Palabras del Embajador, Allan Wagner, Secretario General de la Comunidad Andina, con ocasión de la inauguración del Taller Regional "Integración Energética Hemisférica: Contribución Potencial de los países de la Comunidad Andina"

Lima, 13 de diciembre de 2005

Señores Ministros
Señores participantes
Señoras y señores

Quiero darle la más cordial bienvenida a esta sede de la integración andina a este evento que reviste para nosotros la mayor importancia. Y digo ello, en primer lugar, porque se hace en cumplimiento de un mandato de los Presidentes andinos en la Cumbre de Santa Cruz de la Sierra, en enero de 2002, cuando avizorando el panorama del sector hidrocarburos en la región y en el mundo, nuestros presidentes tuvieron el buen criterio de solicitarle al Banco Interamericano de Desarrollo y a la Corporación Andina de Fomento que se iniciara, a través de un proyecto de cooperación técnica, un estudio sobre el potencial de producción de hidrocarburos en la región andina y, al mismo tiempo, sobre sus posibilidades de abastecer el mercado sudamericano y hemisférico, naturalmente, con una visión de desarrollo para nuestros países.

Este seminario taller, de alguna manera, corona este esfuerzo de cooperación técnica. Gracias a la presencia de Luis Enrique Berrizbeitia, vicepresidente ejecutivo de la CAF; Meter Kalil, Jefe de la División de Integración, Comercio y Asuntos Hemisféricos del BID, y de todos ustedes estamos aquí hoy día reunidos para recibir los resultados del trabajo realizado. Quiero destacar la contribución de Ramón Espinaza, consultor coordinador quien ha venido trabajando este tema con gran profesionalismo y conocimiento de causa. Estoy seguro de que escucharemos aportes muy importantes.

El resultado de los trabajos realizados hasta la fecha nos permite llegar ya a algunas conclusiones. La primera de ellas, es la más obvia, que los países tienen un potencial muy importante para continuar desarrollando los recursos en materia de hidrocarburos y, al mismo tiempo, que existe una demanda creciente por estos recursos en el mundo. De allí que la seguridad energética se constituye en un tema de importancia económica pero también de política internacional.

Es en esa perspectiva que debemos ubicar el tema de la energía, habida cuenta de que los países andinos conformamos un polo energético de la mayor importancia. De allí, pues, que la energía se constituya no solamente en un medio de explotación de un recurso natural y de comercio, sino al mismo tiempo un factor importante para el desarrollo de nuestros países y también para su posicionamiento estratégico a nivel internacional.

Resulta también de los estudios realizados que, a través de la historia del tratamiento de los hidrocarburos en nuestros países, se han presentado diversas dificultades. Una de ellas tiene que ver con dificultades de carácter institucional, es decir la capacidad en términos de políticas de Estado, en términos de legislación, incluso de empresas capaces de poder abordar la problemática que significa la contratación internacional de las inversiones en este sector. De hecho también es fácil colegir que se requieren ingentes inversiones para llevar adelante la explotación de esos recursos; inversiones que normalmente están fuera del alcance de nuestra capacidad de ahorro e inversión nacional.

De allí que, por un lado, la capacidad que tengamos de asociarnos para emprender de mejor manera la explotación de estos recursos es un factor de enorme importancia y es algo en lo que hemos avanzado muy poco. Hasta el momento, los enfoques han sido fundamentalmente en el ámbito nacional –es decir, yo tengo unos recursos y veo como los desarrollo-. Pero no hemos tenido una visión más amplia hacia la región, ver cómo nos asociamos para poder desarrollar esto y poder posesionarnos mejor en el mercado. Alli tenemos una asignatura pendiente que creo es muy importante abordar. Es decir, por un lado, la necesidad de fortalecer aspectos institucionales para el desarrollo de los hidrocarburos y, por otro lado, buscar formas de asociación para poder responder mejor a las necesidades de inversiones que se requieren para ello. Y son inversiones pero también capacidades de negociación frente a inversionistas extranjeros que están, naturalmente, deseosos de participar en esos emprendimientos.

Hablando de inversionistas extranjeros, un tema que ha hecho crisis en nuestros países ha sido el tema del régimen de contratación, la distribución de beneficios entre el contratante y el contratista, y esto ha llevado en el pasado a diversos tipos de experiencias, incluso a opciones de estatización de la explotación de los recursos. De cualquier manera, eso lo hemos visto recientemente en el debate regional. En la medida en que la explotación de los hidrocarburos no se concibe como un proyecto de desarrollo sino como una tarea destinada a extraer recursos del subsuelo y enviarlos a mercados externos, es evidente que la discusión se centra en cuál es el beneficio que queda para el país de esa explotación. Si todo se resume en sacar del subsuelo el recurso y enviarlo a un mercado determinado -normalmente de países desarrollados- entonces la pregunta efectivamente es en qué se beneficia el país, cómo se beneficia y por ello, en ese esquema, la discusión tiende a concentrarse en el tema de las regalías. En cambio, si vemos esto como un proyecto de desarrollo, donde el recurso sirve para agregarle valor, para utilizarlo como una palanca de desarrollo de nuestros países, una palanca además para la equidad social, donde el abastecimiento de los mercados de combustible doméstico debe ser una prioridad, y luego vemos cómo podemos maximizar nuestros beneficios de estos recursos a través de compartirlos con nuestros vecinos, entonces el tema tiene otra dimensión, se enriquece en términos de enfoque y de contenidos y, por consiguiente, deja de ser un tema comercial para convertirse en un tema de desarrollo.

Creo que aquí está la clave de cómo podemos enfocar el tema, como podemos ganar en términos se seguridad energética, cómo podemos utilizar esta riqueza tan importante que tenemos como una palanca eficaz para el desarrollo, pero de un desarrollo -además- con una perspectiva social, y cómo, al mismo tiempo, podemos utilizar este recurso para un mejor posicionamiento estratégico de nuestros países, naturalmente en el ámbito sudamericano, hemisférico y mundial.

De alguna manera, el régimen de la tenencia y explotación de los recursos naturales vuelve a estar en la agenda de los países. Si vemos la agenda de los países andinos, es básicamente la agenda de los años cincuenta. Quiere decir que no hemos sido eficaces en resolver los problemas de los años cincuenta. No hemos logrado resolver el problema de la representación, el problema de la participación. No hemos logrado un régimen de tenencia y explotación de recursos naturales que sea eficaz en términos de nuestro desarrollo e inclusión social. Finalmente, hemos seguido concentrando la riqueza en las pocas urbes, normalmente en las ciudades capitales, en desmedro de las provincias. De allí surge el reclamo por la descentralización y regionalización de nuestros países, incluso en algunos casos, de autonomías.

Es paradójico pero es la verdad: enfrentamos nuevamente la agenda de los cincuenta. Hoy día lo que predomina en nuestros países es sobre todo la exclusión. Ya no son minorías excluidas sino mayorías excluidas del sistema político, de los beneficios del crecimiento económico y también de la cultura. Todo esto lo podemos revertir en la medida que sepamos hacer el mejor uso de los recursos que la naturaleza nos ha brindado y no los despilfarremos como en otras oportunidades.

El desafío que tenemos por delante es importante. Creo que, en el camino que eligieron los Presidentes en Santa Cruz de la Sierra en el año 2002, nos encontraremos con algunas de las soluciones, pero también en esta Alianza Energética Andina, que los presidentes resolvieron acometer en la Cumbre de julio de este año, y posiblemente en la creación de Petroandina como un espacio de cooperación de nuestros países para ganar fortalezas y avanzar en esta agenda energética regional. Se está convirtiendo ya en un lugar común el hecho de que la energía debiera ser para nuestra integración y desarrollo sudamericano lo que el carbón y acero fue para el desarrollo de la Unión Europea.

Creo que está en nuestras manos determinar los objetivos y diseñar los mecanismos apropiados para poder alcanzarlos. Y que mejor que tenerlos a todos ustedes, personas muy calificadas del mundo de los hidrocarburos pero también de las finanzas para poder encontrar vías de solución a estos problemas. Estoy seguro de que al final de este seminario taller vamos a tener elementos muy valiosos para poder continuar avanzando.

Muchas Gracias