|
Discurso del Presidente de la República
de Bolivia, Carlos Mesa Gisbert, en la
Ceremonia de Inauguración de la III
Reunión de Presidentes de América del
Sur
Cusco, 8
de diciembre de 2004
(Versión no oficial)
Escenario
de este encuentro de América del Sur es
Cusco, ombligo del Imperio Inca, como
bien lo ha dicho el Presidente Toledo.
Cusco recoge hoy el mensaje de la
historia que es el mensaje de unidad, a
través de lo que los incas convirtieron
en un emblema y en un símbolo, la
infraestructura de vías de comunicación.
Esta
América del Sur que se une hoy para
hacerse comunidad, quiere partir de la
idea de una infraestructura vial,
energética y de telecomunicaciones, que
no hace sino recoger de la historia el
ejemplo y las posibilidades que esa
historia dejó para el más importante
imperio prehispánico de este continente.
Y nos
reunimos hoy aquí, en el Qoricancha y en
el Convento de Santo Domingo, como
símbolo también de la complejidad de la
historia sudamericana, como símbolo de
un choque violento de confrontación y de
creación.
No en vano
estamos en un templo que fuera de los
quechuas hablando en castellano, no en
vano estamos trabajando para que además
hablemos en portugués del Brasil y
hablemos las lenguas de Surinam y
Guyana. No en vano estamos trabajando
sobre la idea de que los modelos de
unidad, que después del periodo colonial
representaron, desde el norte Simón
Bolívar y desde el Sur José de San
Martín, se transformen en un hecho
objetivo, tangible y sobre todo con los
pies bien asentados en la tierra y la
cabeza con la capacidad de concebir
ambiciosamente una unidad definitiva.
Qué es lo
que hemos aprendido de la historia de
estas últimas décadas, la historia
iniciada en 1960 por la ALALC y luego el
’80 por la ALADI, la historia del ’69 de
la hoy Comunidad Andina y del ’91 del
hoy MERCOSUR, la historia de avances y
de dificultades, la historia de grandes
concepciones y resultados a veces más
modestos de los que nos hubiera gustado
recoger.
La
historia que en definitiva nos enseña
qué podemos hacer y cómo debemos hacer y
creo que si hay algún mérito en la
concepción de esta Comunidad
Sudamericana es precisamente el que
hemos sido capaces de aprender las
lecciones que aprendimos en este
complejo y difícil camino.
Por eso,
el punto de referencia de esta
comunidad, el punto de partida de esta
comunidad es el IIRSA, por eso la
infraestructura se transforma en un
elemento de cohesión que permita aquello
que estamos buscando y que hemos
definido con el término de cohesión
social.
Que la
infraestructura permita que nuestros
pueblos y nuestros espíritus, los de los
centenares de millones de sudamericanos,
recibamos el beneficio de estar unidos
sin establecer de entrada las
gigantescas metas que tuvimos en la CAN
y en el MERCOSUR y que aun tenemos en la
CAN y en el MERCOSUR y que deseamos para
esta comunidad pero en los tiempos que
la racionalidad nos permita.
Curiosa y
paradójicamente, cuando nace en el año
2000 la idea de esta Comunidad
Sudamericana, no supusimos que los
tiempos iban a acelerarse y que íbamos a
llegar hoy, en este fin del 2004, a
reunirnos aquí en el Qoricancha para
concebir la realidad y transformarla en
hechos.
Pero si
hubo velocidad y rapidez es porque
entendimos qué podíamos y qué no
podíamos esperar en los tiempos de esta
Comunidad.
¿Cuáles
son las lecciones aprendidas? Aquellas
que se refieren a una visión
excesivamente técnica y comercialista de
nuestra relación que sin duda es el
objetivo fundamental. Las lecciones,
como comentábamos ayer de la reunión de
presidentes andinos, de que siempre
hemos creído que la solución de nuestros
problemas pasa por colocarnos metas más
altas de aquellas que no pudimos superar
previamente.
Quizá
debemos reflexionar y establecer qué es
lo que podemos hacer y creo que tanto la
CAN y el MERCOSUR, tenemos un patrimonio
extraordinario que es un punto de
partida que aporta a este nuevo
escenario. Desde la CAN, una solidez
institucional extraordinaria que debiera
ser la referencia para que sin armar
gigantescas burocracias podamos trabajar
sobre esa base institucional que es
políticamente muy avanzada y que tiene
que ver con elementos vinculados a
Parlamento, a Tribunal de Justicia y a
instrumentos tan importantes como la
Corporación Andina de Fomento, que hace
ya muchos años ha trascendido el límite
geográfico de los Andes o el Convenio
Andrés Bello que de igual modo ha
crecido más allá de las fronteras de las
naciones andinas.
Y desde el
MERCOSUR, un avance en un tiempo mucho
más corto de temas referidos a la
vinculación aduanera, de temas referidos
al concepto de aranceles comunes.
¿Podremos
construir una comunidad que sea capaz de
definir elementos macroeconómicos
comunes? Debiéramos intentarlo. Pero no
sobre la base de voluntarismo o el
maximalismo sino sobre una realidad que
vale para América Latina, América del
Sur, Europa o cualquier región, la
existencia de asimetrías que requieren
de voluntad política para achicarlas sin
entrar en errores que creo que no han
permitido resultados como el concepto
del gradualismo.
Creo, en
cambio, que podemos trabajar sobre la
idea de fondos de compensación que
permitan, igual que Europa, de las
diferentes velocidades, como varias
veces ha mencionado el Presidente
Toledo, de nuestros países puedan
acortarse sobre una idea real de
comunidad, que concibe la existencia de
una gran nación como es el Brasil y de
otras once que tienen un tamaño menor, y
algunas de ellas mucho menor, para
trabajar la idea de compensaciones que
nos permitan llegar a esos no mínimos
comunes denominadores, sino máximos
comunes ya conseguidos y mínimos sobre
los que podemos intentar trabajar.
Si
definimos razonablemente nuestras metas,
si avanzamos rápidamente en aquello que
hemos mostrado, puede ser un instrumento
beneficioso y útil, podremos combinar lo
aprendido en errores y aciertos y
podremos diseñar el futuro con sensatez
y con perspectivas de éxito.
No me cabe
la menor duda de que esta Comunidad se
habrá hecho realidad cuando la CAN y el
MERCOSUR se fusionen. Que ninguno de
estos grupos regionales absorba al otro,
que trabajemos en una idea de fusión que
permita, como dije antes, recoger
aquellos aportes positivos y que son ya
patrimonio que ambos tienen y que ambos
han construido con mucho esfuerzo a lo
largo de los años.
Que
entendamos, y esto es muy importante,
que la definición de políticas de
mediano y largo plazo tiene que ver con
la idea de que la integración es un
camino indispensable para el desarrollo.
Tiene que ver con la importancia capital
de recuperar para América Latina, el
espacio histórico que tuvimos
inmediatamente después de la II Guerra
Mundial y que perdimos por diversas
razones, errores de concepción e
incapacidad de liderazgo en comparación
con otras regiones del planeta.
Que seamos
capaces también de entender que las
ortodoxias no parecen ser las mejores
recetas después de las traumáticas
experiencias que hemos vivido en lo
últimos años, sin que esto quiera ni
deba desconocer la realidad de que hay
palabras como competitividad, capacidad
productiva, mecanismos de integración
regional e internacional y una
globalización entendida en aquellos
elementos que son hechos factuales, más
allá de nuestros deseos determinan y
definen.
Pero que
esto no quiera decir que estamos
absolutamente cerrados a un fardo
existente de una visión económica en
todo sus componentes. Hay electos de
esos modelos que deben ser revisados y
manejados con heterodoxia e
inteligencia. Si somos capaces de
comprender que la modernidad no es la
adscripción ciega a determinados
caminos, seremos capaces de resolver en
el desafío de parámetros preexistentes
nuestras respuestas específicas para
cada nación en el contexto de la
integración.
Me parece
también un imperativo -y es
particularmente una gran esperanza
personal- que los problemas pendientes
entre naciones de América del Sur deben
resolverse de manera definitiva en el
más corto tiempo posible, por que si
hablamos de integración y hablamos de
hermandad, la resolución de esos
problemas pendientes es una tarea que
debemos encarar con valentía de cara al
siglo XXI.
Recojamos
también experiencias. Mencioné la CAF,
cómo con plata o como la organización de
países de la cuenca amazónica que tiene
una gravitación fundamental en la
estructura geográfica de este continente
y es un elemento esencial para
relacionar a América del Sur con el
conjunto del mundo por razones obvias,
que hacen a la masa a la biodiversidad y
al pulmón mundial que significa esta
región del planeta.
Si somos
conscientes del tamaño del desafío, si
entendemos que más allá de la retórica y
la grandilocuencias hay cosas avanzadas
que son al base de esta comunidad vamos
a tener éxito, porque debemos haber
aprendido que las limitaciones y el
conocimiento de ellas, son tan
importantes como las perspectivas, las
destrezas , los méritos que nos permitan
hacer, en un tiempo razonable, de esta
Comunidad una realidad en los términos
planteados por el Presidente Alejandro
Toledo.
Estoy
convencido de que el imperativo de la
integración nos está conduciendo por el
buen camino, estoy convencido que aquí
reunidos como estamos, somos absolutos
militantes de este proceso, creemos en
él los Jefes de Estado y quienes los
representan porque sabemos que es el
único camino posible para América del
Sur primero y para América Latina
después. No es gratuito que esté aquí el
canciller de la república mexicana, no
es gratuito que esté aquí el Presidente
de Panamá.
Sería
miope suponer que América del Sur se
cierra como la única comunidad
integrada, porque hay otros proceso muy
avanzados y estamos en un hemisferio
vinculado con una nación muy poderosa
con la que tenemos que desarrollar
relaciones creativas e inteligentes.
No me cabe
la menor duda de que será creativa e
inteligente la forma de trabajar unidos
para ese vínculo de interlocución y para
las intermediaciones que países hermanos
de otras regiones de este hemisferio nos
permitan acercar.
Me siento
profundamente conmovido de estar aquí en
Qoricancha, en Santo Domingo, en el
Cusco, en una América del Sur que se ha
venido construyendo y que hoy está
siendo construida con racionalidad, con
sensatez, con un profundo espíritu de
esperanza y con una seguridad de que
nuestro destino, por qué tendríamos que
negarlo, puede y debe ser grande, no
para quienes conducen a América del Sur,
sino para quienes la habitan, son su
carne, son su alma, son su fuerza.
Muchas
gracias.
|