"Hacia una agenda política para la cohesión andina y la convergencia sudamericana: el papel del Parlamento Andino"
Palabras del Secretario General de la Comunidad Andina, Embajador Allan Wagner Tizón, con ocasión de la inauguración del Seminario para candidatos peruanos al Parlamento Andino

Lima, 16 de marzo de 2006

Quisiera, en primer lugar, darles nuestra más cordial bienvenida a este seminario para candidatos peruanos al Parlamento Andino y decirles, como siempre lo hemos dicho, que esta es su casa, la casa de la integración andina.

El Parlamento Andino nació el año de 1979 y, como órgano deliberante del proceso, es parte constitutiva del Sistema Andino de Integración que tiene en su cúspide al Consejo Presidencial Andino y está conformado, además, en sus órganos decisorios, por el Consejo Andino de Ministros de Relaciones Exteriores, en lo político, y por la Comisión de la Comunidad Andina, en lo económico-comercial. Completan el SAI, en lo jurisdiccional, el Tribunal Andino de Justicia y, como órgano ejecutivo, la Secretaría General. Importantes pilares del mismo, en sus respectivas áreas, son la Corporación Andina de Fomento (CAF), el Fondo Latinoamericano de Reservas (FLAR) y los Consejos Consultivos Empresarial y Laboral así como los convenios especializados como son el Hipólito Unanue, para la salud, y el Simón Rodríguez, para los aspectos laborales.

Dentro de pocas semanas, como sabemos, en el Perú se elegirá por primera vez, por votación secreta, directa y universal a los cinco representantes al Parlamento Andino y a sus dos suplentes. Con este hecho nos sumamos a los países que como Ecuador y Venezuela ya emplean el mismo procedimiento directo de elección. Esperamos que Colombia lo haga en su próxima legislatura y que Bolivia se sume a este procedimiento de elección como resultado de los cambios constitucionales que está próxima a emprender con la elección e instalación de su Asamblea Constituyente.

Este hecho debe ser destacado en sus justas dimensiones. La idea es perfeccionar la legitimidad de ese órgano y marcar un hito hacia la más amplia incorporación de la ciudadanía en el proceso de integración andino. Adicionalmente, se trata de concretar una de las primeras manifestaciones de una legitimidad democrática supranacional y de ir progresivamente, como ha sido el caso en otros procesos de integración, dotando a este Parlamento de los atributos necesarios para que en un futuro más o menos cercano pueda constituirse en órgano colegislador y fiscalizador del proceso de integración andino, el cual, a su vez, deberá profundizarse.

Porque es de eso de lo que en verdad se trata: de dar pasos concretos para integrarnos cada vez más profundamente entre ciudadanos y gobiernos de los países andinos. Si hasta hace muy poco, como consecuencia de la prevalencia del Consenso de Washington, la integración era vista como una suma de tratados comerciales que buscaban abrir economías y mercados, hoy la integración debe ser vista también como un proceso de convergencia de los Estados, de sus instituciones, de los diversos sectores sociales pero, sobre todo, de sus ciudadanos porque es a ellos, a quienes en primer lugar, debería beneficiar el proceso de integración.

Hoy estamos viviendo, justamente, ese tránsito: entender la integración como un proceso complejo, que no se resume o contiene, pese a su importancia, en los tratados de libre comercio. La integración debe ser entendida pues, como un proceso que involucra no sólo a los aparatos productivos sino también a la población entera, a culturas e historias diversas y, por lo tanto, a las sociedades que deciden, en un momento de su marcha por la historia, conformar una comunidad política que va más allá de lo nacional. En consecuencia, la integración es un claro signo de modernidad no sólo porque mira a sus vecinos sino también porque quiere ser parte del nuevo mundo que está emergiendo con la globalización.

A diferencia del pasado cercano, hoy la integración, como fue debatido y ratificado en las Cumbres Presidenciales de Quirama, Quito y Lima, ha recuperado, como fue en sus inicios, la dimensión del desarrollo para las políticas nacionales y las de la propia integración subregional con una perspectiva que va más allá de las fronteras andinas al proponerse construir una Comunidad Sudamericana, como fueron los sueños de muchos de nuestros próceres y libertadores durante el proceso de independencia.

La integración, por tanto, no es una variable exógena al desarrollo sino más bien un instrumento y una palanca para nuestro propio desarrollo nacional; es el eje articulador de las agendas internas y externas de los países para generar sinergias y fortalezas tanto nacionales como subregionales y así poder enfrentar los retos del actual proceso de globalización. Asimismo, busca profundizar la integración comercial sentando las bases de un modelo renovado de mercado común, para lo cual es necesario recuperar la noción de desarrollo en una perspectiva de competitividad pero también de inclusión social. Finalmente, se propone vigorizar la cooperación política para fortalecer la cohesión social de nuestras sociedades y lograr una mayor gravitación externa.

Las tareas son enormes e implican una gran voluntad política. Quién mejor que ustedes, aspirantes a representar al pueblo peruano en el Parlamento Andino, para colaborar en esta tarea.

Quiero decirles, sin embargo, que la tarea no es fácil. Los países andinos mantienen un nivel de pobreza que supera el 50% de la población. El informe del Banco Mundial titulado: “Reducción de la pobreza y crecimiento: círculos virtuosos y círculos viciosos”, recién publicado, señala que en los últimos quince años, la pobreza disminuyó ligeramente en América Central (de 30% a 29%), aumentó en la Comunidad Andina de (de 25% a 31%) y se redujo en la zona del Cono Sur (de 24% a 19%). Los coeficientes del PIB per capita presentan grandes variaciones entre los diferentes países de la Comunidad Andina: Bolivia tiene aproximadamente 861 USD, mientras que Venezuela 2,822 dólares. Ambos países son los extremos.

De otro lado, y desde el punto de visto microeconómico, uno de los grandes problemas con los que se enfrentan nuestros países andinos, más allá de los enormes esfuerzos que se vienen realizando, es su baja tasa de productividad. Lo mismo se puede decir sobre la competitividad de nuestras economías. Una de las comparaciones internacionales más difundidas respecto a los niveles de competitividad de las diferentes naciones del mundo ubica a tres países andinos (Bolivia, Ecuador y Venezuela) en los últimos 20 puestos de un conjunto de 102 naciones, y a los restantes (Perú y Colombia) en la mitad inferior de la muestras. Si a ello le sumamos los problemas del desempleo y del crecimiento de la informalidad, las tareas, como les digo, se muestran en su enorme dimensión y requieren, sin duda, de una gran voluntad política e igual capacidad de ejecución.

Sin embargo, no todo son problemas. Las exportaciones intracomunitarias entre enero y diciembre del año pasado alcanzaron un nuevo récord histórico ubicándose cerca de los 9 mil millones de dólares. En el año 2004 el comercio intracomunitario había alcanzado la cifra de 7.300 millones de dólares.

Pero hay otros datos que comprueban la importancia que tiene la integración. El comercio intracomunitario está modificando su composición. Es cada día más diverso. De ser en sus inicios un comercio que giraba en torno a las materias primas, hoy es uno que intercambia principalmente productos manufacturados. Pero tal vez lo más importante es que los beneficios de este intercambio se expresan directamente sobre las PYMES, con una generación de más de 700 mil empleos directos. Incluso, hay indicios suficientes para afirmar que algunos de los productos que hoy exportan los países andinos a otros mercados internacionales se comercializaban hace apenas algunos años en el mercado intracomunitario. Así, el comercio andino no solo crece y modifica su composición sino que el mercado andino es también una suerte de rampa o “plataforma” en la cual los países aprenden exportar para luego vender productos manufacturados al resto del mundo.

Esta imagen es la que más se acerca a un mercado interno ampliado que compensa, en cierta manera, las limitaciones de nuestros estrechos mercados nacionales. Además –y este es otro atributo positivo- el mercado andino también puede verse como un espacio en el cual los exportadores aprenden a ser más competitivos.

Como se puede observar, el proceso de integración es complejo. Es por ello que hemos decidido compartir con ustedes, como candidatos al Parlamento Andino, información y conocimientos para que profundicen la integración andina y apuesten de manera decidida por la constitución de la Comunidad Sudamericana.

Quisiera terminar agradeciéndoles a todos los presentes por su asistencia y muy especialmente al Vicepresidente del Parlamento Andino, Doctor Vlasco Peñaherrera, ex Vicepresidente del Ecuador y hoy parlamentario andino electo por su país, quien ha venido especialmente para acompañarnos en este evento. La participación de todos ustedes es para nosotros un honor y una gran demostración del interés que ustedes muestran por el proceso de integración. Solo quiero decirles, para terminar, que en sus futuras labores parlamentarias, siempre tendrán el apoyo del Secretario y de la Secretaria General.

Muchas gracias.