Palabras del Embajador Allan Wagner Tizón, Secretario General de la Comunidad Andina, con ocasión de la Sesión Solemne de Homenaje al Excelentísimo Señor Alejandro Toledo Manrique, Presidente de la República del Perú, y a los Representantes del Gobierno Peruano ante los órganos de la CAN, en el marco del "Día de la Unidad Andina"

(Versión desgrabada)
Lima, 25 de julio de 2006

Qué mejor manera de conmemorar el Día de la Unidad Andina y del natalicio del Libertador Simón Bolívar –celebrado ayer- que rendir homenaje a una persona, y a un equipo de personas, que durante su gestión han contribuido de manera importante a impulsar nuestro proceso de integración andina.

Me refiero al señor Presidente del Perú, Dr. Alejandro Toledo, y a los representantes del Perú ante los diferentes organismos de la Comunidad Andina, como es el caso del Consejo Andino de Ministros de Relaciones Exteriores, de la Comisión de la CAN, pero también de aquellos Consejos y Comités sectoriales como los que agrupan a los Ministros de la Producción, Economía, Desarrollo Social, Medio Ambiente, Energía, Transportes y Comunicaciones, en fin, toda esa importante gama de organizaciones existentes en el marco de nuestro Sistema Andino de Integración, con quienes tenemos un compromiso de gratitud por el liderazgo que el Perú demostró durante estos años y por los importantes aportes que el Presidente Toledo y su equipo de gobierno hicieron durante estos años a nuestro proceso de integración.

El personaje importante de esta noche es el Presidente Toledo, de manera que en este acto, que debe ser breve por la apretadísima agenda del Presidente, voy a ser conciso y solamente me referiré a algunos hitos del proceso de integración durante los últimos años, bajo la conducción e inspiración del Presidente Toledo y su equipo de gobierno.

En primer lugar, quisiera referirme a una anécdota que es personal pero también política e institucional. Siendo Ministro de Relaciones Exteriores del Presidente Toledo, conversábamos en una ocasión sobre el proceso andino de integración y él me transmitió una preocupación: ¿cómo le damos un rostro humano a la integración andina?.

Esta reflexión sobre cómo darle un rostro humano a la integración andina motivó una invitación que el Presidente Toledo hizo al entonces Secretario General de la CAN -mi distinguido predecesor el Embajador Guillermo Fernández de Soto-, a Palacio de Gobierno, a un almuerzo de trabajo con todo el Gabinete para, justamente, conversar sobre el estado de la integración andina pero, sobre todo, respecto a cómo darle ese rostro humano a la integración. Es decir, cómo lograr que la integración de nuestros países sea al mismo tiempo un instrumento en favor del desarrollo social y de la lucha contra la pobreza.

De ese almuerzo de trabajo con Guillermo Fernández de Soto fue que surgió lo que luego él presentaría después como una propuesta de la Secretaría General de la CAN al Consejo Andino de Ministros de Relaciones Exteriores: la llamada agenda multidimensional andina. Fue así como llega este tema, en el año 2003, a la Cumbre de Quirama en Colombia, ocasión en la que los presidentes deciden incorporar esa agenda social a la agenda andina.

Debemos, por ello, reconocerle al presidente Toledo esa inspiración así como el impulso de hacer de nuestra integración un proceso más integral, más cabal, más cercano a las necesidades del pueblo y no solamente para el mundo de los negocios -que son importantes porque son un motor de la producción, de la generación de empleo- pero los pueblos deben sentir más directamente al proceso de integración.

Es, entonces, a partir de esta inspiración del presidente Toledo, a través de la agenda multidimensional andina y de la aprobación de la agenda social en la Cumbre de Quirama, que surge lo que luego sería el Plan Integrado Andino de Desarrollo Social y sus veinte proyectos surgidos de los programas nacionales de lucha contra la pobreza. Dichos proyectos están llamados a tener un impacto real en las poblaciones de los países de la subregión, especialmente en las zonas de frontera, donde el valor añadido de la integración puede ser más evidente pero, al mismo tiempo, debemos contar con una estrategia andina de desarrollo y cohesión social. En ese camino ya nos encontramos, señor Presidente, y ésta es una tarea avanzada, gracias a esa inspiración que tuvo usted allá por el año 2003.

Otro hito importante que quisiera destacar es cómo, a partir de la alianza estratégica que usted tejió para el Perú y Brasil, conjuntamente con el presidente Lula Da Silva, se da inicio a lo que luego sería, en diciembre de 2004, en el Cusco, la Comunidad Sudamericana de Naciones. No está demás recordar que la primera vez que se utilizó esa expresión: Comunidad Sudamericana de Naciones, fue en Palacio de Gobierno, en Lima, en boca del Presidente Alejandro Toledo, en la ceremonia de clausura de la Visita de Estado del presidente Lula Da Silva al Perú, ocasión en la que se cimentó, además, esa alianza estratégica peruano - brasileña.

La Comunidad Sudamericana de Naciones venía precedida de otra importante iniciativa del Presidente Toledo, a saber, la de acelerar las negociaciones entre el Perú y el MERCOSUR para un Acuerdo de Libre Comercio en el marco de la ALADI. Dicho acuerdo abrió el surco para que, más adelante, los otros tres países restantes de la CAN concretaran también ese Acuerdo de Libre Comercio con el MERCOSUR ya que, como sabemos, Bolivia ya tenía un acuerdo de esta índole desde el año 1986 y era Miembro Asociado del MERCOSUR. Ello condujo, precisamente, a que en la Cumbre Andina de Lima, en julio de 2005, los países del MERCOSUR se incorporaran como Miembros Asociados de la CAN y, más adelante, los países andinos hicieran lo propio con el MERCOSUR. Para entonces, Chile ya había planteado y obtenido el estatuto de “observador”, en camino de la “asociación” que esperamos se concrete pronto.

Estas son realizaciones concretas, más allá de la retórica de los discursos sobre la integración regional y latinoamericana. Y digo latinoamericana -y no solamente sudamericana- porque el esfuerzo integrador y convocante de los países de la CAN incluye prioritariamente -pero trasciende- el ámbito sudamericano, para proyectarse también hacia Centroamérica y México y -cómo no- también hacia El Caribe. Así, la Comunidad Andina se ve a sí misma como una suerte de espacio de conexión entre Sudamérica, Centroamérica, México y el Caribe con una clara proyección hacia la Cuenca del Pacífico.

Realizada la Cumbre de Lima -donde además se profundizaron los temas de desarrollo social y los temas estratégicos, como el caso de la energía y del medio ambiente- sobrevino la crisis, provocada por un desentendimiento fundamental sobre modelos de desarrollo y de inserción internacional y, por consiguiente, sobre modelos de integración. Lamentablemente, no se pudo encontrar una solución a estas discrepancias y un País Miembro decidió retirarse de la CAN.

Gracias a la colaboración de la Unión Europea, sin embargo, en la Cumbre UE-América Latina y El Caribe de Viena, realizada hace poco más de dos meses, se logró un entendimiento político fundamental entre los cuatro presidentes andinos, y entre éstos y las más altas autoridades de la UE, para estabilizar la CAN “de cuatro”, en el marco de un acuerdo de asociación CAN-UE, que a su vez generará una agenda interna de integración para la CAN. Este fue el acuerdo político fundamental, que fue claramente una apuesta por la integración pero también una apuesta por la democracia y por el desarrollo social, que hicimos andinos y europeos bajo el liderazgo de nuestros presidentes.

A partir de esos momentos -ya bajo la presidencia del Presidente Evo Morales que la asume formalmente en la Cumbre de Quito hace poco menos de un mes-, la CAN encuentra estabilidad, retoma su agenda represada por los acontecimientos de los meses anteriores, y nuevamente la integración andina empieza a funcionar.

Los acuerdos de Viena fueron complejos y, políticamente, muy sofisticados. Fueron una clara muestra -una muestra ejemplar- de lo que pueden rendir las diplomacias comunitarias andina y europea, logrados en medio de las dudas que existían en Viena. Algunas semanas después, con los acuerdos adoptados en Bruselas, creo que podemos decirle, señor Presidente, ¡tarea cumplida!.

Hemos logrado, los cuatro países andinos, generar un consenso interno que nos ha permitido, de un lado, concluir con la UE el proceso de valoración conjunta incluyendo recomendaciones para profundizar nuestro propio proceso de integración. También logramos generar al interior de la CAN un consenso sobre las bases para la negociación del Acuerdo de Asociación que fueron confirmadas con la UE. Y podemos esperar que, en el mes de setiembre, la Comisión Europea solicite al Consejo de Ministros de la UE la autorización para iniciar negociaciones con la CAN para un Acuerdo de Asociación que incluya los tres pilares fundamentales: el diálogo político, la cooperación y el comercio.

Este entendimiento fundamental alcanzado en Viena por nuestros presidentes y las autoridades europeas, estabiliza la CAN a través de un proyecto exterior que es el acuerdo de asociación con la UE, generando a su vez una agenda interna de profundización de nuestro proceso de integración.

Esto no quiere decir que estén totalmente resueltos todos los problemas. Hay necesidad de continuar un proceso interno de reflexión en la CAN para, pasada la crisis, definir qué tipo de CAN queremos para el Siglo XXI.

La CAN surge de un concepto de integración económica prevaleciente hace 50 años y que ha tenido gran éxito en el caso de la UE, pero hoy se desarrolla en un nuevo contexto de globalización. Debemos por ello reflexionar nuevamente sobre la integración regional y, en ese marco, encontrar los mejores caminos para hacer de la integración finalmente el instrumento para ayudar -como en el caso del Plan Integrado de Desarrollo Social o de la Mesa de Pueblos Indígenas u otras iniciativas en el campo social- a cerrar esa brecha social histórica de pobreza, de exclusión y de desigualdad pero, al mismo tiempo, como plataforma dinámica de inserción internacional en un mundo globalizado. En la medida en que logremos generar sinergia entre esos dos desafíos -el desafío del desarrollo con inclusión social y de la inserción internacional con beneficio para los pueblos- es que la integración realmente podrá ponerse a tono de las necesidades de los tiempos pero, sobre todo, de nuestros pueblos.

Ese es el ejercicio que aún resta por realizar. Corresponderá al nuevo gobierno del Perú participar, con los otros gobiernos andinos, en esta reflexión. Estamos seguros que, lo que hemos sembrado en estos años, servirá de bases firmes para esa reflexión, para construir sobre ello y, consecuentemente, alcanzar un modelo de integración cada vez más cercano a las necesidades de nuestros pueblos, porque -sin duda- ese rostro humano que usted reclamaba para la integración sigue siendo una asignatura pendiente para nuestros países y para nuestros modelos de integración.

Contamos, señor Presidente, con su colaboración -ya desde la sociedad civil- para continuar contribuyendo con nosotros en ese empeño, seguros de que usted se mantendrá en la vanguardia del pensamiento andino y latinoamericano a favor de los más elevados valores de la democracia y del desarrollo social de nuestros pueblos.

Señor Presidente:

A usted y a todos los representantes peruanos ante los órganos del Sistema Andino de Integración, nuestro mayor agradecimiento y homenaje de reconocimiento. Le deseamos, querido Presidente y amigo, el mejor de los éxitos en las futuras tareas que emprenda.

Muchas gracias.