El Sistema Andino de Integración y la
Comunidad Sudamericana
Palabras del Embajador Allan Wagner
Tizón, Secretario General de la
Comunidad Andina, en la instalación del
II Encuentro de los órganos comunitarios
e instituciones del Sistema Andino de
Integración
Lima, 3 de
diciembre de 2004
Nos
encontramos reunidos hoy, por segundo
año consecutivo, con ocasión de un nuevo
Encuentro de los Órganos Comunitarios e
Instituciones del SAI, con el propósito
de fortalecer la comunicación y
coordinación entre las instituciones que
representamos, reflexionar sobre temas
de interés común e identificar nuestras
posibles convergencias alrededor de
elementos esenciales para el proceso
andino de integración.
Como
ustedes bien conocen, este encuentro
ocurre en la antesala de dos reuniones
que marcarán hitos significativos para
la integración andina y regional. La
primera de ellas, el Consejo
Presidencial Andino Extraordinario, que
hemos acordado en llamar Cumbre de la
Integración, el Desarrollo y la Cohesión
Social, en la que los mandatarios
continuarán el rico debate iniciado en
Quito en julio pasado. La temática que
hemos sugerido para nuestro encuentro de
los Órganos Comunitarios e Instituciones
del SAI podrá contribuir a las
reflexiones de los Presidentes y
articular una acción conjunta de
nuestros órganos e instituciones
alrededor de esos objetivos centrales.
La segunda
cita será la Cumbre Sudamericana que
dará partida de nacimiento a la
Comunidad Sudamericana el 8 de diciembre
próximo, en el emblemático marco de la
ciudad del Cusco.
La nueva
Comunidad será construida a partir de la
convergencia progresiva de la Comunidad
Andina y el MERCOSUR, a la cual se
sumará Chile en lo que constituye el más
grande y ambicioso programa de
desarrollo de nuestra historia.
En efecto,
la constitución política de la Comunidad
Sudamericana marcará el comienzo de una
dinámica de cooperación e integración
entre nuestros países, que será
estimulada por el acuerdo de libre
comercio que acabamos de concluir las
dos organizaciones subregionales, y de
una serie de fases sucesivas de
armonización y profundización de las
respectivas normativas comunitarias para
consolidar un proceso de integración
profundo y una proyección externa común.
En esta
empresa, el concurso decidido del los
órganos e instituciones del SAI, resulta
central, pues la Comunidad Andina cuenta
con una institucionalidad sólida y
diversificada que, por demás, es la más
avanzada de todos los procesos de
integración del hemisferio.
Dicha
realidad nos coloca en una posición
inmejorable para que , sin desdibujar
las especificidades de nuestro proceso
andino de integración, podamos ofrecer
la solidez de la experiencia acumulada
como aporte en la construcción de la
Comunidad Sudamericana. Este propósito
adquiere mayor relevancia cuando se
comprueba que varios de nuestros
organismos, con clara visión de futuro y
en el marco de sus competencias
estatutarias, se han adelantado a
incursionar en el ámbito sudamericano.
Para citar
solo algunos ejemplos, sabemos cómo la
Corporación Andina de Fomento, el Fondo
Latinoamericano de Reservas y el
Convenio Hipólito Unanue, cuentan con
mandatos proyección hacia Sudamérica, al
tiempo que hemos sido testigos de cómo
el Parlamento Andino y el Consejo
Consultivo Laboral Andino interactúan
permanentemente con sus pares del
MERCOSUR, para no hablar de la amplia
trayectoria que ya tiene el Convenio
Andrés Bello en el campo educativo y
cultural. Esta dinámica nos muestra, de
entrada, un denominador común que es
necesario consolidar y darle forma, como
respuesta y aporte a la trascendental
iniciativa de los Jefes de Estado de
América del Sur.
La
Comunidad Sudamericana, cuya
construcción sucesiva empieza a hacer
realidad los anhelos visionarios del
libertador Simón Bolívar, trasciende el
espacio comercial y la integración
económica que, en todo caso, constituyen
junto al Proyecto IIRSA, los cimientos
de esta iniciativa histórica. Es por
ello que nos corresponde, como parte
activa de los agentes precursores en la
cimentación de este proceso, contribuir
de manera creativa con la convergencia y
desarrollo institucional y normativo que
demandará la nueva Comunidad.
La
confluencia entre la Comunidad Andina y
el MERCOSUR, agrupaciones de amplia
trayectoria en los esfuerzos de
integración de la región, debe ser vista
esencialmente como una oportunidad
histórica para propiciar el desarrollo
descentralizado de nuestros países a
través de la generación de economías
regionales en las áreas de influencia de
los ejes de integración y desarrollo
sudamericano, aumentar la
complementariedad productiva,
profundizar el intercambio comercial,
impulsar con un enfoque territorial el
desarrollo, promover los procesos
sectoriales y la articulación de la
infraestructura física regional
(transporte, telecomunicaciones y
energía), así como fortalecer el poder
de negociación frente a terceros países
y a organizaciones internacionales.
Los
invito, pues, queridos colegas, a que
junto con el tratamiento de los temas
que nos deberán conducir al
fortalecimiento del proceso andino de
integración, recibamos la iniciativa de
la Comunidad Suramericana con
beneplácito y con nuestro firme
propósito, en el ámbito de las
respectivas responsabilidades, de
impulsarla como instrumento de
desarrollo y como mecanismo eficiente de
inserción internacional exitosa para
nuestros países.
Muchas
gracias |