Palabras del Presidente de la República de Colombia, Andrés Pastrana Arango, con ocasión del XIII Consejo Presidencial Andino
(Versión no oficial, transcripción del discurso)

Valencia, Venezuela, 23 de junio de 2001

No cabe duda que la integración andina es mucho más que cifras y estadísticas, que aranceles y tarifas. La integración andina es ante todo angustias, ilusiones y esperanzas de los 110 millones de habitantes de nuestra comunidad. La integración andina no es una embeleco de nuestros líderes de hace 32 años sino la continuación de un hecho histórico sin precedentes que nos vincula con lazos inquebrantables. Pocos países como los nuestros, apreciados colegas presidentes, tienen para mostrar una historia de independencia tan cercana y tan entrelazada como la que gestó el nacimiento de nuestras naciones.

Hoy celebramos en esta acogedora ciudad de Valencia, en este evocador Estado de Carabobo, en este cruce de caminos de la querida Venezuela, los 180 años de una batalla que simboliza el coraje y las posibilidades de nuestros pueblos unidos; fue Bolívar nuestro común libertador y gestor de este capítulo de la libertad de América, ya había triunfado en Boyacá y obtenido la libertad de los granadinos, ya había impulsado en Angostura la creación de una sola nación liberada, ya había proclamado en Bogotá el cumplimiento de la integración de su vida, que no era otra que la formación de la República libre e independiente de Colombia y entre los pueblos hermanos. Ahora le correspondía consolidar ese sueño libertario en su querida Venezuela, y fue en la sabana de Carabobo donde se dio con gloria su ilusión; bien lo había anticipado en cartas Santander cuando le escribió diez días antes de la Batalla: "Espere la victoria de Carabobo que vamos a dar". Y así fue, con su genio planificador, con el arrojo del León de Apure, el General José Antonio Páez, con la valiente participación del Coronel bogotano Ambrosio Plaza, del General Manuel Cedeño, del Coronel Rangel y del Balattón Británico al mando del Coronel Farriar, del Ejército Libertador del más grande y más hermoso que ha hecho armas en Colombia en un campo de batalla, para usar las palabras de Bolívar, cumplió la hazaña y dispersó al vencido adversario.

Fue un triunfo de valientes que dejó como saldo trágico las lamentables pérdidas de Plaza, de Cedeño y de Farriar entre poco más de doscientos muertos y heridos, pero su sacrificio no fue en vano, sobre su sangre heroica se levantó Venezuela libre y altiva; sobre su sangre heroica caminaron los nuevos centauros e infantes que habrían de culminar en Pichincha, en el Lago de Maracaibo, en Junín y en Ayacucho la epopeya de la libertad de los cinco países que hoy conformamos orgullosos de nuestro pasado, la Comunidad Andina. ¿Quién duda ahora de las razones de nuestra unión? ¿Quién puede negar ahora que detrás de nuestra Comunidad hay más allá del comercio y de los propósitos económicos, un pueblo entero con raíces y horizontes comunes?

Queridos amigos, Colombia es una Nación que cree con firmeza en las bondades de la integración, que ha trabajado sin desmayo por el buen futuro de la Comunidad Andina, y que está comprometida a fondo con el proceso que hoy nos vincula. Y lo digo sin ambages porque es un hecho irrefutable que compromete además nuestro actuar en la esfera nacional e internacional. Como bien lo dispone nuestra Constitución Política, el Estado Colombiano promueve la integración económica, social y política con las demás Naciones, y especialmente con los países de América Latina.

Pero más allá de lo que ordena la Ley, la integración para nosotros es una vocación de vida, una vocación que se inspira en el ideal bolivariano; una vocación que aprendí también de mi padre, el ex Presidente Misael Pastrana Borrero, a quien le correspondió sancionar la Ley que incorporó el Acuerdo de Cartagena a nuestra Legislación interna, y una vocación que proviene de nuestra propia experiencia en la que hemos podido constatar que las fuerzas de los países latinoamericanos, y más particularmente de los países andinos, radica en la unión de sus esfuerzos, de sus potencialidades y de sus ventajas complementarias.

Han sido más de tres décadas de construcción de un esfuerzo común, que no podemos echar por la borda. Por el contrario, nuestro deber hoy es intensificar los logros alcanzados en la última década del siglo XX, cuando le dimos un segundo aire a la Comunidad y diseñamos en Trujillo y completo sistema digno de integración.

Este es un sistema que sólo tendrá validez y operatividad en tanto se la concedamos los propios países miembros, de su feliz desarrollo o su frustración somos responsables los 5 estados integrantes y muy particularmente sus líderes, quienes debemos ver la integración, no como un proceso que avanza por inercia sino como un objetivo esencial que trae más beneficios que problemas y que debemos cuidar y estimular.

Tenemos que registrar con satisfacción la excelente dinámica comercial que hoy presenta la Comunidad, mientras comercio interregional hace 10 años era apenas de 1.797 millones de dólares y el año pasado alcanzamos una cifra de 5.166 millones de dólares, superando en un 31% las correspondientes al difícil año de 1999.

Además, en los primeros 5 meses del año actual venimos creciendo al 19.5%, de mantenerse esta tendencia en el presente año superaremos los 6 mil millones de dólares de intercambio regional, un nuevo récord en la historia de nuestra integración, pero no se trata del comercio por el comercio, en nuestro caso un incremento de intercambio dentro de la Comunidad implica por sobre todo la diversificación de nuestras economías y una importante generación de empleo en nuestros países.

Cuando hablamos de superar los 6 mil millones de dólares de compras y ventas entre las naciones de la subregión, hablamos en realidad de la generación o mantenimiento de alrededor de 700 mil puestos de trabajo, vale decir hablamos de cientos de miles de familias venezolanas, bolivianas, ecuatorianas, peruanas y colombianas que mejoran sus ingresos, pero por sobre todo su calidad de vida. Detrás de la integración siempre está la gente y es ella la mayor beneficiada.

Ahora bien, si estamos logrando los buenos resultados comerciales que ahora tenemos, apenas saliendo cada uno de nuestros países de difíciles períodos de recesión ¿cuánto más podremos crecer ahora que la reactivación se consolida en nuestras economías? ¿Cuánto más no podríamos avanzar si nos comprometemos de verdad a cumplir los compromisos adoptados en Cartagena y Lima y los que fijen aquí en Valencia?

Hoy estamos sentando las bases para alcanzar en un futuro próximo metas tan importantes como la adopción del pasaporte andino para nuestros ciudadanos con la libre circulación en nuestros países con el solo requisito de los documentos de identidad nacional. Imagínense la revolución que esto significa en nuestra forma de pensar, de sentir y de actuar, imagínense cuánto se van a ampliar las posibilidades para nuestro comercio e inversión, cómo vamos a conocernos mejor y a identificar entre todos excelentes oportunidades.

No estamos construyendo una Comunidad para que nuestra gente se acomode a ella, todo lo contrario, nuestro reto debe ser continuar creando y consolidando las comunidades de la misma gente, se trata de una construcción gradual, algo así como un edificio al que no podemos anticipar los pisos más altos sin haber antes fortalecido sus cimientos y su planta baja para entonces sí construir con paciencia cada nuevo piso, uno por uno hasta alcanzar la cima de nuestros esfuerzos; sólo en la medida en que adelantemos este proceso gradualmente y entre todos el mismo se hará irreversible, no olvidemos el ejemplo de la Unión Europea que comenzó hace más de medio siglo con un convenio para el carbón y el acero y que año tras año ha ido construyendo una estructura de integración que ya alcanza las más avanzadas instancias.

En junio del año pasado en Lima los gobernantes de los países andinos nos comprometimos a seguir avanzando hacia la construcción de un mercado común entre los países de la región que entra en vigencia antes de terminar el 2005, sin embargo para que el edificio de nuestra integración quede bien construido tenemos que ser conscientes de que debemos primero concentrarnos en cumplir y culminar los procesos pendientes para consolidar tanto la Zona de Libre Comercio como la Unión Aduanera que en teoría debería estar hoy funcionando plenamente; dudar o retroceder en nuestra integración sólo nos generará menos posibilidades de crecimiento, mayor desempleo y más marginalidad en el contexto internacional.

Para avanzar en nuestra integración debemos proponernos ejecutar en lo que queda de este año una agenda que le dé prioridad a los asuntos que son indispensables para consolidar el mercado ampliado y allanar el camino del futuro y el mercado común, generando la mejor confianza de propios y de extraños en la solidez de nuestro proceso; en tal sentido es urgente que definamos una Agenda conjunta que comencemos a desarrollar cuanto antes, los temas prioritarios ya los conocemos, el arancel común, externo, un aspecto en el que se sigue siendo necesaria para su máxima efectividad la pronta incorporación del Perú, política agrícola común, el régimen de compras estatales, la liberación del comercio de servicios y el relacionamiento externo conjunto; con el objeto de contribuir eficazmente la consolidación de la integración subregional es necesario comprometernos en superar los incumplimientos del Acuerdo de Cartagena y a la vez el fortalecer y dar mayor pertinencia a las instituciones supranacionales; la ejecución de estas acciones y el avance en los temas concretos que me he permitido enunciar nos dará mayor credibilidad frente a terceros, condición necesaria para garantizar la seguridad jurídica indispensable que atraiga hacia nuestros países nueva inversión extranjera directa.

Reviste especial importancia para el mejor desarrollo de nuestras economías estimular proyectos industriales subregionales que potencien nuestras complementariedades económicas, consoliden los logros alcanzados en integración y amplíen la oferta exportable andina de los mercados externos. Por ello, es prioritario que nuestros gobiernos incentiven la inversión andina en la subregión, manteniendo la seguridad jurídica; preservando las condiciones vigentes al momento de su establecimiento, garantizando la realización de sus procesos productivos mediante el aprovisionamiento oportuno y asegurando la mayor protección legal a los derechos obtenidos por los inversionistas. De esta manera, podremos asegurar a nuestras empresas que serán tratadas como nacionales, sin discriminación alguna, tal como lo dispone el Acuerdo de Cartagena.

Es muy importante, amigos Presidentes, lo que logramos en Cartagena y en Québec el pasado mes de abril, cuando acordamos una posición conjunta de la Comunidad para solicitar la prórroga y la ampliación del Acuerdo de Preferencias Arancelario Andino, el APAA y la incorporación de Venezuela a este mecanismo. Como lo hicimos entonces, también estamos aunando esfuerzos para obtener este mismo año la prórroga, sin condicionamientos del SGP Andino, mediante el cual los Países de la Unión Europea otorgan preferencias arancelarias a nuestros productos. Es satisfactorio constatar además, como vimos y hablando con vocería única en las negociaciones del Area de Libre Comercio de las Américas, el ALCA.

Apreciados colegas Andinos:

Nuestra integración es para nuestra gente. De ahí la importancia que desarrollemos con éxito la Agenda Social Andina; las decisiones que impulsan la creación de Zonas de Integración Fronteriza y de Centros Binacionales de Atención a Fronteras en nuestros países, así como el Protocolo Sustitutorio del Convenio Simón Rodríguez, para el estudio y coordinación de asuntos sociolaborales, son pasos al frente hacia el mayor desarrollo social de nuestros pueblos.

En esa misma dirección, resulta de la mayor importancia que los ministros encargados del manejo de los temas sociales, en cada uno de nuestros países, vale decir: educación, salud, vivienda, empleo, entre otros, tengan un mecanismo para compartir experiencias y coordinar acciones conjuntas para mejorar la calidad de vida de nuestra población más vulnerable.

No podemos olvidar el tema de los Derechos Humanos. Todos nuestros países somos parte de la Convención Interamericana de Derechos Humanos, y debemos hacer de su protección una preocupación de Estado. Qué bueno que las Defensorías, los Ministerios Públicos o Procuradurías y las demás instancias encargadas de este tema crucial, se acerquen entre sí para evaluar la mejor forma de promoverlos y de defenderlos.

En cuanto al combate contra el problema mundial de las drogas, que tanto ha afectado a nuestra Región, quizás la principal víctima de este flagelo es más que satisfactorio que estemos aprobando en esta Reunión un Plan de Cooperación Andina, para la lucha contra las drogas y delitos conexos, que trata como un problema integral la producción, tráfico y consumo de drogas ilícitas, el lavado de activos, el desvío y contrabando de precursores químicos y el tráfico ilícito de armas. Este, es un Plan propio de nuestra Comunidad, que servirá como un aporte fundamental para la profundización de una estrategia hemisférica y que es también el soporte político de las preferencias comerciales que hoy benefician a nuestros pueblos.

Pondremos todo de nuestra parte para que en los próximos días se instale el Comité Ejecutivo Andino previsto en el Plan, y se disponga la ejecución del Programa de Acción y de los respectivos Planes Operativos que hagan más eficaz el combate contra este problema mundial desde una óptica regional y coordinada a través de un ejercicio efectivo de responsabilidad compartida.

Queridos amigos,

Está visto que nuestra Integración no es una integración de papel sino que está operando y generando efectos positivos en nuestros pueblos; así como se unieron nuestras fuerzas en Carabobo hace 180 años para vencer un enemigo común y defender nuestra libertad, debemos ahora continuar por este sendero de unión y cooperación que es el único válido para nuestras aspiraciones de desarrollo, paz y justicia social.

Como Páez, como Plaza, como el gran Bolívar, como los lanceros arrojados de Rondón, avancemos unidos detrás de la gloriosa bandera de nuestra integración. De nosotros depende asegurar el triunfo solidario de nuestros pueblos. Muchas gracias.