Palabras del Secretario General de la Comunidad Andina, Embajador Allan Wagner Tizón, con ocasión de la ceremonia de clausura del Taller sobre “Importación, Exportación y Tránsito de Armas de Fuego en la Comunidad Andina”

Lima, 20 de mayo de 2005

Señoras y Señores:

Es muy grato para mi participar en esta ceremonia de clausura del Taller sobre Importación, Exportación y Tránsito de Armas de Fuego en la Comunidad Andina, el cual constituye el primer encuentro sobre la materia que se realiza en nuestra sede, en cooperación con el Gobierno del Perú, la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas de la Organización de los Estados Americanos y el Centro Regional de las Naciones Unidas para la Paz, el Desarme y el Desarrollo.

Deseo resaltar la importancia de las recomendaciones formuladas luego de un día y medio de intenso trabajo, las cuales demuestran que, a pesar de los importantes avances alcanzados en el ámbito internacional para adoptar esquemas comunes de control del tráfico de armas, nos queda muchísimo por hacer para lograr una cooperación y coordinación efectiva en los ámbitos nacional, subregional, hemisférico y mundial.

En ese contexto, me felicito y los felicito por el trabajo conjunto desarrollado en esta ocasión por representantes gubernamentales y tres organismos internacionales como son la CICAD, UNLiREC y la SGCAN que, dentro de sus distintos ámbitos de competencia, poseen un potencial considerable para generar sinergias y establecer alianzas estratégicas en beneficio de los esfuerzos de los Países Miembros de la Comunidad Andina en su lucha contra la proliferación de las armas pequeñas y ligeras en todos sus aspectos.

Un ejemplo destacable del referido potencial es el grado de compenetración alcanzado por la Secretaría General de la Comunidad Andina y la CICAD en la implementación del Plan Andino de Cooperación para la Lucha contra las Drogas Ilícitas y Delitos Conexos -Decisión 505-, que nos ha permitido lograr avances sustantivos en el tratamiento -a nivel comunitario- de las problemáticas del control de sustancias químicas y de la coordinación de las políticas de desarrollo alternativo.

Del mismo modo, estoy convencido que, sobre la base de nuestro común anhelo de promover la Paz, el Desarme y el Desarrollo – como reza el nombre del Centro Regional de las Naciones Unidas – en la subregión andina, la Secretaría General y UNLiREC podremos potenciar conjuntamente el apoyo brindado a los Países Miembros para implementar y desarrollar el Plan Andino para la Prevención, Combate y Erradicación del Tráfico Ilícito de Armas Pequeñas y Ligeras en todos sus aspectos -Decisión 552-.

De hecho, la Comunidad Andina viene impulsando, en el marco de la Política Exterior Común, programas y acciones dirigidas a profundizar el diálogo y la cooperación en materia de seguridad al interior de la Subregión, lo que nos permite vislumbrar un escenario en el cual puedan aplicarse ampliamente medidas de fomento de la confianza y de la seguridad entre nuestros países, las cuales deberían ayudarnos a obtener una reasignación de los recursos destinados al gasto militar hacia programas de inversión social para el desarrollo humano, la paz y la gobernabilidad democrática.

Tal fue el espíritu que inspiró la suscripción del “Compromiso de Lima: Carta Andina para la Paz y la Seguridad; Limitación y Control de los Gastos destinados a la Defensa Externa”. Desde entonces, hemos trabajado arduamente para construir una visión común de nuestra seguridad – multidimensional, democrática y no ofensiva – que se tradujo en la adopción en Quito, en julio del año pasado, de los Lineamientos de la Política de Seguridad Externa Común Andina y de la Declaración del territorio de la subregión como una Zona de Paz, acción reconocida por la Asamblea General de las Naciones Unidas en diciembre último.

Estos instrumentos establecen marcos jurídicos sólidos para enfrentar de manera eficaz, cooperativa y solidaria los retos planteados por las nuevas amenazas a la seguridad, cuyo carácter y efectos transfronterizos inciden transversalmente sobre la comunidad internacional en su conjunto. Asimismo disponen, en concordancia con la visión andina de la seguridad, que dichas amenazas, entre las que podemos mencionar el tráfico de drogas ilícitas y de armas, el lavado de activos, el crimen transnacional organizado y el terrorismo, deben ser encaradas también a través de políticas que promuevan mayores niveles de desarrollo y cohesión social en la subregión.

Desde esta perspectiva, la lucha contra estos flagelos deberá atender la progresiva superación – en los ámbitos nacional y subregional – de los factores causales, estructurales o de otra índole, que inciden sobre la proliferación y perpetuación de los patrones de violencia en sociedades afectadas por la pobreza, la exclusión y las históricas brechas sociales.

Hemos tomado nota de las recomendaciones aprobadas y nos comprometemos a seguir trabajando de manera decidida con los Países Miembros así como a fortalecer la cooperación interinstitucional con las organizaciones internacionales presentes, con miras a multiplicar experiencias como ésta, que coadyuvan a encontrar soluciones compartidas al grave problema del tráfico ilícito de armas.

Agradezco a todos por su valiosa participación y declaro clausurado el Taller sobre Importación, Exportación y Tránsito de Armas de Fuego en la Comunidad Andina.

Muchas gracias.