Intervención en la ceremonia de inauguración del V Foro Empresarial Andino del doctor Jorge Vega Castro, Director General de la Secretaría General de la Comunidad Andina

Guayaquil, Ecuador, 14 de mayo de 2002

Para la Secretaría General de la Comunidad Andina es altamente significativo participar en esta ceremonia de inauguración del V Foro Empresarial Andino en la ciudad de Guayaquil, histórico sitio donde se reunieron, el 26 de julio de 1822 los libertadores Simón Bolívar y José de San Martín y, casi dos siglos después, el próximo 26 de julio, hospedará a los jefes de estado de Sudamérica, trazando una línea de continuidad en el propósito común de unidad continental.

El Embajador Sebastián Alegrett, Secretario General de la Comunidad Andina, les envía su más cordial saludo y les augura los mayores éxitos durante la quinta edición de este foro empresarial. Razones de fuerza mayor impiden su presencia en este importante acto.  

La Comunidad Andina celebra treinta y tres de vigencia. Durante este largo trecho hemos podido alcanzar logros importantes que nos han permitido consolidarnos como el segundo esquema de integración de mayor avance en el mundo. Hoy en día tenemos legislación comunitaria en áreas tan relevantes como propiedad intelectual, transporte, competencia, inversiones, doble tributación, infraestructura, servicios, entre otras.  

A diferencia de otros esquemas de integración regionales, la Comunidad Andina ha podido desarrollar una institucionalidad propia y un sistema de solución de controversias transparente y equilibrado. Todo ello proporciona a nuestros empresarios las garantías suficientes para que sus inversiones y actividades tengan continuidad en el tiempo.  

Hoy podemos afirmar, sin lugar a dudas, que la integración andina se ha constituido en una herramienta esencial para promover el crecimiento económico de los países miembros y su exitosa inserción en un escenario internacional altamente competitivo, a la vez que representa, cada vez más, un elemento fundamental para impulsar el desarrollo político, económico y social de nuestros pueblos.  

La paulatina diversificación de la oferta exportable de la Comunidad Andina, brinda a los aparatos productivos de la subregión la oportunidad de desarrollar y consolidar sus ventajas comparativas, propiciando, según corresponda, la especialización o la complementación de su producción para satisfacer la demanda del mercado ampliado o para penetrar y posicionar nuestros productos en los mercados internacionales.  

De hecho, hoy se comercializan intrasubregionalmente productos contemplados en más del doble de las subpartidas NANDINA de las que se veían representadas en el comercio andino durante las primeras décadas del proceso integracionista. Las cifras de los intercambios comerciales corroboran el extraordinario crecimiento del comercio intracomunitario, desde apenas 100 millones de dólares anuales durante los primeros años del proceso hasta casi 6 mil millones de dólares por año en la actualidad.  

Cabe señalar, además, que entre 1990 y 2001, los flujos comerciales intrasubregionales registraron un crecimiento del 14 por ciento anual, casi cuatro veces más que el incremento promedio observado en las exportaciones andinas al resto del mundo, correspondiente al 3,6 por ciento anual. Más del 90 por ciento de los intercambios comerciales intraandinos corresponde a bienes manufacturados, con mayor valor agregado que nuestras exportaciones tradicionales de productos primarios. 

Por ejemplo, y para referirme al país anfritrión, de conformidad con cifras de la Secretaría General, las exportaciones intracomunitarias de Ecuador en el año 2000 crecieron 49 por ciento en tanto que sus exportaciones al mundo ascendieron sólo 15 por ciento. Para el año 2001 la relación fue de crecimiento en 17 por ciento frente a una caída de 8 por ciento de sus ventas al resto del mundo.  

Por otro lado, en el período de mayor expansión de nuestro comercio - los años 92 al 97 - el efecto de la integración andina sobre el empleo remunerado asociado con las exportaciones intracomunitarias es significativo, creándose aproximadamente 323 mil nuevos puestos de trabajo. En el caso del Ecuador los cálculos arrojan para el mismo período la creación de 86 mil nuevos empleos.  

Ello nos permite aseverar, con toda certeza, que el crecimiento del comercio entre los socios andinos y de éstos con terceros, es tanto cuantitativo como cualitativo, observando un comportamiento prácticamente anticíclico al registrar incrementos significativos en los intercambios intraandinos cuando los mercados internacionales se encontraban sumidos en una profunda crisis. En este sentido, debemos señalar, que la consolidación de nuestro espacio económico ampliado contribuye a reducir los niveles de dependencia frente a los mercados externos.  

En este contexto, la integración andina ofrece retos y oportunidades significativas para nuestros sectores productivos. En primera instancia, brinda a los empresarios la posibilidad de usufructuar las ventajas que ofrece el mercado ampliado, a través del eficaz aprovechamiento de las economías de escala.  

En segundo lugar, aparece como el mercado idóneo para poner a prueba la capacidad competitiva, la eficiencia productiva y de servicio del empresariado andino, posibilitando, a través de la optimización de la curva de aprendizaje, el desarrollo de sus potencialidades para proyectar y posicionar exitosamente sus productos en los mercados internacionales.  

Representa, en tercer lugar, el escenario natural para establecer y desarrollar alianzas estratégicas destinadas a impulsar un mayor aprovechamiento de las ventajas comparativas de la subregión.  

La optimización de las oportunidades que ofrece la integración andina se logrará en la medida en que los sectores productivos, particularmente el empresariado, se comprometa con los objetivos compartidos del desarrollo equilibrado y armónico de nuestras sociedades, en condiciones de equidad, consagrados en el Acuerdo de Cartagena.  

Ello implica la activa participación del sector empresarial en el perfeccionamiento y consolidación del proceso andino hacia estadios superiores de integración, la construcción del mercado común, a más tardar en el año 2005, mediante la utilización oportuna y permanente de los espacios tanto políticos como de promoción comercial creados para tales efectos, es decir, el Consejo Consultivo Empresarial y los Foros Empresariales Andinos.  

Pero nuestros avances no solo se han producido en materia comercial. Actualmente  disponemos de una Política Exterior Común; estamos  desarrollando una agenda social como una nueva dimensión de la solidaridad andina; ejecutamos una política comunitaria de desarrollo e integración fronteriza y deseamos definir conjuntamente políticas de desarrollo sostenible.   

Parte necesaria de nuestra agenda es el trabajo que se viene cumpliendo en materia de armonización macroeconómica. En efecto, una tarea de todos es crear las condiciones para lograr un escenario andino, macroeconómicamente estable, que no introduzca bruscas alteraciones en los precios relativos destruyendo años de esfuerzos en la creación de corrientes comerciales y que ofrezca horizontes claros para que los inversionistas nacionales y extranjeros apuesten por el futuro de nuestros países.  

Ahora la Comunidad Andina enfrenta retos vitales para su subsistencia y su futuro. Nuestros jefes de estado decidieron establecer el Mercado Común a más tardar en el año 2005, paso que requiere del perfeccionamiento de las etapas previas, zona de libre comercio y unión aduanera, y de la consolidación de nuestra vocación integracionista con una clara visión de nuestros intereses compartidos.  

Dicho perfeccionamiento implica, entre otros, la adopción comunitaria del arancel externo común, la eliminación o armonización de prácticas que distorsionan el comercio como los regímenes de zonas francas y de perfeccionamiento activo, los incentivos a las exportaciones intrandinas, las salvaguardias intracomunitarias y las preferencias a terceros.  

A pesar de que estas prácticas no están prohibidas por la legislación andina, su vigencia causa crecientes problemas y conflictos comerciales que impiden una rápida expansión de nuestros intercambios.  

Debemos asimismo adoptar una política agrícola común, área en la cual los entendimientos entre los sectores productivos son de vital importancia para preservar la competitividad integral de las cadenas agroindustriales, consolidar y ampliar la seguridad alimentaria de nuestras poblaciones, particularmente las menos favorecidas, y responder con políticas comunes a las sensibilidades de nuestros productos agrícolas en una compleja coyuntura mundial para este importante sector.  

La concreción de la unión aduanera no sólo nos permitirá generar mayores fuentes de empleo y producir en forma más competitiva para acceder al mercado internacional, sino por sobre todo nos posibilitará actuar con coherencia y con mayor peso, a diferencia de la mera acción individual de un país, en las negociaciones internacionales que proseguimos con terceros ya sea en el marco del ALCA y la OMC o ante la Unión Europea y el Mercosur.  

En contraste al claro crecimiento comercial, los flujos de inversión directa dentro de la subregión siguen siendo mínimos y en sus mejores años no han superado los 200 millones de dólares, lo cual representa apenas un 2 por ciento del flujo anual de inversión directa recibido por la subregión desde el mundo.  

La tarea de ampliar esta área corresponde principalmente a la comunidad empresarial y a los gobiernos. La construcción del mercado común, que implica la libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas, proporcionará importantes oportunidades para el desarrollo de esta actividad.  

De igual manera, entre los proyectos que están en estudio tenemos una propuesta para reforzar los seguros de depósitos financieros nacionales. La experiencia nos enseña que las crisis bancarias han sido lamentablemente frecuentes en la subregión, con costos fiscales  asociados que se extienden por años y que minan la confianza del ahorrista en el sistema financiero local. Reforzar los seguros de depósitos con mecanismos comunitarios a fin que tengan una mayor cobertura y sean más efectivos, puede conducir a disminuir las probabilidades de crisis bancarias sistémicas.  

Otro proyecto importante tiene que ver con los estudios que se avanzan para poner en vigencia un fondo andino de ahorro que permita suavizar el impacto en nuestras economías de la volatilidad de los precios internacionales de los productos básicos, de los cuales dependen en gran medida los ingresos de nuestras exportaciones y sus ingresos fiscales. Se trabaja también en estudios dirigidos a dinamizar el ahorro interno a través de la puesta en vigencia de instrumentos comunitarios (bonos o certificados de depósitos) andinos que permitan a los inversionistas colocar sus ahorros en la propia subregión, a mejores tasas y con las mismas seguridades que obtendrían en plazas tradicionales del exterior.  

Resulta irónico que el dinero que sale de los propios países andinos y que es colocado en el exterior a tasas de intereses pasivas extremadamente bajas, regrese en forma de endeudamiento a tasas activas notablemente altas que no reflejan un margen de intermediación sino una percepción de riesgo afectada por condiciones coyunturales algunas veces originadas fuera de la subregión.  

No está por demás señalar que la emisión de este tipo de instrumentos podría dinamizar a las alicaídas bolsas de valores de la subregíon que muestran una clara tendencia declinatoria en el número de empresas inscritas y en el volumen de operaciones realizadas.  

Deseo finalmente agradecer y felicitar al gobierno del Ecuador y a CORPEI por la feliz organización de este foro y reiterar los votos de la Secretaría General por el éxito de estas jornadas, así como invitarles a conocer nuestro stand en donde podrán enterarse con mayor amplitud de las herramientas que disponemos en apoyo de nuestros sectores productivos andinos.  

Muchas gracias,