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Palabras del
Presidente de la República de Bolivia,
Carlos Mesa Gisbert, con ocasión de la
Sesión Solemne realizada con motivo de
su visita a la Secretaría General de la
Comunidad Andina
Lima, 4 de agosto de
2004
(Versión magnetofónica
NO OFICIAL)
Señoras y Señores:
Me siento muy agradecido
por la oportunidad y el privilegio de
estar aquí en la sede la Comunidad
Andina que representa este esfuerzo de
integración que estamos llevando
adelante cinco naciones del
subcontinente. He querido que me brinden
esta ocasión y se lo he expresado al
Secretario General de la Comunidad
Andina, para poder desarrollar algunas
ideas que nos permitan mirar de una
manera más integral la realidad
boliviana de hoy.
No va a ser, en
consecuencia, mi intervención referida a
un proceso de integración en el que
estamos profundamente comprometidos, en
el que creemos sin ninguna duda y al que
estamos acompañando con acciones
concretas en el proceso de transición
histórica de los caminos de integración
que hoy se abren a un espacio mayor que
el de la propia Comunidad Andina, y
ustedes lo saben muy bien, vinculado a
la aproximación, a la integración, con
el Mercado Común del Sur, el Mercosur.
¿Por qué este pedido y
por qué este interés aprovechando mi
visita de Estado al Perú?
Porque creo que el
conocimiento de una nación es parte de
este proceso de integración. El
conocimiento de una nación que está tan
estrechamente referida y vinculada al
Perú, en su contexto actual, en el
momento que atraviesa, puede ser útil
para extender la interpretación de
procesos políticos, de desafíos
históricos y de circunstancias
particulares, que enfrentamos varios
países.
Bolivia vive un momento
particular y distinto de lo que habíamos
tenido como antecedentes en relación al
análisis de lo que representa hoy su
estructura política, mi propia presencia
como Presidente y la forma en que
estamos llevando adelante el desafío de
una transición histórica que tiene metas
muy claras, que nacieron precisamente de
la crisis que se generó el pasado mes de
octubre del año 2003.
Como ustedes saben, se
produjo una situación en la que la
primera respuesta positiva a la crisis
fue la resolución constitucional de ésta
a partir del mecanismo de sucesión
constitucional que hizo que yo, como
Vicepresidente de la República, ocupase
el cargo de la Presidencia guardando la
forma y el fondo de la Constitución de
Bolivia.
El segundo elemento, a
tomar en consideración, es que soy un
Presidente sin partido político, no tuve
militancia partidaria, fui candidato
junto al Presidente Sánchez de Lozada
como candidato independiente, ganamos
las elecciones y me mantuve durante el
año y dos meses de gobierno del
Presidente Sánchez de Lozada, como
Vicepresidente independiente.
La crisis de octubre
expresó de una manera dramática el fin
de un momento histórico, el fin de una
etapa de nuestra democracia y la
evidencia de que habían ciertas cosas
que debían cambiar de manera
fundamental. Y esa crisis se expresó,
entre otras cosas por los problemas que
enfrentaba el sistema de partidos.
Particularmente el nivel de
credibilidad, de legitimidad y de
vinculación con la sociedad, de los
partidos políticos que habían construido
la democracia de pactos, que tuvo logros
tan importantes, pero que llegó a un
nivel de agotamiento tan preocupante
como que fue uno de los factores que
explican la resolución violenta,
afortunadamente salvada por la
democracia y por la tranquilidad, en la
transición democrática.
¿Qué llevó a que el
sistema de partidos en Bolivia entrara
en esta situación?
Yo diría que el
progresivo aislamiento del sistema
partidario, particularmente de los
partidos que desarrollaron la democracia
de pactos por una separación cada vez
mayor con la sociedad. Por un trabajo de
cerrar un circuito de control del poder,
de administración del poder y de
privilegios cada vez mayores y más
aislados de los partidos, que no
necesariamente respondieron a las
demandas de la sociedad boliviana.
El comienzo de ese giro,
de darle la espalda al pueblo y de darle
la espalda a los requerimientos de la
sociedad, marcó un quiebre crítico en
esa relación que tiene que ser fluida
entre poder político partidario y
sociedad. Los mecanismos de mediación,
por lo tanto, se rompieron y esos
mecanismos de mediación tuvieron que ser
sustituidos y de hecho, hoy son parte de
una relación que va de las
organizaciones de carácter sindical, de
carácter cívico, de carácter
corporativo, directamente con el Estado
representado por el Gobierno, "puenteando"
a esa otra parte del Estado, que
representa el Poder Legislativo.
Sin duda, también fue un
elemento preocupante, y que tiene que
ver con la solución por el desastre que
pareció acercarse en Bolivia, un proceso
creciente de burocratización y un
proceso creciente de corrupción en la
administración del Estado. Ese proceso
creciente de corrupción en la
administración del Estado planteó una
deslegitimación de quienes
representaban, a través del voto
popular, al ciudadano común. A partir de
1985, Bolivia definió un camino que
marcaba una visión distinta de lo que
había sido el camino tradicional en la
política de América del Sur.
Particularmente, el sistema de voto de
primera vuelta y segunda vuelta que
marcaba la posibilidad de llevar a la
Presidencia a quien gana la segunda
vuelta; independientemente de la
representación parlamentaria que se
expresa en la segunda vuelta, reflejando
los niveles de representación de la
primera.
Bolivia a través de su
Constitución y sin buscarlo de manera
explícita, tiene el mecanismo del voto
directo. Quien no obtiene -o si ninguno
de los candidatos obtiene el 50% más uno
de los votos- lo que ocurre es que es el
Parlamento el que tiene que tomar la
decisión, a través de un voto
parlamentario, entre los dos primeros
candidatos.
Esto marcó la
posibilidad, después de la circunstancia
que se vivió en el país entre 1982 y
1985, de un gobierno -el de la Unidad
Democrática y Popular- que no tenía
mayoría parlamentaria y que nunca pudo
construir mayoría parlamentaria, de
establecer la realidad de que un
Gobierno sin esa mayoría estaba
condenado a una oposición "secante" y a
la imposibilidad de desarrollar
mínimamente sus programas y desarrollar
mínimamente los proyectos de proposición
que hacía al país. Estrangulado el
gobierno a partir de un Parlamento en
contra, las posibilidades de
sobreviviencia eran limitadas.
Adicionalmente, Bolivia
vivió entonces un proceso
hiperinflacionario extremadamente
crítico, uno de los más altos del
conjunto de los países en la historia de
las inflaciones en el mundo, lo que nos
dejó un fuerte trauma. La lección
entonces fue que no se puede llevar
adelante un gobierno si no eres capaz de
construir mayorías sólidas que permitan
su control parlamentario.
Y, es a partir de esa
realidad traumática, que se arma un
triángulo que funcionó exitosamente
entre 1985 y 2002, un triángulo con tres
partidos fundamentales: el Movimiento
Nacionalista Revolucionario (MNR),
Acción Democrática Nacionalista (ADN) y
el Movimiento de la Izquierda
Revolucionaria (MIR).
Si ustedes analizan los
gobiernos de 1985 a 2002, siempre ocupa
la presidencia algún miembro de esos
partidos políticos, establecen un pacto,
dos partidos en el gobierno y un partido
en la oposición junto a otros partidos,
que son también parte de esa oposición.
Estos pactos llevaron a alianzas:
ADN-MIR, ADN-MNR, y MNR-MIR, que
permitieron el control del poder
político y la viabilidad de la
gobernabilidad. Definieron mayorías
parlamentarias, establecieron pactos de
gobierno y desarrollaron procesos de
profundización democrática y de
profundización de institucionalidad
democrática.
Estos son los elementos
positivos que tuvo Bolivia en lo que
significa la consolidación de un
sistema, que se traduce en la
modificación constitucional de 1994, que
se traduce en la profundización con
instituciones como el Tribunal
Constitucional, el Consejo de la
Adjudicatura, la Defensoría del Pueblo.
Que establece un modelo económico, que
nace en el gobierno del Presidente Paz
Estenssoro con un Decreto, el 21060, que
marca el comienzo de la liberalización y
el fin del capitalismo de Estado. Que se
expresa, de manera muy clara, en el
primer gobierno del Presidente Sánchez
de Lozada, con reformas estructurales
traducidas en la capitalización de cinco
empresas del Estado; el proceso de
reforma educativa, con la educación
bilingüe como el emblema más importante
y el mecanismo de participación popular,
que es el proceso más profundo de
descentralización, generando los
gobiernos municipales territorializados
con administración directa de recursos
que se transfieren por un sistema de
coparticipación del Estado central al
municipio, a través de dinero depositado
en cuentas directas para su manejo, en
función de las decisiones de los propios
municipios.
Este es el mecanismo que
marca los avances históricos de ese
proceso democrático que parecía
consolidarse en una buena dirección,
pero que comienza a resquebrajarse en lo
político -lo he mencionado ya- por los
elementos antes indicados.
El tema de la
corrupción, el tema de darle la espalda
a la sociedad, el tema de generar un
mecanismo de poder por la vía del
prebendalismo, del cuoteo político y de
una visión demasiado pragmática, quizás
en el peor sentido de la palabra, de ese
manejo. Y, por otro lado, un sistema
económico o mejor un modelo económico
que no es capaz, a pesar de los avances
tan importantes que se realizaron, de
responder a las demandas de la sociedad
en función de la lucha contra la pobreza
y en función de que el crecimiento
macroeconómico tuviera una relación
directa de causa y efecto, que no la
tuvo con mejoras en las condiciones de
vida del conjunto de los ciudadanos.
Quizás el puntillazo
final a esto, el agotamiento del modelo
económico y el deterioro y
envilecimiento progresivo del mecanismo
político de ese triángulo de partidos,
que manejaron el poder, se ve expresado
en la crisis sostenida, recesiva y de
contracción económica por efectos de una
crisis mundial y regional, en el período
1999-2002. Todos estos elementos llevan
a que esta etapa, con sus luces y sus
sombras, llegara a un punto de no
retorno que se expresó por diversas
razones en el proceso electoral del 2002
y, particularmente, en la crisis de
febrero y octubre de 2003.
Esa crisis, esos
factores de cambio, empezaron a verse
cuando el año 2002 se rompe el triángulo
de partidos tradicionales, cuando uno de
los tres partidos se desmorona después
de la administración del presidente Hugo
Banzer, que tiene que enfrentar la
crisis
externa y que no es capaz de dar
respuestas a los requerimientos de su
solución; además de estos mecanismos de
un ciudadano, que cada vez siente al
poder político más lejos de él. En la
elección del 2002, Acción Democrática
Nacionalista cae a un nivel porcentual
de votos inferior al 3.5% y quedan
solamente el MNR y MIR, surgiendo dos
partidos políticos; uno de ellos de
particular importancia, el Movimiento Al
Socialismo de Evo Morales, que ocupa el
segundo lugar en las elecciones, después
del candidato Sánchez de Lozada y que
entra en el escenario de la política
tradicional, de la política sistémica,
rompiendo lo que había sido una lógica y
una visión común de las cosas. Porque es
importante decir, que independientemente
de las diferencias existentes entre MNR
- MIR y ADN, que eran más bien de
carácter personal que de carácter de
fondo, había una unidad de criterios,
una visión común sobre el modelo
económico, sobre el modelo político,
dentro del sistema que hacía viable esta
democracia de pactos.
El MAS viene
de fuera del sistema político, nace del
sindicalismo, se estructura como un
partido que recoge varias tendencias,
desde los nostálgicos marxistas del 70,
hasta los sindicalistas productores de
coca y en el medio, un arco bastante
variopinto de ideología contestataria.
Evo Morales, que lo representa, marca
por lo tanto una inserción antisistémica
que progresivamente va entrando en una
nueva mecánica democrática que estamos
viviendo hoy, pero que en el momento de
su elección, como segundo candidato y
como segunda fuerza política, está
rompiendo estructuras y se va a
enfrentar radicalmente al modelo
económico y se va a enfrentar
fuertemente al modelo político.
Adicionalmente, hay que analizar que los
esfuerzos de una política populista, que
de algún modo son colchón entre el
sistema y el anti sistema, reflejados en
dos partidos, CONDEPA de Carlos Palenque
y USC de Marx Fernández; y que tiene una
expresión curiosa en Manfred Reyes
Villa, que tuvo el tercer lugar en esta
elección; no pudieron cuajar como
opciones alternativas al modelo desde la
óptica populista y no pudieron hacer de
colchón que pudiera evitar el
surgimiento de fuerzas mucho más
radicalizadas. La expresión mayor de ese
concepto de radicalidad es Felipe Quispe,
candidato aymara, con un nuevo partido
que no conoce a Bolivia como nación o no
reconoce a Bolivia como nación,
cualquiera de las dos expresiones pueden
ser entendidas como ustedes las
prefieran y que define la necesidad de
la reconstitución del Coyasuyo como una
suerte de edición de racismo al revés,
en respuesta al tradicional racismo
blanco o blancoide que vive en Bolivia y
que está enquistado en Bolivia, desde
hace siglos.
El Movimiento
Indigenista Pachucuti de Felipe Quispe
obtiene el 6% de los votos, que es una
votación significativa si consideramos
que partidos fuertes y tradicionales,
como Acción Democrática Nacionalista, no
tiene ni siquiera el 3.5% de los votos.
Esta insurgencia ¿qué nos está
mostrando?. Nos está mostrando que la
política tradicional se ha
resquebrajado, que su poder de captar y
reflejar al conjunto de la sociedad es
débil, que existe un giro -y esto es muy
importante-, creo que se está viviendo
en toda América Latina: el centro
político de la sociedad boliviana como
ha ocurrido en la mayoría de nuestros
países, se ha desplazado, se está
desplazando de la derecha a la
izquierda. Ese centro que, en la década
de los años 80, se había desplazado a la
derecha con la visión neoliberal, pasa
ahora y se desplaza hacia la izquierda,
porque la visión clásica neoliberal no
pudo dar los resultados que se
esperaban; o la visión neoliberal
modernizada, que creo que fue la que se
intentó aplicar en Bolivia, no logró los
resultados y las expectativas que estaba
buscando.
Este es un
contexto político que comienza a
resquebrajarse y que se desmorona de
manera muy fuerte cuando se produce la
crisis de octubre de 2003. Esa crisis de
octubre tiene que ver adicionalmente con
un factor de un fuerte contenido
emocional, que hoy día hemos tenido como
protagonista en la Carta de Intenciones
firmada con el Presidente Toledo, se
llama gas, se llama puerto por el que va
a salir ese gas, se llama el concepto de
componente emocional e histórico que
para Bolivia, tiene este ingrediente.
¿Por qué el
gas y no otro recurso u otro elemento
del intercambio económico que ha tenido
un desarrollo importante a lo largo de
los últimos años, en nuestra relación
con Chile?.
Porque como
producto del proceso de capitalización,
y este es un elemento de mérito de ese
proceso que no podemos desconocer, se
logra la multiplicación de nuestras
reservas de 5 trillones de pies cúbicos
en 1996 a 52 trillones de pies cúbicos,
es decir 10 veces más en el año 2000.
Cuando se certifica la existencia de
reservas probadas y probables de 52
trillones de pies cúbicos en el año
2000, el escenario político alrededor
del tema del gas cambia. Estamos
hablando de una reserva radicalmente
distinta de la que teníamos antes y
estamos hablando del debate sobre las
condiciones de administración de manejo
y de beneficio de esa riqueza, ¿por qué
la crítica a la capitalización si el
resultado es tan positivo, 3 000
millones de dólares de inversión que
permiten esa contestación?. Porque el
costo, el precio de este logro es
demasiado alto en función de la
concesionalidad en la relación entre
Estado boliviano y empresas
inversionistas.
La percepción
general, que comparto, es que el
beneficio que se tiene para Bolivia en
comparación al beneficio que tienen las
empresas petroleras no es justo y que
tenemos que reformularlo. El nivel de
impuestos y regalías es demasiado bajo y
no justifica verdaderamente el aporte de
Bolivia, que significa realmente ese
conjunto gigantesco de reservas de gas.
Este es el proceso de cambio en el que
hemos estado trabajando para tratar de
ser justos, guardando la idea de
seguridad jurídica, guardando la idea de
fe del Estado, guardando la idea de
interés en inversión externa; pero
haciendo comprender que después de una
hecatombe política violenta, dramática,
como la que vivió Bolivia no podemos
pensar el país en su relación con las
empresas petroleras y con la inversión,
del mismo modo. Podemos mejorarlo en
función de nuestros intereses, sin
llegar a un punto que haga poco
atractivo el país; que sea un punto de
referencia o un marco de referencia para
la inversión externa.
Este
ingrediente del gas se suma a un
conjunto de factores emocionales que
caen sobre el Presidente Sánchez de
Lozada. La idea de que el proceso de
capitalización no había sido bueno para
Bolivia, la idea de que no contento con
"la entrega" de esos recursos a las
empresas inversionistas, el Presidente
quería, además, vender el gas por Chile.
Y a partir de esos elementos, la
explosión social que tiene como bandera
principal el tema del gas -y es una
bandera importante y genuina de protesta
popular- pero que tiene como escenario
detrás esta crisis política que se ha
agudizado y como escenario detrás, una
larga factura histórica de exclusión, de
discriminación, de pobreza no resuelta,
de sentido de que no hay equidad ni hay
justicia. Todo ese conjunto de cosas van
a confluir en la crisis de octubre y en
su resolución.
¿Cuáles son
las lecciones de esta crisis?
Primero, que
no podemos tener los mismos mecanismos
de análisis en el antes y en el después;
ni para la construcción de la nueva
realidad política de Bolivia, ni para la
solución del tema específico de la
política de hidrocarburos, ni para
aquellas demandas fundamentales que
exigen respuestas más allá de los temas
macroeconómicos y que nos obligan a dar
un giro en el modelo económico vigente
hasta antes de esta crisis de octubre. Y
no es que lo que Bolivia haya vivido de
manera agudizada sea algo que no esté
viviéndose en otros países de América
Latina y aún del mundo. Es que cada uno
de los países encuentra la solución o la
no solución de sus crisis de manera
distinta, y es a partir de estos
desafíos que tiene que encontrarse
respuestas. Esas son las razones que me
condujeron a establecer una línea
divisoria y una propuesta política como
Presidente, una propuesta económica y
una propuesta social, a partir del 17
octubre.
La propuesta
política tenía que ver y tiene que ver
con dos elementos fundamentales; primer
elemento, referéndum, que tiene dos
consecuencias para mí muy importantes:
primera, la inclusión del concepto de
democracia participativa que se suma a
la democracia representativa, no la
sustituye pero sí la fortalece. No
solamente vamos a utilizar el mecanismo
de la democracia representativa a partir
de la elección de Presidentes,
Vicepresidentes, Senadores, Diputados y
Munícipes, sino que vamos a encontrar,
con una modificación constitucional que
se dio el 20 de febrero de este año,
este nuevo mecanismo de democracia
directa -para decirlo de alguna manera
ilustrativa- que permita al ciudadano
tomar decisiones sobre asuntos
fundamentales en su vida.
Y el segundo
elemento y consecuencia, es que
terminemos el debate sobre el gas en
función de opiniones subjetivas, de
líneas de pensamiento políticamente
fuertes, de representaciones muy
discutibles de carácter corporativo y
entreguemos en el voto popular, la
pregunta y la respuesta de qué es lo que
Bolivia quiere hacer con sus recursos en
un momento en el que no hay otra opción
intermedia, si no teníamos un referéndum
que estableciera claramente que es lo
que Bolivia quería hacer con su gas,
íbamos a seguir con una discusión que
nos iba a bloquear de manera
interminable y que nos iba a ser
inviables, desde la perspectiva de la
comunidad internacional. Porque después
de la crisis de octubre, más allá de
cuanto pueda explicarse y cuan razonable
pueda ser esa explicación, está claro
que la comunidad internacional se
preguntaba francamente: ¿Bolivia puede
seguir adelante discutiendo si va o no a
exportar su gas?, ¿Bolivia será capaz de
construir un escenario democrático de
largo plazo que termine la continuidad
del final del mandato al 6 de agosto del
2007 del Vicepresidente hoy convertido
en Presidente?, Si Bolivia dice no a la
venta de gas, ¿de que estamos hablando
en acuerdos internacionales, de
cooperación, de financiamiento, de hacer
de Bolivia sujeto de crédito para seguir
en la inserción internacional de la que
Bolivia lamentablemente es tan
dependiente en la óptica de necesidad de
cooperación y de necesidad de
financiamiento internacional?.
Por lo tanto
teníamos que establecer una respuesta de
fondo al tema y esa respuesta de fondo
llegó afortunadamente el 18 de julio,
con algunos elementos de "yapa", por
decirlo así, que nos permiten tener una
visión más optimista del futuro.
El miedo a
que Bolivia era un país de inestabilidad
y de explosividad que estaba allí en
cualquier momento, la volatilidad de la
situación boliviana. A partir del 17 de
octubre, la permanencia de nuestro
gobierno estuvo siempre en tela de
juicio.
¿Podrá
resistir este gobierno, con sus
particulares características, hasta un
momento como este y más allá?.
Si bien la
popularidad del Presidente se mantuvo
del 82% al 68% en el punto más alto y el
punto más bajo en 10 meses de gobierno,
era evidente que las encuestas eran un
referente, pero necesitábamos transitar
por el desafío del voto.
El otro
aspecto importante era las amenazas de
violencia de quienes decían representar
a sectores encontrados con el
referéndum, que buscaban la
nacionalización del gas y la
nacionalización de los hidrocarburos,
expropiación o confiscación sin ningún
tipo de matiz y la demostración “de que
nosotros estamos representando, los que
queremos la nacionalización, la
verdadera voluntad popular”. Vamos a
quemar urnas, vamos a bloquear
carreteras, vamos a boicotear el
referéndum. Ese escenario era el que
estaba adelantando de manera
amenazadora, el desarrollo y la
realización del referéndum.
El referéndum
se hizo sin un solo incidente violento.
Se realizó en la más absoluta
tranquilidad con una vocación cívica
participativa extraordinaria. La ciudad
más polémica como potencial de
violencia, El Alto, fue la que tuvo el
mayor nivel de participación de todas
las ciudades del país. Tuvimos una
participación de voto en el referéndum
que estuvo en el rango del 60%, el
porcentaje de participación más alto de
referéndum en América Latina en los
últimos 20 años.
Y la otra
pregunta, ¿el referéndum va a romper
Bolivia?, ¿va a dividir Bolivia?, porque
hay un país del oriente y hay un país
del occidente; el país moderno y el país
que quieren anclarse en el pasado
político y de una cierta nostalgia de
una historia irrepetible. Y resulta que
el voto de Tarija en el sur, el voto de
Santa Cruz en el oriente, el voto de
Potosí en el occidente, el voto de Oruro
en el occidente, en términos
comparativos es casi exactamente el
mismo. Si ustedes hacen la comparación
estadística de la respuesta a las cinco
preguntas en los nueve departamentos,
las diferencias son dos o tres puntos.
Todo el país
vota de manera uniforme, en las tres
primeras preguntas de una manera, con
muy alto porcentaje del sí; y en las dos
últimas preguntas, un poco más bajo,
pero con un si rotundo en las cinco
preguntas. No hay tales visiones
distintas de país, ni criterios
radicalmente diferentes: en un lado,
nacionalizadores; en el otro lado, en
contra de la nacionalización o en contra
de una lógica o de una línea de las
preguntas. Se rompe el mito de que hay
sectores radicales capaces de hacer
generar violencia, porque tienen
banderas poderosas. Ni representan a
nadie, ni tienen banderas poderosas. Se
rompe el mito de que los cruceños
piensan distinto a los potosinos, que
los orureños o que los tarijeños piensan
distinto que los pandinos.
En el
conjunto, el país responde de manera
común al mismo tema, sobre el mismo
problema. Y esto marca la posibilidad de
romper una hipoteca, de abrir un espacio
de discusión, de definir un camino sin
ningún tipo de restricciones. En otras
palabras, el gas boliviano se vende. El
gas boliviano, se exporta, sea como
materia prima, sea como producto
industrializado. En otras palabras,
estamos hablando de una nueva relación
entre el Estado y las empresas
inversionistas, garantizando su
inversión, su seguridad jurídica y
nuestro interés en que permanezcan y
crezcan en su trabajo de inversión.
¿Qué marca
adicionalmente el referéndum? El
comienzo de un giro en el que el Estado
recupera presencia protagónica, sin
repetir -y esta es la intención- los
errores del capitalismo de Estado
burocratista, hiperpesado, muy corrupto
y poco eficiente, que vivimos en la
década de los años 50, 60 y 70. Es una
apuesta compleja, por supuesto que sí.
Vamos a
tratar de responder de manera eficiente
a una presencia estatal que no repite
errores, pero que sí recupere aquellos
elementos importantes: el control de
propiedad en boca de pozo que permite
precios y comercialización en decisión
estatal. El control de la decisión de
exportación del gas en poder de Bolivia,
a través de su empresa estatal y no en
negociaciones directas de empresas
privadas. La capacidad de niveles
impositivos no confiscatorios, pero que
tengan una relación de equilibrio mayor
que la que teníamos en el pasado, con la
anterior ley. La posibilidad de fomentar
a través de exenciones impositivas, la
industrialización en territorio
boliviano y la capacidad de hacer que el
país crea de verdad que somos capaces de
invertir adecuadamente el dinero que
vamos a recibir, con condiciones
específicas de inversión en educación,
salud e infraestructura.
Si esta es
una respuesta que descentraba un gran
problema, tenemos que resolver el otro
desafío que es la renovación político
partidaria, que es una tarea en la que
el gobierno tiene un papel importante,
pero que no va a resolver en sí misma.
No deja de ser significativo que nuestro
gobierno tiene cero diputados y cero
senadores. Cero quiere decir cero. Y que
no hemos hecho ningún acuerdo de largo
aliento con ningún partido, entre otras
cosas, porque en el momento en que yo
hiciese un acuerdo con cualquier
partido, sea el MAS, el MIR, MNR o ADN,
etc. El respaldo del Presidente caería,
nada más al firmar el acuerdo, 25
puntos, porque el nivel de credibilidad
de los partidos es muy bajo. Por lo
tanto, no es políticamente deseable el
que yo haga acuerdos que me van a
comprometer de una manera significativa
la popularidad y que además van a
generar una cohesión de la relación
oficialismo-oposición, que limita
terriblemente las capacidades
negociadoras del gobierno.
A lo largo de
estos 10 meses, en consecuencia, hemos
logrado aprobaciones, como una reforma
constitucional. Hemos logrado la
implementación de un impuesto a las
transacciones financieras, hemos
aprobado la ley del referéndum, además
de otras muchas leyes, en función de
acuerdos específicos para temas
concretos, con diferentes bancadas y en
diferente contexto.
Es una tarea
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