y variedad de productos en miniatura elaborados a base de hojalata, yeso, madera, cuero y otros.

El significado más importante que tiene este acontecimiento “religioso” y “supersticioso”, es la esperanza de que todo lo adquirido en miniatura se convierta en realidad, durante el año. Por esta razón mucha, gente pone en práctica esta creencia, comprando miniaturas que tienen que ver con casas, movilidades, billetes, alimentos, títulos de propiedad, títulos académicos, ropa, herramientas de trabajo, electrodomésticos, muebles y en fin la cantidad de productos que se ofrecen es interminable.

Se cree que mientras mas puntual sea uno en sus compras, las posibilidades de que sus deseos se conviertan en realidad, son mayores, vale decir de que la compra se la debe realizar justo a las 12:00 del medio día.

Otro aspecto importante en la fiesta es la “ch’ alla” de lo adquirido. La ch’alla es un ritual celebrado por un “yatiri” (sabio aymara). Los elementos que se usan para dicha ch’ alla, son la coca, alcohol, esencias andinas. Posteriormente, todo lo adquirido, pasa por la bendición del sacerdote católico.

La inauguración de la fiesta está cargo de las autoridades Municipales, en este caso del Alcalde de la ciudad de La Paz, asimismo asisten invitados especiales como el Presidente de la República.

Este año, el Excelentísimo Presidente de la República, Carlos Mesa recibió varios regalos de parte de los expositores de la feria, lo mismo sucedió con el Alcalde. Por ejemplo algunos regalos fueron: un bastón de mando, muchos billetitos, una Ley de Hidrocarburos y otros.

El Ekeko

El Ekeko era considerado por los antiguos Kollas como el dios de la fortuna y la prosperidad. Según las creencias, este ídolo se encargaba de traer al hogar fortuna y alegría y ahuyentaba las desgracias. Debía ser el compañero inseparable de la familia. Entre los pobladores antiguos, no existía choza en la que no se veía el pequeño dios cargado de frutos menudos de la cosecha o retazos de tela y lanas de colores.

La fiesta del Ekeko se celebraba en el solsticio de verano. Allí los pobladores reunían de sus cosechas los elementos más extraños, si alguien no los tenia debía recoger piedras de formas también extrañas y luego cambiarlas por objetos y nadie podía negarse a este intercambio. Al haberse restablecido la fiesta del mercado de miniatura donde los indios practicaban el intercambio de estos objetos pequeños por monedas de piedra, se estableció paulatinamente el culto al legendario Ekeko, dios de la abundancia. Que se según investigadores del período prehispánico y virreinal, el EKEKO, es un dios prehispánico que posiblemente se remonta al período clásico de la cultura Tihuanacu, (200 A.C.-700 D.C.), que según unos investigadores ejercía amplio dominio sobre el fuego del cielo y según otros investigadores tenía relación con el trueno y el rayo.

La esfinge de este dios, se representó en las culturas prehispánicas, especialmente en Tihuanacu, como un personaje masculino, jorobado y el sexo en erección. Un hermoso ejemplar de esta representación se conserva en los Museos Municipales de La Paz.

En su forma actual, el EKEKO es una figura en miniatura, con la cabeza grande, que se une con el cuello corto a un tronco amplio de ancha barriga y brazos y piernas cortas. Va vestido con una corta chaquetilla, abierta y lleva pantalones algo cortos, sostenida por una ancha faja a la cintura. Sobre el cabello negro con cortas patillas, se le coloca el Chullo o Llucho tradicional de los indígenas altiplánicos y encima un sombrero blanco o ligeramente gris de lana. Lleva en el rostro un bigote corto y la boca abierta.

La figura del EKEKO, no esta completa sino se la “carga” de todos los productos, que en miniatura, se venden en esta feria de Alasita que se celebra el 24 de enero, fiesta de la Virgen de La Paz, patrona de la ciudad desde el siglo XVI. La carga consiste en todas las cosas necesarias de la vestimenta y de la alimentación, amén de los implementos de trabajos de diversos oficios y artículos de viaje. El EKEKO se lo conserva en las casas paceñas en lugar adecuado y en determinados momentos del año, se lo hace fumar, prendiendo un cigarrillo y se “Challa” poniéndole serpentinas y mixtura, con la creencia de atraer abundancia al hogar, todo el año.

La tradición pasó a través de la conquista española al periodo Virreinal, en el cual se produjo un mestizaje. En el mundo de los siglos XVI - XVII y XVIII, se conservó la figura, pero se la cristalizó, permaneciendo viva en el presente.



 


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