Por una iniciativa andina para el empleo, el desarrollo y la competitividad:
Hacia un nuevo pacto social andino
Discurso del Secretario General de la Comunidad Andina, Embajador Allan Wagner Tizón en el acto inaugural de la Conferencia Regional Andina sobre el Empleo

Lima, 22 de noviembre de 2004

La realización de esta Conferencia Regional Andina sobre el Empleo significa la culminación de una importante iniciativa adelantada por el Consejo Asesor de Ministros de Trabajo de la Comunidad Andina, conjuntamente con la Organización Internacional de Trabajo (OIT) y esta Secretaría General.

Como todos recordamos, en el marco de su VII Reunión Ordinaria celebrada en Ginebra en junio del presente año, este Consejo procedió a poner en marcha la idea. En el camino, el Consejo Asesor de Ministros de Finanzas, conjuntamente con los Consejos Consultivos Empresarial y Laboral Andinos, se sumaron a esta iniciativa y hoy vemos con profunda satisfacción que se cristaliza en un marco definido para el diálogo abierto y plural, con la presencia además de otros importantes órganos e instituciones del Sistema Andino de Integración así como de la comunidad internacional.

Globalización e integración

Nos encontramos próximos al trascendental momento de la firma de la Declaración de los Presidentes de América del Sur que dará partida de nacimiento a la Comunidad Sudamericana de Naciones, el 8 de diciembre próximo, en el emblemático marco de la ciudad del Cusco. La nueva comunidad será construida a partir de la convergencia progresiva de la Comunidad Andina y el MERCOSUR, sumando a Chile, Guyana y Surinam, en lo que constituye el más grande proyecto de desarrollo de nuestra historia.

En efecto, la Comunidad Sudamericana será una oportunidad única para el desarrollo descentralizado de nuestros países, mediante la creación de economías regionales en las áreas de influencia de los grandes Ejes de Integración y Desarrollo del programa IIRSA, complementados por el acuerdo de libre comercio que acabamos de concluir las dos organizaciones subregionales y la armonización de las respectivas normativas comunitarias que deberemos emprender prontamente para sustentar un proceso de integración profundo y una proyección externa conjunta.

Sin contar con los resultados que se generarán por el proceso integrador, la Comunidad Sudamericana de Naciones estaría hoy entre las cinco potencias económicas mundiales.

Este hecho, de gran importancia histórica para la vida de nuestros países, será precedido de una reunión extraordinaria del Consejo Presidencial Andino, el 7 de diciembre, en la que se realizará una profunda reflexión critica sobre el desarrollo, el empleo y, también, sobre los grandes desafíos sociales y políticos que nuestros países deben enfrentar de cara a un proceso de globalización que a todos involucra pero que a muchos excluye. En ese sentido, esta Conferencia Regional Andina sobre el Empleo se realiza de manera muy oportuna para contribuir con sus conclusiones a la reflexión que realizarán nuestros presidentes en el Cusco.

Hoy día, la región andina y, en general, todos los países de América Latina, pasan por un momento de particular importancia, que no es otro que el de definir la manera como nos insertaremos en el actual proceso de mundialización.

Es cierto que este proceso globalizador viene de muy atrás. En realidad, nuestra región se viene incorporando desde hace muchos siglos al sistema internacional. Su inicio, como sabemos, no fue el más auspicioso. Su historia está llena de avances y retrocesos, de gestas heroicas, de grandes concepciones en las que siempre primó una visión integradora pero también una dificultad casi estructural para convertir esas ideas en realidades.

Ha llegado la hora de materializar un firme consenso político para enfrentar la globalización desde la integración.

Cuatro elementos para el debate

En el proceso de integración andino hemos aprendido mucho de nuestros errores y falencias pero también de algunos aciertos que podemos exhibir; entre ellos, la perseverancia del esfuerzo integrador a pesar de las adversidades.

A partir de esa experiencia, quisiera solamente anotar algunos elementos con la intención de aportar al rico debate con toda seguridad se dará en esta reunión.

El primero, es el reclamo social por empleo suficiente y de calidad.

Los habitantes de los cinco países andinos reclaman, como tema cada vez más importante, el acceso a mayores oportunidades de empleo, especialmente de empleos con mejor calidad, que incluyan productividad apropiada, buena remuneración y acceso a la seguridad social.

Al respecto, cabe recordar que, según cifras de la OIT, de cada diez empleos que se crean hoy en nuestros países, siete son en el sector informal. Así, la expansión de la informalidad, carente de las garantías sociales mínimas así como de visión y compromiso de Estado, se ha convertido en un colchón social pero también en un gigantesco factor de exclusión, que se añade a los problemas étnicos y de género que vienen de antaño.

El segundo, es nuestra precariedad social.

Esta precariedad se refleja en los preocupantes indicadores de pobreza, exclusión y desigualdad que exhibe nuestra región. Según la información sistematizada por la CEPAL en su Panorama Social de América Latina 2002-2003, en la Subregión Andina tenemos lugares donde el 63% de la población urbana se encuentra bajo la línea de pobreza. En las zonas rurales la situación es aún más grave, pues la población pobre llega en algunos casos al 80%.

Si a este ya difícil panorama le sumamos la marginalidad, ya anotada, de importantes sectores de nuestras poblaciones, así como los peores índices de distribución del ingreso, se puede afirmar que la región andina es uno de los espacios más desiguales y con una de las brechas sociales más grandes del mundo.

El tercero, es la baja calidad de nuestro crecimiento económico e inserción internacional.

Nuestras economías, pese a los grandes esfuerzos que vienen realizando nuestros países, siguen siendo incapaces de generar el empleo y los recursos que permitan financiar las prestaciones necesarias para atender las legítimas demandas sociales.

Según el documento de la OIT que será debatido en esta reunión, los países andinos se han alejado más del comercio internacional pese a que las tasas de crecimiento de sus exportaciones han crecido.

El problema, por lo tanto, es cómo pasamos de exportaciones con baja tecnología y productos primarios a la producción y exportación de bienes y servicios intensivos en conocimiento que son, precisamente, los que más crecido estos últimos años en el comercio mundial y los que definen una inserción internacional de calidad.

Dicho de otra manera, cómo superamos la debilidad cualitativa de la base exportadora de los países andinos que es, sin duda, una de las razones que explican el porqué nuestras economías no alcanzan el nivel de competitividad que hoy se requiere para integrarnos en mejores términos al proceso de globalización.

El cuarto, es el divorcio entre las políticas económicas y las políticas sociales.

La visión que afirmaba que el orden social, político y económico era el resultado espontáneo de un proceso en el que sólo bastaba liberalizar el mercado y desrregular nuestras economías para acceder a un orden mejor y superior, ha probado ser, una vez más, incorrecta.

Como lo hemos señalado en reiteradas oportunidades, no debemos seguir esperanzados en la ilusión de que un mayor ritmo de crecimiento económico traerá consigo, automáticamente, la ansiada reducción de la pobreza y la solución a nuestros problemas sociales. No existe el desarrollo por “goteo” como tampoco es función del mercado distribuir equidad.

Esto significa que no basta solamente con crecer económicamente a un ritmo elevado, aunque ello es sin duda importante, sino que es necesario crecer con equidad social. Para ello es indispensable articular las políticas económicas con las metas sociales de manera que el crecimiento lleve dentro de si el germen de la equidad.

En ese sentido, es necesario recuperar la economía para la política a fin de que la economía sea socialmente eficiente y el Estado sea capaz de cumplir con una de sus funciones principales que es garantizar la igualdad de oportunidades. Es decir, debemos recuperar la economía política.

Hacia un nuevo pacto social andino

Garantizar la generación de un empleo de calidad -o de un “empleo decente”, como afirma la OIT- nos debería conducir a la discusión de nuevas estrategias de desarrollo que pongan énfasis en cerrar la brecha social, en construir sociedades más igualitarias basadas en la solidaridad, en la defensa de la democracia y de los derechos y libertades fundamentales, en fortalecer nuestra cohesión social y nuestra gobernabilidad, en la sustancial mejora de nuestra educación como principal instrumento generador de inclusión y equidad. Pero también en la creación de una sociedad competitiva que deberá adaptarse constantemente a un entorno externo cambiante, en un mundo en el que lo único permanente es el cambio y donde la innovación es el mejor camino hacia el progreso.

Es innegable que la generación de empleo de calidad se muestra en las actuales circunstancias como el principal medio de obtención de ingresos para la mayoría de nuestras poblaciones y representa, por tanto, ese vínculo fundamental que debemos promover y fortalecer para que el crecimiento económico y la reducción de la pobreza empiecen por fin a caminar en la misma dirección.

Pero también el empleo es el medio de realización personal, de inclusión en la sociedad y de participación en el Estado. En suma, el empleo es hoy, más que nunca, requisito de ciudadanía.

Aspiramos que en estas jornadas se pueda generar un amplio debate, tanto político como técnico, que permita identificar y afinar criterios comunes de política económica con énfasis en la generación de empleo de calidad, así como para el desarrollo de las capacidades competitivas que permitan a nuestros países una inserción internacional cualitativamente superior y con inclusión social.

En ese sentido, confiamos que esta Conferencia permita impulsar una iniciativa andina para el empleo, el desarrollo y la competitividad que pueda conducirnos a un nuevo pacto social andino, fundamental para fortalecer nuestra integración y asegurar un desarrollo integral y una inserción internacional beneficiosa para nuestros pueblos.

Si bien es cierto que los pactos sociales muchas veces son entendidos como acuerdos entre empresarios, trabajadores y el Estado, es necesario ir más allá y plantearse un pacto que involucre al conjunto de las fuerzas sociales, a partir de una visión compartida del tipo de sociedad en la que queremos vivir y del nuevo Estado democrático que debemos construir. Es decir, un Estado capaz de impulsar el crecimiento con equidad, de fortalecer la cohesión social y de asegurar la gobernabilidad democrática de nuestros países.

En ese contexto, un pacto social que gire en torno al trabajo es de fundamental importancia en estos tiempos. El trabajo es, acaso, el principal vínculo, más allá de toda crítica, entre el hombre y la naturaleza, como lo es también entre los seres humanos mismos. El mundo andino es un buen ejemplo de cómo una geografía difícil puede ser puesta al servicio de los hombres y mujeres gracias al trabajo y en armonía con la naturaleza.

La integración como proyecto social y político

La integración andina también debe ser vista como elemento inherente de ese nuevo pacto social, puesto que ella articula a Estados y sociedades a través de objetivos e intereses comunitarios que van más allá de los limitados espacios nacionales.

En reiteradas oportunidades he señalado que el punto de convergencia entre una agenda interna, que enfrente nuestro gran déficit social, y una agenda externa, que aborde los desafíos de la mundialización, es, justamente, el proceso de integración. Es en este proceso integrador donde seremos capaces de encontrar vías de solución a nuestros graves problemas nacionales y paralelamente imaginar, primero, una Comunidad Andina y, luego, una Comunidad Sudamericana de Naciones, camino a la recuperación del proyecto de una América Latina integrada. Me parece que el nombre de Comunidad, sea Andina, Sudamericana o Latinoamericana, nunca estuvo mejor puesto.

Imaginar la integración como parte de un pacto social es imaginar la propia Comunidad que queremos formar. En realidad, lo que distingue a una comunidad de otra no es sólo su pasado; es también cómo los hombres y las mujeres la han imaginado y cómo la imaginan en el futuro próximo.

Por ello, los procesos de integración –y en particular el andino- deben superar aquella idea reduccionista que los convierte en sinónimo de acuerdos comerciales. La integración es mucho más que eso. Es también unidad de pueblos, de culturas, de sociedades, de geografías, de objetivos y de visiones comunes sobre un futuro compartido.

En suma, la integración es, fundamentalmente, un proyecto social y político que, para ser exitoso, debe ser popular. Es decir, apropiado, motivado e impulsado por los pueblos.

El papel de las instituciones comunitarias

Es indudable que en este proceso, complejo por cierto, las distintas instancias comunitarias deberán jugar un papel activo en la construcción de ese nuevo pacto social.

En tal sentido, queremos sumarnos al llamado que han efectuado el Consejo Asesor de Ministros de Trabajo así como los Consejos Consultivos Empresarial y Laboral Andinos para lograr, lo más pronto posible y como un paso indispensable en este proceso, la entrada en vigor del nuevo Convenio Simón Rodríguez, instancia de participación tripartita y paritaria para la definición y coordinación de las políticas sociolaborales en la subregión, el cual aún se encuentra en la fase de ratificación por parte de algunos Congresos Nacionales. Les formulamos una cordial invocación para que procedan a su más pronta aprobación y solicitamos a nuestros parlamentarios andinos que colaboren a ese fin.

Igualmente deseamos respaldar la iniciativa de los Consejos Consultivos Empresarial y Laboral para constituir un Comité Económico y Social Andino, como espacio de concertación y mecanismo articulador de iniciativas a favor de la integración y la inserción internacional competitiva; así como la pronta puesta en marcha del Observatorio Laboral Andino como el instrumento técnico que permitirá nutrir a esas instancias de los elementos técnicos indispensables..

Porque son finalmente las sociedades las que deberán construir esos lazos de entendimiento y unidad que hoy aquí buscamos, deseo destacar la importancia del papel cada vez más importante que deberá desempeñar el Parlamento Andino en la construcción y legitimación de ese nuevo pacto social por el empleo, el desarrollo, la competitividad y la integración. Igualmente, le asignamos un rol muy destacado en la gestación de la nueva Comunidad Sudamericana de Naciones, conjuntamente con su correlato parlamentario del MERCOSUR, donde la temática sociolaboral y este nuevo pacto social tomarán una nueva y muy positiva dimensión.

En el mismo espíritu, saludamos también a los demás órganos e instituciones del Sistema Andino de Integración que están participando decididamente en la realización de esta Conferencia, así como a los diversos organismos e instituciones internacionales que nos acompañan en esta ocasión.

Muy especialmente queremos destacar nuestro agradecimiento a la OIT por el incondicional apoyo que nos ha brindado para hacer realidad la iniciativa de esta Conferencia Regional Andina sobre el Empleo, así como por la estrecha colaboración desarrollada con las distintas instancias comunitarias a lo largo de los últimos años, particularmente a las actividades del Consejo Asesor de Ministros de Trabajo así como de los Consejos Consultivos Empresarial y Laboral Andinos.

Suerte en las deliberaciones y estén seguros que esta casa, que es la de todos porque es la casa de la integración, estará siempre a disposición de ustedes para debatir y profundizar estos temas que son motivo de preocupación pero también de esperanza para millones de ciudadanos andinos.

Muchas gracias.