Secretario General de la CAN plantea a
los países andinos
asumir iniciativas para fortalecer
democracia en la región
Lima, 27
set. 2002. El Secretario General de la
Comunidad Andina, Guillermo Fernández de
Soto, planteó hoy la necesidad de que la
Comunidad Andina “rescate su primigenia
vocación política, que era la de actuar
conjuntamente a fin de asegurar la
transición democrática o preservar los
regímenes de derecho”.
“El
Consejo Andino de Ministros de
Relaciones Exteriores podría enriquecer
su agenda y su presencia internacional
si asume iniciativas dirigidas a
fortalecer la vida democrática en la
región”, recalcó al intervenir en la
clausura del foro “Estado, Sociedad
Civil y Democracia de las Américas. A un
año de la Carta Democrática
Interamericana”.
El foro fue clausurado por el Ministro
de Relaciones Exteriores de Perú, Allan
Wagner, quien felicitó a la Asociación
Civil Transparencia por la iniciativa de
organizar "este ejercicio de
participación democrática", con el cual
"se ha abierto de nuevo un camino para
que la Carta Democrática no sea un punto
estático de llegada sino un proceso que
debe continuar".
Durante su intervención, Fernández de
Soto destacó dos niveles en que los
países andinos tienen que actuar para
fortalecer la vida democrática en la
región: El primero es el de los grandes
principios y valores que nos son comunes
y que deseamos preservar. El segundo es
el de las realidades sociales de cada
uno de nuestros países.
“No
puede haber dicotomía ni contradicción
entre ambos. Por el contrario, el gran
reto es aceptar y defender la propia
identidad al mismo tiempo que se asume y
defiende los grandes valores
universales”, recalcó.
Expresó su convencimiento de que “ha
sido el ejercicio permanente de la
democracia el que ha llevado progreso y
calidad de vida a las sociedades. Y
contrariamente, ha sido la tentación
autocrática recurrente la que ha
empobrecido a las sociedades”.
Por
ello, consideró que sostener el sistema
democrático “es una responsabilidad
nuestra, que exige un compromiso
sostenido y profundo, que no podemos
transferir a nadie”.
Asimismo, recordó que la Carta
Democrática Interamericana fue aprobada
el fatídico 11 de setiembre y alertó
sobre le peligro de enfrentar la amenaza
terrorista apelando a aquella trampa
“que busca provocar una dicotomía entre
las demandas por seguridad y el disfrute
de la democracia y las libertades”.
Enfatizó que “uno de los mayores
desafíos será lograr que las acciones a
favor de la seguridad no pongan en
peligro las libertades individuales y
los derechos fundamentales”, porque “los
medios para enfrentar la barbarie deben
ser consecuentes con el fundamento ético
que nos separa de los agresores, que nos
aleja del terrorismo de Estado y
propicia la posibilidad de aprender a
vivir juntos”.
Por
último manifestó que “el proceso de
integración adolece de un déficit
democrático” y que esto “ha sido y sigue
siendo tarea y responsabilidad casi
exclusivamente de nuestros gobiernos”.
Dijo que la participación ciudadana ha
estado limitada a una contribución
restringida de grupos empresariales y de
grupos laborales y por eso “sorprende
que el ideal de la integración aliente
todavía en los ciudadanos andinos”.
“Nos
corresponde a nosotros satisfacer ese
ideal asegurando que los beneficios que
se deriven de nuestros afanes
integracionistas alcancen a los
ciudadanos andinos”. Pero, dijo, “el
mayor reto es el buscar mecanismos para
una participación plural y democrática
de la sociedad civil organizada en el
proceso de integración”.