La
Comunidad Andina tiene la enorme
responsabilidad de contribuir al
esfuerzo que realizan sus países
miembros para resolver el doble reto de
acometer simultáneamente sus agendas
interna y externa, es decir, atacar al
mismo tiempo y con éxito las tareas del
desarrollo con inclusión social y las de
una adecuada inserción en la economía
global.
Ello ha
sido comprendido y asumido así por los
Presidentes andinos en la reciente
Cumbre de Quito, ocasión en la que los
Jefes de Estado iniciaron un importante
diálogo y convocaron para el próximo mes
de diciembre, en el Cuzco, una Cumbre
Extraordinaria sobre el Desarrollo que
examinará cuatro grandes temas:
El
lanzamiento de un nuevo programa de
cooperación entre los Estados Unidos y
la Comunidad Andina, que busque generar
competitividad internacional con
inclusión social, sería la señal que la
población andina espera para
incorporarse más plenamente en la
conquista de mercados globales porque,
en muchos de sus estamentos, aún no
encuentra alicientes visibles en la
firma de un Tratado de Libre Comercio,
por más que los gobiernos y organismos
insistamos en sus posibles impactos
positivos.
Alcanzar
una capacidad competitiva internacional
y la incorporación de los grandes
sectores sociales en el proceso de
internacionalizaciòn de nuestras
economías son elementos cruciales para
construir una autopista de doble vía que
permita hacer de éste un proceso
beneficioso para todos y ayude a cerrar
la brecha social histórica que
confrontan nuestros países. Ello
requerirá de financiamiento e ingentes
inversiones que nuestros países no están
en capacidad de proveer por si mismos
debido a las limitaciones fiscales y de
endeudamiento externo que deben
observar.
Ese nuevo
programa para la competitividad y la
inclusión social debería incluir nuevos
mecanismos financieros –tales como los
que fueron demandados por la Cumbre del
Grupo de Río el año pasado en el Cuzco-
que permitan incrementar drásticamente
la inversión pública y privada en
infraestructura, innovación tecnológica,
la competitividad de las PYMES y el
desarrollo rural, así como en educación
y salud, incluyendo concesiones, fondos
fiduciarios y de garantía, asociaciones
público-privadas y operaciones de canje
de deuda para proyectos de desarrollo
social.
Vivimos un
momento excepcional para la subregión
andina, porque tal vez nunca antes como
ahora fue tan evidente y necesario el
estrecho nexo entre la agenda interna y
la agenda externa de nuestros países.
Ello debería conducir a los países
andinos a formar un bloque cada vez más
sólido y solidario, pero también a que
sus relaciones con terceros se
conviertan en plataformas de desarrollo
productivo y de cohesión social.
Por eso
hablo de solidaridad y de cooperación no
sólo entre los países andinos sino
también al interior de la comunidad
interamericana para impulsar todos
juntos la democracia, el desarrollo y la
integración.
En ese
sentido, exhorto a la OEA, la CAF, el
BID, la CEPAL y el Banco Mundial para
que asuman el desafío de ayudarnos a
construir ese nuevo programa de
cooperación para la competitividad y la
inclusión social, que daría una nueva
dimensión a las relaciones entre los
Estados Unidos y la Comunidad Andina y
aseguraría los beneficios del libre
comercio que estamos negociando.
Las
naciones, andinas o no, primero las
imaginan los hombres y las mujeres, y
luego las construyen los pueblos. Los
países andinos, en un mundo globalizado,
están hoy nuevamente ante ese reto:
imaginar una nación y ahora en un mundo
nuevo, que les permita no sólo convivir
en paz sino también soñar con la
prosperidad y, como se diría en este
país, con la felicidad de todos.
Muchas
gracias.