Exposición del embajador Juan Francisco
Rojas Penso, Secretario General de la
Asociación Latinoamericana de
Integración (ALADI) en la sede de la
Secretaría General de la Comunidad
Andina
(Versión
no oficial, transcripción del discurso)
Lima, 20 de mayo de 2002
Me une una amistad muy grande con
Sebastián Alegrett. Esa amistad nació en
1973, cuando me entrevistó para
ofrecerme un trabajo, y le doy las
gracias por esta magnífica oportunidad
que me ha brindado de estar nuevamente
en esta casa, a la que no volvía desde
1987, cuando dejé el cargo que él
también tuvo como Director de
Integración en Venezuela. Y al regresar
a la Comunidad Andina, la veo llena de
vida, como siempre, transmitiendo una
gran esperanza.
Recuerdo que una vez, en Montevideo, el
embajador de Brasil, Paulo Nogueira
Baptista, que en paz descanse, me
preguntó como era venir a la Comunidad
Andina y le contesté que era similar a
ingresar en un templo lleno de cultura,
lleno de misticismo. Al entrar a este
edificio, se siente el fervor de esa
cultura, de ese origen y destino común
que une a los cinco países y del cual me
enorgullece ser parte de ellos.
Al cumplir cinco años al frente de la
Secretaría General de la Comunidad
Andina, Sebastián ha realizado una gran
labor. El Pacto Andino volvió a vivir.
Hay cambios físicos en el edificio y hay
cambios profundos. La CAN es un eje
vital del proceso de integración
latinoamericano y de la inserción de sus
países en la economía internacional. Y a
pesar de no ser un acuerdo de alcance
parcial, gracias a la obra de quien les
habla y de otros, como Alfonso Vidales
que está aquí presente, para nosotros,
en el marco de la Aladi, la Comunidad
Andina constituye un baluarte
ejemplificante y verdaderamente señero
de la integración regional, más allá de
los asuntos puramente comerciales que
tradicionalmente manejan muy bien.
Por supuesto, me siento muy alegre de
estar hoy aquí, de encontrarme con un
grupo de compañeros y amigos que
estuvieron antes y continúan trabajando
y con otros que se han incorporado a
esta casa. Siento que dí mucho a esta
casa y tengo también una gran deuda.
Aprendí mucho aquí adentro. Fue un
aprendizaje profesional y, sobre todo,
de vida que siempre recordaré con gran
afecto y agradecimiento
Sebastián hizo una excelente
introducción sobre el proceso de
integración regional. Proceso que se
debate constantemente en una crisis
existencial. Gustavo Lagos, cuando era
Director del Intal , decía que la
integración era hacer historia y la
historia se hace con expansiones y
contracciones de manera permanente. Y de
allí nacen las contradicciones que
generan una nueva expansión, o
alternativamente, una nueva contracción
que origina nuevos hitos, nuevos hechos
importantes que van marcando la historia
y se va construyendo, en diversos
sentidos, en toda América Latina.
Uno de esos hechos importantes que, de
alguna manera también lo marcó el Pacto
Andino con la suscripción del Acuerdo de
Cartagena en 1969, en el marco de la
ALALC, y que progresivamente han ido
adquiriendo más fuerza, se refieren a
los acuerdos en el plano subregional y
bilateral que son los que dominan la
acción de la integración. Esto ha sido
criticado muchas veces por los ortodoxos
del pensamiento, pero es indudable que
le han dado viabilidad al conjunto de
acciones que se han podido llevar a cabo
dentro de la región en el plano de la
integración. Me refiero al Mercosur, al
Grupo de los Tres, a los acuerdos
bilaterales suscritos por Chile con
todos los países miembros del ALADI y a
los acuerdos que México también ha
impulsado dentro del proceso de
integración regional. Todos ellos
muestran un camino verdaderamente muy
claro y muy sensible, ya que puso de
relieve toda la problemática, las
contradicciones y los intereses
económicos y políticos que existen en la
base de todos los países
latinoamericanos.
Y ese es la gran virtud que tiene la
ALADI y por eso la ALADI vive. La ALADI
tiene una existencia justificada, no
sólo en esa labor peyorativa, como
siempre nos han acusado, de que somos
notarios. Es muy bueno ser notarios de
vez en cuando. Nunca me imaginé, cuando
era funcionario, que mi firma iba a ser
tan popular en América Latina, porque
esa firma sale en todas las gacetas
oficiales. Es que sin esa “firmita”, no
hay extensión a la cláusula de la nación
más favorecida de la OMC. Pero no
solamente es la “firmita”, sino que
detrás de todo ese conglomerado de
acuerdos que se han ido suscribiendo en
el marco del ALADI - donde muchas veces
no se valora la labor que hace la
Asociación o se piensa que es un labor
absolutamente pasiva que no tiene un
mayor accionar sobre los acuerdos y
mucho menos sobre su administración-
todos los países, sin excepción, antes
de negociar o profundizar sus acuerdos
han pasado por Cebollatí 1461 que es la
sede de la ALADI. Todos, repito sin
excepción, nos piden evaluaciones de sus
acuerdos, cómo podemos hacer hacia el
futuro, dentro de qué escenarios vamos a
movernos, al menos en el corto plazo,
situación que es difícil de predecir en
estos momentos, en la región.
Justamente, la actual incertidumbre que
se vive, es lo que afectó al proceso de
integración latinoamericano el año
pasado. Por un lado, el intercambio
comercial que se había recuperado, luego
de la crisis de Brasil en el año 1999,
volvió a contraerse en lo que va del
2002 en un 3 por ciento de los 41
millardos de dólares intercambiados el
año pasado por los 12 miembros de ALADI.
Evidentemente, esto afectó el proceso de
negociación que se venía dando, tanto al
interior de los acuerdos bilaterales y
subregionales, como al proceso de
relacionamiento externo de la
negociación entre la CAN y el Mercosur,
que para nosotros constituye un elemento
esencial por donde pasará bastante de lo
que podamos hacer dentro de la
integración latinoamericana.
El ligero estancamiento del comercio, en
el año 2001, queda claramente explicado
por la crisis que afectó al conjunto de
las economías y más fuertemente al Cono
Sur. Pero no se trata sólo de un
problema de carácter económico y
comercial, ya que trascendió al ámbito
político, con una secuela social muy
grande en todos los países
latinoamericanos.
Sin embargo, ese nivel de comercio de 41
millardos es importante para todos
nuestros países: está compuesto
fundamentalmente, en un 70%, por
manufacturas que no tienen otro destino
que la comunidad latinoamericana. Dentro
de ese proceso comercial que se viene
dando dentro de la región, es importante
destacar que ya, para cuatro países
miembros de la ALADI, los mercados de
nuestra organización, son los más
importantes. Esto muestra claramente un
un cambio cualitativo en las
características del comercio intra-regional.
Es verdad que todavía ese comercio no
supera el 20% del total del comercio
global de los países miembros. Pareciera
que hubiese un techo que tal vez se
explique por un elemento que, en nuestro
concepto, no ha sido trabajado
adecuadamente dentro de la región y se
refiere a los aspectos de carácter
tecnológico. Consideramos que la falta
de una mayor complejidad tecnológica en
la producción de nuestros bienes y
servicios nuestros, está contribuyendo,
de forma esencial, a que ese comercio no
haya sido mayor de lo que actualmente se
registra.
Igualmente esa eclosión del comercio y
vinculado a las crisis económica
enfrentada por la región, generó un
campeonato de incumplimientos.
Afortunadamente, el Mercosur adoptó un
mecanismo de solución de controversias
en la cumbre celebrada en Olivos y esto
permitirá viabilizar mucho de las
diferencias comerciales que se presentan
en estos procesos. Pero estamos hablando
de un comercio muy alto, algo así como
45% del comercio total
intralatinoamericano que se hace entre
los países miembros del MERCOSUR.
Hemos visto, a su vez, la gran actividad
que tiene el Tribunal Andino de
Justicia, y la propia Secretaría General
de la Comunidad Andina, en materia de
solución de controversias, lo cual si
bien debe preocupar en términos de la
alteración de los compromisos
establecidos, también era un compromiso
que esos mecanismos se activaran y eso,
desde un punto de vista institucional y
político, tiene un valor de mucha
significación.
En materia de inversiones, obviamente ha
habido una contracción en la captación
de Inversión Extranjera Directa, por
parte de los países latinoamericanos. A
ello, se sumó la paralización, en los
dos últimos años, de las corrientes de
inversión extranjera de origen
latinoamericano que habían caracterizado
el segundo lustro de la década del 90.
Dentro de ese complicado cuadro -como
bien lo señalaba el Embajador Alegrett
en su intervención- se han presentado
muchos desafíos al proceso de
integración regional. Desafíos que
marcan pautas, en el plano externo, como
consecuencia de las negociaciones que se
están llevando a cabo para la
conformación del Area de Libre Comercio
para las Américas; las negociaciones con
la Unión Europea, y el lanzamiento de la
Ronda de Doha, en el marco de la
Organización Mundial del Comercio.
Desafíos ante el hecho que se aproxime
cada vez más la fecha de la culminación
de las negociaciones del ALCA y que no
haya sido posible, dentro de los países
latinoamericanos, conformar un espacio
de libre comercio que, inclusive,
hubiese aportado un acervo de mayor
poder de negociación ante el ALCA. Sin
embargo, hay una noticia esperanzadora
en el sentido que al haber un atraso en
las posibilidades de aprobación del ATI
de la administración norteamericana,
podría dar un mayor respiro a las
posibilidades latinoamericanas;
posibilidades que aparentemente están
pasando ahora al ámbito más político que
económico.
Hemos observado ahora que los Estados
Unidos siguen instrumentando medidas en
forma unilateral que perjudican
evidentemente al comercio
latinoamericano. No es posible que las
exportaciones que se presentan a ese
mercado, las condiciones de acceso, son
permanentemente alteradas por el país
receptor y se manejan con absoluta
libertad y sin ningún tipo de recurso
multilateral, capaz de frenar ese tipo
de actitud con la cual entablan sus
relaciones con los países en vías de
desarrollo.
En el plano interno, esta crisis nos ha
hecho reflexionar a nosotros muy
seriamente. La integración
latinoamericana, que se ha fundamentado
en la apertura unilateral de los
mercados y en la suscripción de
múltiples acuerdos de carácter
comercial, ha puesto en evidencia la
inexistencia de mecanismos anticíclicos.
Evidentemente, la falta de coordinación
de políticas macroeconómicas y la
insuficiente atención, desde el punto de
vista político, a temas tan sensibles
como el financiero y cambiario, están
marcando una pauta muy importante para
que el discurso de la necesidad de mayor
integración en épocas de crisis, no se
haga realidad.
La integración no dispone de mecanismos
que salgan al encuentro de soluciones,
en momentos de crisis como los que
actualmente está viviendo la región. Y
esta es una reflexión que debe
motivarnos a todos porque, por ese
camino, están transitando muchas de las
dificultades que ahora estamos viendo y
que se traducen en hechos de alteración
de los compromisos que han adquirido los
países en los diversos acuerdos
suscritos, tanto en el marco de la ALADI
como de la Comunidad Andina.
Considero que también ha influido el
abandono de un conjunto de temas que
hacen a la integración. El déficit de
integración nuestro no pasa por lo
comercial,. En este ámbito hemos sido
muy ingeniosos en la creación y en la
administración de distintos mecanismos
que, de alguna u otra manera, han tenido
una gran eficacia y eficiencia en su
aplicación y en sus resultados.
La Comunidad Andina es un ejemplo señero
en cuanto a la posibilidad de abrir
otros temas al proceso de integración.
Recuerdo, en el año 1986, en plena
crisis de la deuda, no me explicaba por
qué el Pacto Andino no se acababa. Y no
ocurrió así porque el esquema de
cooperación que se estableció en torno
al proceso de integración subregional,
generó un tejido de intereses tan grande
que le dio al proceso una gran
sustentabilidad
En esta misma casa, representando a
Venezuela, negociamos un Protocolo
Adicional al Acuerdo de Cartagena que
modificó el propio concepto que se había
incorporado en el Acuerdo original. Y
fue así como el proceso de integración
salió fortalecido no sólo por el
Protocolo, sino que hicimos un
reconocimiento explícito a un conjunto
de temas que escapaban al ámbito
puramente comercial, que son los que en
definitiva conceden la esencia política
que debe tener todo proceso de
integración.
La sustentabilidad y viabilidad de estos
procesos estará en función de la
capacidad que tengamos de movilizar a
distintos estamentos de la sociedad en
procura de los objetivos, y esa
movilización depende, directamente, de
los intereses que seamos capaces de
crear para que esos objetivos
efectivamente puedan cristalizarse.
En el caso del MERCOSUR, es indudable
que la declaración de zona de paz que
hicieron en su momento ha generado una
movilización política en torno al
proceso de integración que le da
sustentabilidad. Pero es necesario que
esa cooperación en materia de seguridad
y defensa se extienda también al campo
andino donde se ya existe una
cooperación mucho más diversa en los
campos sociales, cultural, científico,
tecnológico y de salud. También en el
aspecto político, los andinos deberían
hacer un gran esfuerzo. Ese es el reto
que tenemos por delante, de manera de
proyectarlo a toda la región,
contribuyendo así a afianzar tanto la
identidad cultural como económica.
Con estas palabras quiero agradecer
nuevamente la oportunidad de haber
podido saludar a todos, con gran
sinceridad y franqueza, e invitarlos a
compartir estas reflexiones sobre el
proceso de integración. Y, por supuesto,
darles las gracias a mi amigo Sebastián
Alegrett por abrirme las puertas de esta
institución que también siento como mi
casa.
Muchas gracias.
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