La Agenda Social
de la Integración Andina: Hacia una
Estrategia Comunitaria de Cohesión
Social
Intervención del Embajador, Allan Wagner
Tizón, Secretario General de la
Comunidad Andina, en el Seminario
“Promoción de la Cohesión Social: las
experiencias de Europa y de América
Latina y el Caribe”
Bruselas, Marzo
27 de 2006
La vocación de la integración andina por
el desarrollo con inclusión social se
hace explícita con la suscripción de su
tratado fundacional en 1969, al postular
que la finalidad de la integración y la
cooperación económica y social entre los
países signatarios es el “mejoramiento
persistente en el nivel de vida de los
habitantes de la Subregión”. Sin
embargo, la crisis de la deuda y el
cambio de paradigma económico operado en
los años noventa provocaron una
reorientación del proyecto integrador y
restaron prioridad a las tareas
conjuntas del desarrollo.
La agenda social andina y el Plan
Integrado de Desarrollo Social
Si bien cabe resaltar la estabilización
macroeconómica como un resultado
altamente positivo de ese cambio que hay
que valorar, sus escasos resultados en
términos del desarrollo y la equidad
social están hoy a la vista: índices de
pobreza similares a los de veinte años
atrás; altas tasas de desempleo y
subempleo en todos nuestros países;
niveles de concentración del ingreso y
la riqueza que nos convierten en una de
las zonas de mayor desigualdad
socioeconómica en el mundo; y una amplia
sensación de inseguridad y desprotección
social.
Para hacer frente a estas realidades,
que en algunos países han adquirido
características de crisis social y de
gobernabilidad, en la Cumbre de Quirama
del año 2003 los Presidentes andinos
resolvieron dar un impulso decisivo al
desarrollo de la agenda social de la
integración. Ello permitió ordenar y,
sobre todo, proyectar importantes
esfuerzos que se habían ya iniciado
hacia 1999 en torno a la dimensión
social de la integración.
Es así como, en septiembre de 2004, el
Consejo de Cancilleres aprobó el Plan
Integrado de Desarrollo Social (PIDS),
tras un largo proceso de consultas en
los cinco países, en el que participaron
tanto entidades del Estado, como
organizaciones no gubernamentales y
sectores académicos.
El PIDS es una propuesta que responde a
una visión integral y estructural sobre
los fenómenos de pobreza, la inequidad y
la exclusión social que persisten en la
región. Se articula en torno a tres
grandes líneas de trabajo: la
convergencia de objetivos y metas
sociales, su seguimiento y evaluación
por instancias comunitarias; un conjunto
de proyectos referidos a una amplia gama
temática, algunos de los cuales se
encuentran ya en ejecución, y la
cooperación técnica horizontal. Atento
al principio de subsidiariedad, el PIDS
no pretende duplicar ni suplantar
políticas ni acciones que son de
responsabilidad nacional. Por ello, el
Plan comprende exclusivamente
iniciativas de alcance subregional, que
buscan agregar valor a los esfuerzos
nacionales y contribuir a la definición
de un horizonte social comunitario.
Es también importante señalar que la
mayor parte de los proyectos que
contempla tienen como objetivo la
formulación de criterios comunes de
política, a través del análisis y el
debate informado; la organización de
redes de actores sociales pertinentes
para cada uno de los temas; la
cooperación y la coordinación entre
responsables de las políticas; el
examen, la difusión y el intercambio de
experiencias de políticas y programas
sociales; así como la ejecución en el
terreno de algunos proyectos
demostrativos y replicables. La
cooperación técnica horizontal y el
seguimiento y evaluación de objetivos y
metas sociales compartidos, serán
mecanismos decisivos que contribuirán al
desarrollo de criterios comunes de
política social.
En concordancia con la concepción de la
pobreza y la inequidad social como
fenómenos multidimensionales y multi-causales
a que responde el PIDS, las iniciativas
que propone superan los enfoques
“sectorialistas” de política social, y
procuran integrar las políticas sociales
con las políticas económicas y de
desarrollo. Es por ello que el Plan
contiene propuestas que abarcan desde el
empleo y los derechos laborales, hasta
el aprovechamiento sostenible de los
recursos de la biodiversidad, pasando
por la salud, la educación y la cultura,
el desarrollo rural, la seguridad
alimentaria y el desarrollo en
fronteras.
En el contexto de estas acciones, debo
destacar la importante labor que hoy
adelanta el Organismo Regional Andino de
Salud – Convenio Hipólito Unanue, en el
desarrollo de importantes acciones e
iniciativas de alcance comunitario y de
alto impacto, como son la exitosa
negociación para reducir en un 72% el
precio de medicamentos antirretrovirales
para el tratamiento del VIH-Sida y la
muy reciente puesta en ejecución de un
ambicioso programa de control de la
malaria en las zonas fronterizas de los
países andinos.
La agenda social y la participación
ciudadana
Por otra parte, es importante resaltar
la contribución del PIDS a la
incorporación de nuevos actores sociales
al proceso de integración. Para
coordinar su puesta en ejecución fue
creado en 2004 el Consejo Andino de
Ministros de Desarrollo Social (CADS) y,
en cada país miembro se ha establecido
un Comité Nacional del PIDS integrado
por todos los organismos del Estado con
responsabilidad sobre los diversos temas
que abarca el Plan, entidades académicas
y organizaciones sociales. Estos comités
son los responsables del desarrollo de
los proyectos y su puesta en ejecución,
para lo cual deben asegurar tanto una
efectiva articulación entre las
instancias nacionales vinculadas a la
temática social, como su entroncamiento
con el proceso subregional andino.
De otro lado, la Secretaría General está
impulsando la creación de una Red
Subregional de entidades académicas y
organizaciones sociales para apoyar la
ejecución del PIDS y la Agenda Social en
su conjunto, tanto con su aporte al
análisis y al debate, como mediante su
apoyo a la ejecución de los proyectos.
La Mesa Indígena Andina, creada
en 2002 para promover la plena vigencia
de los derechos colectivos de los
pueblos indígenas, también está llamada
a ser una protagonista central en la
implementación de las tareas centrales
del PIDS, particularmente en el
desarrollo de la interculturalidad, el
aprovechamiento sustentable de los
recursos de la biodiversidad, el
desarrollo rural y el programa de
seguridad alimentaria, entre otros.
La recuperación de la dimensión del
desarrollo con inclusión social
Además de la importancia que reviste el
PIDS y su proyección, que hemos tenido
oportunidad de describir, esta
iniciativa de nuestros Presidentes debe
ser entendida en el marco de un
propósito más amplio: la recuperación de
la dimensión del desarrollo con
inclusión social para el proceso de
integración andino.
Este propósito, que había sido trazado
en sus líneas fundamentales en la Cumbre
de Quirama (2003), fue ratificado y
enriquecido posteriormente en las
Cumbres de Quito (2004) y Lima (2005),
de las cuales se derivaron orientaciones
específicas para promover la cohesión
social a través de acciones conjuntas de
los países para estimular el empleo
digno e impulsar el desarrollo
competitivo de las pequeñas y medianas
empresas, con una visión de desarrollo
territorial y reducción de las
disparidades entre regiones y países.
En este contexto es también importante
destacar el impulso dado al debate en
torno al empleo digno y decente, y la
necesidad de incorporar ese objetivo
como prioridad de las políticas
públicas, a partir de las dos ediciones
hasta ahora realizadas de la Conferencia
Regional Andina sobre Empleo antes
mencionada.
De otro lado, el Nuevo Diseño
Estratégico de la integración, aprobado
por los Presidentes en la Cumbre de
Quito, concibe el proyecto comunitario
como un proceso incluyente, y por ello
se construyen en la actualidad acciones
“de abajo hacia arriba”, es decir, a
partir de los actores subnacionales y de
su reconocimiento como actores políticos
y económicos de primer nivel. Con este
criterio, la integración andina impulsa
hoy una propuesta de desarrollo
territorial como opción de inserción
internacional competitiva de nuestros
países, con una fuerte base económica
local y regional.
En su puesta en marcha participan
activamente las autoridades y las
instancias técnicas de las ciudades y
regiones andinas, a través del Consejo
Consultivo Andino de Autoridades
Municipales creado en el año 2004. Los
lineamientos trazados en esta frente se
nutren, además, de la adecuada
coordinación de la Secretaría General de
la CAN con la Red Andina de Ciudades de
la cual participan más de 300 alcaldes
de la subregión.
Para sentar sobre bases firmes la agenda
de cooperación de las ciudades y
regiones andinas, en el marco de la
estrategia propuesta, se ha reactivado
el Comité de las Pequeñas y Medianas
Industrias, conservando en su
convocatoria y en las acciones iniciales
el enfoque del desarrollo económico
local y regional.
En la actualidad se avanza en la
adopción de un estatuto andino para las
PYMES, con el fin de armonizar
mediciones nacionales y precisar el
ámbito de políticas comunes para este
sector. Así mismo, se han logrado
avances notables en la conformación de
un Sistema Andino de Garantías como su
mecanismo de reafianzamiento de crédito
para las PYMES en todos los países de la
subregión. De igual manera, nos
proponemos impulsar estrategias de
innovación tecnológica orientadas a las
PYMES como un aporte desde la
integración en la construcción de
capital social en los territorios
andinos y con el propósito de estimular
la competitividad con cohesión social
desde los ámbitos locales.
Desarrollo y cohesión social: más allá
del PIDS
El PIDS, junto con los avances en el
debate andino sobre la política de
empleo y el impulso al desarrollo de las
pequeñas y medianas empresas con enfoque
territorial, constituyen los tres
pilares con base en los cuales la
Secretaría Geneal de la Comunidad Andina
se propone contribuir a la construcción
progresiva de una estrategia comunitaria
de cohesión y desarrollo social.
A partir de la Cumbre de Guadalajara de
Jefes de Estado de la Unión Europea y
América Latina y el Caribe, el objetivo
de la cohesión social ha sido señalado
como una prioridad estratégica que
compartimos. Si bien ello supone
identidad de visiones y de valores, la
cohesión social, como concepto y como
objetivo, tiene diferentes connotaciones
para una y otra región. En la región
andina, una estrategia de desarrollo y
cohesión social necesariamente debería,
a nuestro juicio, encarar al menos
cuatro grandes desafíos:
1) Las grandes
desigualdades sociales y económicas
al interior de las sociedades
andinas.
2) La
discriminación y la exclusión
social, económica y cultural que
sufren amplios sectores de la
población por motivo de su origen
étnico-cultural.
3) Las grandes
asimetrías y disparidades en el
nivel de desarrollo y en el acceso
de la población a servicios sociales
básicos al interior de cada uno de
nuestros países.
4) La debilidad
de las instituciones que aqueja a
los países andinos y el concomitante
escaso ejercicio de ciudadanía.
Para ello, según se viene perfilando de
las acciones que venimos desarrollando,
será necesario abordar, desde la
integración, las siguientes tareas:
a) La promoción
del empleo digno y decente,
especialmente mediante la capacitación
y la formación laboral, la lucha
contra las peores formas de trabajo
infantil y la plena vigencia de los
derechos fundamentales de los
trabajadores, así como la articulación
de políticas sociales y económicas en
torno a una estrategia de desarrollo
con énfasis en la generación de empleo
de calidad. Este último aspecto ha
sido objeto de análisis y debate en
dos conferencias regionales andinas
celebradas en los últimos dos años.
b) La calidad y
equidad de la educación básica, como
componente estratégico de la lucha
contra la pobreza, dotando a los
jóvenes de destrezas y capacidades que
potencien su contribución al
desarrollo y mejoren la calidad de su
inserción en el mercado laboral y en
la sociedad y, en consecuencia, la de
nuestros países en la economía global;
c) La promoción
de la salud, especialmente en zonas de
frontera donde se hace visible la
integración, más allá de las líneas
imaginarias que aún dividen a nuestros
países.
d) El
establecimiento de mecanismos de
participación ciudadana en el proceso
de integración, especialmente en
aspectos sociales y de fortalecimiento
del sistema institucional democrático;
e) El
fortalecimiento de instancias de
trabajo al nivel subnacional y la
construcción de estrategias de
desarrollo territorial; y
f) La promoción
de las micro, pequeñas y medianas
empresas, tanto urbanas como rurales,
y su incorporación en los
encadenamientos productivos hacia los
mercados andino y mundial.
Apreciados amigos:
Albergo la convicción de que la alianza
de más de 30 años de la Comunidad Andina
con la Unión Europea constituye un
importante factor aglutinante para
fortalecer nuestro proyecto integrador.
Nos han unido con Europa lazos
históricos que hoy lucen renovados como
consecuencia de apuestas comunes por la
defensa de los derechos humanos, la
democracia, el multilateralismo y el
multiporalismo.
Nos corresponde, por lo tanto, en el
escenario de los próximos años,
profundizar esta alianza, bajo la figura
de una asociación estratégica, con el
fin de acercar a nuestra subregión
andina los importantes avances de la
Unión Europea en materia de desarrollo y
cohesión social, y ayudar a construir
sociedades más integradas y democráticas
que deben ser el fundamento del mundo
mejor que deseamos todos.
Muchas gracias.