Información de esta ruta









 

CIUDADES COLONIALES




Mompox Tierra de Dios,
Donde se acuesta uno y amanecen dos,
Y si sopla el viento, amanece un ciento,
Y si vuelve a soplar, no se pueden contar.
Anónimo

Si el nombre de esta noble y antigua villa se escribe con ese (s) o con equis (x), sigue siendo guerra de puristas e historiadores, incluso terciando, no faltará el que en coloquial acento caribe le llame desprevenidamente Mompój (así suena, más no se escribe) pero lo que no cambia es el sabor de tradición e hidalguía que reviste cada muro, cada calle y cada plaza y cada hecho registrado a través de su historia.

Recorriendo el más viejo camino de la patria, el río amigo, el río Grande de la Magdalena, por la serena ruta garciamarquiana del “Amor en los tiempos del Cólera” se llega hasta Santa Cruz de Mompox, población de origen colonial enclaustrada en la Isla Margarita, formada por la madrevieja del río llamada brazo de Loba y el brazo de Mompox, arterias fluviales del Magdalena medio.

Fundada en el año de 1540, con el nombre de un cacique indígena, asentado en este territorio. Cuna de tenaces guerreros, prestó gran servicio a la causa de la independencia, con numerosos soldados al mando Simón Bolívar, quien reconoció en ellos la gloria que le prodigo el triunfo de batalla en Puerto Cabello, en Venezuela. Por aquí paso muchas veces la insigne figura del Libertador triunfante y en el año de su muerte, casi derrotado.

Pero la historia de la villa es más añeja aún, como lo revelan sus insignes construcciones, como la iglesia y el hospital de San Juan de Dios, la iglesia de Santa Bárbara, la iglesia y el convento de San Agustín, la Plaza de la Concepción, la casa del Te Deum, hoy Hostal Doña Manuela y otras muchas edificaciones levantadas bajo la influencia ibérica de los siglos XVI y XVII.

Bajo un inclemente sol, vale la pena recorrerla en mototaxi, tradicional transporte local que brinda protección y versatilidad a la visita, pero si decide andar la villa en la noche, camine; camine por los callejones de nombres tan religiosos los unos, como paganos los otros y por las albarradas, “avenidas fortificadas” que acompañan el paso del río y que revelan un cierto carácter militar de su arquitectura.

Por si fuera poco, en la memoria de sus tradicionales artesanos se encuentra viva la tradición orfebre de influencia prehispánica Sinú, que permite apreciar los intrincados diseños de filigrana oro y plata convertidos en hermosas joyas y en artesanía de gran calidad.

Su principal festividad de innegable corte y tradición religiosa, es la semana santa, engalanada de ricas procesiones y matizada de leyendas, como la de los Cristos Milagrosos, que algún lugareño le contará, por que es, desde luego, la razón de su profunda fe.

Se puede llegar a la villa, desde Magangue, navegando por el río Magdalena, desde el puerto de las lanchas, o desde la estación o puerto del ferry Atlántico en Yatí, hasta el puerto de la Bodega y tomar allí un transporte que lleva al visitante el sur de la isla, hasta Mompox. Hay otras vías y travesías de similar talante, desde Barranquilla, subiendo por el rió, o desde Barrancabermeja, en el departamento de Santander. Cualquiera de los caminos resultará igualmente fascinante por los paisajes, por la aventura de adentrarse en este mundo tan aislado del desarrollismo y por el realismo mágico de su historia y de sus gentes.

El trazado, más bien lineal define un urbanismo a partir de sus tres arterias principales, la calle del río, la del medio o Calle Real del Medio y las de atrás. Su estado de conservación arquitectónica y el gran valor de sus tradiciones y costumbres, le valieron el reconocimiento de la UNESCO como Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Una vez llegue a la villa no olvide preguntar por:

El queso de capitas: Es un delicioso “ queso de capitas”, no le puedo decir más. Lo tiene que probar.

Las Momposinas: Sillas de madera tallada, tejido cestero y rítmico vaivén, desde donde el río y la vida pasan sin prisa las horas de estío momposino.

Las Piedra de Bolívar: Registro histórico de ires y venires libertarios.

La iglesia de Santa Bárbara: Iglesia con balcón, emblemática de la villa.

Los talleres de orfebrería: Para llevar hermosos recueros artesanales.

En la noble ciudad encontrará varias opciones de alojamiento y variada gastronomía, basada especialmente en los recursos pesqueros de sus ciénagas y ríos.

Ricardo Cifuentes Cuadros
Dirección de Turismo
Colombia
 


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