“Desarrollo,
competitividad e Inclusión : Por una
agenda social andina”
Exposición del Embajador Allan Wagner
Tizón, Secretario General de la
Comunidad Andina, con ocasión del
Seminario Internacional “Desarrollo,
equidad e integración” organizado por
COMFAMA y UNESCO
Medellín, 15 de setiembre de 2004
Introducción
Según el
último informe de la CEPAL sobre el
Panorama Social en América Latina
2002–2003, el índice de pobreza en los
países andinos se encuentra alrededor
del 53%. La población indigente o en
pobreza extrema, aquella que subsiste
con un dólar diario o menos, llega a
representar entre un 19% (Venezuela) y
el 37% de la población urbana (Bolivia)
y entre 35% (Colombia) y 63% (Bolivia)
de la población rural. Si bien estos
indicadores parecieran haber mejorado
ligeramente en los últimos años para
algunos países, lo cierto es que hoy
cerca de 60 millones de habitantes de la
región andina se encuentran bajo la
línea de la pobreza.
Más grave
aún, si cabe, el Informe 2002 de la
CEPAL da cuenta que el porcentaje de
personas con ingreso per capita menor
que el promedio interno es sumamente
amplio. Así, en Bolivia el 73.6% de la
población tiene un ingreso menor que el
promedio, el índice en Colombia es de
72.4%, en Ecuador de 72.3%, en Perú de
70.3% y en Venezuela es 68.7%.
El citado
estudio revela, además, que de no
modificarse el desigual patrón de
ingreso actualmente imperante en la
subregión, las metas de reducción de la
pobreza extrema hasta el ano 2005 serían
inalcanzables. Así lo confirman las
cifras del Banco mundial, que muestra la
existencia de altos índices de
desigualdad de Gini en los países
andinos en el contexto de América Latina
que, en los hechos, se constituye en la
región más inequitativa del mundo.
La
exclusión social es otro de los
problemas que afecta a nuestros pueblos
como resultado, en gran medida, de la
falta de una educación de calidad y, por
consiguiente, de su incapacidad de
acceso a la cultura, al “trabajo
decente” (en palabras de la OIT) y su
desconexión de las oportunidades de
competencia ofrecidas por la
globalización. De otro lado, la
exclusión de ciertos sectores, asociada
a factores étnicos y de género, se
confirma como un problema cada vez más
complejo, que agrega un componente de
mayor preocupación al panorama social
andino.
Estos
indicadores de pobreza, desigualdad y
exclusión en la región andina explican
en gran medida los problemas de
gobernabilidad que afrontan nuestros
países en la actualidad.
I. Las
lecciones de los años noventa
Quince
años después de inaugurado el Consenso
de Washington, hemos encontrado que sus
lineamientos se revelan insuficientes
para atender la doble agenda de la
inserción internacional y del desarrollo
que hoy enfrentan nuestros países, con
el propósito de superar la pobreza, la
exclusión y la desigualdad. Por ello, se
hace necesaria la formulación de un
consenso latinoamericano y andino más
comprehensivo y con aliento de más largo
plazo, alrededor de las siguientes
lecciones que nos quedan de la
controvertida década de los años
noventa.
1. La
estabilidad macroeconómica despeja el
camino.
Los países
andinos han logrado en los últimos años
una evidente convergencia tanto en el
control de la inflación como en la
reducción de su déficit fiscal, dos
variables claves en la estabilidad
macroeconómica. Este es un logro
obtenido después de muchos sacrificios,
que no deberían repetirse, y por lo
tanto debería constituirse en un
importante punto de partida para
acometer las estrategias de lucha contra
la pobreza.
2. Altas
tasas de crecimiento son necesarias…
Para fines
del presente año nuestros países esperan
tasas de crecimiento de sus economías
que, en promedio, resultarán superiores
al 4%. Sin embargo, este crecimiento,
que debería ser un motivo para el
optimismo, ocurrirá en un contexto de
tasas de desempleo iguales o superiores
al 10% al menos en cuatro de ellos y, en
todos los casos, con altos niveles de
subempleo e informalidad que atentan
contra la calidad de los nuevos puestos
de trabajo generados. Dos de cada tres
nuevos empleos en nuestros países se
generan en el sector informal.
Una nueva
fase de crecimiento superior al 5% exige
el fortalecimiento de políticas
macroeconómicas favorables a la
transformación productiva hacia los
sectores modernos pero también hacia las
pequeñas y medianas industrias urbanas,
que vayan sincronizadas con políticas
activas en materia de intermediación
laboral y capacitación para el empleo,
tanto en el orden nacional como
territorial.
3. …pero
no son suficientes para alcanzar la
equidad
Sin
embargo, no será posible derrotar a la
pobreza si no encaramos seriamente el
problema de la extrema concentración del
ingreso que aqueja a los países andinos,
como al resto de la región
latinoamericana.
Como hemos
señalado, nuestro continente exhibe los
peores índices de distribución del
ingreso en el mundo y en el que impera
el mayor grado de injusticia social, si
entendemos a la justicia distributiva
como un componente central de la
justicia social.
La teoría
del “goteo” es manifiestamente errónea.
No basta con crecer económicamente a un
ritmo más elevado: es preciso crecer con
equidad social.
4. La
urgente convergencia entre libre
comercio y desarrollo
Es
evidente la necesidad que tienen
nuestros países de ampliar sus fronteras
comerciales y de buscar nuevos mercados
a través de tratados de libre comercio y
negociaciones comerciales
multilaterales.
De hecho,
los Estados Unidos se han convertido en
el principal comprador de productos
andinos manufacturados, especialmente
para los Países Miembros que participan
de manera conjunta en las negociaciones
de un Tratado de Libre Comercio, a
quienes compra alrededor del 30% de sus
exportaciones de manufacturas. Son
visibles, además, las oportunidades que
ofrece el mercado único europeo, así
como el de los pujantes países
asiáticos.
No
obstante, es necesario preguntarnos si
estos procesos de internacionalización
económica, siendo necesarios, son
condiciones suficientes para garantizar
el desarrollo de nuestros países, la
inserción internacional competitiva y la
cohesión interna en nuestras sociedades.
Cada vez
resulta más claro que, más allá de las
negociaciones propiamente dichas de los
tratados de libre comercio, que
seguramente serán exitosas en sus
aspectos técnicos, resulta urgente e
indispensable desarrollar las
capacidades competitivas que permitan a
nuestros países atraer capitales,
generar nueva producción, impulsar el
empleo e incorporar en ese proceso de
crecimiento e internacionalización
económica a los grandes sectores
sociales, como son la micro, pequeña y
mediana empresa, así como al sector
rural y campesino.
La
competitividad y la inclusión social son
los requisitos indispensables para que
nuestros países puedan lograr una
inserción internacional cualitativamente
superior a la actual, que contribuya a
cerrar la brecha social histórica que
subsiste en nuestros países.
II. El
Plan Integrado de Desarrollo Social (PIDS)
Es en este
contexto que debe apreciarse la
significación que puede llegar a
representar el Plan Integrado de
Desarrollo Social que los Países
Miembros, liderados por las autoridades
gubernamentales del sector social, han
formulado a lo largo de aproximadamente
un año y medio de trabajo y que está
próximo a ser aprobado.
Este Plan
comunitario responde a una Directriz del
Consejo Presidencial de julio de 2001,
reiterada en junio de 2003, que instruyó
a los Cancilleres y a los ministros
responsables de las políticas sociales,
que formulen un programa para enfrentar
la pobreza, la exclusión y la
desigualdad social, con programas,
proyectos y actividades concretas a
desarrollar comunitariamente, y con
metas compatibles con las establecidas
en la Cumbre del Milenio de las Naciones
Unidas.
El PIDS
debe entenderse, entonces, como una
estrategia social comunitaria, cuyo
objetivo es encauzar acciones de alcance
subregional que enriquezcan y
complementen las políticas nacionales de
superación de la pobreza y la
marginación social, orientadas al
cumplimiento de las metas del Milenio.
Un primer
criterio establecido desde un inicio
para el PIDS es que una estrategia para
superar la pobreza y la inequidad social
no puede reducirse a la ejecución de
acciones orientadas a paliar sus
consecuencias y manifestaciones, sino
que debe apuntar a los factores que
determinan las situaciones de pobreza,
desigualdad y exclusión social. Es por
ello que las autoridades sociales de los
países miembros han hecho un
extraordinario esfuerzo por identificar
propuestas de programas, proyectos y
acciones de alcance comunitario en los
ámbitos de la salud, la educación, la
generación de empleo productivo, el
desarrollo regional, la cohesión social
y la cultura de la integración.
1. Salud
El énfasis
sobre la salud y se justifica porque la
cobertura y la calidad de este servicio
social básico determina de manera
esencial las condiciones mínimas para
que las personas puedan participar en la
sociedad como ciudadanos en pleno
ejercicio de sus derechos y sus
facultades.
La
mortalidad y morbilidad infantil, la
desnutrición, la presencia de
enfermedades prevenibles y el
restringido acceso a los servicios de la
salud y a los medicamentos, son trabas
que impiden esa participación plena.
Entre los
principales proyectos que ha
identificado el PIDS en este frente se
encuentran la constitución de una red de
vigilancia y control epidemiológico que
ha contado con éxitos visibles en el
pasado reciente; el desarrollo de un
programa de atención en fronteras para
la población más desprotegida; y el
trabajo conjunto de los Países Miembros
en materia de acceso a medicamentos, con
el fin de obtener una reducción de los
costos de los productos genéricos y
esenciales y garantizar a la población
el acceso con equidad a los mismos.
2.
Educación y cultura
Similares
limitaciones en el ejercicio pleno de la
ciudadanía son causadas por el
analfabetismo, el limitado acceso de la
población a los niveles escolares menos
elementales, la poca pertinencia de los
conocimientos adquiridos o la deficiente
calidad de la educación impartida.
Por eso
una estrategia de reducción de la
pobreza, la exclusión y la desigualdad
social tiene necesariamente que
privilegiar el desarrollo de la
educación y la cultura como elementos
clave en la cohesión social y en el
acceso a las oportunidades de la nueva
economía del conocimiento.
En materia
de educación y cultura, en particular,
el PIDS contempla un programa de diálogo
intercultural entre los grupos sociales
que comparten el espacio comunitario; un
programa andino sobre calidad de la
educación; y un programa para la
difusión del uso de tecnologías de
información y comunicación (TIC) para el
desarrollo de las actividades educativas
y culturales.
3. Empleo
El empleo,
por otra parte, es el principal medio de
obtención de ingresos y constituye, por
tanto, un vínculo fundamental entre
crecimiento económico y reducción de la
pobreza. La estrategia impulsada por la
Comunidad Andina deberá, por tanto,
prestar especial atención a la
cooperación entre sus miembros para
examinar y evaluar conjuntamente
enfoques y propuestas de políticas y
programas que enriquezcan el acervo
disponible de opciones y alternativas
para fomentar empleos productivos y para
mejorar la calidad de los mismos.
El Consejo
Andino de Ministros de Trabajo de la CAN
se ha propuesto a medio plazo contar
incluso con sendas normativas
comunitarias sobre política de empleo y
sobre formación y capacitación laboral,
que provean un marco conceptual y
metodológico común para mejor orientar
la formulación de políticas públicas en
ambas materias; el desarrollo de
políticas comunes que permitan la
promoción del empleo a través de
estrategias de desarrollo económico
local y regional; así como la prevención
del trabajo infantil, la erradicación de
sus peores formas y la protección de los
trabajadores adolescentes.
4.
Desarrollo regional
La
estrategia comunitaria contemplada en
PIDS deberá asimismo contribuir a
reducir las disparidades de desarrollo
entre regiones al interior de la
Comunidad Andina. Según su tratado
constitutivo, la integración andina
tiene el cometido de impulsar el
desarrollo armónico del conjunto de los
países miembros, lo que significa
contribuir a la gradual estructuración
de un espacio subregional socialmente
cohesionado, sin grandes disparidades en
los niveles de vida y las perspectivas
de progreso social entre países o entre
regiones nacionales.
Por ello
el PIDS también contempla propuestas de
políticas y acciones para promover el
desarrollo integral en zonas de frontera
- generalmente caracterizadas por el
abandono del poder central y la pobreza
que afecta a sus habitantes - el
desarrollo integral de las zonas rurales
con criterios de competitividad e
inclusión: el desarrollo de estrategias
para la promoción de las PYMES en las
ciudades región – andinas; el
aprovechamiento sostenible de la
riquísima biodiversidad andina y la
protección del conocimiento tradicional
de nuestros pueblos; así como el
desarrollo sustentable de los inmensos
recursos hídricos de que dispone la
subregión.
5.
Cohesión social
Un
objetivo fundamental de la integración
en el ámbito social debe ser la
estructuración de un espacio subregional
socialmente cohesionado. Aunque la meta
es de muy largo plazo, el camino hacia
ella podrá contribuir no sólo al mejor
conocimiento mutuo de nuestras
realidades sociales sino, además, a
obtener que la integración se considere
de manera sistemática dentro de las
estrategias y planes nacionales de
desarrollo.
La
propuesta formulada por las autoridades
sociales de los países miembros,
incorporada al anteproyecto del PIDS,
consiste en acercar gradual y
progresivamente los objetivos y las
metas sociales de los cinco países, con
base en los compromisos del Milenio. No
se trata de formular una única política
social, lo cual seguramente no es
posible ni conveniente, sino de aportar
a las políticas nacionales con el valor
agregado que pueda darles la
integración.
La
convergencia en estos objetivos supone,
además, el avance de manera efectiva en
la puesta en vigencia de los derechos
humanos consagrados en la Carta Andina
para la Promoción y Protección de los
Derechos Humanos, aprobada por los cinco
mandatarios en 2002; así como la
inclusión de la integración de manera
sistemática dentro de las estrategias y
planes nacionales de desarrollo.
El
programa comunitario de armonización de
estadísticas e indicadores sociales,
señalado como necesario por los cinco
países e incorporado como propuesta de
trabajo concreta en el Anteproyecto del
PIDS, será una herramienta fundamental
para coadyuvar a la consecución de ese
propósito de largo plazo de converger
socialmente de manera gradual y
progresiva.
6.
Cooperación horizontal
Por
último, el PIDS contempla la ejecución
de actividades de cooperación entre los
países andinos en políticas sociales. La
difusión de buenas prácticas, la
socialización de experiencias ganadas y
lecciones aprendidas y el intercambio de
información sobre métodos y sistemas, la
prestación de asesorías especializadas
para el desarrollo de programas y
proyectos, pasantías para el
perfeccionamiento in situ de gerentes de
proyectos sociales, elaboración de
evaluaciones y análisis comparativos,
desarrollo de programas académicos de
alcance subregional, etcétera, son
ejemplos de acciones que pueden
emprenderse en el contexto subregional.
En
resumen, el PIDS contiene 19 propuestas
de programas, proyectos y actividades, a
ser ejecutados por diversos organismos
del Estado de los Países Miembros bajo
la coordinación del Consejo Andino de
Ministros de Desarrollo Social,
recientemente creado, y con el apoyo de
instancias comunitarias como la propia
Secretaría General, y con el apoyo del
Organismo Andino de Salud - Convenio
Hipólito Unanue, el Convenio Andrés
Bello y el Instituto Interamericano de
Cooperación Agropecuaria para los temas
de desarrollo social rural.
Adicionalmente, se espera concretar las
alianzas estratégicas, que ya han sido
identificadas, con la OPS, la OIT,
UNESCO, PNUD y entidades financieras
multilaterales.
III. Los
temas sociolaborales en la agenda andina
La
efectiva constitución y el pleno
funcionamiento del mercado integrado se
ha fortalecido con la libre circulación
actual de los ciudadanos andinos al
interior del espacio subregional. Ya hoy
día los ciudadanos bolivianos,
colombianos, ecuatorianos y peruanos
podemos viajar entre los cuatro países
con sólo el uso de nuestro documento de
identidad. Venezuela se sumará a este
régimen en el año 2005.
Igualmente
significativa es la vigencia jurídica de
tres importantes instrumentos
sociolaborales que, una vez
perfeccionada su puesta en ejecución,
facilitarán el libre tránsito de
trabajadores en el territorio de la
Comunidad Andina, garantizando su
seguridad social y las condiciones de
seguridad y salud en el trabajo. Se
trata de las Decisiones. 545 (sobre
migración laboral), 583 (sobre seguridad
social) y 584 (sobre salud y seguridad
en el trabajo).
Otro
asunto de carácter social de suma
importancia para la consolidación del
mercado común es la acreditación o
reconocimiento recíproco de títulos,
licencias y certificados profesionales.
Esperamos que muy pronto las autoridades
comunitarias puedan expedir una Decisión
para normar ese fundamental aspecto de
la integración.
IV. Hacia
una cultura de la integración
He dejado
para el final, porque quiero destacarlo
especialmente, un aspecto importantísimo
de la consolidación del proceso de
integración: el fortalecimiento de la
identidad común andina y el desarrollo
de una cultura de integración.
Al
respecto, debo mencionar la reciente
adopción de la Decisión 594 que tiene
por objeto introducir contenidos de
integración en los planes y programas de
estudio de escuelas y colegios andinos.
La Decisión incluye un programa de
trabajo concreto, cuya puesta en
ejecución será responsabilidad
principalmente del Consejo Andino de
Ministros de Educación y responsables de
políticas culturales, también de
reciente creación, para lo cual contará
con la activa participación del Convenio
Andrés Bello y la Universidad Andina
Simón Bolívar, además de la Secretaría
General.
Otro
ámbito de trabajo para avanzar en el
desarrollo de esa identidad cultural
andina y la cultura de integración será
la próxima definición y puesta en
ejecución de una estrategia y de medidas
de política concretas, acordadas
comunitariamente, para fomentar el
desarrollo de las industrias culturales
en la Subregión. Nos interesa contribuir
a impulsar, desde las instancias
comunitarias, el cine andino, la
industria editorial, el teatro, la
creación y difusión de la música,
programas de radio y televisión, la
industria del espectáculo, etcétera, y
contribuir también a generar las
condiciones jurídicas necesarias para
facilitar la libre circulación de
productos culturales en la región
andina.
V.
Integración, desarrollo y cohesión
social
Ante una
realidad social como la que presenta la
subregión andina ¿qué papel le cabe
cumplir a la integración?
Nuestra
tarea pendiente, sin duda la de mayor
alcance para nuestros países, es la de
articular la agenda externa
(globalización y negociaciones de libre
comercio) con la agenda interna
(superación de la pobreza, la
desigualdad y la exclusión). Pero al
mismo tiempo, estamos en la obligación
de trabajar conjuntamente para generar
las capacidades propias para acometer de
manera simultánea estas dos agendas.
Integración para el desarrollo y la
globalización es el gran desafío que nos
hemos trazado para los próximos años.
En esta
dirección apunta la próxima Conferencia
Andina sobre el Empleo que, con el apoyo
de la OIT, realizaremos en noviembre del
presente año. El propósito es generar un
debate, tanto político como técnico, que
nos permita identificar y afinar
criterios comunes de política económica
con énfasis en la generación de empleo
productivo. También se buscará instaurar
mecanismos para dinamizar un intercambio
permanente de información y de
experiencias, así como generar y
mantener indicadores armonizados sobre
los mercados laborales para facilitar el
diseño de políticas adecuadas.
Así mismo,
en su reciente reunión de Quito, los
Presidentes andinos acordaron debatir
estos temas del desarrollo económico y
social, en una próxima Cumbre
extraordinaria a celebrarse el 7 de
diciembre próximo en el Cuzco. El
objetivo que animó al Consejo
Presidencial Andino a tomar esta
decisión fue el de trabajar
comunitariamente para impulsar una
estrategia de desarrollo de largo plazo
con énfasis territorial, basada en el
impulso de “núcleos de desarrollo” que
promuevan la capacidad de las
comunidades locales y regionales de
construir su propio bienestar, a fin de
asegurar la gobernabilidad democrática y
avanzar hacia la cohesión social. De
igual manera, se apunta hacia una
reflexión sobre el “Estado sostenible”
capaz de de sustentar políticas de
desarrollo social en un contexto de
crecimiento económico y fortalecimiento
de la democracia y la cohesión social.
El
Programa Integrado de Desarrollo Social,
la Conferencia Andina sobre el Empleo y
la Cumbre Andina del Desarrollo marcarán
hito fundamental en nuestro proceso de
integración para impulsar una nueva
estrategia de crecimiento con equidad
social y un nuevo pacto social andino
para la competitividad y la inclusión.
Globalización con integración,
desarrollo con competitividad e
inclusión social y cohesión social con
fortalecimiento de la gobernabilidad
democrática son ahora los grandes
objetivos comunitarios. Ese es el
desafío que la Comunidad Andina tiene
por delante.
Muchas
gracias.
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