Palabras del Presidente de la República de Bolivia, Carlos Mesa Gisbert, con ocasión de la Sesión Solemne realizada con motivo de su visita a la Secretaría General de la Comunidad Andina 

Lima, 4 de agosto de 2004 

(Versión magnetofónica NO OFICIAL) 

Señoras y Señores: 

Me siento muy agradecido por la oportunidad y el privilegio de estar aquí en la sede la Comunidad Andina que representa este esfuerzo de integración que estamos llevando adelante cinco naciones del subcontinente. He querido que me brinden esta ocasión y se lo he expresado al Secretario General de la Comunidad Andina, para poder desarrollar algunas ideas que nos permitan mirar de una manera más integral la realidad boliviana de hoy.

No va a ser, en consecuencia, mi intervención referida a un proceso de integración en el que estamos profundamente comprometidos, en el que creemos sin ninguna duda y al que estamos acompañando con acciones concretas en el proceso de transición histórica de los caminos de integración que hoy se abren a un espacio mayor que el de la propia Comunidad Andina, y ustedes lo saben muy bien, vinculado a la aproximación, a la integración, con el Mercado Común del Sur, el Mercosur. 

¿Por qué este pedido y por qué este interés aprovechando mi visita de Estado al Perú?  

Porque creo que el conocimiento de una nación es parte de este proceso de integración. El conocimiento de una nación que está tan estrechamente referida y vinculada al Perú, en su contexto actual, en el momento que atraviesa, puede ser útil para extender la interpretación de procesos políticos, de desafíos históricos y de circunstancias particulares, que enfrentamos varios países.  

Bolivia vive un momento particular y distinto de lo que habíamos tenido como antecedentes en relación al análisis de lo que representa hoy su estructura política, mi propia presencia como Presidente y la forma en que estamos llevando adelante el desafío de una transición histórica que tiene metas muy claras, que nacieron precisamente de la crisis que se generó el pasado mes de octubre del año 2003. 

Como ustedes saben, se produjo una situación en la que la primera respuesta positiva a la crisis fue la resolución constitucional de ésta a partir del mecanismo de sucesión constitucional que hizo que yo, como Vicepresidente de la República, ocupase el cargo de la Presidencia guardando la forma y el fondo de la Constitución de Bolivia.  

El segundo elemento, a tomar en consideración, es que soy un Presidente sin partido político, no tuve militancia partidaria, fui candidato junto al Presidente Sánchez de Lozada como candidato independiente, ganamos las elecciones y me mantuve durante el año y dos meses de gobierno del Presidente Sánchez de Lozada, como Vicepresidente independiente. 

La crisis de octubre expresó de una manera dramática el fin de un momento histórico, el fin de una etapa de nuestra democracia y la evidencia de que habían ciertas cosas que debían cambiar de manera fundamental. Y esa crisis se expresó, entre otras cosas por los problemas que enfrentaba el sistema de partidos. Particularmente el nivel de credibilidad, de legitimidad y de vinculación con la sociedad, de los partidos políticos que habían construido la democracia de pactos, que tuvo logros tan importantes, pero que llegó a un nivel de agotamiento tan preocupante como que fue uno de los factores que explican la resolución violenta, afortunadamente salvada por la democracia y por la tranquilidad, en la transición democrática. 

¿Qué llevó a que el sistema de partidos en Bolivia entrara en esta situación? 

Yo diría que el progresivo aislamiento del sistema partidario, particularmente de los partidos que desarrollaron la democracia de pactos por una separación cada vez mayor con la sociedad. Por un trabajo de cerrar un circuito de control del poder, de administración del poder y de privilegios cada vez mayores y más aislados de los partidos, que no necesariamente respondieron a las demandas de la sociedad boliviana.  

El comienzo de ese giro, de darle la espalda al pueblo y de darle la espalda a los requerimientos de la sociedad, marcó un quiebre crítico en esa relación que tiene que ser fluida entre poder político partidario y sociedad. Los mecanismos de mediación, por lo tanto, se rompieron y esos mecanismos de mediación tuvieron que ser sustituidos y de hecho, hoy son parte de una relación que va de las organizaciones de carácter sindical, de carácter cívico, de carácter corporativo, directamente con el Estado representado por el Gobierno,  "puenteando" a esa otra parte del Estado, que representa el Poder Legislativo. 

Sin duda, también fue un elemento preocupante, y que tiene que ver con la solución por el desastre que pareció acercarse en Bolivia, un proceso creciente de burocratización y un proceso creciente de corrupción en la administración del Estado. Ese proceso creciente de corrupción en la administración del Estado planteó una deslegitimación de quienes representaban, a través del voto popular, al ciudadano común. A partir de 1985, Bolivia definió un camino que marcaba una visión distinta de lo que había sido el camino tradicional en la política de América del Sur. Particularmente, el sistema de voto de primera vuelta y segunda vuelta que marcaba la posibilidad de llevar a la Presidencia a quien gana la segunda vuelta; independientemente de la representación parlamentaria que se expresa en la segunda vuelta, reflejando los niveles de representación de la primera. 

Bolivia a través de su Constitución y sin buscarlo de manera explícita, tiene el mecanismo del voto directo. Quien no obtiene -o si ninguno de los candidatos obtiene el 50% más uno de los votos- lo que ocurre es que es el Parlamento el que tiene que tomar la decisión, a través de un voto parlamentario, entre los dos primeros candidatos.  

Esto marcó la posibilidad, después de la circunstancia que se vivió en el país entre 1982 y 1985, de un gobierno -el de la Unidad Democrática y Popular- que no tenía mayoría parlamentaria y que nunca pudo construir mayoría parlamentaria, de establecer la realidad de que un Gobierno sin esa mayoría estaba condenado a una oposición "secante" y a la imposibilidad de desarrollar mínimamente sus programas y desarrollar mínimamente los proyectos de proposición que hacía al país. Estrangulado el gobierno a partir de un Parlamento en contra, las posibilidades de sobreviviencia eran limitadas.  

Adicionalmente, Bolivia vivió entonces un proceso hiperinflacionario extremadamente crítico, uno de los más altos del conjunto de los países en la historia de las inflaciones en el mundo, lo que nos dejó un fuerte trauma. La lección entonces fue que no se puede llevar adelante un gobierno si no eres capaz de construir mayorías sólidas que permitan su control parlamentario.  

Y, es a partir de esa realidad traumática, que se arma un triángulo que funcionó exitosamente entre 1985 y 2002, un triángulo con tres partidos fundamentales: el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), Acción Democrática Nacionalista (ADN) y el Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR).  

Si ustedes analizan los gobiernos de 1985 a 2002, siempre ocupa la presidencia algún miembro de esos partidos políticos, establecen un pacto, dos partidos en el gobierno y un partido en la oposición junto a otros partidos, que son también parte de esa oposición. Estos pactos llevaron a alianzas: ADN-MIR, ADN-MNR, y MNR-MIR, que permitieron el control del poder político y la viabilidad de la gobernabilidad. Definieron mayorías parlamentarias, establecieron pactos de gobierno y desarrollaron procesos de profundización democrática y de profundización de institucionalidad democrática.  

Estos son los elementos positivos que tuvo Bolivia en lo que significa la consolidación de un sistema, que se traduce en la modificación constitucional de 1994, que se traduce en la profundización con instituciones como el Tribunal Constitucional, el Consejo de la Adjudicatura, la Defensoría del Pueblo. Que establece un modelo económico, que nace en el gobierno del Presidente Paz Estenssoro con un Decreto, el 21060, que marca el comienzo de la liberalización y el fin del capitalismo de Estado. Que se expresa, de manera muy clara, en el primer gobierno del Presidente Sánchez de Lozada, con reformas estructurales traducidas en la capitalización de cinco empresas del Estado; el proceso de reforma educativa, con la educación bilingüe como el emblema más importante y el mecanismo de participación popular, que es el proceso más profundo de descentralización, generando los gobiernos municipales territorializados con administración directa de recursos que se transfieren por un sistema de coparticipación del Estado central al municipio, a través de dinero depositado en cuentas directas para su manejo, en función de las decisiones de los propios municipios. 

Este es el mecanismo que marca los avances históricos de ese proceso democrático que parecía consolidarse en una buena dirección, pero que comienza a resquebrajarse en lo político -lo he mencionado ya- por los elementos antes indicados. 

El tema de la corrupción, el tema de darle la espalda a la sociedad, el tema de generar un mecanismo de poder por la vía del prebendalismo, del cuoteo político y de una visión demasiado pragmática, quizás en el peor sentido de la palabra, de ese manejo. Y, por otro lado, un sistema económico o mejor un modelo económico que no es capaz, a pesar de los avances tan importantes que se realizaron, de responder a las demandas de la sociedad en función de la lucha contra la pobreza y en función de que el crecimiento macroeconómico tuviera una relación directa de causa y efecto, que no la tuvo con mejoras en las condiciones de vida del conjunto de los ciudadanos.  

Quizás el puntillazo final a esto, el agotamiento del modelo económico y el deterioro y envilecimiento progresivo del mecanismo político de ese triángulo de partidos, que manejaron el poder, se ve expresado en la crisis sostenida, recesiva y de contracción económica por efectos de una crisis mundial y regional, en el período 1999-2002. Todos estos elementos llevan a que esta etapa, con sus luces y sus sombras, llegara a un punto de no retorno que se expresó por diversas razones en el proceso electoral del 2002 y, particularmente, en la crisis de febrero y octubre de 2003. 

Esa crisis, esos factores de cambio, empezaron a verse cuando el año 2002 se rompe el triángulo de partidos tradicionales, cuando uno de los tres partidos se desmorona después de la administración del presidente Hugo Banzer, que tiene que enfrentar la crisis externa y que no es capaz de dar respuestas a los requerimientos de su solución; además de estos mecanismos de un ciudadano, que cada vez siente al poder político más lejos de él. En la elección del 2002, Acción Democrática Nacionalista cae a un nivel porcentual de votos inferior al 3.5% y quedan solamente el MNR y MIR, surgiendo dos partidos políticos; uno de ellos de particular importancia, el Movimiento Al Socialismo de Evo Morales, que ocupa el segundo lugar en las elecciones, después del candidato Sánchez de Lozada y que entra en el escenario de la política tradicional, de la política sistémica, rompiendo lo que había sido una lógica y una visión común de las cosas. Porque es importante decir, que independientemente de las diferencias existentes entre MNR - MIR y ADN, que eran más bien de carácter personal que de carácter de fondo, había una unidad de criterios, una visión común sobre el modelo económico, sobre el modelo político, dentro del sistema que hacía viable esta democracia de pactos.  

El MAS viene de fuera del sistema político, nace del sindicalismo, se estructura como un partido que recoge varias tendencias, desde los nostálgicos marxistas del 70, hasta los sindicalistas productores de coca y en el medio, un arco bastante variopinto de ideología contestataria. Evo Morales, que lo representa, marca por lo tanto una inserción antisistémica que progresivamente va entrando en una nueva mecánica democrática que estamos viviendo hoy, pero que en el momento de su elección, como segundo candidato y como segunda fuerza política, está rompiendo estructuras y se va a enfrentar radicalmente al modelo económico y se va a enfrentar fuertemente al modelo político. 

Adicionalmente, hay que analizar que los esfuerzos de una política populista, que de algún modo son colchón entre el sistema y el anti sistema, reflejados en dos partidos, CONDEPA de Carlos Palenque y USC de Marx Fernández; y que tiene una expresión curiosa en Manfred Reyes Villa, que tuvo el tercer lugar en esta elección; no pudieron cuajar como opciones alternativas al modelo desde la óptica populista y no pudieron hacer de colchón que pudiera evitar el surgimiento de fuerzas mucho más radicalizadas. La expresión mayor de ese concepto de radicalidad es Felipe Quispe, candidato aymara, con un nuevo partido que no conoce a Bolivia como nación o no reconoce a Bolivia como nación, cualquiera de las dos expresiones pueden ser entendidas como ustedes las prefieran y que define la necesidad de la reconstitución del Coyasuyo como una suerte de edición de racismo al revés, en respuesta al tradicional racismo blanco o blancoide que vive en Bolivia y que está enquistado en Bolivia, desde hace siglos. 

El Movimiento Indigenista Pachucuti de Felipe Quispe obtiene el 6% de los votos, que es una votación significativa si consideramos que partidos fuertes y tradicionales, como Acción Democrática Nacionalista, no tiene ni siquiera el 3.5% de los votos. Esta insurgencia ¿qué nos está mostrando?. Nos está mostrando que la política tradicional se ha resquebrajado, que su poder de captar y reflejar al conjunto de la sociedad es débil, que existe un giro -y esto es muy importante-, creo que se está viviendo en toda América Latina: el centro político de la sociedad boliviana como ha ocurrido en la mayoría de nuestros países, se ha desplazado, se está desplazando de la derecha a la izquierda. Ese centro que, en la década de los años 80, se había desplazado a la derecha con la visión neoliberal, pasa ahora y se desplaza hacia la izquierda, porque la visión clásica neoliberal no pudo dar los resultados que se esperaban; o la visión neoliberal modernizada, que creo que fue la que se intentó aplicar en Bolivia, no logró los resultados y las expectativas que estaba buscando. 

Este es un contexto político que comienza a resquebrajarse y que se desmorona de manera muy fuerte cuando se produce la crisis de octubre de 2003. Esa crisis de octubre tiene que ver adicionalmente con un factor de un fuerte contenido emocional, que hoy día hemos tenido como protagonista en la Carta de Intenciones firmada con el Presidente Toledo, se llama gas, se llama puerto por el que va a salir ese gas, se llama el concepto de componente emocional e histórico que para Bolivia, tiene este ingrediente.  

¿Por qué el gas y no otro recurso u otro elemento del intercambio económico que ha tenido un desarrollo importante a lo largo de los últimos años, en nuestra relación con Chile?.  

Porque como producto del proceso de capitalización, y este es un elemento de mérito de ese proceso que no podemos desconocer, se logra la multiplicación de nuestras reservas de 5 trillones de pies cúbicos en 1996 a 52 trillones de pies cúbicos, es decir 10 veces más en el año 2000. Cuando se certifica la existencia de reservas probadas y probables de 52 trillones de pies cúbicos en el año 2000, el escenario político alrededor del tema del gas cambia. Estamos hablando de una reserva radicalmente distinta de la que teníamos antes y estamos hablando del debate sobre las condiciones de administración de manejo y de beneficio de esa riqueza, ¿por qué la crítica a la capitalización si el resultado es tan positivo, 3 000 millones de dólares de inversión que permiten esa contestación?. Porque el costo, el precio de este logro es demasiado alto en función de la concesionalidad en la relación entre Estado boliviano y empresas inversionistas. 

La percepción general, que comparto, es que el beneficio que se tiene para Bolivia en comparación al beneficio que tienen las empresas petroleras no es justo y que tenemos que reformularlo. El nivel de impuestos y regalías es demasiado bajo y no justifica verdaderamente el aporte de Bolivia, que significa realmente ese conjunto gigantesco de reservas de gas. Este es el proceso de cambio en el que hemos estado trabajando para tratar de ser justos, guardando la idea de seguridad jurídica, guardando la idea de fe del Estado, guardando la idea de interés en inversión externa; pero haciendo comprender que después de una hecatombe política violenta, dramática, como la que vivió Bolivia no podemos pensar el país en su relación con las empresas petroleras y con la inversión, del mismo modo. Podemos mejorarlo en función de nuestros intereses, sin llegar a un punto que haga poco atractivo el país; que sea un punto de referencia o un marco de referencia para la inversión externa.  

Este ingrediente del gas se suma a un conjunto de factores emocionales que caen sobre el Presidente Sánchez de Lozada. La idea de que el proceso de capitalización no había sido bueno para Bolivia, la idea de que no contento con "la entrega" de esos recursos a las empresas inversionistas, el Presidente quería, además, vender el gas por Chile. Y a partir de esos elementos, la explosión social que tiene como bandera principal el tema del gas -y es una bandera importante y genuina de protesta popular- pero que tiene como escenario detrás esta crisis política que se ha agudizado y como escenario detrás, una larga factura histórica de exclusión, de discriminación, de pobreza no resuelta, de sentido de que no hay equidad ni hay justicia. Todo ese conjunto de cosas van a confluir en la crisis de octubre y en su resolución.  

¿Cuáles son las lecciones de esta crisis? 

Primero, que no podemos tener los mismos mecanismos de análisis en el antes y en el después; ni para la construcción de la nueva realidad política de Bolivia, ni para la solución del tema específico de la política de hidrocarburos, ni para aquellas demandas fundamentales que exigen respuestas más allá de los temas macroeconómicos y que nos obligan a dar un giro en el modelo económico vigente hasta antes de esta crisis de octubre. Y no es que lo que Bolivia haya vivido de manera agudizada sea algo que no esté viviéndose en otros países de América Latina y aún del mundo. Es que cada uno de los países encuentra la solución o la no solución de sus crisis de manera distinta, y es a partir de estos desafíos que tiene que encontrarse respuestas. Esas son las razones que me condujeron a establecer una línea divisoria y una propuesta política como Presidente, una propuesta económica y una propuesta social, a partir del 17 octubre. 

La propuesta política tenía que ver y tiene que ver con dos elementos fundamentales; primer elemento, referéndum, que tiene dos consecuencias para mí muy importantes: primera, la inclusión del concepto de democracia participativa que se suma a la democracia representativa, no la sustituye pero sí la fortalece. No solamente vamos a utilizar el mecanismo de la democracia representativa a partir de la elección de Presidentes, Vicepresidentes, Senadores, Diputados y Munícipes, sino que vamos a encontrar, con una modificación constitucional que se dio el 20 de febrero de este año, este nuevo mecanismo de democracia directa -para decirlo de alguna manera ilustrativa- que permita al ciudadano tomar decisiones sobre asuntos fundamentales en su vida. 

Y el segundo elemento y consecuencia, es que terminemos el debate sobre el gas en función de opiniones subjetivas, de líneas de pensamiento políticamente fuertes, de representaciones muy discutibles de carácter corporativo y entreguemos en el voto popular, la pregunta y la respuesta de qué es lo que Bolivia quiere hacer con sus recursos en un momento en el que no hay otra opción intermedia, si no teníamos un referéndum que estableciera claramente que es lo que Bolivia quería hacer con su gas, íbamos a seguir con una discusión que nos iba a bloquear de manera interminable y que nos iba a ser inviables, desde la perspectiva de la comunidad internacional. Porque después de la crisis de octubre, más allá de cuanto pueda explicarse y cuan razonable pueda ser esa explicación, está claro que la comunidad internacional se preguntaba francamente: ¿Bolivia puede seguir adelante discutiendo si va o no a exportar su gas?, ¿Bolivia será capaz de construir un escenario democrático de largo plazo que termine la continuidad del final del mandato al 6 de agosto del 2007 del Vicepresidente hoy convertido en Presidente?, Si Bolivia dice no a la venta de gas, ¿de que estamos hablando en acuerdos internacionales, de cooperación, de financiamiento, de hacer de Bolivia sujeto de crédito para seguir en la inserción internacional de la que Bolivia lamentablemente es tan dependiente en la óptica de necesidad de cooperación y de necesidad de financiamiento internacional?. 

Por lo tanto teníamos que establecer una respuesta de fondo al tema y esa respuesta de fondo llegó afortunadamente el 18 de julio, con algunos elementos de "yapa", por decirlo así, que nos permiten tener una visión más optimista del futuro.  

El miedo a que Bolivia era un país de inestabilidad y de explosividad que estaba allí en cualquier momento, la volatilidad de la situación boliviana. A partir del 17 de octubre, la permanencia de nuestro gobierno estuvo siempre en tela de juicio.  

¿Podrá resistir este gobierno, con sus particulares características, hasta un momento como este y más allá?.  

Si bien la popularidad del Presidente se mantuvo del 82% al 68% en el punto más alto y el punto más bajo en 10 meses de gobierno, era evidente que las encuestas eran un referente, pero necesitábamos transitar por el desafío del voto.  

El otro aspecto importante era las amenazas de violencia de quienes decían representar a sectores encontrados con el referéndum, que buscaban la nacionalización del gas y la nacionalización de los hidrocarburos, expropiación o confiscación sin ningún tipo de matiz y la demostración “de que nosotros estamos representando, los que queremos la nacionalización, la verdadera voluntad popular”. Vamos a quemar urnas, vamos a bloquear carreteras, vamos a boicotear el referéndum. Ese escenario era el que estaba adelantando de manera amenazadora, el desarrollo y la realización del referéndum.

El referéndum se hizo sin un solo incidente violento. Se realizó en la más absoluta tranquilidad con una vocación cívica participativa extraordinaria. La ciudad más polémica como potencial de violencia, El Alto, fue la que tuvo el mayor nivel de participación de todas las ciudades del país. Tuvimos una participación de voto en el referéndum que estuvo en el rango del 60%, el porcentaje de participación más alto de referéndum en América Latina en los últimos 20 años.

Y la otra pregunta, ¿el referéndum va a romper Bolivia?, ¿va a dividir Bolivia?, porque hay un país del oriente y hay un país del occidente; el país moderno y el país que quieren anclarse en el pasado político y de una cierta nostalgia de una historia irrepetible. Y resulta que el voto de Tarija en el sur, el voto de Santa Cruz en el oriente, el voto de Potosí en el occidente, el voto de Oruro en el occidente, en términos comparativos es casi exactamente el mismo. Si ustedes hacen la comparación estadística de la respuesta a las cinco preguntas en los nueve departamentos, las diferencias son dos o tres puntos.  

Todo el país vota de manera uniforme, en las tres primeras preguntas de una manera, con muy alto porcentaje del sí; y en las dos últimas preguntas, un poco más bajo, pero con un si rotundo en las cinco preguntas. No hay tales visiones distintas de país, ni criterios radicalmente diferentes: en un lado, nacionalizadores; en el otro lado, en contra de la nacionalización o en contra de una lógica o de una línea de las preguntas. Se rompe el mito de que hay sectores radicales capaces de hacer generar violencia, porque tienen banderas poderosas. Ni representan a nadie, ni tienen banderas poderosas. Se rompe el mito de que los cruceños piensan distinto a los potosinos, que los orureños o que los tarijeños piensan distinto que los pandinos. 

 En el conjunto, el país responde de manera común al mismo tema, sobre el mismo problema. Y esto marca la posibilidad de romper una hipoteca, de abrir un espacio de discusión, de definir un camino sin ningún tipo de restricciones. En otras palabras, el gas boliviano se vende. El gas boliviano, se exporta, sea como materia prima, sea como producto industrializado. En otras palabras, estamos hablando de una nueva relación entre el Estado y las empresas inversionistas, garantizando su inversión, su seguridad jurídica y nuestro interés en que permanezcan y crezcan en su trabajo de inversión. 

¿Qué marca adicionalmente el referéndum? El comienzo de un giro en el que el Estado recupera presencia protagónica, sin repetir -y esta es la intención- los errores del capitalismo de Estado burocratista, hiperpesado, muy corrupto y poco eficiente, que vivimos en la década de los años 50, 60 y 70. Es una apuesta compleja, por supuesto que sí.  

Vamos a tratar de responder de manera eficiente a una presencia estatal que no repite errores, pero que sí recupere aquellos elementos importantes: el control de propiedad en boca de pozo que permite precios y comercialización en decisión estatal. El control de la decisión de exportación del gas en poder de Bolivia, a través de su empresa estatal y no en negociaciones directas de empresas privadas. La capacidad de niveles impositivos no confiscatorios, pero que tengan una relación de equilibrio mayor que la que teníamos en el pasado, con la anterior ley. La posibilidad de fomentar a través de exenciones impositivas, la industrialización en territorio boliviano y la capacidad de hacer que el país crea de verdad que somos capaces de invertir adecuadamente el dinero que vamos a recibir, con condiciones específicas de inversión en educación, salud e infraestructura. 

Si esta es una respuesta que descentraba un gran problema, tenemos que resolver el otro desafío que es la renovación político partidaria, que es una tarea en la que el gobierno tiene un papel importante, pero que no va a resolver en sí misma. No deja de ser significativo que nuestro gobierno tiene cero diputados y cero senadores. Cero quiere decir cero. Y que no hemos hecho ningún acuerdo de largo aliento con ningún partido, entre otras cosas, porque en el momento en que yo hiciese un acuerdo con cualquier partido, sea el MAS, el MIR, MNR o ADN, etc. El respaldo del Presidente caería, nada más al firmar el acuerdo, 25 puntos, porque el nivel de credibilidad de los partidos es muy bajo. Por lo tanto, no es políticamente deseable el que yo haga acuerdos que me van a comprometer de una manera significativa la popularidad y que además van a generar una cohesión de la relación oficialismo-oposición, que limita terriblemente las capacidades negociadoras del gobierno. 

A lo largo de estos 10 meses, en consecuencia, hemos logrado aprobaciones, como una reforma constitucional. Hemos logrado la implementación de un impuesto a las transacciones financieras, hemos aprobado la ley del referéndum, además de otras muchas leyes, en función de acuerdos específicos para temas concretos, con diferentes bancadas y en diferente contexto.  

Es una tarea