Discurso del
Presidente de la República del Perú,
Alejandro Toledo, con ocasión de la
Inauguración de la III Cumbre de
Presidentes de América del Sur
Templo del Qoricancha, Cuzco, 8 de
diciembre de 2004
Amigas y Amigos
En 1871, el caudillo independentista
boliviano, Túpac Katari, resumiendo el
espíritu de libertad de todo un
continente, y antes de ser ajusticiado
dijo: “Volveré y seremos millones”.
Hoy en este templo del Koricancha,
vestigio de una cultura milenaria,
nuestro país los recibe con el corazón
abierto cargado de esperanza.
Hoy regresamos para ser testigos de un
acontecimiento histórico que comienza a
ponerle carne y hueso, alma, corazón y
vida al sueño de Bolivar después de 180
años.
Hoy regresamos siendo millones. Al crear
la Comunidad Sudamericana de Naciones,
hoy tenemos un nuevo país con 361
millones de habitantes, con 17 millones
de kilómetros cuadrados de extensión ;
con una economía de mil millones de
dólares; con exportaciones por más de
171 mil millones de dólares; con
importaciones por más de 125 mil
millones de dólares y también con una
deuda externa de más de 315 mil millones
de dólares.
Efectivamente, hoy hemos vuelto, y somos
millones. Y hemos vuelto en paz, en
democracia y en libertad. Somos millones
y hemos vuelto sin odios y sin
revanchas.
Hemos vuelto como un continente grande y
moderno, con los brazos abiertos al
mundo.
Hemos vuelto para construir desde aquí y
para siempre la Comunidad Sudamericana
de Naciones, una de las más grandes del
planeta.
Amigas y amigos jefes de Estado y de
Gobierno:
Estamos aquí para cumplir un sueño y
pagar las deudas con nuestros héroes y
próceres.
Cuando nuestros pueblos nacieron a la
libertad, rápidamente cayeron en la
cuenta que la emancipación americana fue
un proceso inconcluso.
Fue una gesta más política que social,
que reivindicaba la historia pero no
nuestras economías; que recuperaba
territorios pero no a los hombres y a
las mujeres, no a sus sueños de
bienestar y progreso.
Esa deuda fue considerada por el
historiador peruano Jorge Basadre como
una promesa de vida, es decir como una
posibilidad antes que un problema.
La integración fue parte de esa promesa,
y por ello estuvo presente en la
historia de nuestras repúblicas.
Ser un gran todo fue un sueño temprano.
Bolívar fue el más insistente y sabio,
pero en todas nuestras repúblicas
permaneció latente ese sueño.
Es cierto que no fue el sueño de todos,
y no es menos cierto que los esfuerzos
por construir grandes alianzas
territoriales y confederaciones fueron
derrotados desde adentro por ejércitos
que pugnaban por la exclusión y no por
la unidad.
Es cierto, también, que en el siglo
diecinueve y aún en el siglo veinte nos
peleamos entre hermanos por territorios
y derramamos sangre entre nosotros. Pero
también es cierto que, en las últimas
décadas, empezamos a recorrer un camino
contrario y sentar las bases de la
unidad continental de cuyo nacimiento
hoy somos testigos.
Ese es el valor histórico de la
Comunidad Andina de Naciones, del
Mercosur y de los tratados de amistad
acordados entre nuestros países.
Crear la Comunidad Sudamericana de
Naciones significa concretar
aspiraciones muy antiguas, lo que otorga
una base muy sólida para desarrollar las
importantes perspectivas que se abren
para nuestra región como producto de la
integración.
Aquí descansa la voluntad política de
sus líderes. Son testigos estas piedras
milenarias del Imperio Incaico. Allí
resuenan, vivas todavía, muestra de lo
que fueron capaces de hacer nuestros
antepasados unidos; quienes construyeron
el Camino del Inca, el Qápac Ñan; y lo
hicieron antes que nosotros.
La Comunidad Sudamericana incorpora en
su diversidad a una pluralidad de
pueblos y culturas que a través del
tiempo han consolidado una identidad
propia basada en valores comunes como la
democracia, la solidaridad, el respeto a
los derechos humanos, la libertad y la
justicia social. Pero es también un
poderoso instrumento que confirma el
proceso histórico de nuestras
repúblicas, el respeto a su integridad
territorial, la no discriminación, la
afirmación de su autonomía e igualdad
soberana, y el uso de medios pacíficos
para la solución de controversias.
Por eso, la unión sudamericana está
llamada a ser no sólo una unión de
pueblos sino también la expresión de su
diversidad histórica y social, heredera
de un vasto mestizaje, y fruto del
encuentro de Europa y las Américas.
La Comunidad Sudamericana, como dije al
inicio, albergará a más de 300 millones
de seres humanos en un espacio
geográfico de enormes magnitudes.
Nuestros países constituyen en su
conjunto más de diecisiete millones de
kilómetros cuadrados. Poseemos una
cuarta parte de las especies animales
del mundo, casi el 10% de la superficie
cultivable, 30% de los bosques de
madera, así como las mayores reservas de
agua dulce, petróleo y gas del planeta.
Eso es parte de una nueva nación.
La fundación de la Comunidad
Sudamericana de Naciones coincide con la
conmemoración, a la cual asistiremos
mañana, de los 180 años de la batalla de
Ayacucho, que selló la Independencia de
América, y la convocatoria por Simón
Bolívar desde Lima, del Congreso
Anfictiónico de Panamá, primer encuentro
de las nacientes repúblicas, decididas a
señalar un camino para su futuro bajo
los ideales de libertad e igualdad que
dieron sustento a nuestra lucha por
nuestra independencia.
En el avance hacia la unidad
sudamericana se debe reconocer el
importante aporte de la Cumbre de
Brasilia del año 2000 y de la cumbre de
Guayaquil del año 2002.
Producto de estos encuentros, la región
viene ahora delineando esquemas para el
mejor desarrollo de la Iniciativa para
la Integración de la Infraestructura
Regional Sudamericana, IIRSA.
Igualmente, en el marco de dichas
Cumbres se consolidaron los compromisos
plasmados en el Consenso de Guayaquil
sobre Integración, sobre Seguridad e
Infraestructura para el Desarrollo, así
como la Declaración sobre la Zona de Paz
Sudamericana.
En la base de estos significativos
desarrollos debe destacarse el
importante esfuerzo que representó la
convergencia entre la Comunidad Andina,
el Mercosur y Chile en una zona de libre
comercio que deberá evolucionar a fases
más elevadas de integración económica,
social e institucional en las que
también participarán las naciones
hermanas de Surinam y Guyana.
La integración de la Comunidad
Sudamericana permitirá concretar
potencialidades aún no aprovechadas,
tanto para el desarrollo de las regiones
interiores de nuestros países, como para
fortalecer la capacidad de negociación y
proyección internacional de la región en
su conjunto.
La integración sudamericana busca
también una distribución más equitativa
del ingreso, el más amplio acceso a la
educación, propiciar una mayor cohesión
e inclusión social, busca la
preservación del medio ambiente, busca
la promoción del desarrollo sostenible
de nuestra naciones.
La Comunidad Sudamericana de Naciones,
que hoy nace, debe servirnos para hacer
frente a los desafíos de la
globalización para que sea más justa y
equitativa y permita a nuestros países
un mayor acceso a los mercados
internacionales.
Al mismo tiempo, la concertación y
coordinación política que nos permitirá
actuar de manera conjunta y unida en el
concierto internacional para incrementar
nuestra capacidad de negociación.
Nos unimos hoy día para juntar nuestras
ventajas comparativas, para convertirlas
en ventajas competitivas y dar el salto
para conquistar los mercados de los
Estados Unidos, de Europa y de Asia.
Pero esta integración solo tiene sentido
si le ponemos venas que recorran a este
nuevo cuerpo.
La integración vial sólo tiene sentido
si viene acompañada de la
descentralización; esta integración sólo
tiene sentido si viene acompañada de una
inclusión social, con respeto mutuo por
nuestros diversidad cultural.
Este paso en la historia no contradice
la existencias de procesos anteriores de
integración como la OEA, la Comunidad
Andina y el Mercosur. Al contrario, es
la lógica continuidad de nuestros
esfuerzos.
Amigas y amigos:
Nunca dejemos de soñar con los ojos
abiertos, pero también nuestros pueblos
nos exigen hoy resultados concretos.
En pocos minutos el Brasil y el Perú
dará un paso histórico en este desafío
de ponerle carne, alma, corazón y vida a
la integración.
En pocos minutos, seremos testigos -este
rezago del Imperio incaico, escuchará la
voz de nuestros pueblos- porque el
Presidente Lula y el Presidente Toledo
han decidido dar el primer paso de
integración de esta Comunidad
Sudamericana de Naciones, al iniciar la
construcción de una carretera
interoceánica de más de mil doscientos
kilómetros, que nos permitirá,
afortunadamente, romper las fronteras
del Perú y Brasil. Es un sueño de
muchísimos años.
Amigo Presidente Lula, usted es un
extraordinario socio pero seremos aún
más fuertes cuando esta Comunidad
Sudamericana se tome de las manos y
comience a dibujar el rostro de esta
nueva nación.
Más temprano que tarde tendremos una
moneda única, un solo pasaporte. En la
Comunidad Andina ya se aprobó y no son
necesarias las visas para ir de un país
a otro.
Más temprano que nunca, tendremos un
Parlamento con representantes elegidos
por voto directo de esta nueva nación
que hoy día creamos . Tendremos un solo
mercado con reglas comunes de comercio
entre nosotros y entre América y el
mundo.
No nos estamos uniendo para mirarnos
sólo entre nosotros. Nos estamos uniendo
para dar un salto hacia fuera y para
hacer que los beneficios de la
globalización comiencen a tener un
rostro humano. No sólo uniremos mercados
sino hombres y mujeres, uniremos
corazones y almas.
Tendremos una Constitución, una sola
visión del futuro y sus desafíos. Y lo
que es más importante, tendremos
bienestar compartido entre nuestros
pueblos, con solidaridad, con
crecimiento económico sostenido, con
responsabilidad; en donde el objetivo
final sea incrementar las condiciones de
vida de nuestros pueblos, reducir la
pobreza; en donde el objetivo final del
manejo responsable de la economía sea la
gente. La economía es una ciencia social
al servicio de nuestra gente, no de la
gente al servicio de la economía.
Con esas palabras, y desde el “ombligo
del mundo”, desde este Cuzco querido,
desde esta capital histórica de América,
los recibimos con los brazos y el
corazón abiertos.
Hoy declaro inaugurada la Tercera Cumbre
de Presidentes de América del Sur;
bienvenidos.
Que Dios bendiga esta nueva Comunidad
Sudamericana de Naciones.
Muchas gracias