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Palabras del Embajador Allan Wagner
Tizón, Secretario General de la
Comunidad Andina, con ocasión de la
Clausura de las Jornadas Andinas de
Literatura Latinoamericana (JALLA) 2004
Lima,
13 de agosto de 2004
Señor
Doctor Carlos García-Bedoya Secretario
General de la Sede de las Jornadas
Andinas de Literatura Latinoamericana (JALLA),
Señor
Doctor Marco Martos, Decano de la
Facultad de Letras de la Universidad
Nacional Mayor de San Marcos,
Señores
Directores Generales de la Comunidad
Andina,
Distinguida concurrencia:
Quiero, en
primer lugar, darles la más cordial
bienvenida a esta sede de la integración
andina que es la casa de todos ustedes.
Deseo también expresarles, en nombre de
todos quienes laboramos en esta
Secretaría General, nuestro afectuoso
saludo y nuestro agradecimiento por
habernos honrado con la decisión de
celebrar la clausura de este importante
evento literario y cultural -con mucha
simbología- en esta sede que, desde hace
treinta y cinco años, viene impulsando
la integración de los pueblos andinos y
latinoamericanos.
Se ha
dicho muchas veces que la literatura se
adelanta a los acontecimientos de un
pueblo, que expresa -si se quiere- esas
sensaciones, deseos y fantasías que las
personas que habitan en un país y en una
región tienen de sus vidas y, también,
de su futuro. Es evidente, por ejemplo,
de que el llamado “boom” literario de
los años sesenta fue expresión
premonitoria, no sólo de los
acontecimientos sociales y políticos que
ocurrieron después en nuestro
continente, sino también de esa búsqueda
incesante por encontrar nuestra
especificidad y nuestra propia
identidad. Gracias a la literatura de
esos años, América Latina fue,
finalmente -como Macondo- el centro del
universo luego de haber sido la
periferia del mundo. El “boom”
literario, y más tarde la Teología de la
Liberación y la Teoría de la
Dependencia, han sido, que duda cabe,
los aportes más significativos que
América Latina ha dado a la cultura
universal en estos últimos años.
Por ello,
la literatura y la cultura en general
son herramientas fundamentales en los
procesos de integración. Son el
sustrato, la base, y -yo diría- el alma,
que le permite a los pueblos unirse tras
una visión común, es decir, son el
espíritu de la integración.
Estimados
amigos:
En estos
momentos, como consecuencia de las
negociaciones para un Tratado de Libre
Comercio entre tres países andinos y los
Estados Unidos, se está debatiendo el
lugar que hoy ocupan las poderosas
industrias culturales en el libre
comercio y en la economía mundial. Soy
un convencido de que los pueblos, así
como tienen el derecho a la libre
circulación de ideas y a lo que podemos
llamar “productos culturales”, tienen
también el mismo derecho a su propia
identidad.
Ser
distinto o diverso a los otros es
también un derecho de los pueblos, lo
que supone defender nuestro acervo y
nuestras tradiciones nacionales y
culturales de una manera democrática y
abierta a la cultura universal. De ahí,
la importancia de eventos como el que ha
tenido lugar aquí en Lima y que ha
permitido congregar a los mejores
estudiosos sobre literatura
latinoamericana de la región andina,
América Latina y otros países.
No puedo
terminar estas breves palabras sin antes
expresar un especial reconocimiento a la
Universidad Nacional Mayor de San Marcos
que, gracias al esfuerzo de profesores,
alumnos y autoridades, reafirma ser lo
que siempre fue: una universidad basada
en la excelencia académica.
Permítanme, finalmente, una licencia:
quiero invocarlos a continuar y
profundizar esta tarea. No cejen en este
esfuerzo. Es sumamente reconfortante y
alentador para quienes tenemos por
función impulsar la integración, saber
de reuniones como la que ustedes han
tenido toda esta semana, porque sin
trabajos como el vuestro, ningún tratado
ni acuerdo de libre comercio logrará
integrar verdaderamente a nuestras
naciones. Un pueblo o una región que no
reconozca su literatura como propia, que
no encuentre en sus poetas, novelistas y
escritores ese feliz y –muchas veces
oculto- sentimiento de pertenencia a una
cultura, un pasado, una historia o a una
comunidad, está condenado a verla
extinguirse inexorablemente y a que sus
ilusiones y sus sentimientos sean
expresados por otros.
Quiero,
por todo ello, reiterarles nuestro
saludo, nuestra felicitación y nuestro
agradecimiento. Sigamos construyendo
juntos la integración de los pueblos
andinos y latinoamericanos porque es el
único camino para que nuestros
ciudadanos, “los hombres de a pie”,
tengan un mañana mejor.
Muchas
Gracias.
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