Intervención del Ministro de Relaciones Exteriores y Culto de Bolivia, Javier Murillo de la Rocha, en el Acto Inaugural de la I Reunión de Ministros de Relaciones Exteriores Diálogo Político Comunidad Andina – Mercosur y Chile

La Paz, 17 de julio de 2001

Mis primeras palabras son de agradecimiento a los estimados Cancilleres, por haber atendido la cordial invitación para concurrir a este primer encuentro de Ministros de Relaciones Exteriores de Suramérica.

Sé que muchos de ustedes han hecho un esfuerzo especial para asegurar su presencia, muy grata por cierto, en algunos casos debido a la dificultad de conciliar agendas o por otras circunstancias. Apreciamos ese esfuerzo. Le damos el valor de un gesto amistoso hacia Bolivia, hacia su gobierno, hacia su pueblo. Y también, lo interpretamos como el reflejo de la prioridad que tienen para nosotros los temas de la integración.

Hace dos días le informé al Presidente Hugo Bánzer Suárez que habíamos concretado esta importante reunión. Se alegró mucho. Me pidió que les trasmitiera sus votos por el éxito de la misma, y, en particular, su agradecimiento por las expresiones de solidaridad que ha recibido de los Mandatarios de nuestra región.

Una región que está confrontando retos difíciles de sortear. Tiempos de cambio, de mutaciones, como los llaman algunos analistas, de incertidumbre y de crecientes demandas. Cambios cuya magnitud y profundidad se nos escapa - como dice - Augusto Pérez Lindo - porque al mismo tiempo estamos saturados de información y desinformados. Y esto es lógico por la velocidad de esos cambios y del ritmo en el que circula la información.

Pero, en el lado positivo, son tiempos de consolidación democrática y de las libertades económicas. De un nuevo orden emergente del mundo global, con ventajas y desventajas, con riesgos y oportunidades. Nuestro mayor reto es acceder a los beneficios de ese fenómeno imparable que ya es parte de nuestra realidad cotidiana, y ello dependerá de la forma y rapidez con que nos organicemos. De nuestra capacidad para concertar los intereses que compartimos. De promover una integración cada vez más amplia y solidaria. Con una visión distinta, en la que lo que favorece a unos no tiene necesariamente que darse a costa de lo que otros pierden. Con un enfoque de competitividad complementaria y no excluyente.

Como decía hace poco, el Presidente Bánzer, en Québec, los pueblos están cansados de ofertas de prosperidad que no se concretan. Su inmensa paciencia se ha puesto a prueba con el aumento del desempleo y el peligro de la depresión económica. Todos miramos con creciente inquietud el futuro de los jóvenes, enfrentados a un mundo en el que la hostilidad contrasta con las imágenes de prosperidad que muestran los comerciales de televisión.

Por eso estamos aquí Señores Cancilleres y amigos, para unificar esfuerzos y fortalecer nuestras capacidades. De lo contrario, el camino de las soluciones será cada vez más estrecho y deleznable.

Para mi país este encuentro tiene un valor emblemático. Bolivia, ha hecho una constante indeclinable de su política exterior, el rol articulador que le ha confiado la geografía, el propósito de favorecer los vínculos entre las grandes cuencas del Atlántico y el Pacífico, del Amazonas y del Plata.

Por ello apoyamos con tanto entusiasmo las iniciativas que fueron recogidas en el Comunicado de Brasilia, referidas a la infraestructura de la integración. Estamos convencidos de la necesidad de convertir las fronteras sudamericanas en ámbitos de convergencia para facilitar la circulación de bienes y personas.

El intercambio comercial ampliado es, sin duda, un elemento fundamental en todo proceso integracionista. Pero la experiencia nos indica que siempre será posible subir o bajar aranceles, establecer o eliminar protecciones y subsidios.

No ocurre lo mismo con las carreteras que se construyen, ni con los puentes, ni con los gasoductos. Son obras permanentes que rompen el aislamiento y promueven la competitividad real.

Tenemos que dar prioridad al desarrollo de la infraestructura física, para hacer de América del Sur un especio de privilegio para las inversiones y el desarrollo. Contamos con estudios avanzados y líneas de acción aprobadas por la Conferencia de Ministros de Transportes, Comunicaciones y Obras Públicas de Suramérica.

En la Decimotercera Cumbre de Presidentes del MERCOSUR, celebrada en Montevideo, el 15 de diciembre de 1997, el Mandatario boliviano comprometió su voluntad de impulsar la convergencia entre el MERCOSUR y la Comunidad Andina. Tenemos ante nosotros, dijo, la oportunidad histórica de hacer un espacio común para la integración y el desarrollo, para la solidaridad y el entendimiento. El destino nos hace entrega de esa responsabilidad, no la podemos evadir.

Durante la XVI Cumbre Presidencial del MERCOSUR, celebrada a mediados de 1999, el Presidente Banzer presentó una propuesta concreta encaminada a la creación de un mecanismo de diálogo y concertación entre las dos subregiones.

En forma casi simultánea hizo el mismo planteamiento a sus colegas andinos.

Bolivia ha planteado, desde entonces, la necesidad de no postergar ese proceso, de contar con una opción sudamericana, convergente con los otros esquemas integracionistas de dimensiones hemisféricas, como el ALCA, como base estratégica para actuar, en condiciones de mejor equilibrio y equidad en el intercambio, también con la Unión Europea y, en general, con el sistema internacional.

Señores Cancilleres:

Esa opción está en nuestras manos. Uniendo ambos procesos subregionales, como la base de la integración sudamericana, representados, dentro del gran marco continental, el 40 por ciento de la población y más del 11 por ciento del PIB. Pero más que eso, una riqueza ecológica y cultural de incalculable valor para proyectar nuestro futuro. La diversidad de nuestras naciones tiene sólo formas externas, que se sustentan en raíces profundas, entrelazadas en un inmenso suelo común. Esas raíces son fuente de ideales y objetivos también comunes.

Estamos construyendo una zona de paz, queremos que esté liberadas de conflictos e injusticias, donde se asiente la democracia y la solidaridad social. Hemos hecho avances importantes en estas materias. No estamos partiendo de cero.

Estoy seguro que hemos elegido el rumbo que nuestros pueblos desean profundamente. Son estos los temas sobre los que deberemos reflexionar hoy día. Encontrar el mecanismo que nos permita profundizar el diálogo político, para alentar nuestra concertación.

Este mecanismo reforzará también las negociaciones que, conforme lo acordado en la Cumbre Suramericana de Brasilia, realizada el 1° de septiembre de 2000, deberán culminar en el establecimiento de una zona de libre comercio entre la Comunidad Andina y el MERCOSUR, prevista para el año 2002.

Se requiere, en apoyo de estas negociaciones, de una instancia política de alto nivel, que examine y resuelva los asuntos sustantivos de tales negociaciones y proyecte el proceso hacia formas más avanzadas y profundas de integración.

Pero más allá de esta meta, es preciso encontrar un medio institucionalizado para adoptar acciones mancomunadas, que permitan insertar eficientemente en el sistema internacional los intereses comunes de la América del Sur. Hay en esta materia orientaciones importantísimas en la normativa de la Comunidad Andina, no olvidemos que sus orígenes están vinculados al primer proyecto que intentó integrarnos regionalmente, lo que le dá una clara vocación para retomar ese camino.

Estamos conscientes de los problemas que confrontan nuestros países. Son coyunturas complejas, pero, como toda coyuntura, por definición, es un momento que pasará. Un instante en la vida de las naciones. Ello no debe anular la verdadera perspectiva histórica, ni frenar su avance.

El reto esta lanzado, la responsabilidad es nuestra.

Muchas gracias.