Palabras del
Presidente de la República de Colombia,
Andrés Pastrana Arango, en la sede de la
Secretaría General de la Comunidad
Andina
Lima, 7 de mayo de
2001
Colombia es una
nación que cree con firmeza en las
bondades de la integración, que ha
trabajado sin desmayo por el buen futuro
de la Comunidad Andina y que está
comprometida a fondo con el proceso que
hoy nos vincula.
Lo digo sin ambages
porque es un hecho irrefutable que
compromete además nuestro actuar en la
esfera nacional e internacional. Como
bien lo dispone nuestra Constitución
Política, el Estado colombiano promueve
la integración económica, social y
política con las demás naciones y
especialmente con los países de América
Latina.
Pero más allá de lo
que ordena la ley, la integración para
nosotros es una vocación de vida: una
vocación que se inspira en el ideal
bolivariano que plasmó su sueño de
unidad en el Congreso Anfictiónico de
Panamá y en la Gran Colombia: una
vocación que aprendí también de mi
padre, el expresidente Misael Pastrana
Borrero, a quien le correspondió
sancionar la ley que incorporó el
Acuerdo de Cartagena a nuestra
legislación interna, y una vocación que
proviene de mi propia experiencia, en la
que he podido constatar que la fuerza de
los países latinoamericanos y, más
particularmente, de los países andinos
radica en la unión de sus esfuerzos, de
sus potencialidades y de sus ventajas
complementarias.
Han sido más de tres
décadas de construcción de un esfuerzo
común que no podemos echar por la borda.
Por el contrario, nuestro deber hoy es
intensificar los logros alcanzados en la
última década del Siglo XX, cuando le
dimos un segundo aire a la Comunidad y
diseñamos en Trujillo un completo
"Sistema Andino de Integración".
Ahora contamos con
una institucionalidad regional de la
cual podemos sentimos orgullosos, -aún
frente al desarrollo de otros grupos de
integración-, liderada por el Consejo
Presidencial; con órganos de alto poder
decisorio, como el Consejo Andino de
Cancilleres y la Comisión; instancias
administrativas, como la Secretaría
General; judiciales, como el Tribunal
Andino de Justicia, y deliberantes, como
el Parlamento Andino.
Pero este Sistema
sólo tendrá validez y operatividad en
tanto se las concedamos los propios
países miembros. De su feliz desarrollo
o su frustración somos responsables los
5 países miembros y muy particularmente
sus líderes, quienes debemos ver la
integración, no como un proceso que
avanza por inercia, sino como un
objetivo esencial que trae más
beneficios que problemas y que debemos
cuidar y estimular.
El mensaje que
debemos irradiar al mundo, que mira con
interés el proceso andino y que está
listo para tomar decisiones de inversión
en nuestros países, es que tenemos una
integración sólida, confiable, con
reglas claras y compromisos serios, con
seguridad jurídica y estabilidad.
En tal sentido, es
fundamental que fortalezcamos los
organismos del Sistema, garantizando el
pleno funcionamiento y respeto de su
institucionalidad, y, muy
particularmente, acatando los fallos del
Tribunal Andino de Justicia.
No cabe duda de que
la superación de los incumplimientos que
contravienen el Acuerdo de Cartagena es
determinante para recuperar la
credibilidad de la Comunidad Andina ante
propios y extraños. ¡Nuestro deber es
acatar el ordenamiento jurídico regional
y procurar su perfeccionamiento!
Nos corresponde
también obrar juntos, y muy
decididamente, para obtener la
renovación del Acuerdo de Preferencias
Arancelarias Andinas -ATPA- por parte de
los Estados Unidos, así como del Sistema
Generalizado de Preferencias Andino -SGP
Andino- por parte de la Unión Europea,
los cuales vencen a fines de este año.
La posición común que
acordamos en Cartagena y que presentamos
en Quebec al presidente Bush para la
prórroga y ampliación del ATPA es una
muestra más de lo provechosa que puede
ser nuestra acción conjunta.
Pero nuestra
integración va más alta de aranceles y
tarifas. La integración que queremos
para los países andinos es la
integración que acordamos en Cartagena y
que ratificamos en Lima, con una
Política Externa Común y con una Agenda
Social dinámica y operante.
Igualmente
interesante es la Estrategia Integral
Andina contra el Problema Mundial de las
Drogas que hemos propuesto establecer al
más alto nivel para luchar conjuntamente
contra el flagelo del narcotráfico en un
sentido extenso, incluyendo los delitos
conexos como el desvío y contrabando de
insumos químicos, el tráfico ilegal de
armas y el lavado de activos.
Son muchos los retos
de la integración, y no concibo mejor
lugar que éste, donde funciona su
Secretaría General y donde Sebastián
Alegrett, un venezolano con corazón
andino, trabaja incansablemente y con el
entusiasmo de un verdadero
integracionista por consolidar esta
misión prometedora, para resaltar mi
compromiso y el compromiso de Colombia
con su mejor desarrollo.
Como dije aquí en
Lima el año pasado, citando a un
excelente poeta y amigo, Gonzalo Arango:
"Una mano más una mano no son dos manos:
son manos unidas".
Muchas gracias