Intervención del Dr. Jorge Vega Castro, Director General de la Secretaría General de la CAN, en la Inauguración del Coloquio “Organización Mundial del Comercio: Solución de Controversias”

Lima, 26 de agosto de 2002

Es para mí muy grato, a nombre de la Secretaría General de la Comunidad Andina, dar a todos la bienvenida a esta sede, casa de la integración, con motivo de la inauguración del coloquio acerca del mecanismo de solución de controversias de la Organización Mundial del Comercio, organizado por el Centro de Estudios Europeos de la Pontificia Universidad Católica del Perú y apoyado por nuestra institución comunitaria.

En el programa original, estaba previsto que el Embajador Sebastián Alegrett, Secretario General de la Comunidad, inauguraría la reunión. Ante su inesperado fallecimiento, los directivos del Centro de Estudios Europeos han propuesto que este evento se dedique en su memoria.

Conociéndole desde hace unos cuantos años, y habiendo tenido la ocasión de trabajar con él, sé que Alegrett era adverso a este tipo de homenajes. Pero estoy al mismo tiempo convencido que hay pocas maneras de rendirle un mejor reconocimiento que tratar de ser consecuentes con su legado.

La discusión que ocupará durante este próximo par de días a los distinguidos conferencistas y participantes que nos acompañan gira en torno a un tema que era particularmente importante para Sebastián Alegrett: los retos que la globalización plantea para los países en desarrollo.

Con demasiada frecuencia, el tema de la globalización es tratado con posturas preconcebidas y rígidas, sin que haya espacio para la reflexión constructiva. Por un lado, se ubican quienes presentan la globalización como la solución a nuestros problemas y son partidarios de que las naciones en desarrollo adhieran sin más a este proceso. Por otro lado, hay quienes rechazan a priori las posibilidades de la interdependencia y pretenden detener con una mano el caudal de un río, ensayando fórmulas aislacionistas que han demostrado históricamente su inutilidad o, peor aún, sus enormes costos para los países más pobres.

Menos frecuente resulta la oportunidad de desarrollar un debate constructivo que nos ayude a identificar los riesgos, pero también las posibilidades, de una sociedad mundial cada vez más interconectada e interdependiente.

Desde la Secretaría General de la Comunidad Andina hemos estado convencidos desde el inicio que una de las formas - tal vez la única- en que los países de la región podremos participar provechosamente en la economía global es a través de la integración.

La sola integración no garantiza el desarrollo de nuestras naciones. El ser capaces de conformar un bloque que participe de manera digna y coherente en los espacios internacionales tampoco asegura que nuestras posiciones sean mejor escuchadas, ni que tengan mayores posibilidades de éxito. Pero podemos estar seguros que lo contrario, es decir la actuación fragmentada y unilateral de cada uno de nuestros países, nos llevará inevitablemente a ser arrollados por el proceso globalizador y a terminar adheridos a cuanta iniciativa se nos coloque por delante.

El tema que centrará la atención de este coloquio, el mecanismo de solución de controversias de la Organización Mundial del Comercio, es particularmente ilustrativo a este respecto.

No cabe duda que el fortalecimiento de la institucionalidad multilateral de la Organización Mundial del Comercio es un aspecto de profundo interés para los países en desarrollo. Aún asumiendo, como en efecto sucede, que gran parte de las reglas de esa organización continúan estando sesgadas en favor de los intereses de las economías más poderosas, para las naciones pobres la existencia de una institucionalidad sólida es mejor que la alternativa de la ley del más fuerte.

Ahora se abre una nueva posibilidad para las naciones en desarrollo. La ronda de negociaciones comerciales multilaterales recientemente lanzada en Doha ha sido llamada por algunos la “Ronda del Desarrollo”.

Uno de los temas más importantes que se negociará en esa ronda corresponde a lo que se ha dado en llamar el sistema de “normas” de la OMC. Entre otros aspectos, el mecanismo de solución de controversias, las reglas sobre acuerdos regionales de integración y la aplicación de medidas antidumping.

En todos y cada uno de estos temas, los países andinos tenemos mucho en juego.

La negociación acerca de las medidas antidumping nos presenta un caso complejo. Exportadores andinos han sido repetidamente afectados por estos mecanismos, tan pronto han alcanzado algún nivel de competitividad en terceros mercados. Sin embargo, al mismo tiempo, nuestros países y nuestros productores también se han vuelto cada vez más sofisticados en el uso de estas medidas para defender sus mercados nacionales e incluso el mercado comunitario.

Las reglas que se negocien sobre acuerdos regionales también nos pueden afectar de manera directa. En la actualidad, los países andinos conforman el acuerdo regional más ambicioso existente, fuera de la Comunidad Europea, y en el que ha alcanzado mayores logros. La redefinición de las reglas sobre acuerdos regionales en la OMC puede poner en riesgo la consolidación del proceso andino de integración, que si bien va mucho más allá de lo comercial, ha centrado en esta dimensión algunos de sus más importantes logros hasta la fecha.

Por su lado, la existencia de un mecanismo fuerte y previsible para la solución de controversias asegura el cumplimiento pleno y efectivo, y por lo tanto más equitativo, de las reglas multilateralmente pactadas. Los países poderosos siempre tienen otros instrumentos a su alcance para hacer presión sobre los más débiles cuando desean provocar un cambio de conducta. Pero en el caso de nuestras naciones, el mecanismo más efectivo es el imperio de la norma y su aplicación cierta, previsible y equitativa, en los casos de transgresión por parte de cualquier país.

Así, hay mucho en juego para las naciones andinas en estas negociaciones multilaterales.

Considero pertinente llamar la atención a este respecto del ejemplo que para nosotros representa la Unión Europea y la capacidad que han desarrollado los países de esta región para actuar de manera conjunta en las negociaciones multilaterales, aún cuando esa actuación conjunta pueda representar en algunos casos el aparente sacrificio de posiciones individuales de países.

De manera que la discusión que en esta ocasión ha propuesto el Centro de Estudios Europeos de la Universidad Católica es necesaria y oportuna. Las economías y los gobiernos de la región vivirán por años con las limitaciones y las oportunidades que puedan salir de estas negociaciones multilaterales.

Me es grato por lo tanto declarar inaugurado este coloquio y desear a todos que las discusiones que aquí se desarrollarán resulten provechosas.