Discurso del Presidente de la República,
Alejandro Toledo, con ocasión de la
Clausura de la III Cumbre de Presidentes
de América del Sur
Iglesia
de la Compañía, Cusco, 8 de diciembre de
2004
Con profunda
emoción damos por concluida una jornada
intensa de dos días para darle forma a
una primera realidad al sueño de
Bolívar. Hemos trabajado dos días
intensos. Lo hemos hecho con mucha
madurez. Pero sobre todo lo hemos hecho
con mucha emoción, con mucha convicción.
Y no saben ustedes amigos el prodigioso
resultado de esta combinación de madurez
y emoción.
Los grandes proyectos tienen que tener
emoción, combinada con realismo.
A esta combinación algunos lo llaman
voluntad política, pero hoy prefiero
llamarlo sentido de responsabilidad con
la historia.
La unidad que se ha logrado en esta
Tercera Cumbre Presidencial Sudamericana
se pone aún más de relieve en la
conmemoración histórica del 180
aniversario de las batallas de Junín y
Ayacucho, que sellaron la Independencia
de América.
Hemos coincidido con un aniversario más
de la convocatoria, hecha por el
Libertador Simón Bolívar desde Lima, del
Congreso Anfictiónico de Panamá, que
recordamos como el primer encuentro de
naciones libres de la región, decididas
a abordar sus problemas del presente y
con coraje para enfrentar los retos del
futuro.
Para el Perú es motivo de especial
satisfacción esta coincidencia histórica
que sella el nacimiento efectivo de la
unidad sudamericana, que conmemora una
independencia más, como resultado de un
esfuerzo regional.
En nuestros debates en estos dos días,
se han elaborado documentos y han
quedado muy claras, amigos Presidentes,
amigos y amigas participantes, claras y
definidas nuestras aspiraciones: la
Comunidad Sudamericana de Naciones es un
nuevo espacio de cooperación y
concertación política y promoción de la
integración regional; vial, sí, aérea,
sí, amazónica, sí, energética, sí; pero
todo ello será insuficiente si no nos
integramos con una definida integración
social incluyente, con mutuo respeto a
nuestra diversidad cultural y ambiental.
Este ambicioso proyecto en sí mismo
refleja una gran maduración, allí está
IIRSA, algo concreto. Nuestros pueblos
nos están mirando, y tenemos que
entregarles resultados. Yo salgo cargado
de esperanza, no sólo porque este Cuzco
milenario ha sido siempre para mí fuente
de energía en los momentos difíciles,
particularmente en la lucha por
recuperar la democracia y la libertad.
Aquí existen latinoamericanos que, en
los momentos difíciles, nos tendieron la
mano, que hicieron presente su decidida
convicción democrática por el respeto a
la ley. Por eso, salgo con optimismo,
porque no venimos de la nada, nos
sustentamos en una historia compartida,
la convergencia de intereses políticos y
el compromiso de la acción en la lucha
contra la pobreza.
Nuestra convicción por generar desde
nuestras propias esquinas trabajos
dignos para las mujeres y hombres de
nuestra región.
Cuzco, cuna de una de las civilizaciones
americanas más importantes, y Ayacucho,
tierra heroica, lugar de confluencia de
nuestras fuerzas de unidad por la
Independencia, son ahora escenarios del
más noble esfuerzo por la unidad de los
pueblos sudamericanos que hoy
festejamos.
Coincidencia o destino histórico, la
Piedra de los Doce Angulos, que espero
algunos de ustedes hayan visto en este
Cuzco grande, se encuentra en estas
misma calles, al costado, precisamente,
donde se produce el nacimiento de la
Comunidad Sudamericana de Naciones,
integrada por Doce Naciones
Sudamericanas.
Los 12 pueblos son entonces las 12
piedras sobre las que se fundará el
bienestar de esta nueva Comunidad
Sudamericana de Naciones.
Los Presidentes sudamericanos queremos
agradecer de todo corazón las
expresiones de saludo que han formulado
a nuestras gentes que han abierto sus
brazos y corazones en las calles de este
Cuzco legendario.
Los Presidentes sudamericanos nos
volveremos a reunir en el primer
semestre de 2005 en Brasil, porque
ahora, como ha mencionado nuestro amigo
Lula, le toca al gobierno del Perú
ejercer la secretaría Pro Tempore de
nuestra unión, hasta la realización de
la próxima cumbre. Lo haremos con mucha
humildad pero con gran entrega.
La vida, amigos Presidentes, nos impone
la obligación de ser imaginativos y
visionarios. La vida nos impone retos y
nos somete al escrutinio de la historia
para ver si somos capaces de responder a
las expectativas de nuestros pueblos.
Amigas y amigos, permítanme agradecer a
los Cancilleres de Sudamérica y al
Canciller de México, al Presidente de
Panamá, por el trabajo que han hecho
para organizar esta III Cumbre de
Presidentes Sudamericanos y permitirnos
ser testigos del nacimiento de un
esfuerzo concreto de integración con
inclusión.
Les pido licencia para agradecer a mi
Canciller y a mi Cancillería por haber
trabajado tan intensamente para preparar
este evento, y además de hacerlo en
forma; y a ustedes con su debate franco,
abierto, humano, como el del almuerzo
que hemos tenido hoy día o el debate
andino de ayer; le han puesto a esta
primera piedra del sueño de Bolívar,
alma, corazón y vida.
Aquí hay convictos y confesos de la
integración, George Biana, gobernador
del estado de Acre; ahí donde abriremos
la primera puerta de nuestra frontera
entre Brasil y Perú, pero será sólo el
comienzo para ingresar a esa Sudamérica.
Aquí hay convictos y confesos que tienen
el valor de soñar con los ojos abiertos.
Gracias al Cuzco por recibirnos, señor
alcalde, señor presidente de la región.
Gracias amigos Presidentes por su
presencia. Gracias a las delegaciones
que los acompañan.
Gracias por su sentido de
responsabilidad histórica.
Gracias por tener el coraje de soñar con
un futuro mejor, más justo, más
solidario, aunque nosotros no cosechemos
políticamente.
He dicho que soy un Presidente
agricultor, me ha tocado sembrar no sólo
en la agricultura, sino que me ha tocado
sembrar en salud, educación,
electrificación rural para que otros
cosechen. Me ha tocado gobernar una
transición. La historia se encargará de
escribir en sus páginas, espero con
justicia, donde estén incluidas nuestros
aciertos y desaciertos.
Amigos Presidentes, los pobres nos
esperan con ansiedad.
Nos toca hacer acciones concretas y esta
nueva institución de integración no sólo
debe generar trabajo, sino la
construcción de las carreteras, que
serán las venas que van a irrigar
nuestro continente sudamericano. A lo
largo sembraremos salud, educación,
cadenas productivas para generar trabajo
para los más pobres y lo hacemos
sabiendo que la integración sudamericana
viene acompañada con la
descentralización de nuestros pueblos.
Gracias por haber expresado su opinión
con franqueza. No tenemos mucho tiempo
para los protocolos, ha llegado el
momento de cortar camino.
Por eso, en este templo le pido a Dios
que ilumine a mis colegas Presidentes, a
los Cancilleres, a sus gobiernos, y nos
dé la fuerza para entregar salud,
educación y trabajo digno para los más
pobres.
Que Dios bendiga a la Comunidad
Sudamericana de Naciones.
Muchísimas
gracias.