Palabras del Ministro de Relaciones Exteriores del Perú, Allan Wagner Tizón, representante de su país en el Consejo Andino de Ministros de Relaciones Exteriores, en la ceremonia de toma de posesión del Secretario General de la Comunidad Andina
Lima, 19 de setiembre de 2002
(Transcripción de la Versión Magnetofónica)

En primer lugar, una palabra de felicitación al Embajador Guillermo Fernández de Soto, en el día que asume sus importantes funciones. Su trayectoria -que la conozco de muchos años- es una garantía del éxito de su misión y del importante aporte que, sin duda, va a hacer para la profundización de nuestro proceso de integración andina; de manera que, desde la posición que ocupo en estos momentos y como Representante del Perú en el Consejo Andino de Ministros de Relaciones Exteriores, me complazco de su elección y de su toma de posesión y le ofrezco toda la colaboración que yo pueda darle desde esa posición.

También, como lo hizo Guillermo, quisiera traer a la memoria el recuerdo de nuestro entrañable amigo Sebastián Alegrett. Sin duda, en estos momentos en que recibimos al nuevo Secretario General, es de justicia recordar a Sebastián, todo lo que ha significado para la integración, el enorme esfuerzo que él puso a través de su existencia para tener una visión de América Latina, una visión regional y de su inserción en el mundo y cómo esto lo plasmó a través de los cargos que ocupó. De manera que también va a Sebastián nuestro recuerdo y homenaje.

Quisiera dar una nota personal a estas palabras y es que, como seguramente muchos de ustedes conocen, ésta ha sido mi casa en dos oportunidades y sin duda continúo sintiéndola como tal. Años atrás, en 1980 y 1981, con una Junta que presidía entonces el Embajador José de la Puente, tuve la oportunidad de ser el primer jefe de la nueva oficina de Relaciones Externas. Quién diría que veinte años más tarde regresaría, esta vez ya no a la Junta, sino a la Secretaría General de la CAN, acogido por Sebastián y por todos los colegas de esta institución para -a través de este aterrizaje suave en la CAN- volver al Perú y trabajar en la política exterior que fue la tarea que gratamente se me encomendó y al mismo tiempo desde aquí dar mi contribución al proceso de la recuperación de la democracia del Perú, por cierto, con gran comprensión de Sebastián aunque a veces podía ponerlo en algunas situaciones un poco complicadas. Y es que además Sebastián era un gran demócrata, y él comprendía que quienes estabamos aquí -como es el caso de Joselo García Belaunde- teníamos además de nuestra vocación integracionista un deber democrático, que era luchar por la democracia de nuestro país.

Yo quiero también en estas palabras -que son las primeras que doy como representante del Perú ante el Consejo de Ministros de RR.EE.- transmitirles a todas mis compañeras y compañeros de trabajo de la Secretaría General un saludo muy afectuoso.

Para el Perú la integración no es sólo un negocio. La integración, como la hemos definido, es una opción de política exterior; es decir es un modo de inserción internacional del Perú, comenzando por su entorno más próximo, que son los países que constituyen la Comunidad Andina (CAN). Pero también es un modo de insertarse en la región sudamericana, en el hemisferio y en el mundo. Así, pues, la integración siendo un fenómeno multidimencional también se relaciona multinacionalmente con el Perú, con su concepción como Estado, con su proyección internacional pero también con su propio proceso interno de desarrollo.

La integración como opción de política exterior constituye un objetivo permanente del Perú, solamente distraído por el autócrata en el régimen pasado durante algún momento, pero que firmemente el Perú lo continúa desarrollando y sin duda es la decisión del Gobierno del Presidente Alejandro Toledo, continuar profundizando esta participación del Perú en el proceso de integración.

La Agenda que tenemos por delante, como la ha descrito nuestro nuevo Secretario General, es realmente formidable; es una Agenda de consolidación y de profundización y al mismo tiempo de proyección hacia el futuro. En ese sentido, desde el Consejo Andino de Ministros de Relaciones Exteriores sin duda tendremos que abordar varios temas que él ha mencionado, pero yo quisiera solamente dar algunas pinceladas de énfasis.

Considero que el Consejo Andino de Ministros de RR.EE., además de las funciones específicas que le asigna el Protocolo de Trujillo, es un espacio singular, óptimo y excepcional para la consulta y la concertación política entre los países miembros, más allá de la formalidad de las Agenda y de las Decisiones que se emiten. Esto ya se ha venido practicando, pero creo que esa es una veta de trabajo que tenemos que profundizar mucho más para abordar con absoluta fraternidad y espíritu de cooperación todos los temas que tienen que ver no solamente con las relaciones entre nuestros países sino con su proyección internacional. Esta es una primera área en la cual yo quisiera hacer una contribución llegado el momento: cómo podemos profundizar esta consulta y concertación política entre los países miembros.

Por otro lado, se ha logrado avances muy importantes en la ejecución de lo que podríamos llamar las vertientes política del proceso de integración. En años pasados, éste ha sido un terreno muy fértil de trabajo donde tanto los Cancilleres en el Consejo Andino de Ministros de Relaciones Exteriores como nuestros Presidentes han logrado realmente avances formidables.

Es el momento de comenzar a concretar algunos de esos avances y profundizarlos. Por ejemplo, la Carta Andina de Derechos Humanos es un instrumento recientemente aprobado que debe ser llevado al plano de las realidades nacionales a través de los Planes Nacionales de Promoción y Protección de los Derechos Humanos y la Comunidad Andina, a través de la Carta Andina, debe constituirse en la instancia coordinadora y al mismo tiempo de promoción colectiva de estos derechos humanos.

Asimismo en el ámbito de los derechos humanos, y considerando que la democracia es uno de ellos, podemos también tener por delante la tarea de profundizar una cooperación de los países en el plano del fortalecimiento de la democracia. En otras palabras, la Carta Democrática Interamericana, cuyo primer aniversario acabamos de conmemorar y sobre lo cual tendremos la próxima semana un foro en Lima, también debería ser un marco de referencia para fortalecer la democracia de nuestra propia región andina.

Este es un trabajo que nunca termina, es un trabajo que requiere de nuestros mayores esfuerzos para profundizar esa democracia que es la aspiración común de nuestros pueblos. Pero, así como tendremos que profundizar la democracia, también tendremos que, colectivamente, colaborar para solucionar lo que es indispensable en términos de demanda social y eso nos lleva sin duda al tema de la lucha contra la pobreza.

Tendrá que ser -como lo ha señalado Guillermo Fernández de Soto- la lucha contra la pobreza, un elemento central del quehacer andino, puesto que hoy día estamos confrontando todos los países importantes demandas sociales y mientras la integración de nuestras políticas económicas dan frutos, tendremos que encontrar los medios para atenderla, porque es una aspiración y una demanda legítima de nuestros pueblos.

Otro tema es el relacionado con el Plan Andino de Lucha contra las Drogas que también se plasmó primero a nivel de los Cancilleres y luego de los presidentes. Creemos que éste es otro ámbito muy importante de cooperación política entre nuestros países para poder combatir este flagelo de la droga. Es, además, extremadamente importante llevar a la práctica la Zona Andina de Paz y Seguridad, que recientemente ha sido acordada, pero a la cual hay que darle contenido.

Esta es una agenda política de gran dimensión que sin duda debe ir aparejada con la agenda económica del proceso de integración. Es decir, concretar la Unión Aduanera, luego el Mercado Común en el año 2005 y de esa manera complementar lo político con lo económico y que ello acabe con lo social. El aspecto social del proceso de integración, tanto desde del punto de vista del desarrollo social, como de la participación de la ciudadanía en el proceso, es y todavía sigue siendo una asignatura pendiente. Esperamos que en los años próximos podamos consolidar, profundizar y fortalecer este necesario vértice de nuestro proceso de integración.

Así pues, creo que bajo la diestra batuta de nuestro Secretario General podremos avanzar en este camino. Yo reitero mi voluntad de colaborar junto con los demás Cancilleres, a través de la acción del Consejo Andino de Ministros de Relaciones Exteriores y le deseo a nuestro flamante Secretario General el mayor éxito en sus funciones.

Muchas gracias.