De manera
complementaria a la reducción de los
niveles arancelarios, se expidieron
normas a nivel del mercado andino para
simplificar los trámites de exportación
y se firmó una serie de acuerdos
comerciales y de integración.
Las exportaciones del
Ecuador a la CAN respecto del total
pasan de una participación porcentual de
6.54% en 1990 a 13.0% en 1998 y 10.8% en
1999, mientras las importaciones
aumentan su peso porcentual de 9.7% en
1990 a 17.5% en 1998 y 20.3% en 1999.
Las exportaciones
ecuatorianas al área andina
representaron en 1990 el 63.3% del total
de exportaciones a la ALADI; este nivel
se mantiene en 1998 (62.4%) y desciende
ligeramente en 1999 (58.2)
Por otro lado, las
importaciones del Ecuador desde países
del área andina significaron el 43.8%
del total de compras en la ALADI en
1990; el 57.4% en 1998 y el 60.1% en
1999.
Las exportaciones a
Colombia representaron el 1.2% del total
en 1990, el 6.7% en 1998 y el 5.1% en
1999. En el caso del Perú, la
participación de 5.2% en 1990 pasó a
4.7% en 1998 y a 4.0% en 1999. No
obstante, las posibilidades de una
expansión de los flujos de comercio con
este país se manifiestan claramente
alentadoras.
En el caso de las
importaciones, la trascendencia del
mercado andino como proveedor del
Ecuador, ha aumentado drásticamente.
Hasta fines de los ochentas, su
participación era muy pobre (5% ),
pasando al 20.3% en 1999.
En 1999, el comercio
con el área se redujo como resultado de
la frágil situación económica por la que
atravesaron Ecuador y Colombia. El total
de exportaciones a la CAN alcanzó en
1999 US$ 482.5 millones.
Las importaciones
provenientes de Colombia, principal
socio comercial, se han incrementado, de
3.1% en 1990 a 10.6% en 1998 y 12.0% en
1999, mientras que con Venezuela esos
porcentajes pasaron de 5.1% en 1990 a
4.8% en 1998 y a 6.4% en 1999.
En el caso
ecuatoriano, la balanza comercial
intracomunitaria ha sido negativa
durante casi toda la década de los
noventa. En 1998 situó un desnivel de
US$ 428.2 millones.
La señalada evolución
de la balanza comercial implica que las
importaciones han sido en general
superiores a las exportaciones del
Ecuador dentro de la CAN, presentándose
como un país con una fuerte demanda.
En suma:
- A pesar de los recurrentes
déficit, la CAN ha sido un espacio
comercial muy importante para Ecuador
en estos años.
- En particular, la zona de libre
comercio con Bolivia, Colombia y
Venezuela ha posibilitado una
expansión acelerada de los
intercambios comerciales, determinado
sobre todo por un importante aumento
de la competitividad de los
productores nacionales.
- En dicha expansión, el tipo de
cambio no se reveló como el factor
explicativo más importante.
II . La dolarización en el Ecuador:
algunos antecedentes
A. Deterioro de los agregados
macroeconómicos
La economía
ecuatoriana registró un fuerte deterioro
a partir de 1998, que se agravó en 1999,
debido a una serie de factores de
carácter interno y externo: la presencia
del fenómeno de El Niño, la caída del
precio de petróleo, la crisis financiera
interna e internacional y el creciente
déficit fiscal.
En 1999, el PIB real
se contrajo en alrededor de 8% y el
nominal en casi 30%, reflejando la
marcada disminución de la inversión y
del consumo privado. El desempleo
prácticamente se duplicó en doce meses,
llegando a 16% a diciembre de 1999.
La inflación anual en
los precios al consumidor se aceleró del
43% a fines de 1998 al 91% en febrero de
2000, y en los precios al productor se
incrementó del 35% al 301%. El sucre se
depreció casi un 200% en 1999, y un 25%
adicional en la primera semana de enero
de 2000.
La deuda pública
total aumentó sustancialmente, de 64%
del PIB en 1997 al 118% del PIB en 1999.
La fuerte caída del PIB determinó el
drástico aumento de esa relación. Al
término del año, el déficit del sector
público no financiero llegó a casi el 7%
del PIB.
En agosto de 1999, el
Gobierno suspendió temporalmente los
pagos del servicio de la deuda de bonos
Brady y eurobonos.
Además, reestructuró
alrededor de US$500 millones en bonos
públicos internos a corto plazo,
extendiendo los vencimientos y a una
menor tasa de interés.
B. Profundización de
la crisis bancaria
El deterioro de la
situación económica acentuó los
problemas del sistema bancario,
derivados, de un lado, del deterioro
macroeconómico y, de otro, de la
práctica de ciertas entidades
financieras por el otorgamiento de
créditos a prestatarios vinculados con
los bancos.
También influyó la
falta de rigurosidad en la supervisión,
particularmente de las operaciones
extraterritoriales.
En diciembre de 1998
el Gobierno creó la Agencia de Garantía
de Depósitos (AGD) con el mandato de
reestructurar el sistema bancario, y
anunció que garantizaría todos los
depósitos internos y extraterritoriales
y las operaciones de comercio exterior
del sistema bancario.
El 1 de enero de 1999
se introdujo un impuesto del 1% sobre
las transacciones financieras, lo que
agravó las dificultades de los bancos al
estimular una sustancial
desintermediación financiera.
Una corrida bancaria
hizo que se decretara un feriado
bancario del 8 al 12 de marzo de 1999, y
se congelaran los depósitos de ahorro y
a la vista por seis meses y los
depósitos a plazo por un año. También se
reprogramó la cartera de los bancos.
En agosto de 1999, el
Gobierno comenzó a descongelar una buena
parte de los de depósitos a la vista y
de ahorro. Para enero de 2000 ya se
habían liberalizado todos esos
depósitos. Sin embargo, parecería que
una parte sustancial, en dólares de
Estados Unidos, fugó al exterior.
En octubre del mismo
año, ante el deterioro de sus
operaciones, la AGD intervino o fusionó
con bancos estatales tres de los cuatro
bancos que habían sido recapitalizados.
Para enero de 2000,
la cartera vencida había alcanzado al
43% de la cartera total de préstamos, en
comparación con el 9% a fines de 1998, y
las líneas de crédito externo de los
bancos se habían reducido a la mitad.
La crisis bancaria
afectó la política monetaria en 1998-99.
El gobierno había emitido US$1.400
millones en bonos para que la AGD
recapitalice los bancos en dificultades,
pague las garantías de depósitos de los
bancos cerrados y cubra los retiros de
los saldos de los acreedores externos.
Se redescontó en el
Banco Central alrededor de US$1.200
millones en bonos. En la medida que el
emisor no pudo esterilizar la totalidad
del incremento de liquidez resultante,
el crecimiento anual de la base
monetaria se aceleró del 41% a fines de
1998 a alrededor del 136% a fines de
1999.
Ante la sostenida
presión cambiaria y la disminución de
las reservas internacionales, en febrero
de 1999 el BCE dejó flotar el sucre.
Las presiones
cambiarias se intensificaron en
noviembre de 1999; las tasas de interés
interbancarias se incrementaron del 60%
a alrededor del 150%, y el Banco Central
aumentó el encaje legal sobre los
depósitos en sucres. No obstante, esas
tensiones no disminuyeron, hasta que el
9 de enero de 2000 se anunció la
intención de dolarizar la economía.
Hasta ahora, la Junta
Bancaria, organismo que preside el
Superintendente de Bancos, y la AGD, ha
intervenido 14 instituciones financieras
(entre ellas los dos bancos más
grandes), que representan alrededor del
65% de los activos internos del sistema.
Los propietarios perdieron su capital.
En resumen:
-
Desde 1995 Ecuador
no había contado con un programa
económico integral, que asegure un
escenario propicio para los
inversionistas privados.
-
Esto incidió en la
formación de expectativas negativas en
los agentes económicos, que mostraron
una marcada pérdida de credibilidad en
la gestión pública, lo que se reveló
en una extremada volatilidad
cambiaria.
-
El país había
mostrado una absoluta inconsistencia
en la aplicación de políticas públicas
para la regulación macroeconómica, lo
que dejaba como única alternativa la
aplicación de un modelo más rígido, la
dolarización.
III. Objetivos del nuevo modelo
Los objetivos del nuevo modelo son:
-
Lograr menores
niveles de inflación, como resultado
de una progresiva convergencia a los
niveles internacionales de precios.
-
Alcanzar un más
alto crecimiento, derivado del menor
riesgo inflacionario y cambiario, lo
que estimularía mejores niveles de
ahorro, reduciría las tasas de interés
y fortalecería la inversión
extranjera.
-
Procurar una más
alta disciplina en la gestión
económica, pues el Banco Central ya no
puede financiar el gasto público a
través de la emisión de moneda.
-
Bajar las tasas de
interés, pues la dolarización
reduciría la prima de la inflación en
las tasas de interés, convergiendo
hacia los niveles registrados a nivel
internacional y eliminando el riesgo
cambiario.
Para concluir esta sección:
El nuevo esquema
cambiario implica una modificación en la
lógica de la gestión económica, pues
elimina casi en su totalidad la
capacidad de hacer política monetaria y
condiciona el crecimiento de la economía
a su capacidad de generar divisas.
De esta manera, exige
un mayor esfuerzo de competitividad y
por lo tanto un apoyo continuo a
procesos que contribuyan a una mayor
integración y liberalización comercial.
En la práctica, la tendencia del ciclo
económico estará determinada en adelante
por el saldo de la balanza de pagos.
Al depender del
ingreso de divisas para solventar el
crecimiento de la economía, el Ecuador
deberá fortalecer su inserción en el
mercado internacional y asegurar de esta
manera un mayor nivel de intercambio
comercial. En este sentido, apoyará la
apertura económica y los procesos de
dinamización de las corrientes
comerciales en la región.
Vale señalar que los
estudios empíricos realizados sobre el
comercio internacional del Ecuador (los
determinantes de las exportaciones e
importaciones), han concluido en que las
políticas de apertura y el nivel del
ciclo de actividad son esenciales. La
variación del tipo de cambio sería una
de las variables de menor relevancia.
IV. El nuevo modelo y el comercio del
Ecuador con la CAN
El esquema de
dolarización presentaría ventajas para
el comercio en la subregión andina por
las siguientes razones:
i) La dolarización
permite a los agentes económicos definir
horizontes de planeación para sus
inversiones de mediano plazo,
incentivando su participación en
proyectos de exportación, dado que se
elimina la volatilidad cambiaria.
ii) la necesidad de
asegurar un continuo ingreso de divisas
a la economía, que exige una mayor
disposición a la apertura comercial por
parte del Ecuador, beneficiará el nivel
de comercio con la subregión.
iii) estimula, en
períodos de auge, visto la eliminación
de restricciones que implica el nuevo
modelo, el ajuste por el lado de las
importaciones.
iv) el crecimiento
económico que se alcanzaría como parte
del esquema de dolarización implicaría
un mayor dinamismo del comercio con la
CAN, por cuanto, como se ha anotado, el
nivel de comercio de las economías está
directamente relacionado con su nivel de
crecimiento.
v) la mayor
disciplina económica incide
favorablemente en las expectativas de
los agentes, fortaleciendo las
actividades de ahorro e inversión y
promoviendo así la demanda interna, con
los consecuentes beneficios que ello
implica en el nivel de comercio.
Resumiendo:
La dolarización
tendría efectos positivos para el
Ecuador en términos de sus relaciones
comerciales con la CAN.
De otro lado, de las
lecciones que derivan de experiencias de
éxito en el comercio internacional, hay
tres aspectos que el Ecuador asume en la
coyuntura :
i) La importancia de
un escenario macroeconómico estable,
incluyendo la estabilidad de las tasas
reales de cambio, inflación predecible y
déficit sostenibles de balanza de pagos.
El ambiente macroeconómico debe ser
enteramente previsible; los gobiernos
tienen que adoptar políticas de
gerenciamiento macroeconómico que hagan
que los exportadores sean capaces de
predecir el curso de las principales
variables y, sobre tal base, suscribir
contratos, abrir cartas de crédito y
hacer supuestos sobre sus costos
futuros.
ii) La necesidad de
aplicar consistentes políticas
complementarias.
iii) La trascendencia
de instrumentar programas de promoción
de exportaciones basados en mecanismos
de mercado y en la búsqueda sistémica de
la competitividad, lo que permite a los
exportadores reaccionar sin traumas
frente a cambios en la demanda externa.
V. Dolarización y
mercado común andino: algunas
reflexiones
A. Mercado Común
Andino y zona monetaria
Como se conoce, uno
de los retos más ambiciosos de la CAN
para los próximos años es el
establecimiento de un mercado común en
el año 2005, objetivo establecido por
los Presidentes Andinos en la Reunión
Ministerial celebrada en la ciudad de
Cartagena de Indias, Colombia, en mayo
de 1999.
En la coyuntura, el
Ecuador asigna una clara prioridad a la
variable integración, pues estima que
los riesgos de la globalización y la
mayor interrelación e interdependencia
de las economías a escala mundial, puede
ser modulada sobre la base de la mayor
cooperación y concertación de políticas,
lo que podría orientar mejor la
regulación macroeconómica.
Posiblemente esa
prioridad es también la de los demás
países andinos, pues algunos hechos
concurren en esa dirección: por ejemplo,
la intención de converger a una meta
inflacionaria común de un dígito y el
afán de propiciar una coherencia
macrofiscal, son muestras de lo
señalado.
Sin embargo, la
armonización de políticas ha sido un
ámbito todavía poco abordado de la
integración, lo que afecta lo comercial,
lo financiero, lo monetario y lo
cambiario, entre otros campos. Se trata
ahora de lograr una convergencia de
opciones, en el marco de un proceso de
aproximación pre-definido, si el
objetivo final es alcanzar la vigencia
del mercado común andino y la zona
monetaria.
Desde la perspectiva
del Ecuador, el cambio de su modelo
monetario no es, como podría suponerse,
un obstáculo para la conformación del
mercado común.
Al contrario, es un
apoyo, pues induce la armonización de
las políticas económicas con mayor
facilidad y sienta sanas bases para el
manejo monetario y la integración total,
como se verá más adelante.
En la economía
internacional actual hay una serie de
circunstancias que deben evaluarse
cuidadosamente antes de llegar a
concluir que las monedas nacionales
serán siempre preservadas.
En un mundo de
grandes bancos internacionales y
corporaciones multinacionales no hay,
posiblemente, mucho espacio para la
independencia monetaria, excepto de
pocos países grandes. No podría
concluirse tampoco que la estabilización
está dada inexorablemente por la
vigencia de tipos de cambios flexibles
frente a tipos de cambios fijos, por
ejemplo.
Esto complica la
visión del mercado común, en términos de
cómo, idealmente, debería funcionar en
la subregión, en la medida en que los
problemas implícitos que supone formarlo
(condiciones de estabilidad, costos de
transacción, costos de transporte,
implicaciones sobre el bienestar,
movilidad de los factores y de los
capitales), deben evaluarse bajo
presupuestos que en la coyuntura
difieren de aquellos en los que se
fundamentaba la literatura económica
clásica sobre el tema.
Lo que resulta
cierto, partiendo de que el gran
objetivo final de la subregión es llegar
a una moneda única, es que los países
deberán estar convencidos de que:
i)desean alinearse a
la tasa de inflación de la zona
monetaria; ii) buscan reducir los costos
de transacción en su comercio con el
principal socio comercial; iii) aspiran
a eliminar los costos de imprimir y
mantener monedas separadas; iv) admiten
participar en el « purchasing power
parity area », lo cual puede ser
sostenido por tipos de cambio fijos, aún
más en una zona monetaria; v) tratan de
establecer un ancla de política, vale
decir, un punto fijo alrededor del cual
las expectativas de los agentes
económicos pueden ser formuladas y las
políticas económicas pueden ordenarlas;
vi) propenden a eliminar la
discrecionalidad de las autoridades
monetarias y fiscales; vii) desean
mantener el tipo de cambio al margen del
ámbito político y de los intereses
creados que buscan la depreciación de la
moneda para incrementar sus ganancias o
licuar sus deudas; viii) pretenden
establecer un mecanismo automático que
refuerce la disciplina monetaria y
fiscal; ix) aspiran a tener una suerte
de « colchón » multinacional para
enfrentar los shocks; x) tratan de
compartir la decisión política de
determinar una tasa de inflación dentro
de la zona monetaria; en fin, xi)
permiten delegar a un mecanismo externo
el proceso de mejoramiento interno de la
disciplina monetaria y fiscal; y, xii)
buscan reforzar o establecer un bloque
de poder económico que tenga un peso
específico mayor en las discusiones
económicas internacionales y por esa vía
apuntan a un mejoramiento de sus
términos de intercambio, entre otros
aspectos.
Frente a lo anterior,
pueden confrontarse algunos criterios
por los cuales los países no
necesariamente estarían dispuestos a
perder su soberanía monetaria. Mundell
los resume señalando que tal decisión
estaría infuenciada por el hecho de los
socios potenciales:
i). quieren mantener
una tasa de inflación propia,
ii) diferente de la
del área; buscan utilizar la tasa de
cambio como un instrumento de política
de empleo a fin de subir o bajar los
salarios y también para captar empleo de
los otros países;
ii) no desean
compartir los beneficios potenciales de
la unión o enfrentar desequilibrios
macroeconómicos que podrían ser
ampliados por los intervinientes en la
zona;
iv ) no admiten dejar
de beneficiarse del señoriaje;
v) no desean eliminar
la posibilidad de financiar al fisco;
vi) no quieren
eliminar espacios de soberanía general,
entre otros.
Así, al menos desde
el punto de vista de la teoría, no
quedarían mayores dudas respecto a las
ventajas de llegar a la formación de una
zona monetaria común, condición que le
es inherente al mercado común.
Sin embargo, se debe
reconocer que detrás está el hecho de
que el objetivo demanda un alto grado de
coordinación, particularmente en materia
fiscal, lo que nos impone una reflexión
adicional.
En efecto, en el
mundo de las zonas monetarias óptimas
así como en varios informes sobre el
papel de las finanzas públicas en la
integración europea, por ejemplo, « se
propugna un elevado grado de
centralización (coordinación, JLY)... de
las políticas fiscales nacionales con el
fin de que (el, JLY) presupuesto...actúe
como mecanismo de reequilibrio
macroeconómico ante eventuales
perturbaciones asimétricas que permita
suavizar los costes sociales inherentes
a una recesión ».
En la medida en que
la adhesión de un país a una zona
monetaria implica el abandono de la
política monetaria y de cambio con fines
estabilizadores, la política fiscal se
convierte en un instrumento muy
atractivo.
No obstante, los
márgenes de maniobra de los hacedores de
la gestión fiscal pueden estar, sobre
todo en países como los andinos, sujetos
a varios condicionamientos : la
experiencia muestra bien los efectos
negativos de la laxitud fiscal sobre las
tasas de interés, la inversión pública y
privada y el desempeño macroeconómico
general, por lo que la definición de
criterios objetivos de coordinación de
políticas se revela con toda su
importancia.
Lo anterior destaca
la necesidad de una convergencia previa,
donde más importante que el tema
cambiario es, de cara al objetivo común,
definir las precondiciones para
viabilizar el funcionamiento del mercado
común y la zona monetaria.
En la práctica,
concuerdo con el Banco Central de la
República Argentina, cuando refiriéndose
al tema señala que « la creación de una
moneda (subregional, JLY) supondría al
menos un proceso previo de convergencia
macroeconómica a través de criterios
probablemente más estrictos que los de
Maastrich, en gran medida porque
nuestros países son más vulnerables a
las crisis, tienen mayores debilidades
institucionales y tienen mercados de
capitales poco desarrollados ».
La pregunta que surge
luego es conocer cuál sería esa moneda
única, la moneda del mercado común
andino.
Pueden, al respecto,
explorarse alternativas, que en ningún
caso comprometen desde ya a los países.
Para el Ecuador, por ejemplo, ese papel
podría corresponderle al dólar de los
Estados Unidos de América, que en efecto
es ya la moneda más utilizada en la
región y que tiene la credibilidad
necesaria.
Quizá el tema podría
incluso, en su momento, sobrepasar el
ámbito subregional, proyectándose a la
región : como se conoce, las
negociaciones conducentes a la formación
del Area de Libre Comercio de las
Américas, ALCA, continúan según lo
programado.
Sin embargo, sí debe
quedar claro que a la altura del debate
lo esencial es la decisión y la voluntad
política de comenzar la convergencia y
la aproximación macroeconómicas y
definir las vías que podrían aliviar las
asimetrías que un proceso de esta
naturaleza genera.
Señalar desde ya que
la moneda común debería ser el US dólar
o que habría que construir un signo
monetario propio no es el aspecto
esencial: más tarde se tendrá que
adoptar una decisión al respecto,
considerando los elementos que proyecta
la actual configuración monetaria
internacional y la suerte que correrán
las monedas fuertes de hoy en día, el
dólar y el euro, entre otras.
Quizá el beneficio
mayor de avanzar en la dirección de la
moneda única, partiendo de una
aproximación programada, es la
eliminación de la incertidumbre. Esto,
que ha sucedido en el Ecuador como
consecuencia del nuevo modelo monetario
y cambiario, debería proyectarse a la
región y tal es la mayor ventaja de
anticipar la creación de una zona
monetaria y de una moneda subregional.
Es hora de reasignar
esfuerzos en función de esa meta: quizá
hasta ahora se han asignado demasiados
recursos al desarrollo de modelos y
procedimientos de predicción, a la
obtención de predicciones y a la
discusión de líneas alternativas para la
acción política y se ha asignado muy
pocos al diseño político e
institucional, al desarrollo de reglas
que reduzcan la incertidumbre.
B. Algunas
reflexiones
Comenzaré señalando,
finalmente, que los errores en materia
de política económica tienen costos muy
altos para los países. El Ecuador ha
experimentado en los últimos años esa
realidad, pero hoy ve con optimismo el
futuro.
En la última década
la economía internacional ha consolidado
las tendencias al reforzamiento de la
interdependencia entre las economías
nacionales, a través de diversas vías :
un aumento importante del comercio
internacional de bienes y servicios,
flujos crecientes de capital, mayor
vinculación y dependencia de los
sistemas financieros, creciente relación
entre crecimiento económico y desarrollo
tecnológico, abatimiento de las barreras
comerciales, principalmente.
Esto se ha
evidenciado a pesar de los períodos de
turbulencia que la economía
internacional ha enfrentado en estos
años, uno de los cuales, quizá el más
grave, fue el de la reciente crisis
asiática.
Como fuere, lo cierto
es que la experiencia ha mostrado que la
mayor inserción y apertura al entorno
mundial es positiva para los países,
sobre todo porque permite aumentar la
competitividad de las producciones
nacionales y asignar mejor los recursos,
generando presiones positivas sobre el
crecimiento económico, el empleo y las
inversiones.
Los regímenes con
mayor apertura son, en términos de
bienestar, superiores a los regímenes
comerciales restringidos. También se ha
evidenciado que en los países emergentes
los responsables de la conducción
macroeconómica no pueden incurrir en
inconsistencias en la aplicación de las
políticas públicas.
De lo que he logrado
apreciar en los últimos años, sería muy
cierta aquella afirmación de que sin
condiciones macroeconómicas correctas
los intentos de apertura fallan;
correlativamente, podría señalar que la
aplicación de restricciones al libre
comercio o el incremento de la
protección han estado asociadas o son el
resultado de una macroeconomía
deficiente.
Esto quiere decir que
ante los desequilibrios internos los
países no deben favorecer estrategias
que privilegien el aislamiento. Es mejor
buscar una liberalización concertada,
cuestión que pone de relieve la
trascendencia de los esquemas
regionales.
La globalización es
un proceso complejo que varía en el
tiempo, que afecta indistintamente a los
sectores de la producción de nuestros
países y que puede alterar los entornos
nacionales bajo distintas formas.
Debemos estar
conscientes que el denominado "triángulo
de la perfecta compatibilidad" : tipos
de cambio de cambio estables, flujos de
capital normales y políticas monetarias
autónomas ha sido quizá una ilusión
pasajera, por lo que el papel de los
organismos como el FMI, el Banco
Mundial, la OMC y los entes regionales
es crucial, bajo nuevos esquemas.
La globalización debe
mejorar las condiciones de la
competencia y de las inversiones y crear
y generar nuevas ventajas comparativas
en los países, permitiendo explotar
oportunidades exportadoras sobre la base
de otras opciones tecnológicas y de
rentabilidad.
En este contexto,
para el Ecuador la integración económica
andina y la apertura son esenciales, y
el país está consciente de que debe
hacer un enorme esfuerzo de reconversión
de sus estructuras para salir adelante.
VI. Conclusiones
Las principales conclusiones que
surgen de esta exposición son las
siguientes:
-
La estabilidad
macroeconómica que se ha demostrado
como indispensable para el éxito de
los procesos de integración, es
perfectamente alcanzable e incluso
apoyada por procesos como la
dolarización en el caso ecuatoriano.
-
El nuevo modelo
monetario del Ecuador, al estimular el
logro de los equilibrios
fundamentales, apoya los procesos de
integración subregional y el
establecimiento del mercado común
andino y la zona monetaria.
-
La dolarización en
el Ecuador puede facilitar la
coordinación de metas comunes y
políticas macroeconómicas, a lo que
aspira prioritariamente el proceso de
integración.
-
Finalmente, la
dolarización ecuatoriana permite
presentar una primera alternativa para
la adopción de una moneda común en la
subregión, precisándose que es el
proceso de aproximación macroeconómico
previo el elemento clave e
imprescindible si se aspira a
consolidar el objetivo zona monetaria
- mercado común andino.