Palabras del Canciller de Bolivia, Gustavo Fernández Saavedra, con ocasión del traspaso de la Secretaría Pro Tempore de la Comunidad Andina

Lima, 7 de julio de 2002

Ahora que comienzan las preocupaciones de Guillermo yo voy a liberarme de las mías. Vamos al siguiente punto de la Agenda: el traspaso de la Secretaría Pro Tempore.

Quisiera hacerlo con un par de palabras que no intentan ser un informe del trabajo realizado en este año, sino apenas un resumen, a vuelo de pájaro, de una gestión intensa y por momentos difícil.

La Comunidad Andina, como la región y el mundo, confronta y probablemente confrontará con mayor intensidad en el curso de los próximos años, momentos de turbulencia y de dificultades serias.

El año pasado, en ocasión de la Cumbre Iberoamericana celebrada en la ciudad de Lima, los Presidentes se reunieron a iniciativa de los Cancilleres andinos y consideraron que los riesgos que presentaban las tendencias proteccionistas que se estaban desarrollando en el interior de la CAN y las dificultades políticas en todos los países, que ya eran notorias en aquel momento, exigían una acción que saliera del cauce normal para tratar de enfrentar ese desafío.

A raíz de esa reunión y de las recomendaciones de los Presidentes, Bolivia organizó la Cumbre de Santa Cruz y lo hizo con un formato especial. No se trató sólo de una reunión de los Ministros de Relaciones Exteriores y los Ministros de Comercio Exterior, sino que, además, se solicitó la participación de los Ministros de Hacienda, de Desarrollo Económico y de Agricultura, para discutir en conjunto los problemas serios que se enfrentaban en ese momento, de forma que se pudiera presentar a los Presidentes de nuestros países un planteamiento objetivo, claro y realista, sobre los caminos que podíamos seguir de allí en adelante para consolidar y fortalecer el proceso de integración andina.

Hicimos esa reunión, creo que fue importante, y quiero pedirles excusas a todos por la forma como se organizó y se llevó adelante. A la luz de la experiencia de lo que ocurrió entonces, considero que el enfoque, aunque difícil, fue el más apropiado. Era necesario mirar más el fondo político de los temas que teníamos por delante que detenernos demasiado tiempo en el análisis de los muchos y complicados detalles técnicos que tenían esas negociaciones.

Creo que ahora coincidimos que la reunión de Santa Cruz fue un hito significativo en la experiencia de la CAN, ya que nos permitió a todos replantear la visión colectiva de la CAN y de la acción que se debe programar de aquí para adelante.

Luego los Presidentes se volvieron a reunir en la Cumbre de Madrid y teníamos la esperanza de que mañana pudiéramos culminar el trabajo de la Secretaría Pro Tempore boliviana con una Cumbre en Santa Cruz. Circunstancias que son normales en las actividades de nuestros países y la dificultad de coordinar las agendas nos han impedido hacerlo de esa manera, pero yo quisiera transmitirles, de manera muy especial, el agradecimiento del Presidente Jorge Quiroga por el apoyo que todos los países andinos le dieron en la gestión de este año. Espero que él tenga la oportunidad de conversar con los Presidentes andinos en oportunidad de la Cumbre de Guayaquil, para transmitirles esta expresión de agradecimiento. Ese es un punto que podríamos verlo más adelante.

Además de este trabajo de la reunión de la Cumbre de Santa Cruz que, repito, fue una reunión trascendental no sólo por los temas que consideró sino por la forma como se la enfocó y el formato que se adoptó para su operación, creo que es importante destacar, porque señala un camino que a mi juicio debe seguirse con mayor fuerza en el futuro, el tema relacionado con las gestiones con los Estados Unidos de América sobre el Acta de Preferencias Arancelarias.

Desde un principio, aquí en Lima, en ocasión de la reunión de la Organización de los Estados Americanos y del encuentro que sostuvimos entonces con el Secretario de Estado Colin Powell, los países andinos afirmamos la necesidad de que ese instrumento no sólo se prorrogara sino que se ampliara en su cobertura, de productos y países, de manera que efectivamente respondiera a los criterios con los que se formuló inicialmente, y a las necesidad creciente de vincular el tema del desarrollo con el acceso a mercados.

Dijimos muchas veces, los Presidentes lo dijeron, todos los Cancilleres andinos lo expresamos de una u otra manera, que el proteccionismo de los países industrializados era incompatible con la lucha con la pobreza y el desarrollo de los países latinoamericanos. En esa misma reunión, expresamos de manera muy clara, con el Canciller de Venezuela en la mesa, que los países andinos consideraban necesaria la ampliación de la cobertura del Acta de Preferencias Andinas a Venezuela y mantuvimos esa posición, y en las gestiones que más tarde llevamos adelante en Washington y en la reunión que los Presidentes andinos sostuvieron en Lima con el Presidente Bush.

Creo, y en eso espero que los Cancilleres andinos que participaron en esa reunión coincidan conmigo, que la gestión en Washington fue un momento importante de la acción conjunta de la CAN y marcó una pauta de trabajo que no pudimos aplicar en los trabajos preparatorios de la Cumbre de Madrid. Nos reunimos allá todos y negociamos en conjunto, pero tal vez por la intensidad y la forma como desempeñamos la tarea, la gestión en Washington fue más importante, y creo que todos deberíamos rescatar esa experiencia para la proyección futura de la política externa de la Comunidad Andina.

Llegamos descontentos a la reunión de Madrid con la Unión Europea, claramente descontentos por la forma como se había desarrollado el diálogo entre la U.E. y la CAN, particularmente en Nueva York, con ocasión de la Asamblea General de Naciones Unidas. Encontramos una visión que podríamos calificar de miope, en la expresión más favorable y lo dijimos así a la U.E. en ocasión de la reunión de Madrid. Señalamos que el sistema de preferencias que la U.E. reconocía a los países andinos estaba siendo erosionada, corría riesgo grave, pero que más allá de la relación puramente comercial en ese marco, la vinculación de los países andinos, de Europa con los países andinos, era claramente discriminatoria y expresamos nuestra insatisfacción de manera explícita.

Creo que fue una negociación también interesante, participamos todos los Cancilleres andinos y finalmente aprobamos un texto de compromiso, que si bien no llena todas nuestras expectativas incluye dos avances en los cuales debiera descansar nuestra acción futura .

El primero relacionado con el planteamiento de Asociación entre la U.E. y los países andinos y el segundo, en la mención de un tratado de libre comercio entre la U.E. y los países andinos . Si pudiera resumir alguna conclusión personal de esa reunión, diría que la iniciativa debe partir de nosotros, que los países andinos tienen que organizarse para continuar el trabajo que se inició en Madrid y que ese propósito va a requerir un esfuerzo importante de parte de todos los órganos de la CAN.

Está muy claro y creo que eso es necesario que lo recordemos siempre, que la negociación externa tiene su fundamento, sus cimientos, en la consolidación del proceso interno de integración. Sin una integración efectiva entre los países andinos la negociación externa es apenas un ritual formal . La base está en lo que hagamos acá, que nos da autoridad, fuerza y capacidad de negociación para tratar con los interlocutores externos.

Mencionaría también ahora --y creo que esta es una tarea pendiente en la cual no hemos encontrado soluciones a las observaciones técnicas-- las negociaciones de la CAN con el Mercosur. En la reunión de Santa Cruz hubo mención expresa de ese tema. En las reuniones del Mercosur han sido varios los pronunciamientos en esa dirección y han sido frecuentes las iniciativas de los otros países del Mercosur, particularmente el Brasil, sobre la necesidad de avanzar en este orden de temas.

Acabo de volver de la Cumbre del Mercosur, celebrada este jueves y viernes en Buenos Aires, y nuevamente el tema fue colocado en la mesa y se me solicitó que lo transmitiera a la reunión de Ministros de la CAN.

Hay negociaciones comerciales que ya llevan mucho tiempo; existen multitud de razones técnicas que todos los que han participado en negociaciones comerciales conocen bien y que hacen difíciles las tratativas. Pero el problema no está allí. Como en la reunión de Santa Cruz, el problema nuevamente es político. Hace falta una clara expresión de voluntad política para encontrar una fórmula de entendimiento con el Mercosur que se sume a las expresiones que señalaba hace un momento Heinz Moeller; a la necesidad de abrir opciones de negociación de la CAN a la luz de las restricciones cada vez mayores del escenario comercial mundial.

Quisiera anotar algo, que en el Mercosur tuvo transcendencia particular luego de la presentación de la CAF, realizada en ocasión de ese evento. El Presidente del Brasil nuevamente fue quien tomó la iniciativa para destacar de manera muy elogiosa el desarrollo de las actividades de esa institución, convertida, sin ninguna duda, en la semilla de una institución financiera latinoamericana. El tema debe ser planteado por los países del Mercosur en la reunión de Guayaquil, a propósito de la gestión que la CAF está desarrollando en el proyecto IIRSA. Ese es un punto importantisimo de nuestra gestión y puede convertirse en el puente operativo inicial de una relación mucho más activa entre la CAN y el Mercosur. Desde luego esta es una decisión que tiene muchas otras connotaciones, más allá de las financieras, que nuestros países deben examinar cuidadosamente.

No quiero ser muy extenso en esta presentación en los otros temas de política externa. Sin embargo, los Cancilleres enfrentamos también algunos temas bien importantes que creo es necesario recordar. El primero, relacionado con el terrorismo. Los atentados del 11 de setiembre nos encontraron en Lima y a partir de ese momento los países andinos establecimos un mecanismo de coordinación, de concertación de nuestras posiciones sobre el tema, que a mí personalmente me hubiera gustado que fuera más intenso, de manera que quedara clara la unidad de la gestión de los países andinos, en relación con ese problema.

No es tarde sin embargo, porque el asunto no ha desaparecido de manera alguna. Tiene connotaciones que abarcan todos los órdenes del relacionamiento externo de nuestros países y sería muy bueno que la agenda del Consejo Andino de Cancilleres considerara con mucho cuidado las tareas de una presentación eventualmente conjunta de la posición de los países andinos en relación con este tema. Es necesario en un asunto de tanta importancia en el escenario político, tener una presentación que manifieste la identidad de un grupo de países. Yo estoy casi seguro que la presentación de posiciones nacionales es apenas considerada en el vasto escenario de tratamiento de esta cuestión.

Los países andinos confrontamos también un desafío político importante en la reunión de San José el 11 de abril, en ocasión de la interrupción del proceso democrático en Venezuela. Ese fue un momento de prueba para los países latinoamericanos reunidos en el Grupo de Río en ese momento y más tarde en el Consejo Permanente de la OEA. Creo que podemos decir que enfrentamos bien el desafío. Los países andinos estuvieron en primera línea en la defensa del proceso democrático y debemos felicitarnos de que su planteamiento de aplicación de la Carta Democrática hubiera sido el camino para restablecimiento del orden constitucional en ese país hermano.

En la reunión de Madrid acordamos que los Ministros de Defensa se reunieran con los Cancilleres andinos en Lima y lo hicieron. Fue una reunión también importante en la que examinaron y aprobaron los planteamientos del Perú sobre la reducción del gasto militar. Esa decisión marcó una nueva dimensión de la relación andina que tiene una extraordinaria importancia y sobre la cual habrá que trabajar mucho en el futuro. En la reunión de Madrid también señalamos la conveniencia de que esas y futuras reuniones entre los países andinos, Ministros de Defensas y Ministros de Relaciones Exteriores,. consideraran las implicaciones regionales de los conflictos nacionales. Es necesario que comencemos a trabajar con esos temas; son sin ninguna duda temas complicados, temas difíciles, pero pienso que la CAN debiera empezar a mirar esos asuntos porque hacen a su proyección externa y a la consolidación de su proceso de integración. La integración es exactamente eso, considerar la vasta dimensión de los temas que nos afectan, de política nacional e internacional.

Si alguna convicción me queda de este año de gestión como Presidente del Consejo Andino de Ministros de Relaciones Exteriores, es que el sueño de la integración que conocí como joven funcionario de la Junta del Acuerdo de Cartagena, al comenzar el año de 1970, se ha convertido ahora en una obligación ineludible de los países andinos. Esa no es simplemente una opción. Es una necesidad inapelable y no lo es sólo porque ese hubiera sido el mandato de nuestros Libertadores, ni porque los Cancilleres veamos que nos sentimos mucho más fuertes y muchos más claros en nuestra proyección externa cuando actuamos conjuntamente, sino que resulta del dato básico de la construcción de una red de vinculación comercial y económica, que cada día es más profunda y más sólida. Que es consecuencia de la obra de la CAF, en el armado de un espectro de integración y cooperación financiera y de infraestructura física que rebasa las expectativas más exaltadas de principios de los años 70.

No hubiéramos esperado llegar al punto en que hemos llegado y cuando tuvimos dificultades, y ese fue tal vez el criterio básico que rondó la reunión de Santa Cruz, llegamos bien pronto a la conclusión de que no teníamos otra opción, sino la de ir para adelante y resolver los problemas que tuviéramos para consolidar la CAN.

Sin embargo, y en este punto recojo el planteamiento de Sebastián, un planteamiento que todos ustedes comprenden tiene un valor muy especial esta noche, debemos tener bien en claro que el eje de esa consolidación depende en un grado muy alto del Arancel Externo Común.

Creo que debemos hacer un esfuerzo muy serio para conseguir este objetivo, porque este es casi una pirámide invertida en la que el eje descansa en ese instrumento para los efectos de nuestra política comercial interna y para los efectos de nuestra negociación externa. Sin Arancel Externo Común nuestra gestión internacional es muy débil y la tarea de 30 años corre riesgos muy graves. Soy muy consciente de las dificultades que tiene aprobar y aplicar ese arancel, pero creo que todos deberíamos rescatar el valor paradigmático que tiene esa negociación.

Muy cerca de ese tema en los asuntos de la CAN, yo pondría la necesidad de trabajar a fondo en los temas de la política agrícola. Hay muchos problemas en la política agrícola, es en todas parte el problema más difícil de la integración comercial y de las relaciones comerciales, pero ese es un desafío que no vamos a poder evadir.

Creo que la CAN debe trabajar más a fondo y las circunstancias lo permiten además en el intercambio de experiencias con la mayor franqueza y claridad de experiencias nacionales que tienen proyección externa, de experiencias políticas nacionales que tienen proyección externa. Voy a mencionar uno, el de los pueblos indígenas para citar alguno de los muchos que pueden colocarse en la mesa. Bolivia acaba de pasar un proceso electoral enormemente interesante que creo que tiene lecciones relevantes para todos. Compartir experiencias, examinarlas y ver cuáles son las consecuencias que fenómenos políticos nacionales tienen en el desarrollo político del conjunto de la CAN, es un tema que merece comenzar a examinarse, porque ese debiera ser el trabajo de países embarcados en un proyecto de integración, en el que la frontera entre lo nacional y lo externo es cada vez más difusa.

Por ultimo, pienso que la diferencia más importante que encontré en este año de gestión como Ministro de Relaciones Exteriores respecto de la que me tocó desempeñar muchos años atrás en esa misma función, es la convicción de que cada día es menor el área de acción de la diplomacia tradicional, de la política externa puramente nacional. Para los países andinos la política exterior común es el camino para tener presencia internacional sólida. Ese dato toma cada día características más claras, por lo menos esa es la sensación que yo recojo del trabajo de este año.

Un trabajo que ha sido enormemente grato, enormemente estimulante, enormemente instructivo, por el cual quiero agradecerles a todos por la colaboración y la tolerancia que tuvieron con Bolivia en la Presidencia del Consejo Andino de Ministros de Relaciones Exteriores y en la presidencia de la Comisión del Acuerdo de Cartagena. Quiero decírselo así a todos ustedes y, muy en especial, quiero agradecerles el privilegio de su amistad y de su afecto.

Con estas palabras déjenme traspasar la Secretaría Pro Tempore de la Comunidad Andina a la República de Colombia, que debe ejercerla durante este próximo año.

Muchas gracias.