Palabras
del señor Presidente de la República de
Colombia, Andrés Pastrana Arango, en la
XII Cumbre Presidencial Andina
Lima,
9 de junio de 2000
La reunión de los
Presidentes de las cinco naciones que
integramos la CAN en esta tradicional
ciudad de Lima, más que la rutinaria
cita de los mandatarios de países
hermanos, es la concreción de un legado
histórico que heredamos conjuntamente de
nuestro Libertador Simón Bolívar y la
proyección de este patrimonio moral
hacia un futuro que será promisorio en
tanto mantengamos y acrecentemos nuestra
vocación de amistad y cooperación.
No somos los
herederos de una historia de debilidad y
desunión, sino los continuadores de un
gran sueño que nació en la mente genial
del más grande americano de la historia
y que interpreta el verdadero sentir de
nuestras gentes. Somos los
representantes de 110 millones de seres
humanos que comparten una cultura común
y que habitan una de las zonas más ricas
y fértiles del planeta, surcada por la
imponente cordillera de los Andes y
acariciada por las aguas majestuosas del
Atlántico y del Pacífico.
Colombia viene a esta
cumbre con la firma voluntad de
ratificar, una vez más, su compromiso
indeclinable con la integración andina.
Este es un compromiso que está vigente
desde aquel 1969 en que se firmó el
Acuerdo de Cartagena hasta el día de
hoy, cuando nuestra comunidad se
enfrenta con nuevas herramientas a los
recientes desafíos de la globalización y
de la era de la información, sin
abandonar por ello el prioritario reto
que nos representa alcanzar el
desarrollo social de nuestros pueblos.
Los países andinos,
bajo las nuevas reglas que definen las
relaciones económicas globales, no
pueden darse hoy el lujo de distraerse
de su camino hacia la integración, tal
como nos ocurrió en la década de los
ochenta, porque correríamos el riesgo de
ser dejados por el tren inexorable de la
historia. Por el contrario, tenemos que
aprovechar el impulso que adquirimos en
la última década del siglo XX y entrar
al nuevo milenio con la inquebrantable
decisión de profundizar este proceso de
integración hasta sus últimas
consecuencias.
En la Comunidad
Andina hemos avanzado mucho en nuestro
proceso de integración, no se puede
negar, pero son todavía muy grandes las
tareas que quedan por asumir para llegar
a la ambiciosa meta que nos planteamos
el año pasado en Cartagena de
constituimos en un Mercado Común, con
libre circulación de bienes, servicios,
capitales y personas, a más tardar el 31
de diciembre del año 2005.
Yo creo en la
posibilidad real de alcanzar este
objetivo. Pero si queremos integración,
tenemos, en primer lugar, que estar
convenidos de sus ventajas,
comprometidos con sus instancias y
procedimientos, y decididos a cumplir
nuestras respectivas responsabilidades.
En segundo lugar,
tenemos que partir de la base realista
de que, a pesar del establecimiento en
1993 de la Zona de Libre Comercio y de
la adopción en 1995 de un Arancel
Externo Común para tres de nuestros
países, aún estamos lejos de constituir
una verdadera Unión Aduanera, que es el
lógico estadio anterior al propuesto
Mercado Común. Y es más: tenemos que
admitir que también es necesario
consolidar y perfeccionar la Zona de
Libre Comercio.
Por ello, -y siempre
transitando hacia el objetivo esencial
del Mercado Común en el año 2005-,
debemos primero concentrarnos en cumplir
y culminar los procesos pendientes para
consolidar tanto la Zona de Libre
Comercio como la Unión Aduanera. Debemos
desarrollar una agenda que le asigne
prioridad a los asuntos que son
indispensables para dar mayor
transparencia y fortaleza al mercado
ampliado.
En este sentido,
registro con especial satisfacción la
intención de acordar en esta cumbre un
programa de acción dentro de un plazo
cercano, para los años 2000 y 2001, que
se enfocará en el cumplimiento de esas
tareas más prioritarias, con cuya
realización se va allanando el camino
hacia el logro final del Mercado Común.
Temas como la simplificación de
procedimientos aduaneros, la
armonización de legislaciones
sanitarias, la adopción de un régimen
comunitario para las compras del sector
público, la adopción de una política
agropecuaria común, la aprobación de una
normativa comunitaria sobre comercio
electrónico, el desarrollo de un régimen
común de promoción y protección de
inversiones, y el reconocimiento en
nuestros países de lols documentos
nacionales de identificación, entre
muchos otros sobre los que se puede
avanzar en estos dos años, son los
ladrillos con los cuales se construye
sobre cimientos firmes el edificio de la
integración andina.
En este proceso de
perfeccionamiento y consolidación de las
dos primeras fases de nuestra
integración bien podríamos aplicar la
sabia sentencia de Suetonio: "Apresúrate
lentamente", trabajando primero en las
tareas más próximas, con la certeza de
llegar en mejores condiciones al puesto
deseado.
Señores Presidentes:
La voluntad política
de nuestros gobiernos para construir la
integración debe reflejarse no sólo en
los aspectos comerciales, sino también
en la ejecución de una política externa
común y en el desarrollo de una agenda
social que beneficie nuestros pueblos.
En la medida en que
nuestros países logren concertar en la
mayor cantidad de escenarios y sobre los
más diversos temas una Política Externa
Común, reforzarán su poder de
negociación y su capacidad de lograr
resultados concretos y beneficios para
la región. Tenemos un amplio campo de
trabajo en todos los foros
internacionales, no sólo económicos sino
también políticos, para hacer sentir la
voz de la Comunidad Andina en los
ámbitos mundiales, hemisférico y
regional, y de nosotros depende darle un
verdadero desarrollo a este propósito.
Los países andinos no
sólo compartimos historia, cultura y
tradiciones, sino también problemas y
dificultades que a menudo estigmatizan
nuestra posición en el concierto
internacional. Al igual que muchos otros
Estados, los nuestros enfrentan y han
enfrentado difíciles coyunturas
económicas y sociales y, muy
particularmente, se han visto afectados
por el problema mundial de las drogas
ilícitas.
Cada vez mas más la
comunidad internacional se hace
consciente de su cuota de
responsabilidad en el problema del
narcotráfico, ya sea como consumidores,
como productores de insumos básicos o
como centros receptores del lavado de
dinero. En esta lucha contra las drogas,
los países andinos hemos sido más
perjudicados que cualquiera y hemos
pagado con grandes sacrificios el
costoso precio de un flagelo que no es
sólo nuestro, sino mundial.
La continuidad y
ampliación de beneficios arancelarios
como los contemplados en el ATPA con los
Estados Unidos y en el SGP-Drogas con la
Unión Europea es una causa común, en la
que debemos apoyarnos. ¡Necesitamos que
nos ayuden a preservar y dinamizar la
economía de lo lícito para así poder
vencer la economía de lo ilícito!
Hoy quiero resaltar
que los países andinos hemos obrado con
una sola voz en las negociaciones del
ALCA y en las reuniones bilaterales de
comercio e inversión con los Estados
Unidos y con Canadá, con lo cual hemos
fortalecido significativamente nuestra
efectividad. Igualmente, firmamos ya un
acuerdo comercial con el Brasil y
culminamos exitosamente las
negociaciones con Argentina, en un
proceso que debe desembocar en el
mediano plazo en la conformación de una
Zona de Libre Comercio entre los dos
principales grupos de Suramérica:
nuestra comunidad y el Mercosur.
Otro tanto ha
avanzado la Comunidad Andina, como un
solo interlocutor, en las negociaciones
con los tres países del triángulo norte
del Mercado Común Centroamericano:
Honduras, El Salvador y Guatemala; con
Panamá y con el Caricom. Igualmente, son
prometedores los acercamientos de la
Comunidad con la Unión Europea, tal como
dejamos constancia en la reunión que
celebramos en el marco de la Cumbre de
Río de Janeiro hace menos de un año.
Y en el futuro
próximo nos esperan nuevos escenarios
para la ejecución de una Política
Externa Común andina. Dentro del Grupo
de Río, cuya Secretaría Pro témpore hoy
ocupa Colombia, los países andinos
tienen mucho que aportar en la adopción
de puntos de vista concertados que nos
permitan garantizar un protagonismo
efectivo de la América Latina y del
Caribe en los más importantes foros
internacionales, como la Cumbre del
Milenio de las Naciones Unidas. La
próxima semana nos reuniremos los
Presidentes del Grupo en Cartagena de
Indias y allá espero contar con la
siempre grata compañía de mis colegas y
amigos de la Comunidad Andina.
Estas son algunas de
las inmensas posibilidades que nos
ofrece el desarrollo de una Política
Externa Común. Como decía el poeta
colombiano Gonzalo Arango, "una mano más
una mano no son dos manos: son manos
unidas". Asimismo, tenemos que entender
que la suma de nuestros países no es
cinco países, sino mucho más, es una
dinámica comunidad con verdadero peso en
el escenario internacional.
Amigos Presidentes de
las naciones hermanas de la Comunidad
Andina:
Si estamos
comprometidos con la integración entre
nuestros pueblos, es porque hemos
entendido que sólo en un panorama de
unión y cooperación podremos garantizar
a nuestra gente un futuro con verdaderas
posibilidades de desarrollo humano, que
es aquel que conjuga la garantía de los
derechos civiles y libertades
fundamentales con unas condiciones
dignas de existencia y con la creación
de oportunidades para que cada quien
encuentre la mejor realización de su
capacidad y de su vocación.
Nuestros países, que
apenas están saliendo de difíciles
etapas de recesión económica, que
afectaron las cifras de nuestra
integración y, por supuesto, la calidad
de vida de nuestros pueblos, están hoy
comprometidos con procesos de ajuste
económico y fiscal para volver a la
senda del crecimiento. Pero hemos
entendido que no bastan el solo
crecimiento ni el simple mejoramiento de
los índices macroeconómicos, si no van
acompañados de una mejor distribución de
los recursos y de una clara mejoría en
las condiciones sociales de nuestros
compatriotas.
De ahí que resulte
tan gratificante que dentro de las
prioridades de nuestra Comunidad hayamos
fijado una Agenda Social, que nos
permitirá cooperar en la construcción de
soluciones conjuntas a problemas tan
graves como el del desempleo, además de
intercambiar experiencias y buscar
apoyos recíprocos en materias laborales,
culturales, de educación, de
investigación científica, de salud y de
vivienda.
Dentro de esta Agenda
Social Andina encuentro particularmente
interesante la búsqueda de su aplicación
en las regiones fronterizas que nos
vinculan, que tienen la vocación
geográfica para convertirse en los
territorios pilotos de la integración,
donde adelantaremos programas integrales
de desarrollo, con el apoyo de la
Comunidad y de entidades financieras
internacionales, empezando, por
supuesto, por la propia Corporación
Andina de Fomento, cuyos 30 años son hoy
también un motivo de orgullo y de
satisfacción para los países andinos.
Apreciados amigos:
He venido a esta
Cumbre trayendo la voz de una nación que
cree como ninguna en las bondades de la
integración, que ha trabajado sin
desmayo por el buen futuro de la
Comunidad y que está comprometida a
fondo con el proceso que hoy nos
vincula.
La integración andina
se ha fundado siempre, como elemento
cohesionador, en los principios y
postulados de la democracia. Por eso
quiero hoy invitar a mis amigos
Presidentes a ratificar, sin dilaciones,
el Protocolo Adicional al Acuerdo de
Cartagena que establece el compromiso de
la Comunidad Andina con la democracia.
Esta es la oportunidad propicia para
reafirmar ante el mundo nuestra
indeclinable voluntad con ese
compromiso. Como se menciona en dicho
Protocolo, "la plena vigencia de las
instituciones democráticas y el Estado
de Derecho son condiciones esenciales
para la cooperación política y el
proceso de integración económico, social
y cultural".
Por ello, Colombia se
complace por la actitud del Presidente
Fujimori, al reconocer que la democracia
peruana requiere profundizarse, y
asimismo, por su decisión de invitar a
una misión del más alto nivel de la
Organización de Estados Americanos, con
el fin de explorar, con el Gobierno del
Perú y otros sectores de la comunidad
política, opciones y recomendaciones
dirigidas a un mayor fortalecimiento de
la democracia. Decisión ésta de la
reciente Asamblea General de la OEA que
demuestra el interés de la comunidad
hemisférica por la consolidación de los
valores democráticos, dentro del respeto
al principio de no intervención.
Yo tengo la certeza
de que, como resultado del propósito
renovador del Presidente Fujimori y de
las recomendaciones respetuosas que
produzca la misión de la OEA,
avanzaremos en el cumplimiento de lo
acordado en el Acta de Constitución del
Pacto Andino, cuando señaló que este
proceso está fundado en principios de
igualdad, justicia, paz, solidaridad y
democracia. De esta manera,
ratificaremos la Declaración
Presidencial sobre nuestro compromiso
con la Democracia, suscrito en Bogotá el
7 de agosto de 1998.
Somos conscientes,
señores Presidentes, de que sólo con un
compromiso sincero y con la correlativa
voluntad política de todas y cada una de
las naciones andinas lograremos las
importantes y ambiciosas metas que nos
hemos forjado, en cumplimiento de un
sueño bicentenario y en beneficio de
nuestros hijos y de los hijos de
nuestros hijos.
Yo quisiera terminar
trayendo a la memoria las palabras que
en 1973 dirigió mi padre, el entonces
Presidente de Colombia Misael Pastrana
Borrero, a sus colegas presidentes del
Grupo Andino, en las cuales se reflejan
esos principios y esa vocación social
que hoy estamos reafirmando aquí en
Lima, en esta nueva cita con nuestro
futuro:
"Está demostrado que
la unidad de América tiene que basarse
en adecuadas respuestas a los anhelos
del pueblo y en objetivos comunes que
permitan ampliar las perspectivas de
progreso y ofrecerles a nuestras gentes
mejores condiciones de existencia. El
Pacto Andino se fortalecerá si hacemos
coincidir su destino con el bienestar
colectivo de las masas y el cambio de la
calidad de sus vidas".
Muchas gracias