Palabras del Embajador Allan Wagner Tizón, Secretario General de la Comunidad Andina, con ocasión de la Presentación del "Libro de Obra" del arquitecto ecuatoriano Handel Guayasamín

Lima, 16 de mayo de 2005

SEÑORAS Y SEÑORES:

Es para mí un gran honor darles la más cordial bienvenida a esta casa de la integración andina y recibir en ella a Handel Guayasamín, connotado arquitecto ecuatoriano, creador y artista, incansable luchador social y dilecto amigo.

La presentación de su valioso “Libro de Obra” nos da la oportunidad de referirnos una vez más al trabajo de Handel Guayasamín. Hablar de sus obras es hablar de equilibrio entre tradición y creatividad, entre el respeto por la naturaleza y la innovación en la obra arquitectónica, pero es, sobretodo, hablar de identidad andina y latinoamericana.

En todos sus trabajos, desde los más cercanos e íntimos, como la “Casa Verenice”, diseñada especialmente para su prima hermana, hasta sus proyectos más representativos, dedicados a una amplia colectividad, como la “Entrada para Quito” o el “Parque Metropolitano”, Handel imprime su sello personal, reafirmando sus raíces históricas y poniendo su genio al servicio de la vida.

Su especial interés por conservar no solamente el sentido de autenticidad sino también un enorme respeto por la naturaleza y el paisaje, logran una esencial valorización de lo popular y lo tradicional, obteniendo una convivencia armónica entre el entorno, el contexto histórico y cultural y el dominio de la tecnología.

La arquitectura es uno de los testimonios más poderosos de un pueblo ya que prevalece en el tiempo como testimonio de sus raíces y su cultura. Como él mismo Andel nos dice: “los materiales tienen su espíritu y de ellos emanan sensaciones y expresiones imputables a los seres humanos”, y él logra conservar admirablemente ese espíritu en cada una de sus obras.

Impresiona especialmente la Capilla del Hombre, en Quito, realización de un sueño compartido con el maestro Oswaldo Guayasamín, que sintetiza en un espacio arquitectónico los valores más representativos del hombre andino y latinoamericano, en su gesta desde la época precolombina hasta nuestros días. Tuve la oportunidad visitar esta impresionante obra en Quito el año pasado y me cupo el privilegio de hacerlo conducido por el propio Handel. Cuando recorríamos cada uno de los enormes ambientes que muestran lo mejor del arte latinoamericano y donde la luz del sol –como en los palacios precolombinos- penetra a la hora precisa por conductos insospechados, pensaba que esa Capilla del Hombre en Quito es tal vez el mayor templo en el que se rinde homenaje y se evoca con gran fuerza a la dignidad, la libertad y a la integración de nuestros pueblos

Estimados amigos:

Les agradezco nuevamente la oportunidad de compartir este momento con ustedes y celebro esta ocasión de poder rendir un homenaje desde la Comunidad Andina a Handel y a toda la familia Guayasamín, por su invalorable contribución, a través del arte y la cultura, a la promoción y la conservación de la identidad de nuestra América andina.

Muchas gracias.