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Palabras del Embajador Allan Wagner
Tizón, Secretario General de la
Comunidad Andina, con ocasión de la
Sesión Solemne para recibir al
Excelentísimo Señor Carlos Mesa Gisbert,
Presidente de la República de Bolivia
Lima, 4
de agosto de 2004
Sean mis
primeras palabras de especial
agradecimiento por la deferencia que
usted, señor Presidente y querido amigo,
nos hace con su presencia en esta casa
de la integración andina. Su visita
ratifica, una vez más, su compromiso
personal y el de la República de Bolivia
con el proyecto integrador que
iniciáramos hace 35 años. Queremos
sumarnos, asimismo, junto con todos los
países y pueblos de América Latina, a
las celebraciones por el nuevo
aniversario de la independencia de
Bolivia el próximo 6 de agosto.
Fue en La
Paz, hay que recordarlo siempre, donde
se lanzó en 1809 la primera proclama
declarando abiertamente la independencia
del Alto Perú del dominio español. La
República de Bolivia y el Mariscal
Andrés de Santa Cruz han sido, y
continúan siendo, escenario y símbolo de
la voluntad para construir un nuevo
proceso de unidad e integración entre
los países miembros de la Comunidad
Andina, especialmente entre Bolivia y
Perú, pueblos hermanos unidos por
designio de la historia y por la
convicción de una identidad y futuro
comunes.
Jorge
Basadre, el historiador más importante
del Perú, afirma en su célebre “Historia
de la República”, luego de un profundo
estudio sobre la Confederación Peruano –
Boliviana, que el Mariscal Andrés Santa
Cruz era un hombre “con ansia de hacer
cosas”, que tenía un “impulso” -poco
frecuente en nuestra gente- “de crear en
el tiempo”. Basadre concluye diciendo
que “Santa Cruz dio a Bolivia y al Perú,
siquiera una ráfaga de algo que hubo en
su historia prehispánica y aún en su
historia colonial y que falta casi
permanentemente en la historia
republicana: la ilusión de lo grande”.
Hoy los
países andinos, señor Presidente, están
con ansias de “hacer cosas”, de
recuperar sus fuentes esenciales, de
reinterpretar sus viejas historias, lo
que constituye una de las tareas más
importantes de este milenio. Pero, sobre
todo, como quería Santa Cruz, de tener
una ilusión y un camino “hacia lo
grande” y eso es precisamente la
integración y desarrollo de nuestras
naciones andinas.
En efecto,
vivimos tiempos nuevos que tienen como
una de sus principales características
cuestionar convicciones y visiones. El
proceso de globalización o
mundialización, que es lo radicalmente
nuevo en estos tiempos, no sólo implica
la complementación de aparatos
productivos; es, también, un proceso que
envuelve naciones y culturas, donde el
cambio es, acaso, lo único permanente.
Ello
invita también a replantearse paradigmas
–que desde hace tres lustros parecían
inamovibles- sobre el desarrollo y
también sobre nuestra propia
integración, en un contexto de
globalización. Así lo hicieron
recientemente los Presidentes andinos,
en la Cumbre de Quito, al definir cómo
participar de ese fenómeno sin poner en
riesgo ni condicionar nuestro proceso de
integración sino, más bien, haciendo de
nuestro proyecto integrador el espacio
desde el cual generemos las fortalezas
necesarias para acometer exitosamente
los desafíos desiguales que nos plantea
la globalización.
A ese fin,
la primera preocupación ha sido la
preservación de nuestro acervo
comunitario andino frente a las
negociaciones comerciales
internacionales.
En efecto,
los países andinos a lo largo de estos
años, en medio de avances y retrocesos,
hemos logrado construir un espacio
propio que hoy, como fue reconocido en
Quito, debe ser ratificado y
fortalecido.
Bolivia,
en este proceso, ha tenido un papel
destacado en todos los niveles que
implica el proceso de integración. En lo
político, su liderazgo se ha hecho
evidente en varios momentos cruciales,
como ocurrió recientemente en la Cumbre
de Quito. En lo comercial, el
intercambio de Bolivia con sus demás
socios andinos ha sido el de mayor
crecimiento relativo en la subregión,
habiéndose multiplicado 90 veces entre
1969 y 1992, aunque todavía queda un
amplio potencial por realizar.
De lo
anterior se desprende la importancia
–tal como fue decidido por los
Presidentes en Quito- de conjugar los
esfuerzos por participar en los procesos
de negociación internacional con la
necesidad de reconocer, lejos de todo
falso optimismo o desalentador
pesimismo, lo que hemos avanzado todos
estos años, a pesar de las difíciles
circunstancias marcadas por la
inestabilidad política, las variaciones
bruscas en los enfoques del desarrollo y
un entorno internacional generalmente
poco favorable. Se trata, por lo tanto,
de encontrar en la integración un punto
de apoyo que nos permita, serena y
objetivamente, continuar construyendo
nuestro proyecto integrador y
participar, dinámica y competitivamente,
en el proceso de globalización.
Es por
ello que, conforme a nuestra propuesta y
al mandato recibido de los presidentes
en Quito, continuaremos desarrollando un
nuevo diseño estratégico para la
integración que busque vincular
globalización con integración, pero
también con desarrollo e inclusión.
Significa, por tanto, avanzar en la
gestación de una nueva agenda capaz de
articular creativa y constructivamente
lo interno y lo externo, principio de
toda política exterior moderna, lo que
permitiría colocar nuevamente a la
integración andina en el centro de
nuestras estrategias nacionales de
desarrollo e inserción internacional.
Tales
estrategias deberán reconocer, a partir
de entonces, que nuestro proceso de
desarrollo nacional y de participación
en el mundo se basa en la profundización
de nuestra unidad, en la consolidación
de una democracia participativa y
genuinamente representativa, en la
vigencia plena de todos los derechos
humanos, en un desarrollo incluyente y
equitativo, en suma, en el
fortalecimiento de la cohesión social,
la seguridad y la paz.
Por otro
lado, los Presidentes andinos acordaron
en Quito realizar una Cumbre
Presidencial Extraordinaria en el mes de
diciembre en el Perú, a fin de conversar
y debatir el tema del desarrollo, como
punto de agenda principal. Nadie puede
negar, pese al enorme esfuerzo de
nuestros gobiernos, no sólo las enormes
dificultades para acceder a una vida
mejor, sino las grandes injusticias que
viven y sufren nuestros pueblos. Para
millones de compatriotas andinos, la
desigualdad, la falta de empleo, la
pobreza y la exclusión son el duro pan
cotidiano.
Resulta
por ello necesario un nuevo “consenso”
–por y para andinos, sudamericanos,
latinoamericanos- a fin de hacer del
desarrollo y de la democracia verdaderos
pilares del bienestar de nuestros
pueblos. Estoy convencido que, como
sucedió en la ciudad de Quito, el aporte
de los Presidentes en la Cumbre de
diciembre próximo nos permitirá avanzar
en este imperativo y mirar con un nuevo
espíritu y un mejor optimismo el futuro
de nuestros pueblos y de nuestra
integración.
En este
contexto, además de profundizar nuestra
integración andina, resulta prioritaria
la construcción de lo que hoy llamamos
el espacio sudamericano de integración,
y tal vez mañana, la Comunidad
Sudamericana de Naciones. Los países
bolivarianos hemos sido los primeros en
reconocer que nuestro éxito como Estados
y nuestro futuro como naciones, sólo
será posible si los países
latinoamericanos somos capaces de
unirnos. En ese sentido, la progresiva
convergencia entre la Comunidad Andina y
el MERCOSUR constituye un desafío, que
ya hemos comenzado a responder mediante
los acuerdos de libre comercio
recientemente suscritos y nuestra
participación en la Iniciativa para el
Desarrollo de la Infraestructura de la
Integración Sudamericana (IIRSA). En ese
camino, Bolivia, por historia,
convicción y ubicación geográfica, tiene
un rol muy importante que jugar como eje
articulador entre esas dos regiones.
Estamos convencidos que la Cumbre
Sudamericana, de la cual el Perú será
anfitrión a fines de año, constituirá un
hito fundamental en ese propósito
compartido.
Señor
Presidente:
Los países
signatarios del Acuerdo de Cartagena
fueron sensibles a los problemas que
confronta Bolivia como consecuencia de
su secular enclaustramiento geográfico,
al señalar, en el Art. 4º, su compromiso
de realizar los esfuerzos necesarios
para contribuir a su solución.
Si bien
ese objetivo sólo será atendido
plenamente cuando Bolivia recupere su
cualidad marítima, me he propuesto la
tarea, como Secretario General, de
contribuir a la puesta en práctica de
ese compromiso. Así, en los últimos
meses, después de mi visita oficial a
Bolivia, hemos podido precisar, con el
apoyo de los funcionarios de su
gobierno, la posibilidad de desarrollar
acciones específicas en varios frentes
estratégicos, a través de la
reestructuración del Programa de
Cooperación Andina a Bolivia. Entre
ellos debo destacar el impulso de un
programa de fomento a las exportaciones
no tradicionales, que cuenta que con la
más alta voluntad política de su
gobierno y que sería apoyado por un
fondo proveniente del impuesto
complementario a los hidrocarburos,
contemplado en el Proyecto de Ley que su
gobierno ha enviado recientemente para
consideración del Congreso de la
República; el desarrollo de un capítulo
especial para Bolivia, en el marco del
Programa de Apoyo a las Negociaciones
Comerciales Internacionales que la
Secretaría General adelanta en la
actualidad para los países miembros, en
asociación con el BID y con la CAF; así
como el apoyo al desarrollo de las
micro, pequeñas y medianas empresas, que
han resultado decisivas en la actual
transición económica por la que
atraviesa Bolivia.
Asimismo,
desde el día que asumí como Secretario
General de la Comunidad Andina una de
mis prioridades en relación con Bolivia
ha sido la búsqueda de alternativas para
encontrar una solución sostenible para
la cadena de las oleaginosas, que tanta
gravitación económica y social posee
para Bolivia. En una primera etapa, como
usted bien conoce, nos hemos ocupado,
con los agentes públicos y privados de
los países andinos, de buscar una
fórmula concertada que nos permita
resolver, con un enfoque de conjunto,
las dificultades de corto y mediano
plazo en el ámbito del mercado andino.
Estamos ahora en la obligación de pensar
con una visión de más largo plazo, para
atender los desafíos que la cadena
productiva de la soya deberá enfrentar
en el contexto de la integración
sudamericana y de la competencia en los
mercados mundiales, a lo cual la
Secretaría General, junto con los
Ministros de Agricultura andinos,
comprometerá sus mayores esfuerzos.
Señor
Presidente:
El
trascendental Tratado General de
Integración y de Cooperación Económica y
Social para la Conformación de un
Mercado Común, suscrito el día de ayer
en Ilo, no sólo consolida y profundiza
la integración binacional entre Bolivia
y el Perú y entre dos regiones, como son
el occidente boliviano y la macroregión
sur peruana, sino que fortalece a la
Comunidad Andina al constituir un
importante núcleo de cohesión, y
contribuye a impulsar la construcción de
un espacio sudamericano integrado.
N uestras
naciones cuentan con ventajas
comparativas, de carácter estratégico en
el contexto internacional, que pueden
ampliar nuestros márgenes de autonomía
en la definición y ejecución de nuestras
políticas de desarrollo e inserción
internacional. Una de ellas es la
convergencia de las naciones andinas
como actores relevantes en el mercado de
los hidrocarburos.
Los países
andinos tenemos, en conjunto, cuatro
veces más reservas de petróleo que los
Estados Unidos y ocho veces más que los
países del MERCOSUR. Poseemos el 74% de
las reservas de gas y el 75% de la
producción de carbón de América Latina.
El 56% de las exportaciones totales
andinas son productos energéticos.
Igualmente nuestro potencial en energías
renovables es inmenso, como quedó
demostrado en el reciente Foro de
Berlín.
Por lo
tanto, qué duda cabe que una Alianza
Energética Andina podría constituirse en
una gran fortaleza para el bienestar de
nuestros pueblos y en un factor
gravitante en las aproximaciones
políticas y económicas andinas con
terceros países.
En ese
sentido, las interconexiones eléctricas
ya existentes entre Venezuela y Colombia
y entre Colombia y Ecuador, y la que
tendrá lugar el próximo mes de diciembre
entre Ecuador y Perú, nos colocan en el
camino de la conformación de un mercado
energético regional, lo que permitirá
que la energía eléctrica llegue a más
personas y a un costo menor.
Asimismo,
las previsibles interconexiones
gasíferas entre Venezuela y Colombia,
junto con la perspectiva existente entre
Perú y Bolivia, conforman también las
bases de un mercado gasífero regional.
Este
potencial energético en la Comunidad
Andina debe servir igualmente para
desarrollar una industria vinculada que
otorgue valor agregado a este recurso
natural de por si valioso. El desarrollo
de entendimientos entre nuestros países,
tal como la Carta de Intenciones para el
desarrollo energético y la exportación
del gas boliviano a través del Perú,
suscrita esta mañana por usted y el
Presidente Alejandro Toledo, estimulan
estas posibilidades de dar un poderoso
impulso a la industrialización de
nuestra base energética y transformar a
la región en un gran polo energético.
Señor
Presidente:
Los países
andinos atraviesan por una situación
difícil que afecta, sin duda, su
gobernabilidad democrática. Deseo
destacar, en ese marco, el importante
rol que usted ha cumplido y cumple en la
defensa y profundización de la
democracia en su país y en la región.
El
Referéndum realizado democráticamente y
con todo éxito por Bolivia el pasado 18
de julio, es un ejemplo de participación
ciudadana para todos nuestros países. Ha
logrado unir lo que es un componente
esencial de la democracia
representativa, basada en los partidos
políticos, con la expresión y presencia
de la soberanía y voluntad populares. Es
decir, ha dotado a la democracia
boliviana de nuevas bases de legitimidad
y sostenibilidad. Estimamos que, de ese
modo, se sientan bases sólidas para el
próximo paso del fortalecimiento
democrático en Bolivia que, sin duda, lo
constituirá la convocatoria y
realización de una Asamblea
Constituyente para la reforma de la
Constitución Política del Estado fundada
en un renovado contrato social entre los
bolivianos.
Simón
Bolívar, libertador de las naciones
andinas, declaró a Bolivia su “Hija
Predilecta” como expresión de gratitud
por el intenso patriotismo con el que
asumió su independencia y la voluntad
férrea de autogobernarse. Andrés de
Santa Cruz luchó denodadamente para
concretar nuestra unidad. Es ése el
espíritu que sigue vivo y que hoy se
vuelca hacia una fuerza integradora, que
no es otra cosa que cumplir el mandato
que nos legaron ambos Próceres.
Usted,
Presidente Mesa, es fiel intérprete de
ese mandato. Confiamos en su liderazgo y
en el de los demás Presidentes andinos
para hacerlo realidad. Esa realidad es
la Comunidad Andina que hoy lo recibe
fraternalmente.
Muchas
gracias.
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