Construyendo Cohesión Social en la
Comunidad Andina
Palabras de Carlos
M. Jarque, Gerente del Departamento de
Desarrollo Sostenible del Banco
Interamericano de Desarrollo, en la
inauguración del Seminario “Integración
y Cohesión Social en la Subregión
Andina: Elementos para una Estrategia
Comunitaria”
Lima, 19
de mayo de 2005
En nombre
del Banco Interamericano de Desarrollo
permítanme darles la más cordial
bienvenida a este taller. Quiero
agradecer a la Comunidad Andina de
Naciones y a su Secretario Allan Wagner,
su amable hospitalidad. También
agradecemos la amable colaboración de la
Comunidad Europea, en especial de su
representante en el Perú, el Sr.
Goldstein, y también agradecer al Perú,
y en particular a la Ministra Romero por
su apoyo.
Espero que
este taller sea el inicio de una
fructífera relación de trabajo y
cooperación entre los países de la
Comunidad Andina de Naciones, el Banco y
la Comunidad Europea para contribuir a
la construcción de cohesión social en la
Subregión Andina.
Los
pilares fundamentales de la cohesión
social y de los sistemas democráticos
son la confianza mutua y el respeto a
las normas cívicas. Estas son
características importantes que
encontramos en los países de mayor
desarrollo económico, más igualitarios y
con poblaciones con mayor nivel de
capital humano.
En muchos
países del continente, la insuficiente
Cohesión Social tiene consecuencias en
las relaciones entre los ciudadanos y,
en especial, entre estos y el Estado en
áreas como la tributación, la inversión
en el capital humano de los más pobres,
y en el establecimiento de sistemas
comprensivos de protección social, sólo
por mencionar algunas de ellas. En esta
dinámica, la desigualdad y la exclusión
social han permanecido entre los grandes
problemas que enfrenta la región y han
contribuido de manera importante a
dificultar los procesos de reducción de
la pobreza y en el desarrollo político y
social.
Actualmente, el sentimiento de
insatisfacción ciudadana con los-
dividendos de los sistemas democráticos
y con las reformas económicas
recientemente llevadas a cabo, se
explica en gran parte por la
distribución desigual de los beneficios
de estas reformas entre nuestros
ciudadanos. En los últimos 15 años los
episodios de crecimiento económico no
han ido acompañados por mejoras en la
distribución del ingreso, incrementos
sustanciales en el nivel de empleo o en
reducciones importantes en los niveles
de pobreza.
Los
conflictos distributivos que
caracterizan a sociedades con altos
niveles de desigualdad, al combinarse
con sistemas políticos frágiles llevan a
instituciones públicas y sistemas
legales débiles, a políticas
ineficientes, y a bajos niveles de
inversión, particularmente en capital
humano.
Frente a
estos desafíos es importante que
articulemos la estrategia de desarrollo
con un enfoque más integral y basado en
objetivos de mayor cohesión social.
Debemos
considerar elementos claves: políticas
macroeconómicas sólidas y prudentes, la
reforma de nuestras instituciones
públicas para aumentar la efectividad de
las políticas económicas y sociales, una
multiplicación de los esfuerzos para la
superación de la pobreza y la exclusión,
y la mejora del clima de negocios,
especialmente para los productores de
menores recursos.
La
creciente apertura de los sistemas
democráticos en el continente, nos
brinda una valiosa oportunidad para
enfrentar los obstáculos a la
participación democrática y el respeto
por la ley, para incrementar la
eficiencia y progresividad del gasto
social, para promover pactos fiscales
sólidos, para implementar políticas
efectivas en pro de la equidad, y para
asegurar marcos regulatorios y un clima
de negocios que permitan la generación
de empleo productivo para los más
pobres. Por otro lado, la recuperación
del crecimiento económico abre otra
ventana de oportunidad, al generar
recursos para enfrentar con vigor las
profundas desigualdades que caracterizan
a la mayoría de nuestras sociedades.
Estos recursos facilitan el
financiamiento de inversiones sociales
comprehensivas que expandan la base de
activos de la sociedad, mejorando el
acceso a educación y salud de calidad, a
sistemas comprehensivos de protección
social y a activos productivos como
infraestructura y crédito que aseguren
un ambiente que facilite la creación de
oportunidades económicas para los pobres
y excluidos. El binomio democracia y
crecimiento económico debe cristalizarse
en avances en cohesión social.
La
Comunidad Andina puede extraer lecciones
importantes para la promoción de la
cohesión social de la experiencia de la
Unión Europea. El fortalecimiento del
proceso de integración regional con la
incorporación de objetivos económicos y
sociales en las políticas de desarrollo,
es un elemento central en la experiencia
Europea.
De hecho,
dicha experiencia también resalta los
beneficios de establecer mecanismos de
coordinación abiertos entre los países
para compartir experiencias y mejores
prácticas, y para monitorear resultados.
La experiencia Europea también resalta
la conveniencia de consensuar una serie
de indicadores cuantificables de
monitoreo de los esfuerzos de cohesión
social para incentivar y medir el
progreso de los países y promover la
rendición de cuentas.
En
nuestras sociedades, los esfuerzos para
construir cohesión social están
estrechamente vinculados con el logro de
los Objetivos de Desarrollo del Milenio
(0DM) y, en nuestro caso, estos deben
figurar de manera prioritaria, entre
otros temas importantes, en la agenda de
Cohesión Social. Los 0DM no son un
simple conjunto de metas tecnocráticas.
Estos representan el alcance de derechos
humanos básicos de millones de pobres en
América Latina. El cumplimiento de estos
derechos básicos, para todos los
miembros de la sociedad y en especial
para los más pobres y excluidos, debe
ser un compromiso primigenio de la
cohesión social, ya que ello permite
reducir la pobreza, igualar el acceso a
las oportunidades, y erradicar formas de
exclusión social.
Para
alcanzar los 0DM al 2015, necesitamos
vigorizar el crecimiento económico. Sin
embargo, inclusive un crecimiento
vigoroso no será suficiente. Puede dejar
a muchas personas fuera de sus
beneficios por un largo tiempo. En
consecuencia, una acción decidida y
focalizada es esencial ahora para sacar
a un gran número de personas que sufren
de pobreza y hambre.
Dentro del
marco de Cohesión Social se debe
proponer y trabajar para eliminar la
pobreza extrema en esta generación. Al
2025 podemos haber superado la pobreza
que mata y las formas de exclusión que
limitan el logro de las aspiraciones
básicas de nuestros ciudadanos. Pero
para lograr esto necesitamos esfuerzos
adicionales para corregir las
desviaciones y acelerar los logros,
tomando las metas al 2015 como un paso
intermedio.
Para
América Latina los beneficios de
alcanzar los ODM al 2015 son valiosos:
- 118
millones de personas superarían la
pobreza y 53 millones la pobreza
extrema
- 9 millones mas de niños asistirían a
las escuelas, mejorando marcadamente
sus oportunidades de progreso en la
vida
- Millones de mujeres y niñas
incrementarían su participación en la
sociedad y estarían más seguras
- En lugar de morir antes de alcanzar
los 5 años de edad, dos millones de
niños se salvarían
- 120 millones de personas más
tendrían acceso a agua potable y 140
millones de personas mas tendrían
acceso a saneamiento básico, mejorando
su salud
- Todos nos beneficiaríamos y
reduciríamos severas desigualdades
- Todos tendríamos un medio ambiente
mejor y menos vulnerabilidad a las
epidemias regionales y mundiales
- Y, por supuesto, estas no son solo
cifras, sino vidas y aspiraciones de
los pobres, y de todas nuestras
sociedades. Por eso no podemos
conformarnos con éxitos parciales.
Hay que
consolidar políticas públicas agresivas
para promover la cohesión social.
Requerimos el desarrollo de la capacidad
técnica para diseñar intervenciones
efectivas y pertinentes, y contar con
liderazgo político y solidaridad que
asegure implementación según las
características particulares de cada
país.
Creo que
eventos como el que iniciamos esta
mañana son cruciales para generar
consenso y liderazgo político así como
para definir canales de cooperación
entre los países y la comunidad
internacional para llevar acabo estas
acciones y programas.
Vivimos en
un mundo interconectado. Superar la
miseria humana es de interés para todos,
tanto para los pobres como para los
ricos. Por eso la Agenda de Cohesión
Social debe convertirse en una fuerza
catalizadora de cooperación para el
desarrollo, con el fin de construir
naciones en las que nadie muera porque
es pobre y nadie sea excluido de
necesidades humanas básicas. La agenda
debe redireccionar acciones y recursos
para el desarrollo, tanto al nivel
nacional como internacional, y debe ser
implementada como una responsabilidad
compartida entre los ciudadanos, los
gobiernos, la sociedad civil, y la
comunidad internacional.
Espero que
esta visión, sea la que nos guíe en los
próximos dos días. Agradezco el apoyo de
los Co-patrocinadores de este evento. A
todos ustedes les doy la más cordial
bienvenida y les deseo el mayor de los
éxitos.
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