Me alegra mucho tener
esta oportunidad de dialogar con los
funcionarios de la Secretaría General de
la Comunidad Andina y dialogar sin
ninguna pretensión, sin ninguna
formalidad, porque yo creo firmemente en
el potencial del camino regional y
subregional como, quizás no el mejor,
pero sí posiblemente el único camino que
permita a los países en desarrollo
integrarse a la mundialización de la
economía con el ritmo y con el tiempo
suficientes para que se preparen a esa
exacerbación de la competencia que es
uno de los fenómenos que acompaña a la
mundialización. Creo que es mucho más
lógico empezar por el camino subregional
y regional que intentar el big bang
approach, la liberalización total e
inmediata sin que el sector productivo
esté preparado para afrontar la
competencia. Y es por eso que me da
mucho placer tener esta oportunidad de
dialogar con personas que creen en ese
tipo de política y que trabajan en su
quehacer cotidiano para hacerla
realidad.
La UNCTAD hoy es una
organización que se ha reinventado a sí
misma. Ya no es la organización de la
grandes discusiones, del diálogo
Norte-Sur, como lo ha sido en los años
1960-1970, donde se intentaba redefinir
un nuevo orden económico internacional.
Nosotros reconocemos la realidad
histórica, sabemos que las condiciones
económicas son distintas, que las
grandes negociaciones sobre comercio,
moneda y finanzas están ubicadas en
organizaciones como la OMC, el FMI y lo
que nosotros buscamos hacer es un poco -
si me permiten usar una imagen que no es
totalmente verídica pero sí aproximada-
ser cada vez más la OCDE de los países
en desarrollo; esto quiere decir, una
organización basada sobre los
conocimientos, sobre la investigación y
el análisis, que pueda suministrar a los
países en desarrollo los elementos que
necesitan para formular ellos mismos sus
estrategias de adaptación al sistema
monetario, financiero, de inversión y
comercial en términos globales.
Con esa intención nos
hemos concentrado en tres áreas en las
que creemos contar con ciertas ventajas
comparativas. La primera, es la visión
de la economía mundial, no
específicamente en sus componentes
individuales, sino que buscamos ver más
el bosque que los árboles. Es la visión
de la interacción entre moneda,
finanzas, comercio e inversión, pero
también con una calificación importante:
desde la perspectiva de los países en
desarrollo. En ese sentido tenemos un
equipo que cuenta con economistas de
gran calidad en materia del análisis de
los fenómenos monetarios y financieros,
pero nosotros buscamos primero preservar
nuestra autonomía de pensamiento,
procuramos no subordinarnos a las modas
del momento y a mantener una visión
crítica del proceso, sin desconocer
obviamente lo que hay de positivo, lo
que hay de potencial y oportunidades en
las tendencias actuales, pero al mismo
tiempo manteniendo la tensión sobre las
insuficiencias, sobre los desequilibrios
y sobre la posibilidad de corregirlos.
En ese sentido
nosotros, por ejemplo, hace diez años en
1990, cuando todas las organizaciones
económicas internacionales saludaron el
fin de la divergencia ideológica, el
derrocamiento del Muro de Berlín, como
la aurora de un gran progreso económico
en el mundo, en nuestros informes del
año 1990, la UNCTAD decía que la década
que iba a empezar iba a estar
caracterizada por la frecuencia, la
intensidad y el poder destructivo de las
crisis monetarias y financieras.
Nosotros hemos sido los únicos que
tuvimos la oportunidad de decirlo hace
10 años; hoy toda la gente lo dice con
los mismos motivos, pero ese ejemplo nos
permite mostrar que la UNCTAD busca
siempre empujar hacia delante la
frontera del debate económico.
No queremos ser parte
del main stream y pagamos un precio por
eso. Como decía Keynes, hay muchos
economistas que prefieren equivocarse
siendo parte del main stream que tener
razón fuera del main stream. Nosotros
buscamos justamente al revés: no
buscamos ser parte del main stream, y es
claro, no es con ningún prejuicio
ideológico, es sólo para mantener la
visión crítica de lo que ocurre, pero la
visión crítica con miras a la
superación.
La segunda área de
nuestra experticia es comercio porque
está en nuestro nombre. UNCTAD
significa, como saben, Conferencia de
las Naciones Unidas sobre el Comercio y
el Desarrollo, porque cuando fue fundada
la UNCTAD en 1964, era la época en que
se había acuñado ese eslogan "trade not
aid" , el comercio, no la ayuda. Pero
hoy día lo hemos actualizado y decimos:
"Trade, not hot money", nosotros
necesitamos comercio y no el capital
especulativo . La tercera área
corresponde a las inversiones. Como
ustedes saben las Naciones Unidas
tuvieron un papel pionero en este tema a
través del Centro de Estudios de
Empresas Transnacionales, el cual hace
pocos años fue trasladado a Ginebra y
hoy forma parte de la UNCTAD como una de
sus divisiones, encargada de producir
anualmente el World Investment Report.
En estas tres áreas
nosotros buscamos suministrar a los
países en desarrollo los elementos que
necesitan para formular sus posiciones.
Es claro que no nos corresponde, de
ninguna manera, dictar cuáles son esas
políticas; sólo proporcionamos los
instrumentos, los insumos para que los
países, a partir de sus realidades, de
su visión, puedan formular políticas de
negociación por ejemplo en comercio Y
esto me permite pasar a la segunda parte
de mi exposición que tiene que ver
justamente con el trabajo de la
Comunidad Andina y con la visión
regional y subregional.
Decía hace un momento
que el camino regional y subregional
quizás sea el único que permita a los
países en desarrollo integrarse al mundo
de una manera cualitativamente positiva,
porque creo que cuando se discute tanto
ese tema de la globalización, de la
mundialización, frecuentemente se pierde
de vista que lo importante, lo que
cuenta, no es tanto la cantidad o la
celeridad, la rapidez, el carácter
súbito de la integración, el "big bang
approach"… no es eso lo que cuenta, lo
que realmente cuenta es la calidad de la
integración; es decir que sea una
integración sostenible en el tiempo, una
integración por secuencias en la que el
país, al integrarse al mundo, lo hace
para sacar provecho de las oportunidades
y no solamente para exponerse a una
competencia con la cual no tiene
condiciones de lucha.
La historia de
Latinoamérica es un buen ejemplo de cómo
puede existir integración excesiva, de
mala calidad, porque casi todos nuestros
países - y voy a limitarme al caso de mi
país, Brasil, por ser el que conozco
mejor - han estado integrados desde el
comienzo del capitalismo mercantil, en
el siglo XVI. Eran naciones que
exportaron prácticamente la totalidad de
su azúcar, de su café, de su plata, de
sus productos minerales y de esa manera
estaban perfectamente integrados en el
sistema comercial del mundo, no estaban
marginados, pero estaban integrados
gracias a un sistema que en muchos casos
se basaba en el latifundio, la
esclavitud, la concentración enorme de
la riqueza y del ingreso. Por lo tanto
era una integración que nos ha
desintegrado internamente, que no nos ha
permitido jamás el desarrollo que otros
países tuvieron. Es obvio que no
queremos reproducir ese camino bajo una
ropa solamente superficial y moderna; lo
que queremos es la integración virtuosa,
la integración que permitirá a países
como los nuestros exportar cada vez más
productos de mayor contenido
tecnológico, cada vez capturar más valor
agregado para crear empleos con buenos
salarios y ejercer un efecto de
distribución. Y está claro que ese tipo
de integración de calidad fue conseguida
por muy pocos países en desarrollo. Tal
vez por algunos asiáticos como China,
Taiwán, Corea del Sur y por otros,
quizás sean menos de 6 o 7 países los
que lo han logrado realmente a lo largo
de 20 o 30 años. Y esto plantea,
justamente, el problema del Sistema
Multilateral del Comercio. Ninguno de
nosotros niega que sea necesario y
deseable para los países en desarrollo;
es evidente que un sistema basado en
normas, en reglas, es más importante
para los débiles que para los poderosos.
Por lo tanto, en principio, nosotros lo
necesitamos más que los que tienen mucho
poder y pueden prevalecer por las vías
unilaterales. Eso no lo ponemos en duda.
Tampoco dudamos que el comercio mundial
y la inversión que genera exportación
son los medios más adecuados para que un
país pueda progresar, porque hoy día
nadie cree más en la posibilidad, como
se decía en los años 30, de la
edificación del socialismo en un solo
país, hoy nadie defendería la opción por
el crecimiento autárquico y si queremos
crecer a través del mundo tiene que ser
a través del comercio y de la inversión.
Ahora bien, si
admitimos esas cosas no quiere decir que
tengamos que admitir que el sistema
actual ya es lo que necesitamos, que el
actual sistema del comercio ya nos da
esos instrumentos. Desgraciadamente ese
no es el caso y no es por ninguna razón
conspiratoria, no es necesario buscar
explicaciones ideológicas para ese
hecho. La realidad es que el sistema
multilateral de comercio que tenemos es
el fruto de una evolución de más o menos
medio siglo que comenzó en 1948, con el
GATT, que fue durante muchos años un
club de apenas veinte países,
prácticamente casi todos
industrializados, ya que si bien algunas
naciones en desarrollo como mi país
formaban parte, era una participación
más teórica que real.
En términos concretos
la historia del GATT durante los
primeros 30 años o más, ha sido
determinada por los intereses de las
naciones industriales que desde el
comienzo han definido las reglas del
juego en términos de dar énfasis a
cuáles eran las reglas generales y las
excepciones. La excepción en el GATT,
como en la OMC, ha sido siempre el alma
del negocio. Había una historia seudo
bíblica que se contaba en el GATT,
cuando llegué por primera vez a esa
organización, en el comienzo de la Ronda
Uruguay, en 1987, que escuché a un
delegado americano y que más o menos
decía así: cuando Moisés bajó del Monte
Sinaí con las tablas de la Ley o el
Decálogo y reunió a toda la muchedumbre
del pueblo de Israel para leer esas
normas extraordinarias de
comportamiento, ocurre que por
casualidad en medio de la muchedumbre
estaban perdidos algunos negociadores
comerciales que escucharon con mucha
atención y al final dijeron "muy bien,
suena sublime, pero dónde está la
cláusula de excepción". Es verdad que
esa historia puede parecer poco
respetuosa para algunos pero tiene la
ventaja de mostrar el cinismo del
negociador comercial, que utiliza los
argumentos del libre comercio pero en la
práctica sabe que habrá siempre
excepciones determinadas por los
problemas nacionales.
Los países
industriales que tenían como prioridad
reducir los aranceles en productos
industriales, se concentraron en esa
área y dejaron afuera lo que les
interesaba menos, por ejemplo,
agricultura, por ser un sector en el que
todos tenían dificultad. Los años 50
eran los años en que los países europeos
empezaron la formación del Mercado Común
sobre la base de la política agrícola
común, así que no podían someterla a las
disciplinas del GATT porque era una
política basada, como hasta hoy lo es,
en subvenciones masivas para contrariar
lo que había sido la locación natural de
recursos según las reglas de la buena
doctrina económica. Lo que ellos
hicieron fue justamente contrariar la
tendencia del mercado y la agricultura
quedó afuera, pero curiosamente no por
iniciativa europea sino por iniciativa
americana. El primer waiver, la primera
gran excepción a la agricultura, fue
otorgada a EE.UU. a principio de los
años 50. De la misma manera ocurrió con
los productos textiles, y ropa en
general, que era un sector en que los
países industriales tenían menos
competitividad, tenían un problema de
presión proteccionista interna y el
primer waiver en tejidos de algodón, que
ha sido la semilla del futuro Acuerdo
Multifibras, también fue otorgado a
EE.UU. a fines de los años 50. Por lo
tanto, observamos que existe una
excepción de medio siglo en agricultura
y otra de 45 años en tejidos. Es bueno
tener presente esos plazos cuando uno
escucha, por ejemplo, en el discurso
oficial americano o el europeo, que los
plazos de transición de los países en
desarrollo en propiedad intelectual -
apenas diez años- son demasiado
generosos. Y es bueno recordar el pasado
porque ellos después de 50 años en
agricultura y 45 en textiles dicen que
aún no están listos para liberalizar los
dos sectores porque se están adaptando.
Cito estos ejemplos
sin ningún ánimo de volver al discurso
de denuncia, sólo estoy describiendo la
realidad. Las dos áreas en que los
países que empezaron su proceso de
desarrollo, donde tendrían teóricamente
más ventajas para competir, son las dos
áreas que no por casualidad han estado
fuera de las disciplinas. Se podría
decir, bien pero ahora hubo la decisión
de la Ronda de Uruguay de integrar
gradualmente la agricultura y de
desmantelar el Acuerdo Multifibras, pero
en el primer caso, que es la
agricultura, se podría aplicar la frase
elegida por los militares brasileños en
los años 70 para poner fin a la
dictadura: decían que es un "camino de
apertura, lenta, gradual y segura".,
pero era sobre todo lenta, porque tardó
más de 12 años… y esto es un poco el
camino que se está siguiendo en
agricultura.
En textiles, como
ustedes saben, ya estamos a mitad del
camino del desmantelamiento del Acuerdo
Multifibras que debería ser desmantelado
por ser un acuerdo discriminatorio sólo
contra los países en desarrollo que
están sujetos a cuotas. Ese acuerdo
debía desmantelarse gradualmente en el
período que va del año 1995 al año 2005;
ya estamos prácticamente a la mitad y
hasta ahora lo que se ha liberalizado en
términos de valor es sólo el 6% del
total del comercio. En términos de
número de productos es mucho más alto,
pero son los productos que no tienen
expresión. Si les cuento esto es sólo
porque esos hechos no son tan conocidos
debido a que, fuera de nuestra
organización, no hay mucha gente que se
ocupe de divulgarlos: lo que se escucha
en los discursos oficiales es solamente
la exaltación de cómo el comercio es
algo formidable, que puede ayudar a los
pueblos y contribuyó al crecimiento de
los últimos años. Pero todo esto es muy
poca cosa en relación con todo lo que
falta hacer. Como nadie habla de eso nos
corresponde a nosotros tener que hacer
un poco ese papel desagradable,
demostrar que las cosas no están tan
bien como se dice.
Pero yo les contaba
todo eso solamente porque quiero llegar
al punto del regionalismo. ¿Cuál es una
de las características centrales de ese
momento que estamos viviendo de la
mundialización o de la globalización? Es
el hecho que la globalización exacerba y
agudiza, la competencia entre los países
por una razón muy sencilla: a medida que
están desapareciendo las barreras que
antes protegían un país o protegían
sectores, es claro que esos países o
esos sectores tienen que abrirse a la
competencia que antes no los afectaba.
Globalización es prácticamente
equivalente a aumento de la competencia
y es por eso que yo digo con frecuencia
que casi todos los problemas comerciales
pueden ser reducidos, de una manera o de
otra, a la cuestión de la competencia.
Ahora bien ¿qué es la competencia?. La
competencia es un juego. Ustedes saben
que no es por casualidad que actualmente
las teorías del juego, que han sido
desarrolladas matemáticamente, son
utilizadas para entrenar gente que está
dedicada a la competencia. ¿Qué es un
juego y qué necesita? Requiere de tres
elementos básicos: reglas, árbitros y
preparación. Pero lo que pasa con el
mundo de las negociaciones comerciales
es que en el GATT, en la Ronda Uruguay y
en la OMC, los negociadores comerciales
se han comportado siempre como si el
juego de la competencia necesitara
solamente de reglas claras, definidas en
la OMC, y del árbitro que es el sistema
de solución de controversias. Es un poco
como si uno planteara que una persona en
el momento que conozca las reglas del
fútbol y tenga un árbitro será capaz de
jugar contra la selección de un país
campeón. O imaginar, por ejemplo, que si
arrojan a una persona que no sabe nadar
a una piscina, no sólo va a sobrevivir ,
sino que es capaz de ganar los 100
metros. En el fondo, la idea que está
presente es que la mejor manera de
competir es compitiendo. Y eso tiene
algo de verdad, pero olvida que la
competencia, como el desarrollo, es un
proceso de aprendizaje y que para
aprender, para entrenarse, hay que tener
condiciones, incluso que permitan a los
países o a las empresas prepararse poco
a poco . Y es justamente en ese tercer
elemento que yo veo el gran e
insustituible papel del regionalismo y
del subregionalismo, porque a mi juicio
no existe mejor camino de entrenamiento,
de preparación a la competencia, que
empezar a competir más o menos entre
iguales. Es claro que sabemos que
igualdad no existe nunca en términos
aritméticos, pero sí puede ser más
normal que haya un comienzo de
competencia entre Estados vecinos,
contiguos, que puedan comprender la
necesidad de los más débiles y que por
eso proceso se pueda permitir que los
países gradualmente puedan adquirir las
condiciones para poder un día competir
en el gran escenario multilateral.
Ahora bien, si eso es
cierto (y yo creo que lo es) hay que ver
cuáles son los hechos empíricos, qué es
lo que la realidad nos presenta. Cuando
comparamos nuestras ideas con lo que
ocurre en el mundo real, se observa, por
ejemplo que, según un estudio de la
CEPAL, en la década de los 90 casi toda
la expansión de las exportaciones que
hubo en los países latinoamericanos,
particularmente manufacturas pero
también en otros rubros, más de un 80
por ciento ha ocurrido dentro del
continente, ese dato incluye también las
exportaciones mexicanas hacia EE.UU.,
pero en gran medida han ocurrido en el
ámbito regional y subregional. Hubo muy
pocos logros en relación con áreas
fueras del Continente, por ejemplo,
competir en Europa contra los asiáticos,
o competir en Asia, lo que muestra que
bien se trate del Grupo Andino, del
Mercosur, o de los mecanismos
centroamericanos, todos ellos están
jugando su papel en permitir una
intensificación del comercio entre esos
países, incluso en el dominio de las
manufacturas.
Como prueba negativa
tenemos los resultados que la UNCTAD
presentó en su último Informe sobre
Comercio y Desarrollo, publicado hace
dos meses, donde se demuestra que en la
década de los 90, después de las grandes
rondas de negociación comercial del
ciclo del Uruguay y antes del ciclo
Tokio, los países en desarrollo en su
abrumadora mayoría están peor de lo que
estaban en los años 70, en términos de
déficit comerciales.
Los déficits
comerciales son en promedio tres puntos
porcentuales más altos de lo que eran en
la década de los 70 y el crecimiento
económico es dos puntos más bajo. Es
claro que eso tiene muchas razones como
las políticas domésticas inadecuadas. -
mi país, por ejemplo, tenía una moneda
sobrevaluada- , la pérdida de valor de
los precios de los productos básicos, el
deterioro de los términos de
intercambio, etc, pero parte de la
explicación es el fenómeno que yo
describía, el hecho que el sistema
multilateral del comercio ha sido
conformado de tal manera que favorece
mucho más el interés de los países
industrializados que el interés de los
demás. Eso ha pesado. ¿Qué es lo que ha
ocurrido, en la Ronda Tokio, en la Ronda
Uruguay? Los países en desarrollo eran
acusados por los americanos de "free
riders", de que se beneficiaban del
sistema multilateral, pero no hacían
concesiones. Pero eso ha cambiado, en la
década de los 90 la gran liberalización
ha ocurrido en los países en desarrollo,
que han abierto sus mercados, mientras
los mercados de los países desarrollados
han quedado mucho más protegidos.
Yo no discuto el
hecho que EE.UU. Japón o Europa, de una
manera general, tienen sistemas
comerciales relativamente mucho más
abiertos, pero los tienen cerrados en
los temas que nos interesa, por ejemplo,
agricultura, textiles, los picos
arancelarios, el escalonamiento
arancelario, el uso y el abuso del
antidumping, en acero, en calzado, en
productos de alimentos procesados. Por
lo tanto, se ha producido un
desequilibrio aún más grave de los que
ya existían anteriormente y, entonces,
hay que corregir ese desequilibrio de
dos maneras: una a través de una
posición proactiva en la negociación
comercial y nosotros tenemos un programa
que llamamos la Agenda positiva,
precisamente para ayudar a los países a
que se preparen a las negociaciones y
nos alegra mucho que actualmente de las
250 propuestas que se han presentado
antes de la reunión de Seattle, 51% son
propuestas que vienen de países en
desarrollo. Es la primera vez que eso
ocurre y en buena medida es un reflejo
de ese trabajo que estamos conduciendo
con ellos, considerando que muchas de
las propuestas son inspiradas por
estudios nuestros. Sin embargo, está
claro que sólo plantear propuestas no
significa mucho, si estas propuestas
corren el riesgo de ser un poco
ignoradas durante la negociación. Por
eso nosotros queremos ver si vamos a
mantener la asistencia a los países
durante la negociación y mucho va a
depender de la firmeza política de los
países, de mantener muy clara su
posición en términos de los sectores que
les interesan.
Pero además de esa
actitud proactiva en la negociación, el
segundo elemento que es muy importante
consiste en preservar el espacio del
regionalismo y del subregionalismo.
Resulta claro que uno
de los objetivos de las negociaciones
multilaterales es crear una situación en
que se va liberalizando todo el comercio
mundial, pero si eso se hace a un ritmo
inadecuado puede minar las posibilidades
de la integración subregional, porque
elimina la posibilidad de aranceles
preferenciales o de otros tipos de
preferencias. Les doy un ejemplo
concreto, en Seattle una de las
dificultades de la preparación de la
reunión (que como ustedes saben ha sido
sumamente difícil porque no se han
logrado avance y tuvieron que terminar
las negociaciones con un texto general
que es una compilación de propuestas),
se han originado en varias cosas, pero
básicamente en tres grandes áreas: una
es agricultura, porque europeos,
japoneses, suizos y otros no quieren que
en el documento de Seattle se ponga algo
que vaya más allá del compromiso de
liberalización gradual de la agricultura
que ya está contenido en el Art. 20 del
acuerdo sobre agricultura de la Ronda
Uruguay. Quieren mantenerse exactamente
en ese artículo y eso es muy poco porque
no permite dar un horizonte, una meta a
la negociación.
La segunda dificultad
es el tema de la llamada implementación
de los acuerdos de la Ronda Uruguay. Son
temas en que países en desarrollo han
venido haciendo hincapié, mostrando que
ciertas decisiones de la Ronda Uruguay,
como las relativas a propiedad
intelectual o las medidas de inversión
relativas al comercio como, por ejemplo,
la utilización del contenido local en la
producción industrial, todas esas
medidas que han sido prohibidas o
dificultadas por la Ronda Uruguay, ahora
los países en desarrollo quieren
rediscutirlas o ampliar los plazos y los
países industriales se resisten
terminantemente a dar concesiones,
porque no quieren reconocer que la Ronda
Uruguay ha terminado con grandes
desequilibrios en contra de los países
en desarrollo.
La tercera área de
controversia es la que divide a los
industrializados entre sí: por un lado,
están los Estados Unidos, por otro la
Unión Europea. Los americanos tienen una
visión del formato de la negociación que
es más bien restringida a los temas de
acceso a mercado, básicamente a los dos
temas ya decididos a favor de la
reapertura de la negociación en
Marrakech , servicios y agricultura, y
otro tema que los americanos quieren
introducir, además de la cuestión
laboral, son los 9 sectores de la PEC en
que EE.UU. busca arancel cero, entre los
cuales figuran productos químicos,
productos de pesca, productos
forestales, juguetes, equipos
electrónicos más otros cuatro que no
recuerdo. Ahora bien, este ejemplo,
muestra de una manera muy clara cómo la
negociación multilateral puede crear
problemas a la integración subregional,
porque es claro que si en 9 sectores
claves del desarrollo industrial se va a
llegar a un resultado de arancel
cero…¿qué es lo que resta a la
integración subregional o regional en
esos rubros? Por lo tanto, hay que estar
atento para ver cómo las negociaciones
multilaterales pueden crear limitaciones
adicionales al espacio disponible para
construir la integración regional o
subregional.
Quería plantearles
estas consideraciones, añadiendo
solamente para concluir mi presentación,
que nosotros estamos ahora con la
Comunidad Andina con un marco de
cooperación que fue firmado por el
Secretario General, Sebastián Alegrett,
cuando nos visitó en Ginebra. Y en ese
marco queremos trabajar con ustedes y
también beneficiarnos porque hay cosas
en que nosotros necesitamos de la ayuda,
por ejemplo en materia de web site ,
donde ustedes tienen una excelente
calidad, y queremos trabajar juntos en
cosas como la agenda positiva para el
comercio, el entrenamiento de
negociadores comerciales y también de
personas que puedan formular políticas
comerciales, no sólo a nivel nacional en
los países andinos, sino también en la
perspectiva subregional de la Comunidad
Andina, y en materia de inversión
aplicada a ampliar la exportación.
Porque ustedes, al igual que toda
Latinoamérica sufre de una oferta
insuficiente; no es sólo el problema de
las barreras a la exportación, hay un
problema de "supply sides" y es por eso
que muchas veces no tenemos qué pedir en
las reuniones.
A mí me impresionó
mucho como Embajador de Brasil la
posición de mi país en la Ronda Uruguay.
Y por eso decía que Brasil sabe lo que
no quiere, pero no sabe lo que quiere.
Brasil sabía que no quería propiedad
intelectual, pero cuando nos preguntaban
qué quiere Brasil nosotros decíamos no a
todo porque no teníamos realmente una
posición, porque nuestra exportación
estaba concentrada en cosas que no
estaban en la negociación. Cuando
teníamos algo que ganar era en sectores
que son el núcleo duro del
proteccionismo, como el acero, el jugo
de naranja, así que no había esperanza,
por eso es tan importante ver cómo la
inversión puede contribuir a expandir la
exportación. Ya los cansé mucho y voy a
poner punto final a esta presentación.
Muchas gracias.