La Comunidad Andina y los Estados Unidos: Hacia una nueva Agenda de Cooperación para la Competitividad y la Inclusión Social

Palabras del Secretario General de la Comunidad Andina, Allan Wagner Tizón, en la sesión de clausura de la VIII Conferencia Anual de la CAF y el Diálogo Interamericano sobre Comercio e Inversión en las Américas.
Washington D.C., 9 de setiembre de 2004

La Comunidad Andina tiene la enorme responsabilidad de contribuir al esfuerzo que realizan sus países miembros para resolver el doble reto de acometer simultáneamente sus agendas interna y externa, es decir, atacar al mismo tiempo y con éxito las tareas del desarrollo con inclusión social y las de una adecuada inserción en la economía global.

Ello ha sido comprendido y asumido así por los Presidentes andinos en la reciente Cumbre de Quito, ocasión en la que los Jefes de Estado iniciaron un importante diálogo y convocaron para el próximo mes de diciembre, en el Cuzco, una Cumbre Extraordinaria sobre el Desarrollo que examinará cuatro grandes temas:

  • Impulso de una estrategia complementaria de desarrollo territorial, a través del concepto de “núcleos de desarrollo”, como espacios propicios para la construcción de gobernabilidad y cohesión social con base en las capacidades de las comunidades locales y regionales de impulsar su propio bienestar.
     

  • Desarrollo de un debate que permita generar opciones positivas en torno a un nuevo enfoque de “Estado sostenible”, capaz de sustentar políticas de desarrollo en un contexto de crecimiento económico y fortalecimiento de la democracia y los derechos humanos.
     

  • Estímulo de un proceso de cohesión social en nuestra subregión, a través de intercambio de experiencias exitosas en materia de políticas sociales conducentes a reducir la desigualdad y generar un valor agregado comunitario, teniendo en cuenta las Metas del Milenio para la medición de sus avances.
     

  • Búsqueda de competitividad y equidad en las relaciones económicas internacionales a fin de corregir el deterioro de los términos del intercambio y fortalecer un sistema de comercio multilateral estable, transparente y previsible.

  • El legítimo propósito que nos asiste para impulsar el libre comercio y la inversión productiva en las Américas, en un marco de defensa y fortalecimiento de las instituciones democráticas y de construcción de seguridad y confianza entre las naciones, debería estar acompañado de un esfuerzo simultáneo de cooperación interamericana alrededor de la reconversión productiva de los países andinos y la generación de condiciones de acceso y competitividad para las pequeñas y medianas empresas urbanas y rurales, en las que hoy cientos de miles de ciudadanos andinos apuestan con esperanza, aún en medio de las incertidumbres del presente.

    El lanzamiento de un nuevo programa de cooperación entre los Estados Unidos y la Comunidad Andina, que busque generar competitividad internacional con inclusión social, sería la señal que la población andina espera para incorporarse más plenamente en la conquista de mercados globales porque, en muchos de sus estamentos, aún no encuentra alicientes visibles en la firma de un Tratado de Libre Comercio, por más que los gobiernos y organismos insistamos en sus posibles impactos positivos.

    Alcanzar una capacidad competitiva internacional y la incorporación de los grandes sectores sociales en el proceso de internacionalizaciòn de nuestras economías son elementos cruciales para construir una autopista de doble vía que permita hacer de éste un proceso beneficioso para todos y ayude a cerrar la brecha social histórica que confrontan nuestros países. Ello requerirá de financiamiento e ingentes inversiones que nuestros países no están en capacidad de proveer por si mismos debido a las limitaciones fiscales y de endeudamiento externo que deben observar.

    Ese nuevo programa para la competitividad y la inclusión social debería incluir nuevos mecanismos financieros –tales como los que fueron demandados por la Cumbre del Grupo de Río el año pasado en el Cuzco- que permitan incrementar drásticamente la inversión pública y privada en infraestructura, innovación tecnológica, la competitividad de las PYMES y el desarrollo rural, así como en educación y salud, incluyendo concesiones, fondos fiduciarios y de garantía, asociaciones público-privadas y operaciones de canje de deuda para proyectos de desarrollo social.

    Vivimos un momento excepcional para la subregión andina, porque tal vez nunca antes como ahora fue tan evidente y necesario el estrecho nexo entre la agenda interna y la agenda externa de nuestros países. Ello debería conducir a los países andinos a formar un bloque cada vez más sólido y solidario, pero también a que sus relaciones con terceros se conviertan en plataformas de desarrollo productivo y de cohesión social.

    Por eso hablo de solidaridad y de cooperación no sólo entre los países andinos sino también al interior de la comunidad interamericana para impulsar todos juntos la democracia, el desarrollo y la integración.

    En ese sentido, exhorto a la OEA, la CAF, el BID, la CEPAL y el Banco Mundial para que asuman el desafío de ayudarnos a construir ese nuevo programa de cooperación para la competitividad y la inclusión social, que daría una nueva dimensión a las relaciones entre los Estados Unidos y la Comunidad Andina y aseguraría los beneficios del libre comercio que estamos negociando.

    Las naciones, andinas o no, primero las imaginan los hombres y las mujeres, y luego las construyen los pueblos. Los países andinos, en un mundo globalizado, están hoy nuevamente ante ese reto: imaginar una nación y ahora en un mundo nuevo, que les permita no sólo convivir en paz sino también soñar con la prosperidad y, como se diría en este país, con la felicidad de todos.

    Muchas gracias.