Palabras del Secretario General de la Comunidad Andina, Embajador Allan Wagner Tizón, con ocasión de la visita oficial del Director General de la Organización Mundial de Comercio, Dr. Pascal Lamy

Lima, 1 de febrero de 2006

Visita usted esta casa de la integración andina en un momento de profundas transformaciones políticas y económicas en la región que son portadoras de esperanzas para nuestra población y, al mismo tiempo, revalorizan el papel de nuestro proyecto comunitario.

En medio de complejas transiciones nacionales y en un contexto de debates plurales sobre la mejor forma de impulsar el desarrollo, la equidad social y la inserción internacional de nuestros países, que con frecuencia resultan de difícil comprensión fuera de nuestra región, la integración andina busca enriquecer sus enfoques y acciones para responder mejor a esas necesidades y desafíos de nuestros Países Miembros.

El hecho de que en el año 2005 se haya obtenido un nuevo registro histórico en el intercambio comunitario – cercano a los 9.000 millones de dólares, según nuestras estimaciones más recientes – nos revela la importancia creciente que el mercado ampliado tiene para todos nuestros países, como consecuencia del notable componente de valor agregado que posee este intercambio y su visible impacto sobre el empleo y la expansión de las pequeñas y medianas empresas de la subregión. El importante repunte de las exportaciones comunitarias al resto del mundo, que también alcanzó una cifra record, superior a los 90 mil millones de dólares, confirma que la integración andina se comporta como una estrategia complementaria, no como una opción excluyente, a la vinculación de nuestros países con otros socios regionales y con los mercados mundiales.

Sin embargo, es necesario reconocer que aún es posible ampliar la “masa crítica” de nuestro intercambio andino, incorporando un campo aún insuficientemente explorado en materia de servicios y nuevos productos manufacturados, así como superando las barreras y las deficiencias estructurales que enfrenta nuestro patrón de especialización hacia el mercado mundial, centrado principalmente en productos básicos. Estas tendencias hacen necesario concretar una relación virtuosa, que nos ha sido elusiva, entre el comercio y el desarrollo, en lo cual no sólo está en juego el papel del multilateralismo, sino además la legitimidad misma del actual proceso de mundialización.

La VI Conferencia Ministerial de la OMC, realizada en Hong Kong, logró mantener el ritmo de las negociaciones mundiales y preservar el optimismo en el objetivo de alcanzar los beneficios de esa “relación virtuosa” para los países en desarrollo. De hecho, el acuerdo previo alcanzado en propiedad intelectual, al otorgar flexibilidad en el uso de patentes de medicamentos en determinadas situaciones, es una muestra de lo que se puede hacer para mejorar las condiciones de acceso de la población a la salud. Así mismo, un logro significativo de la Conferencia Ministerial de Hong Kong fue establecer el año 2013 como fecha limite para cumplir con el compromiso de eliminar los subsidios a la exportación de bienes agrícolas, con la condición de que se definan las “modalidades plenas” en materia de acceso a mercados. No menos importante es el compromiso de eliminar los subsidios a la exportación del algodón en el 2006.

Estos son pasos iniciales hacia el gran objetivo de la “agenda para el desarrollo” definida con motivo del lanzamiento de la Ronda Doha. Pero todos coincidimos en que el camino a seguir es aun complejo y requiere de una gran dosis de voluntad política multilateral para la conclusión de las negociaciones, especialmente por parte de los países industrializados.

Como todos sabemos, los objetivos iniciales de la Conferencia Ministerial eran más ambiciosos, pero algunas de las decisiones sustantivas fueron aplazadas, en unos casos por su complejidad política y en otros por las dificultades técnicas para su aprobación. Sin embargo, se mantuvo el compromiso de avanzar en el inmediato futuro definiéndose un plan de trabajo para el 2006.

Quiero destacar, en este contexto, el esfuerzo que usted, señor Lamy, ha realizado al frente de la OMC -en el breve periodo que lleva en este exigente cargo- para preservar el compromiso de los principales actores con el proceso de negociaciones y, sobre todo, su aporte para fomentar confianza en la pronta conclusión de la Ronda de Doha.

Los países de la Comunidad Andina han sido actores importantes en la elaboración de los textos preliminares que se llevaron a la Conferencia Ministerial de Hong Kong y expresaron su voz durante el desarrollo de la misma, mediante declaraciones, que forman parte del acervo político, en apoyo de un mayor progreso y profundidad de los compromisos. La presencia en esa reunión de voceros de nuestros países, tan autorizados como los que hoy nos acompañan, en esta reunión extraordinaria de la Comisión, me exime de abundar en los planteamientos que ellos ya pusieron a consideración de esa importante Conferencia Ministerial.

No obstante, nos esperan ingentes responsabilidades y tareas en los próximos años para garantizar que 320 millones de personas salgan de la pobreza en el horizonte del año 2015, de acuerdo con los mismos estimativos de la OMC, si es que le apostamos con voluntad y con eficacia a esta asociación virtuosa entre el comercio y el desarrollo.

Ello supone, en consecuencia, un programa de trabajo de más largo aliento, orientado a desmantelar, por supuesto, la protección y los subsidios agrícolas por parte de los países de altos ingresos, a reducir los obstáculos al comercio que todavía existen en el sector de las manufacturas (especialmente textiles y confecciones) y a liberalizar los servicios pero preservando espacios para políticas públicas. Pero, también, orientado a obtener la completa liberalización del comercio de productos tropicales y productos de particular importancia para la sustitución de cultivos ilícitos en la lucha mundial contra las drogas; a garantizar la equitativa distribución de los beneficios del aprovechamiento sostenible de la diversidad biológica y la retribución al conocimiento tradicional de nuestros pueblos indígenas en el uso de la biodiversidad; a ofrecer apoyo a la competitividad de los países en desarrollo en temas tan diversos como puertos, transporte interno, telecomunicaciones, capacitación de trabajadores, etc.; y convertir las exportaciones de las PYMES en el motor de un desarrollo con inclusión social para nuestros países.

El año 2006 será definitivo para el curso final de la Ronda Doha y, por tal razón, la OMC deberá consolidarse como el espacio multilateral por excelencia, que nos permita la adopción de un marco adecuado de mediano plazo para avanzar en la agenda pendiente del desarrollo, en esa perspectiva de que el comercio se de la mano con la equidad social y la gobernabilidad democrática.

Somos concientes que estas decisiones exigirán un capital político importante, que los países de la Comunidad Andina estamos dispuestos a invertir. Cuente, señor Lamy, con nuestro acompañamiento sincero en este audaz emprendimiento que usted ya ha iniciado.

Gracias.