Situación y perspectivas de las negociaciones comerciales multilaterales
Exposición del Secretario General de la UNCTAD, Embajador Rubens Ricupero, en la sede de la Secretaría General de la Comunidad Andina.

26 de noviembre de 1999

Me alegra mucho tener esta oportunidad de dialogar con los funcionarios de la Secretaría General de la Comunidad Andina y dialogar sin ninguna pretensión, sin ninguna formalidad, porque yo creo firmemente en el potencial del camino regional y subregional como, quizás no el mejor, pero sí posiblemente el único camino que permita a los países en desarrollo integrarse a la mundialización de la economía con el ritmo y con el tiempo suficientes para que se preparen a esa exacerbación de la competencia que es uno de los fenómenos que acompaña a la mundialización. Creo que es mucho más lógico empezar por el camino subregional y regional que intentar el big bang approach, la liberalización total e inmediata sin que el sector productivo esté preparado para afrontar la competencia. Y es por eso que me da mucho placer tener esta oportunidad de dialogar con personas que creen en ese tipo de política y que trabajan en su quehacer cotidiano para hacerla realidad.

La UNCTAD hoy es una organización que se ha reinventado a sí misma. Ya no es la organización de la grandes discusiones, del diálogo Norte-Sur, como lo ha sido en los años 1960-1970, donde se intentaba redefinir un nuevo orden económico internacional. Nosotros reconocemos la realidad histórica, sabemos que las condiciones económicas son distintas, que las grandes negociaciones sobre comercio, moneda y finanzas están ubicadas en organizaciones como la OMC, el FMI y lo que nosotros buscamos hacer es un poco - si me permiten usar una imagen que no es totalmente verídica pero sí aproximada- ser cada vez más la OCDE de los países en desarrollo; esto quiere decir, una organización basada sobre los conocimientos, sobre la investigación y el análisis, que pueda suministrar a los países en desarrollo los elementos que necesitan para formular ellos mismos sus estrategias de adaptación al sistema monetario, financiero, de inversión y comercial en términos globales.

Con esa intención nos hemos concentrado en tres áreas en las que creemos contar con ciertas ventajas comparativas. La primera, es la visión de la economía mundial, no específicamente en sus componentes individuales, sino que buscamos ver más el bosque que los árboles. Es la visión de la interacción entre moneda, finanzas, comercio e inversión, pero también con una calificación importante: desde la perspectiva de los países en desarrollo. En ese sentido tenemos un equipo que cuenta con economistas de gran calidad en materia del análisis de los fenómenos monetarios y financieros, pero nosotros buscamos primero preservar nuestra autonomía de pensamiento, procuramos no subordinarnos a las modas del momento y a mantener una visión crítica del proceso, sin desconocer obviamente lo que hay de positivo, lo que hay de potencial y oportunidades en las tendencias actuales, pero al mismo tiempo manteniendo la tensión sobre las insuficiencias, sobre los desequilibrios y sobre la posibilidad de corregirlos.

En ese sentido nosotros, por ejemplo, hace diez años en 1990, cuando todas las organizaciones económicas internacionales saludaron el fin de la divergencia ideológica, el derrocamiento del Muro de Berlín, como la aurora de un gran progreso económico en el mundo, en nuestros informes del año 1990, la UNCTAD decía que la década que iba a empezar iba a estar caracterizada por la frecuencia, la intensidad y el poder destructivo de las crisis monetarias y financieras. Nosotros hemos sido los únicos que tuvimos la oportunidad de decirlo hace 10 años; hoy toda la gente lo dice con los mismos motivos, pero ese ejemplo nos permite mostrar que la UNCTAD busca siempre empujar hacia delante la frontera del debate económico.

No queremos ser parte del main stream y pagamos un precio por eso. Como decía Keynes, hay muchos economistas que prefieren equivocarse siendo parte del main stream que tener razón fuera del main stream. Nosotros buscamos justamente al revés: no buscamos ser parte del main stream, y es claro, no es con ningún prejuicio ideológico, es sólo para mantener la visión crítica de lo que ocurre, pero la visión crítica con miras a la superación.

La segunda área de nuestra experticia es comercio porque está en nuestro nombre. UNCTAD significa, como saben, Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Comercio y el Desarrollo, porque cuando fue fundada la UNCTAD en 1964, era la época en que se había acuñado ese eslogan "trade not aid" , el comercio, no la ayuda. Pero hoy día lo hemos actualizado y decimos: "Trade, not hot money", nosotros necesitamos comercio y no el capital especulativo . La tercera área corresponde a las inversiones. Como ustedes saben las Naciones Unidas tuvieron un papel pionero en este tema a través del Centro de Estudios de Empresas Transnacionales, el cual hace pocos años fue trasladado a Ginebra y hoy forma parte de la UNCTAD como una de sus divisiones, encargada de producir anualmente el World Investment Report.

En estas tres áreas nosotros buscamos suministrar a los países en desarrollo los elementos que necesitan para formular sus posiciones. Es claro que no nos corresponde, de ninguna manera, dictar cuáles son esas políticas; sólo proporcionamos los instrumentos, los insumos para que los países, a partir de sus realidades, de su visión, puedan formular políticas de negociación por ejemplo en comercio Y esto me permite pasar a la segunda parte de mi exposición que tiene que ver justamente con el trabajo de la Comunidad Andina y con la visión regional y subregional.

Decía hace un momento que el camino regional y subregional quizás sea el único que permita a los países en desarrollo integrarse al mundo de una manera cualitativamente positiva, porque creo que cuando se discute tanto ese tema de la globalización, de la mundialización, frecuentemente se pierde de vista que lo importante, lo que cuenta, no es tanto la cantidad o la celeridad, la rapidez, el carácter súbito de la integración, el "big bang approach"… no es eso lo que cuenta, lo que realmente cuenta es la calidad de la integración; es decir que sea una integración sostenible en el tiempo, una integración por secuencias en la que el país, al integrarse al mundo, lo hace para sacar provecho de las oportunidades y no solamente para exponerse a una competencia con la cual no tiene condiciones de lucha.

La historia de Latinoamérica es un buen ejemplo de cómo puede existir integración excesiva, de mala calidad, porque casi todos nuestros países - y voy a limitarme al caso de mi país, Brasil, por ser el que conozco mejor - han estado integrados desde el comienzo del capitalismo mercantil, en el siglo XVI. Eran naciones que exportaron prácticamente la totalidad de su azúcar, de su café, de su plata, de sus productos minerales y de esa manera estaban perfectamente integrados en el sistema comercial del mundo, no estaban marginados, pero estaban integrados gracias a un sistema que en muchos casos se basaba en el latifundio, la esclavitud, la concentración enorme de la riqueza y del ingreso. Por lo tanto era una integración que nos ha desintegrado internamente, que no nos ha permitido jamás el desarrollo que otros países tuvieron. Es obvio que no queremos reproducir ese camino bajo una ropa solamente superficial y moderna; lo que queremos es la integración virtuosa, la integración que permitirá a países como los nuestros exportar cada vez más productos de mayor contenido tecnológico, cada vez capturar más valor agregado para crear empleos con buenos salarios y ejercer un efecto de distribución. Y está claro que ese tipo de integración de calidad fue conseguida por muy pocos países en desarrollo. Tal vez por algunos asiáticos como China, Taiwán, Corea del Sur y por otros, quizás sean menos de 6 o 7 países los que lo han logrado realmente a lo largo de 20 o 30 años. Y esto plantea, justamente, el problema del Sistema Multilateral del Comercio. Ninguno de nosotros niega que sea necesario y deseable para los países en desarrollo; es evidente que un sistema basado en normas, en reglas, es más importante para los débiles que para los poderosos. Por lo tanto, en principio, nosotros lo necesitamos más que los que tienen mucho poder y pueden prevalecer por las vías unilaterales. Eso no lo ponemos en duda. Tampoco dudamos que el comercio mundial y la inversión que genera exportación son los medios más adecuados para que un país pueda progresar, porque hoy día nadie cree más en la posibilidad, como se decía en los años 30, de la edificación del socialismo en un solo país, hoy nadie defendería la opción por el crecimiento autárquico y si queremos crecer a través del mundo tiene que ser a través del comercio y de la inversión.

Ahora bien, si admitimos esas cosas no quiere decir que tengamos que admitir que el sistema actual ya es lo que necesitamos, que el actual sistema del comercio ya nos da esos instrumentos. Desgraciadamente ese no es el caso y no es por ninguna razón conspiratoria, no es necesario buscar explicaciones ideológicas para ese hecho. La realidad es que el sistema multilateral de comercio que tenemos es el fruto de una evolución de más o menos medio siglo que comenzó en 1948, con el GATT, que fue durante muchos años un club de apenas veinte países, prácticamente casi todos industrializados, ya que si bien algunas naciones en desarrollo como mi país formaban parte, era una participación más teórica que real.

En términos concretos la historia del GATT durante los primeros 30 años o más, ha sido determinada por los intereses de las naciones industriales que desde el comienzo han definido las reglas del juego en términos de dar énfasis a cuáles eran las reglas generales y las excepciones. La excepción en el GATT, como en la OMC, ha sido siempre el alma del negocio. Había una historia seudo bíblica que se contaba en el GATT, cuando llegué por primera vez a esa organización, en el comienzo de la Ronda Uruguay, en 1987, que escuché a un delegado americano y que más o menos decía así: cuando Moisés bajó del Monte Sinaí con las tablas de la Ley o el Decálogo y reunió a toda la muchedumbre del pueblo de Israel para leer esas normas extraordinarias de comportamiento, ocurre que por casualidad en medio de la muchedumbre estaban perdidos algunos negociadores comerciales que escucharon con mucha atención y al final dijeron "muy bien, suena sublime, pero dónde está la cláusula de excepción". Es verdad que esa historia puede parecer poco respetuosa para algunos pero tiene la ventaja de mostrar el cinismo del negociador comercial, que utiliza los argumentos del libre comercio pero en la práctica sabe que habrá siempre excepciones determinadas por los problemas nacionales.

Los países industriales que tenían como prioridad reducir los aranceles en productos industriales, se concentraron en esa área y dejaron afuera lo que les interesaba menos, por ejemplo, agricultura, por ser un sector en el que todos tenían dificultad. Los años 50 eran los años en que los países europeos empezaron la formación del Mercado Común sobre la base de la política agrícola común, así que no podían someterla a las disciplinas del GATT porque era una política basada, como hasta hoy lo es, en subvenciones masivas para contrariar lo que había sido la locación natural de recursos según las reglas de la buena doctrina económica. Lo que ellos hicieron fue justamente contrariar la tendencia del mercado y la agricultura quedó afuera, pero curiosamente no por iniciativa europea sino por iniciativa americana. El primer waiver, la primera gran excepción a la agricultura, fue otorgada a EE.UU. a principio de los años 50. De la misma manera ocurrió con los productos textiles, y ropa en general, que era un sector en que los países industriales tenían menos competitividad, tenían un problema de presión proteccionista interna y el primer waiver en tejidos de algodón, que ha sido la semilla del futuro Acuerdo Multifibras, también fue otorgado a EE.UU. a fines de los años 50. Por lo tanto, observamos que existe una excepción de medio siglo en agricultura y otra de 45 años en tejidos. Es bueno tener presente esos plazos cuando uno escucha, por ejemplo, en el discurso oficial americano o el europeo, que los plazos de transición de los países en desarrollo en propiedad intelectual - apenas diez años- son demasiado generosos. Y es bueno recordar el pasado porque ellos después de 50 años en agricultura y 45 en textiles dicen que aún no están listos para liberalizar los dos sectores porque se están adaptando.

Cito estos ejemplos sin ningún ánimo de volver al discurso de denuncia, sólo estoy describiendo la realidad. Las dos áreas en que los países que empezaron su proceso de desarrollo, donde tendrían teóricamente más ventajas para competir, son las dos áreas que no por casualidad han estado fuera de las disciplinas. Se podría decir, bien pero ahora hubo la decisión de la Ronda de Uruguay de integrar gradualmente la agricultura y de desmantelar el Acuerdo Multifibras, pero en el primer caso, que es la agricultura, se podría aplicar la frase elegida por los militares brasileños en los años 70 para poner fin a la dictadura: decían que es un "camino de apertura, lenta, gradual y segura"., pero era sobre todo lenta, porque tardó más de 12 años… y esto es un poco el camino que se está siguiendo en agricultura.

En textiles, como ustedes saben, ya estamos a mitad del camino del desmantelamiento del Acuerdo Multifibras que debería ser desmantelado por ser un acuerdo discriminatorio sólo contra los países en desarrollo que están sujetos a cuotas. Ese acuerdo debía desmantelarse gradualmente en el período que va del año 1995 al año 2005; ya estamos prácticamente a la mitad y hasta ahora lo que se ha liberalizado en términos de valor es sólo el 6% del total del comercio. En términos de número de productos es mucho más alto, pero son los productos que no tienen expresión. Si les cuento esto es sólo porque esos hechos no son tan conocidos debido a que, fuera de nuestra organización, no hay mucha gente que se ocupe de divulgarlos: lo que se escucha en los discursos oficiales es solamente la exaltación de cómo el comercio es algo formidable, que puede ayudar a los pueblos y contribuyó al crecimiento de los últimos años. Pero todo esto es muy poca cosa en relación con todo lo que falta hacer. Como nadie habla de eso nos corresponde a nosotros tener que hacer un poco ese papel desagradable, demostrar que las cosas no están tan bien como se dice.

Pero yo les contaba todo eso solamente porque quiero llegar al punto del regionalismo. ¿Cuál es una de las características centrales de ese momento que estamos viviendo de la mundialización o de la globalización? Es el hecho que la globalización exacerba y agudiza, la competencia entre los países por una razón muy sencilla: a medida que están desapareciendo las barreras que antes protegían un país o protegían sectores, es claro que esos países o esos sectores tienen que abrirse a la competencia que antes no los afectaba. Globalización es prácticamente equivalente a aumento de la competencia y es por eso que yo digo con frecuencia que casi todos los problemas comerciales pueden ser reducidos, de una manera o de otra, a la cuestión de la competencia. Ahora bien ¿qué es la competencia?. La competencia es un juego. Ustedes saben que no es por casualidad que actualmente las teorías del juego, que han sido desarrolladas matemáticamente, son utilizadas para entrenar gente que está dedicada a la competencia. ¿Qué es un juego y qué necesita? Requiere de tres elementos básicos: reglas, árbitros y preparación. Pero lo que pasa con el mundo de las negociaciones comerciales es que en el GATT, en la Ronda Uruguay y en la OMC, los negociadores comerciales se han comportado siempre como si el juego de la competencia necesitara solamente de reglas claras, definidas en la OMC, y del árbitro que es el sistema de solución de controversias. Es un poco como si uno planteara que una persona en el momento que conozca las reglas del fútbol y tenga un árbitro será capaz de jugar contra la selección de un país campeón. O imaginar, por ejemplo, que si arrojan a una persona que no sabe nadar a una piscina, no sólo va a sobrevivir , sino que es capaz de ganar los 100 metros. En el fondo, la idea que está presente es que la mejor manera de competir es compitiendo. Y eso tiene algo de verdad, pero olvida que la competencia, como el desarrollo, es un proceso de aprendizaje y que para aprender, para entrenarse, hay que tener condiciones, incluso que permitan a los países o a las empresas prepararse poco a poco . Y es justamente en ese tercer elemento que yo veo el gran e insustituible papel del regionalismo y del subregionalismo, porque a mi juicio no existe mejor camino de entrenamiento, de preparación a la competencia, que empezar a competir más o menos entre iguales. Es claro que sabemos que igualdad no existe nunca en términos aritméticos, pero sí puede ser más normal que haya un comienzo de competencia entre Estados vecinos, contiguos, que puedan comprender la necesidad de los más débiles y que por eso proceso se pueda permitir que los países gradualmente puedan adquirir las condiciones para poder un día competir en el gran escenario multilateral.

Ahora bien, si eso es cierto (y yo creo que lo es) hay que ver cuáles son los hechos empíricos, qué es lo que la realidad nos presenta. Cuando comparamos nuestras ideas con lo que ocurre en el mundo real, se observa, por ejemplo que, según un estudio de la CEPAL, en la década de los 90 casi toda la expansión de las exportaciones que hubo en los países latinoamericanos, particularmente manufacturas pero también en otros rubros, más de un 80 por ciento ha ocurrido dentro del continente, ese dato incluye también las exportaciones mexicanas hacia EE.UU., pero en gran medida han ocurrido en el ámbito regional y subregional. Hubo muy pocos logros en relación con áreas fueras del Continente, por ejemplo, competir en Europa contra los asiáticos, o competir en Asia, lo que muestra que bien se trate del Grupo Andino, del Mercosur, o de los mecanismos centroamericanos, todos ellos están jugando su papel en permitir una intensificación del comercio entre esos países, incluso en el dominio de las manufacturas.

Como prueba negativa tenemos los resultados que la UNCTAD presentó en su último Informe sobre Comercio y Desarrollo, publicado hace dos meses, donde se demuestra que en la década de los 90, después de las grandes rondas de negociación comercial del ciclo del Uruguay y antes del ciclo Tokio, los países en desarrollo en su abrumadora mayoría están peor de lo que estaban en los años 70, en términos de déficit comerciales.

Los déficits comerciales son en promedio tres puntos porcentuales más altos de lo que eran en la década de los 70 y el crecimiento económico es dos puntos más bajo. Es claro que eso tiene muchas razones como las políticas domésticas inadecuadas. - mi país, por ejemplo, tenía una moneda sobrevaluada- , la pérdida de valor de los precios de los productos básicos, el deterioro de los términos de intercambio, etc, pero parte de la explicación es el fenómeno que yo describía, el hecho que el sistema multilateral del comercio ha sido conformado de tal manera que favorece mucho más el interés de los países industrializados que el interés de los demás. Eso ha pesado. ¿Qué es lo que ha ocurrido, en la Ronda Tokio, en la Ronda Uruguay? Los países en desarrollo eran acusados por los americanos de "free riders", de que se beneficiaban del sistema multilateral, pero no hacían concesiones. Pero eso ha cambiado, en la década de los 90 la gran liberalización ha ocurrido en los países en desarrollo, que han abierto sus mercados, mientras los mercados de los países desarrollados han quedado mucho más protegidos.

Yo no discuto el hecho que EE.UU. Japón o Europa, de una manera general, tienen sistemas comerciales relativamente mucho más abiertos, pero los tienen cerrados en los temas que nos interesa, por ejemplo, agricultura, textiles, los picos arancelarios, el escalonamiento arancelario, el uso y el abuso del antidumping, en acero, en calzado, en productos de alimentos procesados. Por lo tanto, se ha producido un desequilibrio aún más grave de los que ya existían anteriormente y, entonces, hay que corregir ese desequilibrio de dos maneras: una a través de una posición proactiva en la negociación comercial y nosotros tenemos un programa que llamamos la Agenda positiva, precisamente para ayudar a los países a que se preparen a las negociaciones y nos alegra mucho que actualmente de las 250 propuestas que se han presentado antes de la reunión de Seattle, 51% son propuestas que vienen de países en desarrollo. Es la primera vez que eso ocurre y en buena medida es un reflejo de ese trabajo que estamos conduciendo con ellos, considerando que muchas de las propuestas son inspiradas por estudios nuestros. Sin embargo, está claro que sólo plantear propuestas no significa mucho, si estas propuestas corren el riesgo de ser un poco ignoradas durante la negociación. Por eso nosotros queremos ver si vamos a mantener la asistencia a los países durante la negociación y mucho va a depender de la firmeza política de los países, de mantener muy clara su posición en términos de los sectores que les interesan.

Pero además de esa actitud proactiva en la negociación, el segundo elemento que es muy importante consiste en preservar el espacio del regionalismo y del subregionalismo.

Resulta claro que uno de los objetivos de las negociaciones multilaterales es crear una situación en que se va liberalizando todo el comercio mundial, pero si eso se hace a un ritmo inadecuado puede minar las posibilidades de la integración subregional, porque elimina la posibilidad de aranceles preferenciales o de otros tipos de preferencias. Les doy un ejemplo concreto, en Seattle una de las dificultades de la preparación de la reunión (que como ustedes saben ha sido sumamente difícil porque no se han logrado avance y tuvieron que terminar las negociaciones con un texto general que es una compilación de propuestas), se han originado en varias cosas, pero básicamente en tres grandes áreas: una es agricultura, porque europeos, japoneses, suizos y otros no quieren que en el documento de Seattle se ponga algo que vaya más allá del compromiso de liberalización gradual de la agricultura que ya está contenido en el Art. 20 del acuerdo sobre agricultura de la Ronda Uruguay. Quieren mantenerse exactamente en ese artículo y eso es muy poco porque no permite dar un horizonte, una meta a la negociación.

La segunda dificultad es el tema de la llamada implementación de los acuerdos de la Ronda Uruguay. Son temas en que países en desarrollo han venido haciendo hincapié, mostrando que ciertas decisiones de la Ronda Uruguay, como las relativas a propiedad intelectual o las medidas de inversión relativas al comercio como, por ejemplo, la utilización del contenido local en la producción industrial, todas esas medidas que han sido prohibidas o dificultadas por la Ronda Uruguay, ahora los países en desarrollo quieren rediscutirlas o ampliar los plazos y los países industriales se resisten terminantemente a dar concesiones, porque no quieren reconocer que la Ronda Uruguay ha terminado con grandes desequilibrios en contra de los países en desarrollo.

La tercera área de controversia es la que divide a los industrializados entre sí: por un lado, están los Estados Unidos, por otro la Unión Europea. Los americanos tienen una visión del formato de la negociación que es más bien restringida a los temas de acceso a mercado, básicamente a los dos temas ya decididos a favor de la reapertura de la negociación en Marrakech , servicios y agricultura, y otro tema que los americanos quieren introducir, además de la cuestión laboral, son los 9 sectores de la PEC en que EE.UU. busca arancel cero, entre los cuales figuran productos químicos, productos de pesca, productos forestales, juguetes, equipos electrónicos más otros cuatro que no recuerdo. Ahora bien, este ejemplo, muestra de una manera muy clara cómo la negociación multilateral puede crear problemas a la integración subregional, porque es claro que si en 9 sectores claves del desarrollo industrial se va a llegar a un resultado de arancel cero…¿qué es lo que resta a la integración subregional o regional en esos rubros? Por lo tanto, hay que estar atento para ver cómo las negociaciones multilaterales pueden crear limitaciones adicionales al espacio disponible para construir la integración regional o subregional.

Quería plantearles estas consideraciones, añadiendo solamente para concluir mi presentación, que nosotros estamos ahora con la Comunidad Andina con un marco de cooperación que fue firmado por el Secretario General, Sebastián Alegrett, cuando nos visitó en Ginebra. Y en ese marco queremos trabajar con ustedes y también beneficiarnos porque hay cosas en que nosotros necesitamos de la ayuda, por ejemplo en materia de web site , donde ustedes tienen una excelente calidad, y queremos trabajar juntos en cosas como la agenda positiva para el comercio, el entrenamiento de negociadores comerciales y también de personas que puedan formular políticas comerciales, no sólo a nivel nacional en los países andinos, sino también en la perspectiva subregional de la Comunidad Andina, y en materia de inversión aplicada a ampliar la exportación. Porque ustedes, al igual que toda Latinoamérica sufre de una oferta insuficiente; no es sólo el problema de las barreras a la exportación, hay un problema de "supply sides" y es por eso que muchas veces no tenemos qué pedir en las reuniones.

A mí me impresionó mucho como Embajador de Brasil la posición de mi país en la Ronda Uruguay. Y por eso decía que Brasil sabe lo que no quiere, pero no sabe lo que quiere. Brasil sabía que no quería propiedad intelectual, pero cuando nos preguntaban qué quiere Brasil nosotros decíamos no a todo porque no teníamos realmente una posición, porque nuestra exportación estaba concentrada en cosas que no estaban en la negociación. Cuando teníamos algo que ganar era en sectores que son el núcleo duro del proteccionismo, como el acero, el jugo de naranja, así que no había esperanza, por eso es tan importante ver cómo la inversión puede contribuir a expandir la exportación. Ya los cansé mucho y voy a poner punto final a esta presentación.

Muchas gracias.