“Vigencia de la Comunidad Andina:
Hacia un consenso político plural e incluyente”

Palabras del Secretario General de la Comunidad Andina,  Embajador Allan Wagner Tizón, con ocasión de la instalación del Foro de Alto Nivel “Integración, Comunicación y Desarrollo”

Medellín, 24 de abril de 2006

Con este emblemático Foro de Alto Nivel, que nos reúne en la hermosa y pujante ciudad de Medellín bajo el lema “Hacia una Comunidad Andina de Ciudadanas y Ciudadanos”, nuestro organismo de integración inicia los actos conmemorativos de sus treinta y siete años de existencia, en un momento particularmente difícil de su vida institucional.

Es ya conocida la decisión del gobierno de la República Bolivariana de Venezuela de retirarse de la Comunidad Andina y, a pedido de ese país, el día miércoles 26 del presente está prevista una reunión de la Comisión para formalizar su denuncia del Acuerdo de Cartagena. De otro lado, el día de ayer el Presidente de Bolivia ha tenido duras expresiones sobre la Comunidad Andina y su Secretario General que, como señalé en un comunicado emitido anoche en Lima, quiero creer que se deben a que el Presidente Evo Morales se encuentra mal informado. Esta mañana el Presidente Morales ha tomado una iniciativa para propiciar una reunión de Presidentes andinos bajo ciertas condiciones, cuyos resultados aguardamos con expectativa. El caso es que, por estos hechos, se ciernen sombras sobre el futuro de nuestro proceso de integración subregional.

De esto he venido a hablarles hoy, sustrayendo apremiantes horas de trabajo en la sede de la Secretaría General, en este importante Foro que reúne a más de un centenar de profesionales y representantes de medios de comunicación de la subregión andina, así como académicos, políticos e instituciones de la sociedad civil, porque la situación que estamos atravesando requiere del análisis de las mentes más lúcidas de nuestro entorno andino y sudamericano y de la acción urgente y decidida de sus líderes.

A ese fin, permítanme formular algunas reflexiones, producto de mi larga trayectoria en las tareas de la integración, de mi vocación social favor del bienestar de nuestros pueblos y de las profundas convicciones democráticas que siempre han inspirado mis actos.

Estimo que la situación que estamos atravesando se debe a profundas discrepancias entre los países miembros sobre el modelo de desarrollo que mejor responda a las necesidades sociales y sobre el tipo de inserción internacional que debe corresponder a esos objetivos. Pero también se debe a concepciones particulares sobre la organización del Estado y de sus relaciones con la sociedad, así como a visiones diversas sobre las relaciones internacionales y regionales y, por tanto, sobre la naturaleza y finalidades de nuestros procesos de integración andino y sudamericano.

En efecto, ante los limitados resultados obtenidos en materia de bienestar para nuestros pueblos de las políticas preconizadas por el denominado “Consenso de Washington” y ante la necesidad de asegurar la gobernabilidad democrática de nuestros países, podemos decir que se ha iniciado en la región latinoamericana un “tiempo social”, es decir, una nueva etapa en la que las agendas políticas nacionales tendrán como preocupación prioritaria la obtención de resultados tangibles, en lapsos políticamente aceptables, en materia de reducción de la pobreza y la desigualdad que prevalecen en nuestras sociedades. En suma, superar la exclusión en que se encuentran vastos sectores de nuestras poblaciones del sistema político, de los beneficios del crecimiento económico e, incluso, de los cánones culturales prevalecientes.

En este contexto, surgen diversas propuestas sobre cómo mejorar o cambiar el modelo económico para alcanzar esas metas sociales, pero también para lograr un Estado y una sociedad más incluyentes, todo ello con la velocidad vertiginosa que imprime un año electoral como el presente en toda la región. En ese contexto, el modelo de integración regional también se ve sometido a cuestionamientos e interrogantes, por ser el espacio más próximo de nuestro relacionamiento externo.

Pero allí no radica el problema principal. La crisis surge y se alimenta cuando esas discrepancias no se procesan a través del diálogo respetuoso y fraterno para la mutua comprensión de necesidades y aspiraciones, sino cuando los encuentros se difieren y los medios de comunicación se convierten en los vehículos de la desazón y las invectivas en expresión de la desconfianza.

Es preciso reaccionar ante ese estado de cosas y retomar el camino del diálogo y del consenso, a pesar de las discrepancias y precisamente para asimilarlas dentro de un espacio plural y tolerante donde primen la cooperación y una solidaridad efectiva y no meramente retórica. Todo ello basado en el convencimiento de que la unidad sólo podrá construirse a partir de lo que con tanto esfuerzo hemos labrado a través de los años y no mediante la aniquilación de un patrimonio comunitario que sin duda aporta fortalezas para lograr un desarrollo y una inserción internacional más provechosos y socialmente incluyentes.

Desde aquí invoco a todas las fuerzas políticas y sociales, especialmente a las ciudadanas y ciudadanos de esa comunidad que deseamos y debemos lograr, a participar en este esfuerzo por rescatar nuestra integración y fortalecer nuestra unidad.

Y formulo un llamado urgente a los Presidentes de la región para que asuman el liderazgo que les corresponde a fin de construir un consenso andino, sudamericano y latinoamericano para el desarrollo y la inserción internacional con inclusión social, sobre la base de los principios del pluralismo y el respeto mutuo, con el inequívoco propósito de asegurar el bienestar y unidad que nuestros pueblos reclaman.

Muchas gracias.