RUTAS ARQUEOLÓGICAS    
Información de esta ruta










Solo las montañas de Tierradentro, esos verdes cerros del Aguacate, Segovia y el Duende, solo los altos de San Andrés y su quebrada cantarina recuerdan como fueron los tiempos del ayer, en que acompañados de séquitos pomposos los restos mortales del señorío indígena, descansaron finalmente en paz.

Una gruesa capa de “cinerita” ceniza volcánica compactada, sobre la que crece la hierba fresca de la montaña, surcada por los caminos del pastoreo y de las jornadas campesinas es la cubierta natural de un maravilloso mundo en que la muerte estableció su morada para siempre. Así fue como los ancestrales Paeces, presumiblemente, en honor a sus dioses y a sus muertos, elaboraron complejas tumbas que se repetían bajo la tierra, como las casas de los vivos, en las estructuras tejidas de sus techumbres, las cuales imitaron con pinturas romboidales y con profusión de los colores blanco, rojo y negro y en los muros y columnas, que se convierten en los hipogeos (así se llaman estas tumbas) en una delicada talla de la piedra, definiendo espacios y exaltando jerarquías.

Visitar el territorio de los Paeces, es desde luego una oportunidad de entrar en contacto con el misterioso pasado de un pueblo que desapareció, probablemente por la acometida de otro mas fuerte, o que evolucionó guardando en su memoria el culto a la muerte, culto para el que vivieron y con el cual honraron a sus principales; por lo que conocer este hermoso paraje del Departamento del Cauca es también adentrarse en los insondables enigmas de sus gentes, que mil años atrás construyeron en la roca viva, las tumbas en las que a través de enterramientos secundarios-exhumados y vueltos a enterrar en urnas- habrían de dar reposo a sus muertos.

Tierradentro es un lugar sagrado, un territorio que guarda en el subsuelo una necrópolis en la que se descubre la grandeza de un pueblo escultor, ya que la arquitectura funeraria que desarrollaron sus gentes incorpora elementos tan complejos como las bóvedas de sus techumbres, los quicios trapezoidales de entrada a sus cámaras y las escaleras caracoleantes de enormes y desiguales escalones que sirven de acceso desde la superficie. Pero sorprende aún más la profundidad de sus estructuras que llegan a ocho metros, la distribución lobular de sus intercolumnios y la custodia severa que trasmiten los rostros tallados en la parte alta de las columnas. Por si fuera poco hay que preguntarse como se hizo tan complejo trabajo?, con que herramientas?, cómo se trabajo el arte pictórico, cómo iluminaron las estancias para su laboreo?, y desde luego plantean interesantes incógnitas la inspiración en culebras y salamandras y en las dualidades que marcan los planos de lo celeste y lo terrestre, tal como lo muestra un hipogeo del cerro del Aguacate.

Un recorrido desde el minúsculo poblado de casas dispersas sin orden alguno, que lleva por nombre San Andrés de Pisimbalá, regresando por la misma carretera de acceso principal, llevará al visitante a la base de los cerros, los cuales podrá explorar preferiblemente después de visitar los museos arqueológico y etnográfico de la localidad, los cuales serán sin duda una fuente de ilustración bastante interesante para entender los descubrimientos que ha de realizar durante su prolongada caminata, ya que son una aproximación tanto al pasado como al presente de sus lugareños y muestran la realidad y forma de vida actuales haciendo referencia a sus costumbres funerarias y rituales así como a su organización social y a las labores del día a día.

La visita a las tumbas y el cuidadoso reconocimiento a su entraña, serán una experiencia incomparable y difícil de olvidar que se verá enriquecida por la inmensidad del paisaje, el colorido y fragante curso de sus caminos y el olor a tierra mojada, misma que abriga por siempre a sus hijos, a los hijos de la “Pacha Mama” .

También en sus montañas hay testigos silentes del pasado de los pueblos que habitaron esta ” tierra de adentro” (según el decir de los conquistadores españoles) se trata de las esculturas de representaciones antropomorfas encontradas en el cerro del tablón, que guardan relación con muchas de la expresiones de los pueblos escultores del Macizo Colombiano. Todo este complejo de arquitectura, pintura y escultura esta constituido como un parque arqueológico a cargo del Instituto Colombiano de Antropología e Historia y tiene especial valor por haber sido declarado como patrimonio cultural de la humanidad por la Unesco

Para llegar allí la vía más confiable es la que lleva de Neiva a San Sebastián de La Plata y desde ésta población a lo largo del curso del río Páez hasta al Municipio de Inzá, que junto con el Municipio de Belalcazar (Páez) son las cabeceras municipales del territorio, que se defragmenta en numerosos cabildos indígenas regentados por las autoridades tradicionales y que son prueba de lo inercial del tiempo en nuestras ancestrales civilizaciones andinas. También allí se pueden visitar resguardos como los de Santa Rosa, Tumbichucue o Calderas, que cuentan entre sus atractivos hermosas capillas doctrineras, que además de sus gentes, su lengua y sus tradiciones, serán el complemento perfecto de esta aventura.

Nada mejor que el cálido refugio que brindan en sus hogares los habitantes, colonos y y nativos, especialmente en San Andrés de Pisimbalá, para que el visitante se sienta acogido y dispuesto a recoger desde la memoria siempre viva de estas tierras, una parte de su propio pasado. El recorrido con dirección suroeste está marcado desde Bogotá por más de cuatrocientos cincuenta kilómetros de geografía andina a lo largo de los departamento de Cundinamarca, Tolima y Huila, para llegar finalmente al destino Tierradenrtro en el Departamento del Cauca.

RICARDO CIFUENTES CUADROS
Dirección de Turismo



Rutas
Ciudades Coloniales
Rutas Arqueológicas
Parques Nacionales
Cumbres Andinas
Sol y Playa
¡Lo Máximo!
  Expresiones Culturales
  Museos
Países
Bolivia
Colombia
Ecuador
Perú

Arriba