Discurso del Presidente del Indecopi,
Dr. Santiago Roca, en el Simposio
Internacional de Indicaciones
Geográficas
Lima, 11
de enero de 2006
Señor embajador
Antonio Cardoso Mota, Jefe de la
delegación de la Comunidad Europea en el
Perú, señor embajador Allan Wagner
Tizón, Secretario General de la
Comunidad Andina, Señor Octavio
Espinosa, Director de la Organización
Mundial de la Propiedad Intelectual,
distinguidos expositores nacionales y
extranjeros, distinguidos participantes,
señoras y señores.
Quiero comenzar expresando mi
felicitación a la Comisión Europea y la
Comunidad Andina por la feliz iniciativa
que hoy nos convoca. Las indicaciones
geográficas son herramientas de larga
existencia pero de reciente valoración.
A lo largo de la historia han existido
diversos productos que, por su calidad
especial y su vinculación a un lugar
determinado, han alcanzado cierta
notoriedad. Desde el mundo antiguo, los
cedros del Líbano eran tan cotizados por
su resistencia a las altas temperaturas,
la humedad y el envejecimiento, que
dieron oportunidad a que los Fenicios
iniciaran toda una industria de
exportación de su madera a Egipto,
principalmente para la construcción de
navíos y sarcófagos. En nuestro país,
una talla de madera de entre los años
400 a 900 después de Cristo, encontrada
en el santuario de Pachacamac al sur de
Lima, presenta una mazorca de ocho
hileras, la que los historiadores y
técnicos agrícolas han corroborado como
la mazorca del “Maíz Blanco Gigante del
Cusco”, denominación de origen
recientemente protegida por el INDECOPI.
Si las indicaciones geográficas han
existido desde tiempos ancestrales, cabe
preguntarse la razón de su reciente
notoriedad y la necesidad de
reconocerlas y protegerlas.
Ciertamente, las indicaciones
geográficas han tomado un lugar más
aparente en nuestra agenda actual debido
a la transformación de nuestros
mercados.
La globalización y la mejora continua de
los sistemas de logística han facilitado
el fluido intercambio comercial
alrededor del mundo. Hoy no es inusual
encontrar en los estantes de cualquier
supermercado de nuestra región, Café de
Colombia, Vinos de Tarija o del Valle de
Napa, Tequila Mexicano o un Pisco, sólo
por nombrar algunas de las indicaciones
geográficas sobre las cuales tendremos
oportunidad de discutir y aprender en
los próximos dos días.
Además, los mercados globalizados
presentan consumidores mejor informados
quienes desean saber sobre la
procedencia y características especiales
de los productos de su elección. Estos
consumidores no solo aprecian y
atribuyen un mayor valor a estas
dimensiones del producto, sino que
también están dispuestos a pagar más por
este valor agregado.
Desde el punto de vista de los
productores, un proceso de
reconocimiento y protección de
indicaciones geográficas ofrece ventajas
innegables. De un lado, introduce
elementos de asociatividad y un mejor
control sobre la calidad del producto.
De otro lado, aseguran la preservación
del patrimonio colectivo de una región,
al garantizar que el producto que se
comercializa provenga del terruño y no
se trate de imitaciones de calidad
inferior que usurpan y destruyen el
patrimonio colectivo.
Una indicación geográfica,
eficientemente administrada y protegida,
puede llegar a condensar la buena
reputación que, en el tiempo, se genera
sobre la calidad de un determinado
producto. Pero, una indicación mal
administrada puede, en una sola
transacción, destruir aquella buena
reputación.
Una indicación geográfica también ofrece
ventajas desde la perspectiva del
consumidor. La indicación ha dejado de
ser meramente una indicación de
procedencia del producto. Ha pasado a
representar una expectativa y garantía
de calidad sobre el bien. Esta calidad
especial o superior que se le atribuye
al bien, constituye un atributo que, en
la mente del consumidor, otorga al bien
un valor superior.
Un sistema de reconocimiento y
protección de indicaciones geográficas
permite que este valor se capture y
condense en un elemento objetivo, la
indicación misma. Esto, a su vez, hace
posible que se mejoren sustancialmente
los términos de intercambio de los
bienes en beneficio tanto de
consumidores como de productores.
El proceso de reconocimiento, protección
y administración de nuevas indicaciones
geográficas, en nuestro caso, no es
tarea fácil. Nuestro país, a diferencia
de los países europeos, no cuenta con
una experiencia extensa en este proceso.
Carecemos, en la mayoría de los casos,
de asociaciones de productores lo
suficientemente robustas como para
asumir esta tarea.
En el caso peruano, hasta hace poco, no
había existido, un programa sistemático
de apoyo a la identificación,
reconocimiento y protección de
indicaciones geográficas. En el INDECOPI,
como organismo encargado de la
protección de la propiedad intelectual,
hemos asumido el reto de fomentar la
inducción de nuevas indicaciones
geográficas, en nuestro caso bajo la
modalidad de denominaciones de origen.
Con este propósito, hemos convocado la
colaboración de asociaciones de
productores y el soporte de otros socios
estratégicos . El INDECOPI ha
comprometido, en la medida de sus
posibilidades, algunos recursos propios
que venimos administrando eficientemente
a través del trabajo de funcionarios de
nuestra propia institución.
Estamos en proceso de inducción de
nuevas denominaciones. Sin embargo, esto
ha planteado nuevos retos al INDECOPI
como institución. En los próximos meses
debemos definir el alcance de las
responsabilidades de nuestra institución
en los procesos de fomento y
administración de futuras denominaciones
protegidas.
Entendemos que el INDECOPI, como
autoridad en materia de propiedad
intelectual, tiene un rol preponderante
en las labores de promoción de nuevas
denominaciones. Sin embargo, también
entendemos que estas labores de
promoción, para ser desarrolladas más
eficientemente, precisan de una
participación más activa de productores
organizados y de otras entidades
gubernamentales y no gubernamentales.
Por eso es que estaremos próximamente
presentando al país una política
integral para promover marcas, signos
distintivos y denominaciones de origen,
que busca involucrar la acción conjunta
del sector público y privado en esta
tarea.
En el aspecto de administración, nuestro
país ha apostado por un modelo de
administración por parte de los
productores, mediante la implementación
de consejos reguladores. En este punto,
resulta necesario que el INDECOPI,
además de las labores de supervisión que
le asigna la legislación sobre los
referidos consejos, defina su rol
institucional frente a las labores de
formación e implementación de los
mismos.
Internamente, el INDECOPI deberá adecuar
su organización para responder con la
eficiencia debida a los desafíos que se
plantean. Del mismo modo, deberemos
permanecer alertas a fin de proponer
adecuaciones de la normatividad vigente
que contribuyan a cumplir con el
propósito encomendado.
Resulta entonces evidente la relevancia
de este simposio en función a que, en
cada uno de sus debates, se abordarán
temas de especial interés para nuestra
agenda pendiente, como la relevancia de
las indicaciones geográficas como
herramientas de desarrollo, la
experiencia sobre indicaciones
geográficas en otros países y sobre la
conformación y funcionamiento de
consejos reguladores, la necesidad de
protección nacional y supranacional de
las indicaciones geográficas, los
desafíos para la industria y el futuro
de las indicaciones geográficas en la
Comunidad Andina.
Quiero finalmente expresar, en nombre
del INDECOPI, mi gratitud por la
invitación a participar de esta mesa
inaugural. Estamos seguros que las ideas
y experiencias aquí compartidas servirán
enormemente para definir muchos de los
temas que sobre indicaciones geográficas
nos tocará desarrollar. Muchas gracias.