Palabras del
Secretario General de la Comunidad
Andina, Guillermo Fernández de Soto, en
la reunión constitutiva de la Red Andina
de Ciudades.
Quito,
8 de septiembre de 2003
He
aceptado como un gran privilegio la
invitación que me ha formulado el
Alcalde Paco Moncayo, primera autoridad
de la Patrimonial Ciudad de Quito y
Presidente del Consejo Rector del Centro
Iberoamericano de Desarrollo Estratégico
Urbano. Tengo la absoluta certeza que la
integración andina necesita, ahora más
que nunca, de nuevos actores, que
contribuyan a fortalecer el propósito de
convertir a nuestros países en jugadores
relevantes dentro de la economía global.
Para
ninguno de ustedes, Señores Alcaldes, es
desconocido el hecho de que la
integración pasa en la actualidad por
una “encrucijada”, por un cruce de
caminos. Una serie de fuerzas
centrífugas, que se originan en la
difícil transición económica, política y
social que viven nuestros países, pero
también en las divergencias sobre los
modelos de desarrollo y la estrategia de
alianzas internacionales, se encuentran
en el fondo de esta ineludible realidad.
Y como
tuve oportunidad de señalarlo en la
reciente Cumbre Presidencial de Quirama,
en Colombia, los gobiernos centrales de
nuestros países, que han sido los
signatarios – fundadores del proceso,
tienen ahora por delante la tarea de
preservar el ánimo, como condición
básica para que la asociación persista y
se transforme en la perspectiva de una
segunda generación de políticas, que
propuse hace un año y que acababa de
hacer generosamente acogida por todos
los Presidentes.
En esa
oportunidad propicia de la Cumbre Andina
señalé:
“..Y nada
más cierto en la conformación y vida de
un sueño comunitario que el “animus
societates”. Este determinará su
fortaleza y su viabilidad, pero su
ausencia significará la decadencia, el
desaliento en el camino…”
Durante
este año que me ha correspondido estar
al frente de la Secretaría General de la
Comunidad Andina, hemos hecho el
tránsito hacia una nueva agenda, que
determinará el trabajo futuro de la
Comunidad Andina. Agenda Social,
Política Exterior Común, Mercado Común,
Integración Física de Suramérica y
Desarrollo Sostenible, son ahora los
pilares fundamentales del proyecto que
soñó Bolívar hace casi doscientos años y
que está próximo a cumplir 35 años de
vigencia.
Pero
además hemos logrado acordar, con la
misma voluntad de los Primeros
Mandatarios, que a pesar de los énfasis
diferentes en la estrategia de inserción
internacional de nuestros países, no
existen plataformas excluyentes, sino
una suma de opciones – Mercosur, ALCA,
Estados Unidos, Europa - que deberíamos
acometer de manera creativa, pero sin
abdicar del acervo común construido a
los largo de estas tres décadas.
Este es el
gran logro que los Gobiernos están en la
obligación de preservar, más allá de los
aspectos formales del proyecto
integrador.
Pero
también, todos los días de esta
apasionante aventura política, crece en
mi la certeza de que si la integración
no se nutre de “sangre nueva”, corremos
el riesgo de que el sistema orgánico que
nos unifica, pueda sufrir mengua
profunda en su funcionamiento.
De allí,
la trascendencia que adquiere, en un
momento clave para nuestra región, la
decisión autónoma y soberana de las
ciudades andinas de construir su propia
red de intercambio de ideas y
cooperación.
Como bien
lo señalaba el Alcalde de mi ciudad
natal, el doctor Antanas Mockus, en la
reunión preparatoria de Bogotá, la
posibilidad de este intercambio de
experiencias en torno a las “operaciones
urbanas”, señala la importancia de
actuación en red de las ciudades andinas
como un importante factor de aprendizaje
e impulso de la innovación en las
actuaciones públicas.
En la
nueva economía global, que nos ha
correspondido vivir, los viejos
paradigmas económicos y políticos han
pasado a mejor vida. Hoy imperan, por la
fuerza de los hechos, los sistemas de
producción flexible, con una gran
movilidad al interior de los territorios
nacionales, así como la reforma del
Estado central para acercar los sistemas
de decisión y asignación de recursos a
los territorios, con el fin de atender
de manera más realista a las crecientes
demandas ciudadanas.
En ese
contexto, las ciudades y las regiones,
se consolidan ahora como protagonistas
en las redes globales y, al mismo
tiempo, como escenarios “naturales” de
la gobernabilidad y de la competitividad
de nuestros países.
Y esto
ocurre, con frecuencia, a pesar de los
mismos gobiernos centrales, que han
visto amenazada su legitimidad por una
democracia formal, poco eficaz para
garantizar la cohesión social y el
desarrollo económico. Lo local y lo
global se han convertido ahora en las
dos caras de una misma moneda.
Conscientes de lo avasallante de esta
tendencia, en un acto de modernidad, los
Presidentes Andinos instruyeron a la
Secretaría General, para que
“…adelante
estudios complementarios a los que viene
realizando la CAF en el marco del
Programa Andino de Competitividad (PAC)
y de la Iniciativa para la Integración
de la Infraestructura Regional
Suramericana (IIRSA), que le permitan
presentar propuestas a los Países
Miembros con el fin de desarrollar e
impulsar políticas regionales andinas
orientadas a mejorar la competitividad y
productividad, particularmente en el
ámbito tecnológico, industrial, de
servicios e infraestructura física, a
fin de ganar espacios en los mercados
internacionales…”.
Se trata,
sin duda, del acercamiento más visible
de nuestros Presidentes, en los 34 años
del Acuerdo de Cartagena, al hecho de
que las inversiones y el comercio andino
se originan y tienen como destino una
porción de los territorios costeros o
del interior de nuestros países. Y En
consecuencia, que gran parte de las
posibilidades de profundizar el proceso
de integración – que aún presenta un
alto potencial - deberá ser liderado
desde nuestras ciudades y regiones, que
es en donde ocurren, de manera más
visible, los procesos de reconversión
productiva de nuestras naciones.
Es en la
moda de Medellín, en la terciarización
avanzada de Bogotá y Caracas, en los
nuevos desafíos de la agroindustria de
Santa Cruz, en el potencial mundial de
las artesanías de Otavalo o en las
enormes posibilidades del complejo de
producción informal de Gamarra, en Lima,
donde se encuentra la respuesta a los
dilemas del empleo urbano y ya no
solamente, como ocurría en el pasado, en
los distantes consejos macroeconómicos
de las capitales.
Al mismo
tiempo los Presidentes, en virtud de
otro mandato explícito, instruyeron al
Consejo Andino de Ministros de
Relaciones Exteriores que:
“proponga
los elementos que sirvan de base para la
eventual configuración de una agenda de
gobernabilidad para la subregión andina
que contemple los desafíos políticos,
económicos y sociales, y permita
fomentar la inclusión social y la
equidad, así como la credibilidad en las
instituciones democráticas”
La
seguridad ciudadana, la adecuada
prestación de los servicios colectivos,
la democratización del espacio público,
la mejor calidad de la educación y la
construcción de una cultura ciudadana,
son ahora, por la fuerza de la
descentralización - aceptada a
regañadientes por muchos de nuestros
funcionarios centrales - una
responsabilidad local que exige
mecanismos de comunicación y aprendizaje
entre nuestros alcaldes y entre los más
diversos agentes locales. No tengo
ninguna duda que es en este nivel y en
esos temas donde podría residir la clave
de la gobernabilidad democrática de
nuestros países.
Por ello
no he vacilado, desde el comienzo de
este proceso, en saludar con entusiasmo
la conformación de esta red andina de
ciudades y, al mismo tiempo, en ofrecer,
sobre la base de un profundo respeto de
la organización que quieran para ella
los alcaldes, todo el concurso de la
Secretaría General de la Comunidad
Andina, en todos aquellos aspectos que
ustedes así lo consideren necesario.
En este
sentido, quiero acoger la propuesta
surgida en la reunión de Bogotá, en
torno a la posibilidad de que esta red
se constituya, además, mediante la
figura de representación que los
alcaldes aprueben, en un organismo
consultivo del más alto nivel de la
Comunidad Andina, para impulsar las
acciones que deberían derivarse de las
instrucciones Presidenciales en materia
de promoción de la competitividad de las
ciudades y regiones andinas y de la
gobernabilidad democrática.
Pero
propongo que vamos más allá. Tenemos que
convertir este escenario de
interlocución que ofrezco sea la
Secretaría General de la Comunidad
Andina para que la Red de Andina de
Ciudades se transforme en una plataforma
para el fortalecimiento de nuestras
regiones y nuestras ciudades como
actores políticos de la integración, con
capacidad de incidencia en la
orientación del proceso. Solo de esta
manera será posible que la integración
le llegue al ciudadano de nuestros
países, que sigue siendo un propósito
por desarrollar, en el marco de las
directrices trazadas por el Acuerdo de
Cartagena.
Quiero,
con esta convicción, convocar a los
señores Alcaldes para que sellemos esta
alianza, con metas muy concretas de
corto y mediano plazo, en una Cumbre de
Alcaldes y Gobernadores Andinos que
celebraríamos en Lima el próximo mes de
noviembre en Lima, en el marco de un
Consejo Ampliado de Cancilleres, y que
marcaría un nuevo rumbo en este
apasionante proyecto político en que se
ha convertido la integración andina.
Como bien
lo señala el profesor Manuel Castells,
el papel de las ciudades y de las
regiones en la Era de la Información, es
el de ser productores de innovación y
riqueza. Pero aún más: ser medios
capaces de integrar la tecnología y la
calidad de vida en un sistema
interactivo, en una gran red –de
comunicación permanente entre ellas –
para producir un círculo virtuoso de
mejora, no solo de la economía, sino de
la sociedad y la cultura. Y a ello
deberíamos aplicarnos con profunda
convicción, desde este nuevo y
esperanzador ámbito de la integración -
la Red Andina de Ciudades – cuyo
nacimiento celebro hoy con ustedes.