Es para mí
muy grato, a nombre de la Secretaría
General de la Comunidad Andina, dar a
todos la bienvenida a esta sede, casa de
la integración, con motivo de la
inauguración del coloquio acerca del
mecanismo de solución de controversias
de la Organización Mundial del Comercio,
organizado por el Centro de Estudios
Europeos de la Pontificia Universidad
Católica del Perú y apoyado por nuestra
institución comunitaria.
En el
programa original, estaba previsto que
el Embajador Sebastián Alegrett,
Secretario General de la Comunidad,
inauguraría la reunión. Ante su
inesperado fallecimiento, los directivos
del Centro de Estudios Europeos han
propuesto que este evento se dedique en
su memoria.
Conociéndole desde hace unos cuantos
años, y habiendo tenido la ocasión de
trabajar con él, sé que Alegrett era
adverso a este tipo de homenajes. Pero
estoy al mismo tiempo convencido que hay
pocas maneras de rendirle un mejor
reconocimiento que tratar de ser
consecuentes con su legado.
La
discusión que ocupará durante este
próximo par de días a los distinguidos
conferencistas y participantes que nos
acompañan gira en torno a un tema que
era particularmente importante para
Sebastián Alegrett: los retos que la
globalización plantea para los países en
desarrollo.
Con
demasiada frecuencia, el tema de la
globalización es tratado con posturas
preconcebidas y rígidas, sin que haya
espacio para la reflexión constructiva.
Por un lado, se ubican quienes presentan
la globalización como la solución a
nuestros problemas y son partidarios de
que las naciones en desarrollo adhieran
sin más a este proceso. Por otro lado,
hay quienes rechazan a priori las
posibilidades de la interdependencia y
pretenden detener con una mano el caudal
de un río, ensayando fórmulas
aislacionistas que han demostrado
históricamente su inutilidad o, peor
aún, sus enormes costos para los países
más pobres.
Menos
frecuente resulta la oportunidad de
desarrollar un debate constructivo que
nos ayude a identificar los riesgos,
pero también las posibilidades, de una
sociedad mundial cada vez más
interconectada e interdependiente.
Desde la
Secretaría General de la Comunidad
Andina hemos estado convencidos desde el
inicio que una de las formas - tal vez
la única- en que los países de la región
podremos participar provechosamente en
la economía global es a través de la
integración.
La sola
integración no garantiza el desarrollo
de nuestras naciones. El ser capaces de
conformar un bloque que participe de
manera digna y coherente en los espacios
internacionales tampoco asegura que
nuestras posiciones sean mejor
escuchadas, ni que tengan mayores
posibilidades de éxito. Pero podemos
estar seguros que lo contrario, es decir
la actuación fragmentada y unilateral de
cada uno de nuestros países, nos llevará
inevitablemente a ser arrollados por el
proceso globalizador y a terminar
adheridos a cuanta iniciativa se nos
coloque por delante.
El tema
que centrará la atención de este
coloquio, el mecanismo de solución de
controversias de la Organización Mundial
del Comercio, es particularmente
ilustrativo a este respecto.
No cabe
duda que el fortalecimiento de la
institucionalidad multilateral de la
Organización Mundial del Comercio es un
aspecto de profundo interés para los
países en desarrollo. Aún asumiendo,
como en efecto sucede, que gran parte de
las reglas de esa organización continúan
estando sesgadas en favor de los
intereses de las economías más
poderosas, para las naciones pobres la
existencia de una institucionalidad
sólida es mejor que la alternativa de la
ley del más fuerte.
Ahora se
abre una nueva posibilidad para las
naciones en desarrollo. La ronda de
negociaciones comerciales multilaterales
recientemente lanzada en Doha ha sido
llamada por algunos la “Ronda del
Desarrollo”.
Uno de los
temas más importantes que se negociará
en esa ronda corresponde a lo que se ha
dado en llamar el sistema de “normas” de
la OMC. Entre otros aspectos, el
mecanismo de solución de controversias,
las reglas sobre acuerdos regionales de
integración y la aplicación de medidas
antidumping.
En todos y
cada uno de estos temas, los países
andinos tenemos mucho en juego.
La
negociación acerca de las medidas
antidumping nos presenta un caso
complejo. Exportadores andinos han sido
repetidamente afectados por estos
mecanismos, tan pronto han alcanzado
algún nivel de competitividad en
terceros mercados. Sin embargo, al mismo
tiempo, nuestros países y nuestros
productores también se han vuelto cada
vez más sofisticados en el uso de estas
medidas para defender sus mercados
nacionales e incluso el mercado
comunitario.
Las reglas
que se negocien sobre acuerdos
regionales también nos pueden afectar de
manera directa. En la actualidad, los
países andinos conforman el acuerdo
regional más ambicioso existente, fuera
de la Comunidad Europea, y en el que ha
alcanzado mayores logros. La
redefinición de las reglas sobre
acuerdos regionales en la OMC puede
poner en riesgo la consolidación del
proceso andino de integración, que si
bien va mucho más allá de lo comercial,
ha centrado en esta dimensión algunos de
sus más importantes logros hasta la
fecha.
Por su
lado, la existencia de un mecanismo
fuerte y previsible para la solución de
controversias asegura el cumplimiento
pleno y efectivo, y por lo tanto más
equitativo, de las reglas
multilateralmente pactadas. Los países
poderosos siempre tienen otros
instrumentos a su alcance para hacer
presión sobre los más débiles cuando
desean provocar un cambio de conducta.
Pero en el caso de nuestras naciones, el
mecanismo más efectivo es el imperio de
la norma y su aplicación cierta,
previsible y equitativa, en los casos de
transgresión por parte de cualquier
país.
Así, hay
mucho en juego para las naciones andinas
en estas negociaciones multilaterales.
Considero
pertinente llamar la atención a este
respecto del ejemplo que para nosotros
representa la Unión Europea y la
capacidad que han desarrollado los
países de esta región para actuar de
manera conjunta en las negociaciones
multilaterales, aún cuando esa actuación
conjunta pueda representar en algunos
casos el aparente sacrificio de
posiciones individuales de países.
De manera
que la discusión que en esta ocasión ha
propuesto el Centro de Estudios Europeos
de la Universidad Católica es necesaria
y oportuna. Las economías y los
gobiernos de la región vivirán por años
con las limitaciones y las oportunidades
que puedan salir de estas negociaciones
multilaterales.
Me es
grato por lo tanto declarar inaugurado
este coloquio y desear a todos que las
discusiones que aquí se desarrollarán
resulten provechosas.