“Integración, Desarrollo y Regionalismo Abierto: el caso de la Comunidad Andina”
Conferencia del Embajador Allan Wagner Tizon, Secretario General de la Comunidad Andina, en el Seminario "Tratados Comerciales y Desarrollo Económico en las Américas", organizado por la Confederación Parlamentaria de las Américas (COPA)

Quito, 31 de mayo de 2006

Ante todo, permítanme expresar mi complacencia por su amable invitación para participar en este importante evento, que pretende analizar las condiciones del desarrollo en nuestro continente y sus relaciones con los acuerdos comerciales internacionales.

Es este un asunto de gran actualidad en nuestros días, cuando estamos experimentando en América Latina lo que podríamos denominar un nuevo "tiempo social", como consecuencia de los insatisfactorios resultados de las políticas preconizadas por el llamado "Consenso de Wasington" en términos de bienestar para grandes sectores de nuestras sociedades. En ese contexto, los modelos de desarrollo, las políticas de inserción internacional y los esquemas de integración regional vienen siendo objeto de un intenso y renovador debate, al cual estoy seguro que esta reunión de la Confederación Parlamentaria de las Américas constituirá un valioso aporte.

Globalización, liberalización e interdependencia

Para examinar las mejores condiciones de nuestra inserción internacional en la primera década del siglo XXI, es importante constatar, en primer lugar, que el proceso de globalización comprende una tendencia general a disminuir los aranceles para el intercambio de bienes y servicios y a facilitar los flujos de capitales.

En consecuencia, es casi seguro que, en el curso de los próximos 15 años, veremos en la mayor parte del mundo aranceles inferiores al 10% para la mayor parte de productos, incluyendo aranceles cero o cercanos a cero, pactados en acuerdos de libre comercio y en agrupaciones de integración, así como en el marco de la Organización Mundial de Comercio (OMC).

Por consiguiente, el énfasis en las negociaciones comerciales internacionales estará puesto a futuro en la eliminación de obstáculos no arancelarios y medidas que distorsionan las condiciones de competencia, como es el caso de los subsidios y diversas formas de ayudas encubiertas a la producción en los países desarrollados, así como en la preservación por parte de los países en desarrollo de los espacios necesarios para la aplicación de políticas públicas habilitadoras del crecimiento y la equidad social.

Una segunda característica de la globalización contemporánea es el alto grado de dependencia de todos los países del mundo en relación con los recursos de otros países y regiones. Ello se ve acompañado de un proceso de relocalización productiva, financiera y del conocimiento aplicado, dependiendo de la capacidad competitiva de los diversos países y regiones, lo que plantea desafíos adicionales para participar en un proceso de globalización que tiende a excluir rápidamente a los rezagados.

Globalización y regionalismo

Sin embargo, y por paradójico que parezca, la tendencia contemporánea muestra, a la par, la creación y ampliación de bloques económicos y políticos, no sólo en el mundo desarrollado sino también en el mundo en desarrollo. Encontramos, además, la asociación conjunta de países en desarrollo y países desarrollados en grandes consensos regionales e interregionales de cooperación. Tal tendencia puede observarse en Europa, las Américas, Asia Pacífico y Sur del continente africano, entre otros.

Así, en contra de lo que hubiera podido pensarse en los años noventa, la globalización creciente no parece implicar la desaparición sino, por el contrario, el refuerzo de la necesidad de mejores y más amplias unidades regionales y subregionales, al mismo tiempo que se da una creciente apertura al mundo y se estructuran relaciones de geometría variable con otras regiones.

El desafío del desarrollo con inclusión social

Ahora bien, para los países en desarrollo, como lo son todos los de la América Latina, el principal problema es garantizar el desarrollo mismo, mediante programas y proyectos que, en un contexto de regionalismo abierto, deben incorporar, entre otras, las siguientes características: capacidad de atracción de capitales y tecnología, mayores flujos de comercio, capacidad productiva endógena, y capacitación de recursos humanos.

Y en el caso de los países menos desarrollados o aquellos de desarrollo intermedio -como es el caso de los andinos-, el imperativo es lograr un desarrollo con inclusión social, indispensable para asegurar una gobernabilidad democrática y la generación de consensos políticos de largo plazo que den continuidad los procesos de desarrolllo.

Desarrollo e integración

Pero una condición adicional que permite optimizar nuestros recursos humanos y materiales, y ampliar nuestra capacidad productiva, está constituida por la creación de capacidades por la vía de la integración, ampliando mercados para nuestras manufacturas, permitiendo la creación de pequeñas y medianas empresas, vinculando al sector productivo a sectores más amplios de la población, y preparándonos para competir mejor en los grandes escenarios del mundo.

Por ello podemos hablar de la vigencia de la integración como espacio de generación de capacidades incrementales, es decir, como una plataforma para procesos más complejos de inserción mundial.

En efecto, los procesos regionales y subregionales (como es el caso de la Unión Europea y sus acuerdos de asociación con otros países y regiones del mundo, para sólo citar un ejemplo), muestran la multiplicación de las ventajas comparativas en la inserción global.

Sin embargo, para que ello se cumpla, debe existir en dichos procesos una visión compartida del desarrollo -o, al menos, una compatibilidad entre visiones diversas-, así como posiciones comunes sobre cómo facilitar la inserción internacional.

En los casos en los cuales existan diferentes concepciones del desarrollo y de la inserción internacional, sólo el pluralismo y el respeto mutuo pueden garantizar la subsistencia de proyectos comunitarios.

Evolución de la integración: del comercio al desarrollo

Veamos ahora qué hemos hecho a lo largo de estos 37 años y qué podemos hacer en el marco de la integración de los países andinos.

El proceso de integración andino enfatizó en sus primeros tiempos el mejoramiento de las condiciones del intercambio comercial entre sus miembros. Con el desarrollo de la creciente circulación de bienes y la facilitación gradual en lo que concierne a servicios, capitales y personas, se dió comienzo a la consolidación de un mercado ampliado. Dicha etapa inicial tuvo avances exitosos representados por la conformación de una zona de libre comercio, aunque con algunas deficiencias, siendo la más importante de ellas el no haber logrado perfeccionar tempranamente una unión aduanera y haber podido establecer, por tanto, una política comercial común frente a terceros países.

Sin embargo, los países han manifestado en el pasado reciente su voluntad política de aplicar un programa de profundización de la integración comercial andina, que comprende una política arancelaria común como un marco flexible de convergencia compatible con las negociaciones con terceros.

En ese contexto, se vienen adelantando asimismo tareas que comprenden aspectos tales como la profundización de la zona de libre comercio de bienes y servicios; la definición de medidas de defensa comercial frente a terceros; las acciones para el reconocimiento y armonización de las certificaciones fito y zoosanitarias; la adopción de una base común para el establecimiento de normas técnicas nacionales convergentes; el perfeccionamiento de la agenda legislativa aduanera; la aprobación del nuevo régimen andino de transporte internacional por carretera; y la continuación de tareas para el perfeccionamiento del sistema andino de solución de controversias.

Por otro lado, la consolidación de un mercado subregional ampliado y la tarea de lograr una inserción internacional de calidad, han puesto de presente la necesidad de fortalecer las capacidades de las pequeñas y medianas empresas en las áreas urbanas y rurales, cuyo impacto en la generación de empleo decente y en la distribución equitativa del ingreso resulta hoy indiscutible e indispensable.

También es cada vez más evidente el importante papel de las ciudades y de las regiones como espacios propicios a la concertación de estrategias participativas, para lo cual se ha constituido el Consejo Consultivo Andino de Autoridades Municipales. En el marco de esta aproximación, los Ejes de Integración y Desarrollo Sudamericanos de la iniciativa IIRSA se convierten también en un importante instrumento para promover el desarrollo humano sostenible en regiones interiores y zonas fronterizas del continente, con la activa participación de las comunidades locales y regionales.

La agenda multidimensional andina y la prioridad del desarrollo social

Pero un hecho notable es que, en los últimos años, se ha ido abriendo paso la idea de que la integración debe responder a una vocación integral en la cual son esenciales el desarrollo social, la participación de la ciudadanía en el proceso y la cooperación política.

Se ha ido concretando, en consecuencia, una agenda multidimensional de la integración andina donde el ser humano es pilar esencial del proceso.

Las Cumbres presidenciales de Quirama (2003), Quito (2004) y Lima (2005), marcaron un importante punto de inflexión al recuperar para la integración la dimensión del desarrollo con un criterio de inclusión social. Con este propósito, se dio el aval a un nuevo diseño estratégico que incorpora a la concepción de la integración los conceptos de desarrollo y competitividad, la importancia de la cooperación política y la acción conjunta y cooperativa en materia social.

Así, en esas tres últimas Cumbres Presidenciales se ha comenzado a construir una visión andina del desarrollo y la cohesión social que puede y debe contribuir a resolver la situación de pobreza, exclusión y desigualdad en que viven amplios sectores de la población de nuestros países.

A este propósito responde, de manera específica, la puesta en marcha del Plan Integrado de Desarrollo Social (PIDS), cuyos 20 proyectos y tres líneas estratégicas (proyectos sociales comunitarios, convergencia de objetivos y metas sociales, y cooperación técnica horizontal en políticas sociales) se encuentran debidamente concertados en áreas prioritarias como la salud, la educación, la inter-culturalidad, el empleo decente y la protección laboral.

En ejecución del PIDS, se ha puesto en marcha una serie de programas y proyectos sociales que comprenden una gran diversidad de iniciativas, desde la constitución de foros y redes para formular políticas comunitarias, hasta la realización de acciones concretas en zonas fronterizas y áreas deprimidas. Algunos de los programas y proyectos se enmarcan en los ámbitos sociolaboral, de educación y cultura, salud, desarrollo rural, seguridad alimentaria, medio ambiente y desarrollo social en fronteras.

Estas iniciativas requieren de mayor amplitud y profundización, así como el fortalecimiento de redes ciudadanas y de actores sociales, a fin de asegurar que los beneficios de la integración lleguen a una base social cada vez más amplia.

Desarrollo alternativo y medio ambiente

Tratándose de los países andinos, no podríamos olvidar la importancia crucial de las soluciones sociales en relación con los temas derivados de la producción de drogas ilícitas y temas conexos. Estos temas forman parte, lo queramos o no, de la agenda internacional de la región, y de nosotros depende que no lo sea sólo por sus connotaciones negativas.

Existen sectores de nuestras poblaciones en los países andinos que están comprometidas con actividades relacionadas con las drogas ilícitas, debido a la falta de empleo, al desplazamiento fuera de las corrientes de lo formal o a las presiones de grupos ilegales, nacionales e internacionales.

Es por ello que el Consejo Andino de Ministros de Relaciones Exteriores adoptó, en julio de 2005, la “Estrategia Andina de Desarrollo Alternativo Integral y Sostenible”, cuyo objetivo es contribuir, en el mediano y largo plazo, y de manera gradual, a proporcionar para esos sectores de la población soluciones de desarrollo que sean sostenibles.

Estamos seguros que es ésta la mejor manera de enfrentar de manera conjunta y coordinada los efectos negativos de las drogas para nuestros países. Ello no desconoce la pertinencia de otras medidas, dependiendo de la naturaleza de los problemas que en cada caso deben afrontarse.

El tema anterior tiene relaciones transversales con todas las estrategias del desarrollo, siendo una de ellas la relacionada con las soluciones de largo plazo y el carácter sostenible de las mismas en las zonas rurales.

En ese sentido, un correlato importante se da en los avances en la Agenda Ambiental Andina, dentro de la cual contamos con una Estrategia Regional de Biodiversidad y Gestión Ambiental para el Desarrollo Sostenible, con énfasis en los aspectos de agua y cambio climático.

Los Países Miembros de la CAN consideran que el manejo integrado de los recursos hídricos así como la valoración, acceso y calidad del agua deben ser aspectos fundamentales de la agenda andina y sudamericana. No en vano los países andinos constituimos un reservorio muy importante a escala mundial en materia de recursos hídricos y cuencas fluviales.

Relaciones externas en el marco de un regionalismo abierto: la dimensión latinoamericana

Como se ve, el modelo de integración andina no sólo permite una mejor plataforma para el relacionamiento externo y comercial de los países miembros, sino que, además, tiende a favorecer la participación de diversos actores y el desarrollo de estrategias multidimensionales donde el interés se concentra en el ser humano como sujeto y destinatario esencial del proyecto integrador.

Pero, por otra parte, en nuestro relacionamiento con el mundo se hace necesario estimular el potencial de trabajo conjunto de los Países Miembros de la Comunidad Andina con miras a fortalecer relaciones externas de mayor equilibrio e incrementar su presencia en los escenarios regionales multilaterales.

En este marco, una de las prioridades debe ser la relación estructurada con los países del entorno latinoamericano y con las potencias emergentes.

En cuanto a América Latina, un eje articulador en proceso está constituído por el creciente avance, pese a las dificultades actuales, de la construcción de Comunidad Sudamericana de Naciones, expresión de la voluntad de los Jefes de Estado reunidos en la ciudad del Cuzco el 8 de diciembre de 2004. Su propósito es, como lo expresaron los mandatarios sudamericanos,

“desarrollar un espacio sudamericano integrado en lo político, social, económico, ambiental y de infraestructura que fortalezca la identidad propia de América del Sur y que contribuya, a partir de una perspectiva subregional, y en articulación con otras experiencias de integración regional, al fortalecimiento de América Latina y el Caribe y le otorgue una mayor gravitación y representación en los foros internacionales”.

Bajo este enfoque, y debido a un mandato expresado también por los Jefes de Estado en su posterior reunión de Brasilia (2005), las Secretarías de la CAN, el MERCOSUR y la ALADI vienen trabajando en el diseño de una zona de libre comercio sudamericana, a través de la armonización y convergencia de los acuerdos comerciales existentes en el ámbito sudamericano. También han avanzado los trabajos en otros aspectos de la convergencia jurídica e institucional, entre dichos esquemas de integración, así como para el tratamiento de las asimetrías existentes entre los países de la región, que permitirán gestar un interesante proyecto político y de desarrollo para la CSN.

En este campo caben importantes iniciativas como el desarrollo de propuestas y planes específicos de trabajo sobre “la agenda prioritaria” definida por los Cancilleres: el diálogo político, la integración física, el medio ambiente, la integración energética, los mecanismos financieros sudamericanos, las asimetrías, las telecomunicaciones y la promoción de la cohesión, la inclusión y la justicia social.

Así mismo, en el propósito de propiciar la convergencia de los países en el espacio sudamericano, se busca profundizar los compromisos contenidos en el proceso de asociación recíproca de la CAN y el MERCOSUR.

El otro contenido importante de nuestras tareas en relación con América Latina, y en la perspectiva de ampliar y diversificar las relaciones externas, consiste en la importancia del papel clave de la CAN como eje articulador entre Suramérica, por un lado, y Centroamérica, México y el Caribe por el otro.

En esta dirección se requiere de una relación más estructurada con estos países y sus órganos de integración. Para ello vemos necesario completar la red de acuerdos de libre comercio existentes con México; en la misma dirección, consideramos importante las gestiones con Centroamérica para avanzar hacia acuerdos de asociación y eventualmente de libre comercio; también hemos iniciado los contactos para concretar un Acuerdo de cooperación con la Asociación de Estados del Caribe (AEC), que incluya la incorporación de la CAN como observador; y estamos avanzando en Acuerdos inter-secretariales con SICA y CARICOM.

Las relaciones con los Estados Unidos: hacia una nueva agenda

En lo que concierne a los Estados Unidos, las relaciones de los países miembros de la CAN son de la mayor importancia en temas como comercio, inversiones, migraciones, complementariedad económica en diversos sectores, y cooperación. Queremos tener con los EEUU, relaciones amistosas y que beneficien a nuestros pueblos. Reivindicamos el derecho a una agenda concertada y a tener relaciones armónicas, fluídas y dignas con la mayor potencia económica del continente y del mundo.

Creemos que garantizar el acceso a sus enormes mercados es fundamental, en especial para los productores andinos de manufacturas, pero también para los exportadores de productos agrícolas y de minerales. El peor escenario para nuestros países sería el de un cierre de los mercados de los EEUU y del mundo desarrollado en general.

En el delicado tema de las drogas y sus delitos conexos, queremos continuar trabajando hombro a hombro, sobre la base de la responsabilidad compartida y el equilibrio en el tratamiento de los temas, lo cual implica que el abordaje del problema no se limite exclusivamente a la lucha contra la oferta, sino que cada país cumpla sus compromisos en reducción de la demanda, control del lavado de dinero y activos, y control del comercio de precursores químicos.

Un asunto ya importante en nuestras relaciones con los EEUU está constituído por las oportunidades de una agenda energética que cada vez es más importante en la perspectiva andina: petróleo, gas, energía hidroeléctrica y carbón, a más de las posibilidades del inmediato futuro en biodiesel, ofrecen oportunidades de cooperación.

Finalmente, en el tema de las migraciones, nos preocupa la situación de nuestros conciudadanos que buscan otros horizontes y posibilidades económicas. El status de los pobladores de los países andinos en los EEUU y en el mundo desarrollado, es un motivo de nuestras preocupaciones centrales y debe serlo en la política exterior de nuestros países. Pero también ello nos llama a considerar que la mejor manera de regular las migraciones, es el desarrollo en los países de origen, en concordancia con las inversiones del mundo desarrollado. Tenemos aquí una importante tarea relacionada también con los programas de formación de recursos humanos.

Asociación con Europa y relaciones Asia-Pacífico

Pero los países de la CAN se encuentran también a medio camino entre Europa y el Arco del Pacífico Asiático. Este hecho, no siempre evidente, es de la mayor importancia.

En ese sentido, una asociación con la Unión Europea es crucial para nuestra inserción internacional, por varias razones: nos aseguraría mercados en los 25 países de la Unión, con un carácter estable y duradero, sin depender de las prolongaciones periódicas del sistema SGP-Plus; y nos motiva a una relación más estructurada en lo político y lo social, perfeccionando y potenciando los contenidos del Diálogo Político birregional aprobado hace ya varios años. Nuestra relación estructurada con Europa contribuye, además, a un mejor balance de nuestro relacionamiento externo, en beneficio de una inserción internacional más equilibrada.

Pero en lo referente al Arco del Pacífico, la geografía nos llama sin duda a jugar un papel articulador en dos sentidos: ante todo, con los demás países del arco del Pacífico americano; y, más allá, como actores de una parte del mundo en desarrollo del Asia-Pacífico. En esa dirección, aparecen dos actores privilegiados: China y los países de la ASEAN.

En cuanto a las relaciones con China, a raíz de la reunión sostenida entre el Consejo Andino de Cancilleres y el Vicepresidente de China, en enero de 2005, se señaló la voluntad política de ese país de trabajar en diez áreas concretas de cooperación con la Comunidad Andina.

Al respecto, cabría impulsar, como las más importantes: el establecimiento de un foro empresarial para promover el conocimiento mutuo en relación con el comercio y las oportunidades de inversión; el intercambio de experiencias para la transferencia de tecnologías apropiadas, particularmente en telecomunicaciones y en la apropiación y aplicación de tecnologías de la información; la suscripción de acuerdos sobre sanidad agropecuaria; la creación de un mecanismo de diálogo especializado que permita desarrollar el intercambio de información sobre las tendencias registradas de tráfico ilícito de drogas, así como sobre la legislación en vigor y las políticas de prevención y tratamiento, la cooperación para el control de los precursores químicos y en las tareas del desarrollo alternativo.

Por otra parte, los intercambios de información institucional con la Asociación de Países del Sudeste Asiático (ASEAN) son hoy día de la mayor importancia para la Comunidad Andina. Su experiencia en materias cruciales como la cooperación política y la cooperación económica, a más de la incorporación del conocimiento a los procesos productivos, son del mayor interés para nuestros trabajos en el próximo futuro.

La realización de la Cumbre de APEC en el año 2008 en un país andino, el Perú, nos brinda la oportunidad de trabajar con esa meta un relacionamiento más intenso de la CAN con la región del Asia-Pacífico.

Conclusión: las lecciones aprendidas

En el curso de los 37 años de la integración andina hemos aprendido muchas cosas, entre ellas:

· Que los procesos regionales son esenciales para afrontar mejor las ventajas y desafíos de la globalización.

· Que la integración comercial es muy importante, pero no puede constituir la sola preocupación de nuestro proceso.

· Que, contrario sensu, no podemos hablar de integración sin comercio y sin competitividad internacional de nuestras economías, lo cual no desconoce las virtudes de la solidaridad entre los socios de un proceso integrador.

· Que la integración de poco sirve si no solucionamos los problemas fundamentales de la exclusión social, no sólo para asegurar la gobernabilidad democrática sino también para aprovechar al máximo el potencial de nuestros países y nuestros pueblos, en provecho de todos, pues la equidad social es cada vez más el requisito para el desarrollo integral.

· Que la integración contemporánea no puede ser entendida como una fortaleza amurallada para defenderse del mundo sino como una plataforma para desarrollar capacidades que nos permitan una inserción internacional económica y socialmente beneficiosa, pues nos encontramos en un mundo cada vez más abierto e inter-relacionado.

· Que la integración requiere un alto contenido local y por ello debe tender a procesos descentralizados, con una creciente participación ciudadana y de la sociedad civil organizada.

· Que las relaciones de nuestros países con su entorno regional y con el mundo, se dan a geometría variable, y con carácter múltiple.

· Hemos aprendido, finalmente, que vale la pena dedicar nuestros esfuerzos a la integración regional, por el rol que dicho proceso tiene para potenciar nuestras posibilidades en el mundo contemporáneo.

Pese a las dificultades, la idea de la integración está hoy más viva que nunca, tanto en nuestra región como en los grandes actores mundiales; solo que el contenido de esa idea ha ido variando con el tiempo.